miércoles 31 de marzo de 2010
Crítica SHUTTER ISLAND
Críticas de películas próximas a exhibirse en el 12vo BAFICI

Funciones:
13 abril, 22:30 hs, Atlas Santa Fe
14 abril, 22:45 hs, Atlas Santa Fe
17 abril, 22:15 hs, Hoyts Abasto
Funciones:
13 abril, 17:15 hs, Atlas Santa Fe
15 abril, 19:00 hs, Arteplex Belgrano
17 abril, 19:15 hs, Hoyts Abasto
AJAMI
Funciones:
8 abril, 22:45 hs, Hoyts Abasto
9 abril, 20:15 hs, Atlas Santa Fe
10 abril, 12:30 hs, Complejo Cultural Cine Teatro 25 de Mayo
martes 30 de marzo de 2010
Crítica THE ROAD

Título en español: LA CARRETERA

por Leo Aquiba Senderovsky
sábado 27 de marzo de 2010
Póster y trailer de CARANCHO

Póster y trailer de DOS HERMANOS

Póster y trailer en inglés de THE SECRET IN THEIR EYES

viernes 26 de marzo de 2010
Crítica EL CORREDOR NOCTURNO


Crítica
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Valoración:

Crítica THE STEPFATHER

Sinopsis
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Más información en Cine.com
Valoración:
Crítica TOOTH FAIRY
Título en España: ROMPEDIENTESTítulo en Latinoamérica: HADA POR ACCIDENTE
Dirección: Michael Lembeck.
País: USA.
Año: 2010.
Duración: 101 min.
Género: Comedia, familiar, fantasía.
Elenco: Dwayne Johnson (Derek), Ashley Judd (Carly), Julie Andrews (Lily), Billy Crystal, Stephen Merchant (Tracy), Seth MacFarlane (Ziggy), Chase Ellison (Randy), Destiny Grace Whitlock (Tess).
Guión: Lowell Ganz, Babaloo Mandel, Joshua Sternin, Jeffrey Ventimilia y Randi Mayem Singer; basado en un argumento de Jim Piddock.
Producción: Jason Blum, Mark Ciardi y Gordon Gray.
Música: George S. Clinton.
Fotografía: David Tattersall.
Montaje: David Finfer.
Diseño de producción: Marcia Hinds.
Vestuario: Angus Strathie.
Estreno en USA: 22 Enero 2010
Estreno en España: 22 Enero 2010
Estreno en Argentina: 4 Febrero 2010
Sinopsis

Crítica
martes 23 de marzo de 2010
Crítica THE GREATEST
Título en español: EL MEJORPaís: USA.
Año: 2009.
Duración: 99 min.
Género: Drama.
Elenco: Pierce Brosnan (Allen Brewer), Susan Sarandon (Grace Brewer), Carey Mulligan (Rose), Johnny Simmons (Ryan Brewer), Aaron Johnson (Bennett Brewer), Zoë Kravitz (Ashley), Michael Shannon (Jordan Walker).
Producción: Lynnette Howell y Beau St. Clair.
Música: Christophe Beck.
Fotografía: John Bailey.
Montaje: Cara Silverman.
Diseño de producción: Judy Rhee.
Vestuario: Luca Mosca.
Estreno en España: 1 Enero 2010
Estreno en Argentina: 15 Abril 2010
lunes 22 de marzo de 2010
Crítica THE PRINCESS AND THE FROG
Título en España: TIANA Y EL SAPO
Crítica INVICTUS


