lunes 31 de mayo de 2010

RIP Dennis Hopper (1936-2010)

Pueden ver mi nota sobre la muerte de Dennis Hopper en el blog Apuntes del celuloide, haciendo click aquí.

domingo 30 de mayo de 2010

Crítica THE BACK-UP PLAN

Título en español: EL PLAN B
Dirección: Alan Poul.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 106 min.
Género: Comedia romántica.
Elenco: Jennifer Lopez (Zoe), Alex O’Loughlin (Stan), Eric Christian Olsen (Clive), Anthony Anderson (padre del parque), Michaela Watkins (Mona), Noureen Dewulf (Daphne), Linda Lavin (Nana), Tom Bosley (Arthur), Robert Klein (Dr. Harris), Danneel Harris (Olivia).
Guión: Kate Angelo.
Producción: Todd Black, Jason Blumenthal y Steve Tisch.
Música: Stephen Trask.
Fotografía: Xavier Pérez Grobet.
Montaje: Priscilla Nedd Friendly.
Diseño de producción: Alec Hammond.
Vestuario: Karen Patch.
Estreno en USA: 23 Abril 2010
Estreno en España: 7 mayo 2010
Estreno en Argentina: 20 mayo 2010


Sinopsis

Jennifer Lopez interpreta a una mujer soltera que, para dar respuesta a su necesidad de ser madre, decide someterse a un tratamiento de inseminación artificial. Sin embargo, por aquellas ironías de la vida, el mismo día en que su test de embarazo da positivo, conoce al hombre de su vida, o lo que es lo mismo, se le presenta el Plan A.


Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Uno no se cansa de repetir que las comedias románticas en el cine americano actual son nada más que un catálogo de situaciones previsibles y fórmulas gastadas. Lamentablemente, la experiencia de ver muchas comedias románticas recientes hace que uno termine generando tal prejuicio. Por ende, al acercarse a una nueva película de este género, uno espera una vuelta, un giro, algo original. En ese caso, podríamos decir que el comienzo de El plan B cumple con esas expectativas, pero sólo el comienzo.

¿Por qué decimos esto? Básicamente porque empieza con una mujer que, cansada de los desamores y la imposibilidad de construir una familia con un hombre, decide ser madre soltera. Esto es lo que podríamos llamar un comienzo singular para este tipo de películas, porque propone un interrogante distinto a la formula habitual de las comedias románticas: ¿Podrá un hombre que se enamora de una chica aceptar que ella está embarazada?

El problema es que las películas no son meros planteos e interrogantes, sino historias, personajes, conflictos, etc. Si fuera por lo que plantea el film, tendríamos como resultado un film mucho más singular de lo que realmente es. Aquí lo único que tenemos es a Jennifer Lopez, quien regresó a la actuación luego de un parate para disfrutar de su maternidad, y con un papel que le sienta como anillo al dedo considerando la realidad que vive actualmente. JLo se muestra como toda una experta en este tipo de películas, y posee el histrionismo necesario para dotar de gracia a su personaje. Junto a ella, un partenaire casi desconocido, Alex O’Loughlin, que cumple más de lo que uno supondría, y más que muchos galanes habitués del género.

Tenemos eso, y poco más. Una historia que comienza bien pero que luego recurre a todos los clichés del género, adaptados para que encajen con el interrogante esencial de la película, y de forma tal de que este interrogante no amenace con darle un atisbo de complejidad a la historia romántica. Cualquier esperanza que podíamos depositar al ver los primeros minutos, se esfuma con el correr de la película. JLo cumple, pero con otra comedia romántica del montón, de esas a las que ya nos tiene acostumbrados.

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Valoración: 

Crítica THE INVENTION OF LYING

Título en España: INCREÍBLE PERO FALSO
Dirección y guión: Ricky Gervais y Matthew Robinson.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 100 min.
Género: Comedia romántica.
Elenco: Ricky Gervais (Mark), Jennifer Garner (Anna), Jonah Hill (Frank), Louis C.K. (Greg), Fionnula Flanagan (Martha), Jeffrey Tambor (Anthony), Tina Fey (Shelley), Rob Lowe (Brad).
Producción: Lynda Obst, Oly Obst, Ricky Gervais y Dan Lin.
Música: Tim Atack.
Fotografía: Tim Suhrstedt.
Montaje: Chris Gill.
Diseño de producción: Alexander Hammond.
Vestuario: Susie De Santo.
Estreno en USA: 2 Octubre 2009
Estreno en España: 30 Abril 2010
Estreno en Argentina: 24 Febrero 2010 (Directo a DVD)


Sinopsis

La acción transcurre en otra realidad, donde no existe la mentira, ni siquiera como concepto. Todos, desde los políticos, pasando por el hombre y la mujer de la calle, hasta los publicistas, dicen la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, sin pensar en las consecuencias. De pronto, un perdedor nato llamado Mark Bellison desarrolla la capacidad de mentir, y no tarda en descubrir que la falta de sinceridad tiene grandes ventajas. En una sociedad donde cada palabra es una verdad absoluta, Mark no tiene problemas en trepar hacia la fama y la fortuna inventándose historias. Pero ya se sabe que las mentiras corren como la pólvora, y las de Mark empiezan a tomar un cariz preocupante porque todos se las creen a pies juntillas. El mundo está pendiente de lo que dice. Sin embargo, sus mentiras no convencen a una persona: la mujer a la que ama.


Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

El genial comediante británico Ricky Gervais propone en esta, su primera película como coguionista y codirector, un mundo en el que nadie miente, porque no existe siquiera la idea de que se puede ocultar la verdad o suplantarla por otra cosa. Al no existir ese concepto, tampoco existe el término mentira, y este mundo funciona de la misma manera que el que todos conocemos, sólo que las personas se comunican sin filtro alguno, con lo que en este mundo podríamos definir como honestidad brutal, pero que, para los habitantes de ese universo ficcional, es algo totalmente cotidiano.

Semejante concepto brilla no sólo por su originalidad, sino por su incorrección política. A contramano de Liar liar, donde la mentira era un error que debía ser subsanado, esta comedia se atreve a mostrar que un mundo sin mentiras (ergo, sin un margen para la imaginación o la fantasía) puede llegar a ser un mundo apático, alienado, tan depresivo como el personaje de Jonah Hill. La fórmula de The invention of lying es similar a la de Idiocracy, la diferencia es que una propone un mundo alternativo, ucrónico, mientras que la otra expone su universo ficcional como el futuro hacia el cual se encamina la humanidad. Al igual que en aquella, en ésta la representación de este universo se ve potenciada por los detalles aparentemente más ínfimos, que dan cuenta de lo mucho que ha sido pensado el contexto. Para entender esto, basta esclarecer un detalle singular de la historia. El protagonista, Mark Bellinson (un personaje a la medida de Gervais), trabaja como guionista para una productora de películas, pero al no existir la mentira, no existen los actores y tampoco existen las ficciones, por ende la empresa se limita a filmar a una persona leyendo la historia de un suceso o un período histórico determinado, y eso es lo que consume el público.

En un mundo sin mentiras, Mark, un perdedor por naturaleza, descubre por casualidad que puede haber algo más allá de la verdad, y su reciente descubrimiento se convierte en un arma con el cual accede a todo aquello que deseaba, aunque como toda comedia que plantea un descubrimiento, se sabe que, tarde o temprano, esto se volverá un arma de doble filo, por momentos imposible de controlar.

Esta comedia se abre en dos aspectos diametralmente opuestos. Por un lado, están todas las situaciones cómicas, algunas de ellas de manual y otras graciosísimas, que derivan del descubrimiento de la mentira, como las conversaciones que mantiene Mark con el resto de los mortales, cuya ingenuidad por desconocer la idea de mentira los lleva a tomar cualquier fantasía pronunciada por Mark como verdad, y con ello él logra la ventaja necesaria para destacarse. Estas situaciones desembocan en los guiños más ácidos, incorrectos y desproporcionados que uno pueda imaginar, como la idea de que lo que uno conoce como religión, en este mundo puede partir del supuesto mesianismo que manifiesta Mark para salir airoso del reclamo de la gente, que reproduce como verdad lo que Mark ha inventado para hacer que su madre pase a mejor vida con una sonrisa en su rostro (esto incluye, por ejemplo, una simple y efectiva parodia de Moisés y las tablas de la ley).

El otro aspecto en el que se abre el plante inicial, es algo que se extiende en la segunda mitad de la película, y es la historia romántica y el drama moral, como consecuencia de imponer una serie de mentiras en un mundo que sólo admite la verdad. La película se inclina por esa faceta, tomando como natural algunos elementos verdaderamente molestos (como el hecho de que Mark esté enceguecido por Anna y no se permita ver que el razonamiento de ella es sumamente cruel), hasta darle a esos elementos el giro necesario para que terminen siendo digeribles.

Desde ya que uno hubiese deseado que el nivel de mordacidad propuesto por la película en varios pasajes, y consecuencia directa del original planteo de la historia, se explote aún más, y que no se incline por un drama moral y con un romanticismo previsible. Lo cierto es que la comicidad de Ricky Gervais, sin estridencias o excesos gestuales, le permite integrar ambas facetas en un todo coherente, sin desbocar en una o en la otra, y sin que uno detecte el instante en el que la película deja de ser una cosa para pasar a ser otra. Gracias a su inteligente interpretación, y a la sólida construcción del mundo planteado, la película no hace ruido cuando deja de lado la acidez y pasa a cuestionar el accionar de Mark. La efectividad de este giro, y la tierna resolución romántica, son fundamentales a la hora de entender la evolución de la historia que aquí se narra. Una evolución que pasteuriza el efecto de la sátira previa, pero que no deja de ser un paso adelante para un comediante que ya ha sabido brillar en productos televisivos británicos exitosos a nivel mundial, y que hoy está comenzando a desarrollar una carrera cinematográfica con el mismo grado de coherencia y efectividad cómica que ya ha logrado otro comediante británico único, Simon Pegg.

Gervais ha desembarcado en Hollywood produciendo un film tan singular que incluye en su reparto, además del elenco principal, algunos nombres relevantes de la comedia actual, como Jason Bateman, Tina Fey, Jonah Hill y el director Christopher Guest, y actores de renombre en breves cameos, como Edward Norton y Phillip Seymour Hoffman. Semejante cantidad de nombres no se hubieran reunido para participar en papeles chicos, sino fuera por un argumento por demás original, y por la presencia del mismísimo Ricky Gervais, que hace de la película el mejor vehículo para su histrionismo sobrio y medido. Un film que brilla con luz propia y se destaca por sobre buena parte de las comedias americanas, y es la mejor excusa para conocer a un comediante distinto, que como Pegg, tiene la facultad de poder asaltar a Hollywood con su talento.

