jueves 25 de febrero de 2010

Crítica NOISE

Título en España: SOBREPASANDO EL LÍMITE
Título en Argentina: MÁS ALLÁ DE LOS LÍMITES
Dirección y guión: Henry Bean.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 91 min.
Género: Comedia negra.
Elenco: Tim Robbins (David Owen), Bridget Moynahan (Helen Owen), William Hurt (Sr. Schneer), Margarita Levieva (Ekaterina), Gabrielle Brennan (Chris Owen), María Ballesteros (Gruska), William Baldwin.
Producción: Susan Hoffman y Henry Bean.
Música: Phillip Johnston.
Fotografía: Andrij Parekh.
Montaje: Lee Percy y Julie Carr.
Diseño de producción: Kelly McGehee.
Vestuario: Alex Alvarez.
Estreno en USA: 9 Mayo 2008
Estreno en España: 22 Enero 2010
Estreno en Argentina: 10 Julio 2008 (directo a DVD)




Sinopsis

Un hombre se está volviendo loco por el constante ruido que hay en la ciudad de Nueva York, lo que le lleva a convertirse en el ‘El Rectificador’, ideando un ingenioso plan para eliminar los ruidos de la calle. Poco a poco los neoyorquinos se le unen en esta imposible misión: silenciar la ciudad más ruidosa del mundo.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Antes de dirigir Noise, Henry Bean había dirigido The believer, un drama insoportable sobre un joven judío que comienza a cometer actos vandálicos ligados al neonazismo. Esta cinta trata el tema tan superficialmente que en ningún momento parece preguntarse acerca del conflicto interno del personaje, exhibiendo su accionar de manera sensacionalista y decorándolo con una estética de videoclip, es decir, con un montaje acelerado y bobo, poco acorde con el tono del drama que se anticipaba. Extrañamente, esta película independiente captó la atención de algunos festivales y fue el trampolín a la fama de Ryan Gosling, un interesante actor, a quien, lamentablemente, nunca puedo dejar de ver como al adolescente idiota de aquella película.

Ahora se estrenó en España esta película, que data de 2007. Cuando supe de este film me atrajo la trama, algo original y de denuncia a la vida en las grandes ciudades, y especialmente, Tim Robbins, un gran atractivo para ver cualquier película, aunque debo confesar que cuando vi quién la había dirigido se atenuaron mis ganas de verla.

A simple vista, Noise no parece tener mucho que ver con aquel espanto. Tim Robbins es capaz de levantar cualquier propuesta irregular, y a diferencia de The believer, no cae en un vértigo visual inútil. Es verdad que ambos personajes tienen un serio conflicto con su entorno, pero en la composición del personaje de Robbins hay un trabajo más refinado, que hace que uno se puede identificar con él (algo similar ocurría con el William Foster de Un día de furia, película que guarda no pocos puntos comparables con esta). David Owen (Robbins) es un sociópata autoerigido como héroe y salvador de los neoyorquinos. Lo curioso no es que se autoproclame “El Rectificador” y que la gente comience a respetarlo y a apoyarlo en su lucha contra la polución sonora de la ciudad, especialmente contra las alarmas de los autos. Lo curioso es que este personaje no puede manejar su obsesión con las alarmas, y que esta obsesión hace que el vínculo con su familia comience a tambalear seriamente. Cuando se da cuenta de que, con su conducta compulsiva, comienza a traicionar las expectativas de su hija, es cuando realmente podemos apreciar la riqueza del personaje. David Owen es un hombre en jaque, se cree un salvador de New York por intervenir en autos ajenos para desactivar sus alarmas, mientras parte de la ciudad y todos los espectadores lo idolatran, pero su conducta se acerca más a la de un sociópata que no puede dejar de cometer el mismo acto vandálico repetidas veces, y no por la presión de la sociedad que se lo demanda, sino por su propia obsesión, que lo deja al borde del desequilibrio mental.