Crítica
jueves 18 de marzo de 2010
Crítica MY SISTER'S KEEPER
Título en España: LA DECISIÓN DE ANNEDirección: Nick Cassavetes.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 109 min.
Género: Drama.
Elenco: Cameron Diaz (Sara Fitzgerald), Abigail Breslin (Anne), Alec Baldwin (Campbell Alexander), Jason Patric (Brian Fitzgerald), Sofia Vassilieva (Kate), Heather Wahlquist (Kelly), Joan Cusack (juez De Salvo), Thomas Dekker (Taylor Ambrose), Evan Ellingson (Jesse), David Thornton (Dr. Chance).
Guión: Nick Cassavetes y Jeremy Leven; basado en la novela “La decisión más difícil” de Jodi Picoult.
Producción: Mark Johnson, Chuck Pacheco y Scott L. Goldman.
Música: Aaron Zigman.
Fotografía: Caleb Deschanel.
Montaje: Alan Heim y James Flynn.
Diseño de producción: Jon Hutman.
Vestuario: Shay Cunliffe.
Estreno en USA: 26 Junio 2009.
Estreno en España: 15 Enero 2010
Estreno en Argentina: 6 Agosto 2009
La vida de Sara y Brian Fitzgerald, la de su pequeño hijo y la de Kate, su hija de dos años de edad, quedarán alteradas para siempre al enterarse de que Kate tiene leucemia. La única esperanza de los padres es tener otro niño para salvar la vida de Kate. Para algunas personas, estos temas de ingeniería genética provocan preguntas morales y éticas; para los Fitzgerald, y para Sara en particular, no existe ninguna otra opción sino hacer todo lo que se pueda para asegurar la vida de Kate. Y lo que sea es Anne. Kate y Anne comparten una relación aún más cercana que la de la mayoría de las hermanas. Aunque Kate es mayor, ella confía en su joven hermana; de hecho, su vida depende de Anne. Sara, esposa y madre abnegada que deja su carrera como abogado para cuidar a su hija, a veces se siente perdida dentro del papel que ha tomado en su esfuerzo por salvar a Kate. Su marido, de gran fortaleza y apoyo moral, Brian, a menudo se vuelve totalmente pasivo ante la fuerza y la determinación de su esposa. Y el único hijo varón que tienen, Jesse, queda ocasionalmente relegado a un segundo plano. Hasta que Anne, que ahora tiene 11 años de edad, dice basta. En busca de emancipación médica, contrata a su propio abogado e inicia un proceso legal que divide a familia.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Una de las peores cosas que le puede pasar a una película es no poder sostener una verdad. No hablamos del verosímil, sino de lo que la película manifiesta en términos discursivos. Le puede ocurrir a cualquier película, pero los más afectados suelen ser aquellos dramas que intentan generar un debate. Estos dramas se valen de un planteo al cual, naturalmente, se le adhiere una postura ideológica, un lugar donde colocarse en el debate que suscitan. Al respecto, My sister's keeper es una película terriblemente dramática, pero fundamentalmente, una película notablemente mentirosa e incapaz de sostener una verdad.
La primera impresión que tenemos luego de ver esta película es que acabamos de bajarnos de una montaña rusa emocional, que comienza sorteando habilmente el golpe bajo y dando pie a un eventual debate, pero no tarda en darse vuelta y anular ambos méritos. Para hablarnos del drama familiar de un miembro con cáncer, Nick Cassavetes (el hijo del maestro del cine independiente americano, quien se empeña en demostrar que de su padre sólo ha heredado el apellido) nos presenta inicialmente el punto de vista de una niña que fue concebida para salvarle la vida a su hermana, enferma de leucemia. A los once años, y luego de varias intervenciones, Anne decide demandar a los padres para poder tener el derecho de decidir sobre su propio cuerpo. El eventual debate se presenta de manera directa, aunque las recurrentes y excesivas voces en off de los personajes mastican demasiado el relato, y poco ayudan a construir una trama capaz de valerse inteligentemente de la complejidad de su planteo ético.
Aún así, esta película podría haber propiciado un interesante debate si hubiese mantenido en primer lugar el punto de vista de Anne. Lamentablemente, como si no nos hubiésemos enterado de que se trata de un drama sobre una adolescente enferma de leucemia, la película decide olvidarse del dilema de Anne y dedicarse a reflejar la progresiva degradación física de Kate, la hermana enferma. Así, se acumulan escenas con Kate sufriendo a pleno el avance de su enfermedad y flashbacks que presentan una felicidad cada vez más lejana (entre estos, la historia de amor de Kate con un chico que conoce en el hospital y que, sabemos, terminará muriendo). El conflicto familiar en torno a la demanda de Anne se vuelve un relato secundario frente a la imposición del drama de Kate, de tal modo que si al comienzo se elude el golpe bajo, una vez que el relato se enfoca en Kate, este se vuelve un elemento frecuente, y Cassavetes no teme escarbar a más no poder en la futura muerte de la chica, atravesando violentamente las barreras del buen gusto.