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Valoración:

sábado 29 de mayo de 2010

Crítica BROTHERS

Título en español: HERMANOS
Dirección: Jim Sheridan.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 104 min.
Género: Drama.
Elenco: Natalie Portman (Grace), Tobey Maguire (Sam), Jake Gyllenhaal (Tommy), Bailee Madison (Isabelle), Taylor Geare (Maggie), Patrick Flueger (Joe Willis), Sam Shepard (Hank), Mare Winningham (Elsie), Clifton Collins Jr. (comandante Cavazos), Jenny Wade (Tina).
Guión: David Benioff; basado en el guión de la película danesa “Hermanos” (2004), dirigida por Susanne Bier.
Producción: Ryan Kavanaugh, Sigurjon Sighvatsson y Michael De Luca.
Música: Thomas Newman.
Fotografía: Frederick Elmes.
Montaje: Jay Cassidy.
Diseño de producción: Tony Fanning.
Vestuario: Durinda Wood.
Estreno en USA: 4 Diciembre 2009
Estreno en España: 18 Marzo 2010
Estreno en Argentina: 25 Marzo 2010



Sinopsis

La película cuenta la historia de dos hermanos —el capitán Sam Cahill, de treinta y pico años, y su hermano menor Tommy—, auténticos polos opuestos. Sam, a punto de salir para su cuarta misión, es un hombre seguro de sí mismo, amante de su familia, que se casó con Grace, con la que tiene dos hijas pequeñas. Tommy, su joven y carismático hermano, siempre ha dado tumbos, pero ha conseguido salir adelante gracias a su ingenio y encanto. En plena misión en Afganistán, Sam desaparece en combate. La familia Cahill se enfrenta a un terrible vacío, y Tommy intenta ayudar a Grace y a las niñas. Pero Sam no ha muerto; él y un compañero han sido capturados por los talibanes. En las lejanas y duras montañas de Pamir, Sam es sometido a torturas que amenazan con destruir sus sentimientos. Mientras Sam pierde la identidad, Tommy reconstruye la suya. En medio del dolor y de la extrañeza de una nueva vida, Grace y Tommy se sienten cada vez más cerca. La frialdad desaparece, pero se asustan y avergüenzan de la atracción mutua que sienten. Cuando Sam regresa inesperadamente, la tensión se instala en la familia.




Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Otro film sobre las secuelas de guerra, en este caso dirigido por Jim Sheridan (el de Mi pie izquierdo y En el nombre del padre), y remake de un film danés realizado unos años atrás.

La adaptación de la película original podía servir para un planteo atractivo sobre las culpas que afloran en una familia, a partir del momento en el que una mujer comienza a aferrarse a su cuñado, luego de que su marido partió a la guerra. Más aún si el marido es Tobey Maguire, la mujer Natalie Portman y el cuñado Jake Gyllenhaal, un potente trío de estrellas, para un triángulo amoroso bastante problemático. Pero no, nada de eso. Esta adaptación utiliza como excusa seductora el triángulo en cuestión, pero se enfoca en una mirada sobre la guerra terriblemente parcial y maniquea.

El film presenta el primer quiebre cuando los oficiales le dan a entender a Grace que Sam, su marido, puede haber muerto en combate. Grace hace el duelo pertinente, y Tommy, el cuñado, quien hasta ese momento era un alcohólico perdido que acababa de salir de prisión, hace un giro radical en su vida y comienza a comportarse como corresponde, hasta empezar a reemplazar a su supuestamente difunto hermano. Sin embargo, mientras vemos cómo se reconfigura la familia, presenciamos, a su vez, el derrotero de Sam, que no está muerto, sino que ha sido tomado como prisionero de guerra y sometido a las torturas físicas y psicológicas más cruentas.

Tiempo después, un irreconocible Sam regresa al hogar y su familia debe enfrentar no sólo que no murió, sino que se ha convertido en un ser enajenado, producto de un hecho específico sucedido en medio de las torturas, mientras que Grace debe lidiar con la culpa que siente por haber besado al hermano de su marido (sí, el conservadurismo de turno ha reducido el planteo triangular a un simple beso) cuando a éste se lo daba por muerto. El triángulo pierde peso desde el momento en el que se lo presenta en paralelo a la pesadilla vivida por Sam, la culpa de Grace no tiene sentido frente a lo que carga Sam de sus días en Afganistán, y es este hecho el que lo convierte a Sam, a su regreso, en un sujeto alienado y con una carga irracional de furia, que estalla cuando se entera, de manera distorsionada, lo de su mujer con su cuñado. Al tomar a las torturas de los islámicos, como el detonante crucial de la errática conducta posterior de Sam, notamos que a Sheridan, o a los productores, les interesó apelar a la versión americana del conflicto en Afganistán, ensañándose con una imagen bruta y despiadada de los islámicos. Nótese el comportamiento grotesco de ellos, frente al exceso de civilización de los representantes militares yanquis, la antítesis perfecta del cúmulo de films antibélicos que, desde Hollywood, han sabido escarbar sin concesiones en la naturaleza de estos conflictos bestiales.