De todas maneras, la insufrible sucesión de golpes bajos no es el peor defecto del film. Lo peor es la vuelta de tuerca, un artilugio que existe desde tiempos inmemoriales pero que Hollywood parece haber descubierto hace algunos años para forzar la atención del espectador, imponiendo relatos sumamente tramposos. Aquí la vuelta de tuerca hace que el potencial debate, ya definitivamente sepultado por la eterna serie de escenas lacrimógenas, pase de un dilema ético a otro, de una adolescente debatiéndose entre la autonomía de su propio cuerpo y la entrega a su hermana enferma, a un debate en torno a la eutanasia. Este cambio de eje no sólo termina por enterrar todo retazo del dilema inicial, sino que además carece de sustento, ya que la esencia del vínculo entre las dos hermanas apenas se vislumbra en alguna que otra escena esporádica.
Hacia el final se retoma el planteo inicial, ya sin suerte, porque el dilema ha sido anulado previamente con el dichoso giro sorpresivo. Lo que nos queda, en primer lugar, son buenas actuaciones (Alec Baldwin, aportando una pequeña dosis de comedia y de fina ironía, Cameron Diaz, luciéndose en un rol difícil y sin caer en el juicio fácil, y sobre todo, la sólida actuación de Abigail Breslin y la dramática interpretación de Sofia Vassilieva en el rol de Kate), conjugadas en un drama que intenta generar un debate ético, pero que en su desarrollo sabotea toda posibilidad de debate, contradiciendo la naturaleza de algunos personajes y hasta la esencia del propio planteo, todo en pos de forzar y sostener el llanto fácil. Un llanto que, para Cassavetes, parece valer más que cualquier reflexión necesaria sobre las dimensiones éticas que dispara el relato.
Peor aún, si pasamos por alto la frustrada tendencia al debate y sólo deseamos quedarnos con su aspecto lacrimógeno, la multiplicidad de voces en off que se empeñan en explicar hasta el más evidente sentimiento de cada personaje y la serie de escenas pensadas para golpear al espectador a más no poder, hacen que la dichosa lágrima, tan anhelada por Cassavetes, sólo consiga aparecer a la fuerza, si es que llega a aparecer.
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miércoles 17 de marzo de 2010
Crítica CAPITALISM: A LOVE STORY
Título en español: CAPITALISMO: UNA HISTORIA DE AMOR País: USA.
Año: 2009.
Duración: 126 min.
Género: Documental, drama.
Producción: Michael Moore y Anne Moore.
Música: Jeff Gibbs.
Fotografía: Dan Marracino y Jayme Roy.
Montaje: Conor O’Neill, John Walter, Jessica Brunetto, Alex Meillier, Tanya Meillier, Pablo Proenza y T. Woody Richman.
Estreno en USA: 23 Septiembre 2009.
Estreno en España: 8 Enero 2010
Estreno en Argentina: 31 Marzo 2010
Michael Moore, con “Capitalismo: Una historia de amor”, afronta el problema que está en el centro de toda su obra: el desastroso impacto que el dominio de las corporaciones tiene sobre la vida cotidiana de los estadounidenses, y, por consiguiente, también sobre el resto del mundo. Este documental plantea una pregunta tabú: ¿cuál es el precio que paga Estados Unidos por su amor al capitalismo? Hace años, ese amor parecía absolutamente inocente. Sin embargo, hoy el sueño americano se parece cada vez más a una pesadilla, cuyo precio pagan las familias, que ven esfumarse sus puestos de trabajo, sus casas y sus ahorros. Y lo que descubre son los síntomas de un amor que acaba mal: mentiras, malos tratos, traiciones… y 14.000 puestos de trabajo perdidos cada día. Pero Moore no se rinde y nos invita a sumarnos a su lucha, incansable y llena de optimismo.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Capitalismo: Una historia de amor es la frutilla del postre en la filmografía de Michael Moore. Afirmar esto es afirmar también que los méritos principales de Sicko, su anterior documental, desaparecen en este film. Es decir que, con este film, Moore vuelve a priorizar su panfleto político sobre cualquier otra cosa. No hay nada del discurso de Miachel Moore que no sea del agrado de quien esto escribe. Como siempre, el conflicto principal no son las ideas de Moore sino cómo las expone. Moore le habla al ciudadano americano desde una subjetividad necesaria pero a veces excesiva, carente de filtro, lo cual lleva a algunos de los momentos más originales de sus documentales, pero también a un creciente e irritante mesianismo. Moore, desde su arrogancia, se asume como el único hombre capaz de explicarle al ciudadano común los males del sistema económico en el que vive.