Independientemente de las sólidas actuaciones del terceto principal, especialmente de un sorprendente Tobey Maguire, cuyo rostro aniñado desencaja a priori con el vuelco que da su personaje, a fin de cuentas, estamos ante una película que se viste de film antibélico, narrando lo que supuestamente son las heridas de guerra, pero que, en definitiva, no son otra cosa que las heridas provocadas por los “malditos islámicos”, tal como los cataloga la película en cada fotograma en el que aparecen. El triángulo está más cerca de la telenovela que del drama romántico, el aspecto bélico y su componente dramático, ha sido viciado por un discurso muy ligado al prejuicio, a la paranoia y al maniqueísmo yanqui, y en el medio, Jim Sheridan, quien hace las cosas bien, aunque viendo lo previsible y lo unilateral del planteo de esta película, su intervención suma demasiado poco.


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Valoración:

Crítica ALICE IN WONDERLAND

Título en español: ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Dirección: Tim Burton.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 108 min.
Género: Fantasía, aventuras.
Elenco: Mia Wasikowska (Alicia), Johnny Depp (Sombrerero Loco), Helena Bonham Carter (Iracunda, la Reina Roja), Alan Rickman (voz de la oruga), Anne Hathaway (Miranda, la Reina Blanca), Michael Sheen (voz del Conejo Blanco), Stephen Fry (voz del Gato de Cheshire), Timothy Spall (voz del sabueso), Crispin Glover (Jota de Corazones), Christopher Lee (voz de Galimatazo), Matt Lucas (Tweedledee y Tweedledum).
Guión: Linda Woolverton; basado en los libros “Alicia en el País de las Maravillas” y “A través del espejo” de Lewis Carroll.
Producción: Joe Roth, Jennifer Todd, Suzanne Todd y Richard D. Zanuck.
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Dariusz Wolski.
Montaje: Chris Lebenzon.
Diseño de producción: Robert Stromberg.
Vestuario: Colleen Atwood.
Estreno en USA: 5 Marzo 2010
Estreno en España: 16 Abril 2010
Estreno en Argentina: 4 Marzo 2010


Sinopsis

Johnny Depp interpreta al Sombrerero Loco y Mia Wasikowska a una Alicia de 19 años que regresa al mundo mágico, donde se adentró siendo una niña, para reunirse con sus antiguos amigos: el Conejo Blanco, Tweedledee y Tweedledum, la Oruga, el Gato de Cheshire y, por supuesto, el Sombrerero Loco. Alicia se embarca en un viaje fantástico para encontrar su verdadero destino y poner fin al reinado de terror de la Reina Roja.


Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Todos esperábamos ver la versión de Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, suponiendo que esta se vería potenciada por su estilo visual, compitiendo con Coraline, la versión reciente, no oficial y animada, de Alicia, creada por el otrora colaborador de Burton, Henry Selick. La realidad es que esta versión no deja de ser una segunda parte del clásico de Disney, lo cual puede significar un enorme desafío para cualquier realizador, pero no para la sólida carrera de Burton.

En varias oportunidades, Burton se ha unido a los grandes estudios (mejor dicho, los estudios han recurrido a su enorme talento creativo) y de esa unión han surgido obras que responden fielmente a los principios esenciales del estilo burtoniano. Ante esos antecedentes, nada podía hacer pensar que Tim sucumbiría a las directivas de Disney. Es verdad que al ver su versión de Alicia, no podemos dejar de apreciar su huella estilística en cada plano, fundamentalmente en la ambientación, el vestuario, el maquillaje, la inconfundible música de Danny Elfman y el elenco, en el que sobresalen sus actores fetiche, Johnny Depp (en el sobredimensionado papel del Sombrero Loco, rol con el que cumple a la perfección, aunque compitiendo en protagonismo con la propia Alicia) y su mujer, Helena Bonham Carter, descollante en su papel de la reina malvada. Sin embargo, esta luminosa y algo bucólica versión de Alicia no posee absolutamente nada de la oscuridad y la carga de mordacidad habitual en su cine.

Era lógico esperar una versión afín a su espíritu de fantasía, pero más cercana al cine fantástico para adultos, como en el grueso de sus películas. Si no esperábamos eso, al menos podíamos prever una película infantil totalmente libertaria en su vuelo imaginativo, como su adaptación de Charlie y la fábrica de chocolate. Nada de eso, Burton reproduce de manera idéntica y en versión humana los elementos que caracterizaron al film de Disney, y cuando envuelve a la historia con su singular estética, lo hace poniendo en escena elementos demasiado utilizados en su filmografía, sin ningún atisbo de novedad.

Pese a esto, esta segunda parte del clásico de Disney se sostiene con la esperada dosis de fantasía y un argumento por demás entretenido. Pero el verdadero Burton, el original, el creativo, parece haber faltado a la cita, durmiéndose en los laureles de la fantasía ya soñada sesenta años atrás. Hasta el Burton más arriesgado y fallido, el que apelaba al musical en su anterior película, Sweeney Todd, resultaba más convincente. Es tiempo de esperar a que Burton despierte, y suponemos que lo hará en su próxima colaboración con Disney, con la extensión de su celebrado cortometraje Frankenweenie. Mientras tanto, para los que disfrutamos del mundo fantástico de Alicia, nos queda seguir recurriendo a la versión de Disney o a la genial reversión adulta que propuso Selick el año pasado con Coraline.

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Valoración: 

viernes 28 de mayo de 2010

Crítica SPANISH MOVIE

Dirección: Javier Ruiz Caldera.
País: España.
Año: 2009.
Duración: 89 min.
Género: Comedia.
Elenco: Alexandra Jiménez (Ramira), Silvia Abril (Laura), Carlos Areces (Pedro San Antón), Joaquín Reyes (Fauno), Eduardo Gómez (Diego), Michelle Jenner (Hada), Laia Alda (Ofendia), Leslie Nielsen (doctor).
Guión: Francisco Cabezas y Eneko Lizarraga.
Producción: Álvaro Augustin y Eneko Lizarraga.
Música: Fernando Velázquez.
Fotografía: Óscar Faura.
Montaje: Alberto de Toro.
Dirección artística: Balter Gallart.
Vestuario: María Reyes.
Estreno en España: 4 Diciembre 2009
Lanzamiento en DVD: 5 Mayo 2010
Estreno en Argentina: Pendiente


Sinopsis

“Spanish movie” es la primera película española que parodia los últimos grandes éxitos de nuestra cinematografía, utilizando como “modelo de inspiración” películas como “El orfanato”, “Los otros”, “Volver”, “Alatriste”, “El laberinto del fauno”, “Los lunes al sol” o “[Rec]”. Un homenaje en tono de comedia a los mejores títulos del cine español.


Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

El modelo de comedia más decadente del cine americano es el ciclo de parodias que comenzó con Scary movie, un arranque medianamente decente, hasta llegar al colmo de la ridiculez y el espanto con algunas de sus secuelas y con la inagotable serie de “… movie” dirigidas por Jason Friedberg y Aaron Seltzer (hay excepciones cuasi dignas como Superhero movie, producida por David Zucker, quien intervino en las últimas secuelas de Scary movie y quien fue, a su vez, mentor de Naked gun, pero que no tuvo participación alguna en las de Friedberg y Seltzer). Cabe puntualizar que las películas de Friedberg y Seltzer, si bien poseen en su título una segmentación genérica, no se ríen exclusivamente de las películas que encajan dentro del parámetro del título, sino que suelen ser una coctelera paródica de personajes famosos y películas recientes e identificables, con la débil hilación que provee el argumento de turno.

La intención de los creadores de Spanish movie ha sido la de imitar deliberadamente esta fórmula, apelando a una mezcla abrumadora de big hits del cine español último, no sólo películas de la industria española, sino también de algunas con participación de actores hispanos. Si uno comienza a enumerar la cantidad de éxitos del cine español en el mundo, y empieza a señalar el modo en el que esta industria comenzó a ser considerada por Hollywood, no es ilógico entender el sentido de la copia de esta franquicia. Podríamos decir que el cine americano empezó a fijarse en el de España hace ya varios años, desde que importó a Banderas (tampoco es ilógico razonar que no se lo ha parodiado aquí porque ya es un ícono totalmente encarnizado en Hollywood), y que tanto Almodóvar, con su cine siempre observado por la Academia, como Amenábar, quien se acercó al cine americano a partir de la remake de su película Abre los ojos, para luego comenzar una carrera internacional, han sabido hacer que el cine español sea reconocido en el mundo. A ellos hay que sumar el éxito de películas como El laberinto del fauno, la megaproducción de Alatriste, con Viggo Mortensen, el desembarco de Álex de la Iglesia en el Reino Unido con Los crímenes de Oxford, la estelarización de actores como Penélope Cruz y Javier Bardem, la exportación de otros directores como Juan Carlos Fresnadillo (un olvidado por esta comedia) y la reciente remake de [Rec]. Todos ellos, y muchos más, han posibilitado que el cine español sea observado por las principales cinematografías del mundo, y que hoy unos jóvenes se hayan atrevido a parodiarlos.

Spanish movie se acerca a la coctelera ridícula y absurda de Friedberg y Seltzer, en el sentido de que no hay un parámetro para la parodia de estos referentes, sino que parece que todo el cine español puede meterse en la misma bolsa. De esa manera, a las parodias principales de El orfanato, Mar adentro, El laberinto del fauno y [Rec], se suman menciones a Alatriste, Los lunes al sol, Volver, Los otros y hasta No country for old men (por el protagónico de Bardem, naturalmente). El argumento de la película no merece ser descripto, porque como todas las películas de Friedberg y Seltzer, es una mera excusa para presentar las parodias pertinentes, y como en aquellas, buena parte de la película carece de gracia, porque apela mayormente a los gastados gags que datan de los inicios de la factoría de parodias de los hermanos Zucker (fruto de ese origen es la importación, para un cameo bastante bobo, de Leslie Nielsen). Quien despierta un poco de gracia es Carlos Areces y su paródica interpretación, carente de mohines inútiles, del Javier Bardem de Mar adentro, y una de las secuencias se destaca particularmente por no apelar a los gags físicos que recorren toda la película, hablamos del tráiler para televisión de Los lunes alcohol, una película que mezcla arbitrariamente Los lunes al sol y El ángel exterminador, de Buñuel (quizás la única referencia que podemos encontrar a la historia del cine español). Otra escena a destacar es el final, donde se parodia con iguales dosis de coherencia y fantasía al desenlace de Abre los ojos.