El colocarse en ese rol parece funcionarle mucho mejor en sus ciclos televisivos, donde despliega sus originales tretas para exponernos las fallas del sistema o su inhumanidad. En el cine, donde todo es más grande, también lo son las descomunales parrafadas ideológicas de Moore. Allí también se vuelve mucho más notoria la manipulación del material documental con el que cuenta, llegando a instancias donde se esconde detrás de procedimientos cómicos (como colocarle una voz de capitalista a Jesús, o la animación de la destrucción del escenario mientras Bush pronuncia un discurso alarmista) que no logran ocultar la forma en que Moore utiliza el material audiovisual para acentuar su discurso.
El mayor mérito de Sicko era la reducción de la presencia en pantalla de Moore y el privilegiar los testimonios de las víctimas del sistema de salud americano. Allí su discurso estaba acompañado de una genuina emoción por las palabras que extraía de sus entrevistados. Como en aquella, los mejores momentos de Capitalismo… son las verdades que Moore saca a la luz, de la mano de los testimonios que consigue. En una película que intenta dilucidar el por qué de la crisis económica que estalló en los últimos meses de Bush en el poder, revelar la forma en que las grandes empresas se han beneficiado históricamente con el deceso de sus empleados, es un dato lateral frente al planteo principal, pero es a su vez uno de los pocos elementos sobre los que Moore logra echar luz, beneficiándose con la respuesta de familiares de empleados muertos. De la misma forma, cuando se introduce en la vida de quienes sufren la pérdida de su casa por una hipoteca, consigue el retrato más genuino de los males del capitalismo.
Pero Moore no desarrolla toda la película a partir de estas escenas, apenas se sirve de ellas como un elemento más de su enorme construcción discursiva. El grueso de la película pasa por defenestrar las políticas republicanas de las últimas décadas y por mostrar de qué manera presidentes como Reagan o Bush gobernaron sosteniendo políticas que beneficiaron exclusivamente a los grandes empresarios, sometiendo a la sociedad a un nivel de desempleo alarmante. Como ya es habitual en su cine, su denuncia a las políticas republicanas, junto con la puesta en escena que sirve de soporte a su discurso político, son tan maniqueas y carentes de todo matiz, que terminan reduciendo el género documental al nivel de un panfleto facilista, desmereciendo totalmente los originales recursos que despliega, como así también las virtudes del progresismo que intenta promover.
En Capitalismo… no se contenta con repetir los vicios de sus anteriores documentales, los eleva a la enésima potencia. Su carácter mesiánico llega a niveles insostenibles, desde la arrogancia que lo lleva a citar su primero y loable trabajo documental y ocupar un considerable espacio de Capitalismo… con una revisión temática del mismo (una cosa es sostener fervientemente un discurso en primera persona, y otra muy distinta es la cita autoindulgente), hasta un final desquiciado, con Moore pidiéndole al espectador que se sume a su supuesta rebelión.
En el medio de este trayecto aparece la razón principal que hace de Capitalismo… un documental incapaz de sostenerse en el tiempo. Moore pensó este documental a partir de la crisis económica última y al mismo tiempo se topa con la elección de Obama, un dato que no le es ajeno. El excesivo optimismo del film tras la asunción del primer presidente americano negro lleva a pensar que Capitalismo… es una propaganda lisa y llana de Barack Obama, o que Moore, fiel a sus convicciones, confía realmente en el supuesto cambio promulgado por aquel. De una u otra forma, hoy, a más de un año de su asunción, aquella confianza en ese dichoso cambio y en la capacidad o posibilidad de Obama de modificar algunas cosas, suena a una efímera ilusión de la que Moore parece haber sido otra víctima más. Tanta ingenuidad se da de bruces con su estilo aparentemente combativo, y semejante contradicción termina anulando la credibilidad del realizador.
Podríamos ser generosos y apelar a la historia de las películas, documentales o no, que apelan de modo directo a un discurso político e ideológico. Ningún realizador con la militancia política necesaria para generar productos de este calibre está exento de cierta contradicción entre la crítica violenta al sistema y la ingenuidad propia del optimismo ante un supuesto cambio. Si apelamos a esto, también debemos tener en cuenta que la conducta de Michael Moore se encuentra en las antípodas de un verdadero militante político. Apenas es un ciudadano común lo suficientemente prepotente como para sostener que su deber es adoctrinar al americano medio, y con la arrogancia necesaria para servirse del cine en función de sus propósitos aleccionadores. Cuando los medios están dispuestos tramposamente en función de un fín determinado, dicho fín no justifica los medios, por muy originales o particulares que estos sean.
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