Dejando de lado estos elementos aislados, estamos ante una comedia que juega a homenajear al cine español, apelando a una parodia ridícula, con un humor demasiado previsible, de películas recientes y reconocibles en el exterior. Si hubiesen tenido la intención de construir una comedia que no apele directamente a los últimos éxitos hispanos, que buscara parodiar los puntos que caracterizan a la totalidad del cine español, y que, a su vez, pretendiera ser una celebración cómica de su nutrida historia, no sólo hubiera tenido más sentido la comedia en su conjunto, sino que se habrían despegado del modelo impuesto por los espantosas películas (o proyectos de películas) de Friedberg y Seltzer. Al copiar ese modelo, desde el título hasta el tipo de gags que se destacan, el resultado es el mismo, una comedia que no funciona como totalidad, sino como una serie de parodias aisladas (eso ya lo supo ver Mel Brooks, mucho antes de que aparecieran los Zucker con Top secret y la serie protagonizada por Leslie Nielsen, cuando a su conjunto de parodias más llamativo y desparejo lo llamó History of the world Part I, anunciando una serie que se sabía que no continuaría y adoptándola como un conjunto de episodios, más que como una comedia sólida y coherente). Spanish movie supuestamente celebra al cine español, incluyendo cameos de Álex de la Iglesia, Amenábar, Jaume Balagueró y Paco Plaza, pero dista de ser el verdadero producto celebratorio que merecería el cine español, no sus exitosos exponentes actuales, sino su historia y su cúmulo de nombres y films inolvidables.


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Valoración: 

Crítica MENTIRAS PIADOSAS

Dirección: Diego Sabanés.
Países: Argentina.
Año: 2008.
Duración: 100 min.
Género: Drama.
Elenco: Marilú Marini (Mamá), Walter Quiroz (Pablo), Claudio Tolcachir (Jorge), Paula Ransenberg (Nora), Verónica Pelaccini (Patricia), Hugo Álvarez (tío Ernesto), Claudia Cantero (tía Celia), Mónica Lairana (criada), Ángel Coria (Lito), Víctor Laplace (papá).
Guión: Diego Sabanés; inspirado en el relato “La salud de los enfermos” de Julio Cortázar.
Producción: Maximiliano Dubois, Benjamín Ávila y Diego Sabanés.
Música: Rudy Gnutti.
Fotografía: Julián Elizalde.
Montaje: Alberto Ponce.
Dirección artística: Juan Mario Roust.
Vestuario: Marta Albertinazzi.
Estreno en Argentina: 20 Agosto 2009
Estreno en España: 23 Abril 2010


Sinopsis

Pablo, el hijo preferido de Mamá, viaja a París para ganarse la vida como músico. Las semanas pasan y nadie tiene noticias de él. La incertidumbre agrava el frágil estado de salud de su madre, por lo que sus hermanos, Jorge y Nora, deciden escribir cartas falsas y enviarle regalos, postergando el regreso. Para reforzar el simulacro, le piden a la novia de Pablo que continúe con sus visitas. Como Mamá la nota triste, le propone adelantar los preparativos de la boda, para apurar el regreso de Pablo. La ficción se ramifica involucrando a otros personajes, mientras la casa va siendo desmantelada para afrontar las deudas que generan los envíos de París. Poco a poco, la línea entre la ficción y la realidad se va desdibujando.



Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Al ver Mentiras piadosas, un conocedor del cine argentino y de la obra de Julio Cortázar puede afirmar que pocos realizadores como Manuel Antin han hecho verdadera justicia con las adaptaciones cinematográficas de sus relatos. Basada, mejor dicho inspirada, en el cuento La salud de los enfermos, esta película de Diego Sabanés se parece demasiado a la película La cifra impar, de Antin, adaptación de Cartas de mamá, otro cuento de Cortázar. Y las similitudes no pasan únicamente porque La salud de los enfermos y Cartas de mamá son cuentos con tópicos similares, sino porque Sabanés toma elementos presentes en el film de Antin y en Cartas de mamá, pero inexistentes en el cuento que origina esta película (un ejemplo de esto es el amor compartido de dos hermanos por una misma mujer).

Si nos atrevemos a hacer un paralelismo entre la película de Sabanés y el cuento de Cortázar, nos encontramos con varias diferencias sustanciales. Más allá de los cambios de nombres, lugares y profesiones, la principal diferencia es que, a poco de comenzar el cuento, se deja asentado que el hermano ausente está muerto, mientras que en la película los familiares le escriben cartas a la madre para llenar la ausencia del hijo, desconociendo su paradero. El juego que sostiene Cortázar durante todo el relato es la conjugación entre la mentira y la verdad, construyendo un espacio en el que la mentira sostenida por toda la familia termina por volverse verdad (el final del cuento así lo advierte, cuando uno de los familiares se pregunta cómo le dirá a Alejandro, el hijo muerto, que ha fallecido su madre).

En el film de Sabanés no hay posibilidad de establecer un juego de esas características, porque ese juego se basa puramente en recursos literarios. Para que Sabanés ingrese al mundo de Cortázar, debería haber optado por reflexionar sobre esos mecanismos de desplazamiento tan propios del estilo cortazariano, así como en su momento lo ha hecho Antin con sus tres adaptaciones del célebre escritor. Mentiras piadosas, sin embargo, se queda en la chatura de lo literal y no consigue ver más allá de lo que la historia original le dicta. El suspenso agregado respecto al paradero del hijo se funde en un desenlace cuasi críptico, un tanto impropio frente a la contundencia del cuento de Cortázar (aunque en ese desenlace pueden hallarse ciertos rasgos de la alienación familiar descripta en el relato).

De todos modos, Mentiras piadosas no merece ser comparada con el cuento original. Apenas es un pequeño drama con actores de teatro correctamente transportados al cine, cuyos rasgos característicos son una estética arcaica y una soporífera evolución narrativa. Es verdad que el aburrimiento no es una categoría estética, pero cuando no hay virtudes que hagan relucir a la puesta en escena, y ni siquiera encontramos un inteligente trabajo de traslación de la obra literaria, el pulso de la película lo termina marcando el tedio en el que esta nos sumerge. Basta leer el cuento original para encontrarnos con una obra mucho más ingeniosa, entretenida y angustiante que esta adaptación con tufillo a telefilm.

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lunes 17 de mayo de 2010

Crítica THE BOYS ARE BACK

Título en España: SÓLO ELLOS
Dirección: Scott Hicks.
Países: Australia y Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 104 min.
Género: Drama.
Elenco: Clive Owen (Joe Warr), Laura Fraser (Katy), Emma Booth (Laura), George MacKay (Harry), Nicholas McAnulty (Artie Warr), Emma Lung (Mia), Julia Blake (Barbara).
Guión: Allan Cubitt; basado en la novela “The boys are back in town” de Simon Carr.
Producción: Greg Brenman y Timothy White.
Música: Hal Lindes.
Fotografía: Greig Fraser.
Montaje: Scott Gray.
Diseño de producción: Melinda Doring.
Vestuario: Emily Seresin.
Estreno en Australia: 12 Noviembre 2009
Estreno en España: 9 Abril 2010
Estreno en Argentina: 12 Agosto 2010 (Directo a DVD)


Sinopsis

Tras la trágica muerte de su segunda esposa, el conocido periodista deportivo Joe Warr tiene que hacerse cargo de su hijo, Artie, un chiquillo de seis años al que prácticamente no conoce. Las cosas se complicarán aún más para Joe cuando el hijo de su anterior matrimonio, Harry, de catorce años, se mude a Australia para vivir con él durante una temporada. A partir de ese momento, Joe tendrá que arreglárselas para llevar adelante este hogar formado sólo por chicos.


Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Frente a un cine americano acostumbrado a ofrecernos películas en las que se refuerzan a más no poder las aristas dramáticas, Sólo ellos se muestra como un pequeño exponente, cuyo interés progresa en la medida en que toma distancia del espesor dramático que la origina. Scott Hicks, el director de dramas consagrados (Shine), y cintas destinadas a la taquilla fácil (Sin reservas), regresa a su Australia natal, aunque con factura americana, producción de Miramax, y protagónico a cargo de Clive Owen, para narrarnos el drama de un hombre que, a partir de su prematura viudez, debe reelaborar el vínculo con sus hijos.

Si obviamos el breve trayecto golpebajista de los primeros minutos del film, cuando asistimos a la agonía de la mujer de Joe, el resto transita por los carriles de un drama escrito sin estridencias y con mucha capacidad de reflexión, atada a la progresión narrativa clásica, pero centrándose en un relato genuino y honesto sobre la construcción de la paternidad, cuando este rol debe hacer frente a la crisis que deviene de una tragedia capaz de desmoronar la idea de familia sostenida hasta ese momento. Joe no sólo debe lidiar con su pequeño hijo, que recibe el duro golpe de perder a su madre, sino que encuentra en esa etapa crítica de su vida, el momento ideal para reconciliarse con el hijo mayor, fruto de un matrimonio anterior que se destruyó cuando Joe decidió mudarse de país, cambiar de vida y formar una nueva familia, producto del embarazo de su amante.

Es natural que se plantee cierta celosía de Harry, el hijo mayor, para con Artie, el menor, porque el nacimiento del segundo determinó que el padre abandonara al primero. Afortunadamente, la película no intenta potenciar la eventual disputa entre ambos. Uno puede encontrar claros indicios de ese enfrentamiento, pero el cariño que Artie le demuestra de entrada a su hermano, permite que este conflicto evolucione dignamente, hasta desembocar en la aceptación, el mutuo afecto y el surgimiento de un nuevo esquema familiar.

Clive Owen encuentra en su personaje la manera de exponernos una faceta casi desconocida de su ductilidad interpretativa. El padre que compone no posee más subrayados emotivos que los necesarios, y le aporta la justa dosis de drama para que resulte creíble desde el minuto uno, sorprendiendo a un público acostumbrado a verlo en su perfil de héroe americano.

Naturalmente, podemos enumerar varios elementos o concesiones innecesarias del film, como la interacción permanente de Joe con su mujer, como si estuviera viva, uno de los mayores clichés de este tipo de películas. Otro aspecto es el desenlace excesivamente previsible, que contrasta con la naturalidad de la evolución dramática del film. Si bien el desarrollo se dirige a ese desenlace, podría haberse planteado de otro modo, de manera que no resulte tan obvio. En este apartado también podríamos mencionar el apunte romántico, que aparece sólo para articular un pequeño conflicto adicional entre Joe y sus hijos, y termina disolviéndose rápidamente (aunque la naturaleza del vínculo se plantea de manera original y el final poco feliz ayuda a que Joe se replantee su erróneo accionar).

Pero estos elementos no opacan un drama correcto, genuino en el planteo de los conflictos que atraviesa el protagonista, y en ese sentido, mucho más honesto que muchos dramas familiares americanos. Luego de Sin reservas, un drama con sucesión de golpes bajos y desarrollo romántico superficial, Scott Hicks, sin ser un director de renombre o con una filmografía con signos autorales, ha vuelto a tomar el rumbo de los buenos dramas, lo que no es poco.

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Valoración:

sábado 15 de mayo de 2010

Crítica LAW ABIDING CITIZEN

Título en España: UN CIUDADANO EJEMPLAR
Título en Argentina: DÍAS DE IRA
Dirección: F. Gary Gray.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 109 min.
Género: Thriller.
Elenco: Jamie Foxx (Nick Rice), Gerard Butler (Clyde Shelton), Colm Meaney (detective Dunnigan), Bruce McGill (Jonas), Leslie Bibb (Sarah Lowell), Viola Davis (April), Michael Irby (Sean Garza), Gregory Itzin (Warden Iger), Regina Hall (Kelly Rice), Christian Stolte (Clarence).
Guión: Kurt Wimmer.
Producción: Gerard Butler, Mark Gill, Lucas Foster, Robert Katz, Alan Siegel y Kurt Wimmer.
Música: Brian Tyler.
Fotografía: Jonathan Sela.
Montaje: Tariq Anwar.
Diseño de producción: Alex Hajdu.
Vestuario: Jeffrey Kurland.
Estreno en USA: 16 Octubre 2009
Estreno en España: 7 Mayo 2010.
Estreno en Argentina: 11 Febrero 2010


Sinopsis


Clyde Shelton es un hombre que ve cómo uno de los asesinos de su esposa y de su hija sale en libertad gracias a un acuerdo legal. Desolado por la noticia, iniciará una venganza contra los criminales y contra todos aquellos que han hecho posible el trato.


Crítica 
por Leo Aquiba Senderovsky

Cuando creíamos que en materia de justicia por mano propia ya habíamos visto todo, aparece esta película que, sin ser, ni por asomo, candidata a obra maestra de su género, al menos posee un par de elementos que vale la pena mencionar.

El primer elemento se llama Clyde Shelton, el personaje a cargo de Gerard Butler, un sujeto que consigue atrapar y repeler intermitentemente al espectador con su sinuoso accionar. El enfrentamiento entre Nick Rice, el abogado interpretado por Jamie Foxx, y Shelton se establece de tal manera que encaja dentro de los parámetros tradicionales del duelo héroe - villano, y fácil es advertir que, en este caso, Rice es el héroe, pero cuesta identificar a Shelton como el villano de turno. La película se preocupa por insertarlo dentro de la mecánica del thriller, de forma tal que el espectador no desee su derrota, empatizando de entrada con el desgarro que le produce la muerte de su familia, mientras que, conforme se sucede la trama, Shelton logra seducir definitivamente al espectador, gracias a su enigmático modo de aplicar las penas que él considera justas.

Cuando una película se encabalga en la ambigüedad de sus personajes, la asume como tal y se regodea en esa ambigüedad, el camino que elige puede determinar, como meta final, un discurso para nada facilista sobre el tema que plantea. Para ser más claros, cuando Welles construye a su famoso comisario Quinlan, en el clásico Touch of evil, no lo hace para decirnos “miren a este comisario corrupto, qué villano que es, cómo planta evidencias para incriminar a cualquiera”, sino que compone a su personaje de tal manera que sólo lo podemos ver como un hombre derrotado, con una particular visión de la justicia. No es que exista una huella de aquel film en éste, pero al describir a Shelton como un hombre que ha sufrido las muertes de su mujer y de su hija, con evidentes cicatrices de esta tragedia en su psiquis, que desemboca en un perfil de asesino frío e imparable, consigue elaborar un personaje mucho más rico que cualquier civil justiciero, figura típica de esta clase de relatos. Shelton no viene a exponer el planteo defensor de la justicia por mano propia o de la pena de muerte, porque su conducta dista totalmente de lo bidimensional, y escapa a las consideraciones más clásicas, e ideológicamente, más conservadoras.

Entre cualquier justiciero y Shelton hay diez años de diferencia, el período que pasa entre la tragedia de Shelton y la sentencia que éste comienza a aplicar. Diez años imposibles de ser reconstruidos por el guión (esta es la mayor falla, lo que la convierte en un film progresivamente inverosímil), que hacen de Shelton un sujeto cuyo comportamiento no logra encasillarse en la lógica del espectador medio, una conducta que vira de la empatía a la perfidia, especialmente cuando se ensaña con determinados personajes.

A un personaje tan rico se le opone, casi por lógica, un héroe de manual, un Jamie Foxx luchando a brazo partido por despertar el interés necesario, para que uno termine identificándose con su heroico accionar. Pese a esto, resulta muy difícil de digerir la forma en la que el guión decide hacer que Nick Rice tenga una última jugada hábil en su duelo con Shelton, porque su simpleza no le sirve para establecer un duelo equilibrado con semejante personaje. Tampoco ayuda la presentación de los conflictos familiares del abogado, por la sencilla razón de que, si se intentó establecer una conexión entre la intimidad familiar de uno y de otro, el peso superfluo de Rice no permite apreciar esa conexión, ni ayuda a generar más empatía que la que logra Shelton con pocos planos, y con la actuación mucho más convincente de Butler.

Naturalmente, todo atisbo de ambigüedad termina siendo pisoteado por un relato que rápidamente se encamina hacia el esquema genérico más tradicional, y los pocos méritos son embarrados por un desenlace mucho más rebuscado e ingenioso, que genuinamente original e inteligente. Pero en su desarrollo se nos presentó al menos una pizca de que, en materia de thrillers con civiles justicieros, no parece estar todo dicho.

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