Si bien cuando nos adentramos en ambas películas, nos encontramos con una cierta superficialidad del director a la hora de tratar los conflictos psicológicos de sus personajes, en Noise hay un abordaje más interesante y más concreto de la sociopatía que padece el protagonista. Bean encuentra aquí más elementos que le sirven para comprender el accionar de su personaje, y lejos está del sensacionalismo insulso de su ópera prima. Tal vez cierta levedad de esta radique en su tono de comedia, que no le hace nada mal. La película se hace cargo de la enfermedad del personaje, que arriesga el amor de su familia para seguir por el camino de una obsesión que lo destruye, pero a su vez sabe jugar con esa enfermedad, evitando el dramatismo excesivo y asumiendo que el personaje debe aprender a convivir saludablemente con esa obsesión, que no será fácil erradicarla de su vida.

En el medio tenemos unos secundarios que no ayudan para nada al correcto desarrollo de la trama. Está Ekaterina, una joven que se enamora de David mientras se dedica a analizar su conducta (un momento sobreexplicativo irritante) y al intendente, encarnado por William Hurt, quien pese a su talento no termina de encontrarle el tono a su personaje, yendo, sin miramientos, de lo más vil a lo netamente cómico. Y sobre el final quedan algunas preguntas en el tintero. Por ejemplo, para una mayor coherencia en la descripción de su obsesión, y para una denuncia cabal de la polución sonora en las grandes ciudades, ¿no hubiese hecho falta que el personaje se la agarre con todo ruido urbano? ¿Por qué se la agarra específicamente con las alarmas de los autos?

Si nos olvidamos de los ya de por sí olvidables roles secundarios y de estos interrogantes inexplicables, nos queda una película que aborda dignamente la ambigüedad del personaje y que se apoya en un gran actor como Tim Robbins, que sabe cómo moverse entre lo patológico y lo bienintencionado de un personaje sin perder en ningún momento la simpatía del espectador, capaz de comprender al personaje y de jugar permanentemente con su accionar. Un personaje sumamente rico, en una película que daba para un mayor aprovechamiento de la naturaleza errática de su protagonista, quedándose finalmente en lo meramente descriptivo, tal vez consecuencia de una búsqueda cómica saludable, pero no del todo eficaz. Al margen de que, si se pretendía erigir con esta película un discurso en contra de la polución sonora de las ciudades, esta posibilidad ha sido totalmente desaprovechada.

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Valoración:

miércoles 24 de febrero de 2010

Unas palabras del autor de este blog, a horas de cumplir su primer cuarto de siglo

Estimados lectores:

Algún que otro lector atento se habrá percatado de que en los últimos días publiqué sólo dos críticas por semana (mañana se publica la segunda de esta semana). Esto se debe a que me encuentro de vacaciones y retomaré mi ritmo habitual de críticas a partir del 1ro de marzo.

Además de comentarles esto, aprovecho este espacio para contarles a los que no me conocen personalmente, o a los desprevenidos que sí me conocen, que mañana es mi cumpleaños, así que pueden aprovechar para saludarme por los veinticinco años que estoy a pocas horas de cumplir. Parece patético (y ciertamente lo es) que tenga que rogarles que me envíen vuestras salutaciones por el cuarto de siglo. Igualmente, este no es el motivo principal del post. Tampoco lo es el saludar a mi gran amigo y colega Sebastián Mega Díaz, que hoy está cumpliendo su primer cuarto de siglo.

El motivo principal es contarles que el 16 de febrero del corriente me dedicaron un artículo en el sitio Solo Local, sitio desarrollado por la reconocida periodista bahiense Sandra Crucianelli, una web dedicada a recoger información periodística en la web vinculada a Bahía Blanca. De casualidad, encontré este artículo en el que me mencionan, citan mi biografía y hacen un repaso de todos mis trabajos en la web y los links a mis sitios. Modestia aparte, agradezco enormemente a los responsables de haber incluido esa información en el sitio, me ha llenado de emoción leer ese artículo y quiero compartirlo con ustedes, los lectores ocasionales o asiduos que hacen posible este blog. Pueden leer el artículo mencionado de Solo Local haciendo click aquí.

Saludos a todos,

Leo A. Senderovsky


martes 23 de febrero de 2010

CRANK: HIGH VOLTAGE

Título en español: CRANK 2: ALTO VOLTAJE
Dirección y guión: Mark Neveldine y Brian Taylor.
País: USA.
Año: 2009.
Género: Acción.
Elenco: Jason Statham (Chev Chelios), Amy Smart (Eve), Dwight Yoakam (Doc Miles), Efren Ramirez (Venus), Clifton Collins Jr. (El Huron), Bai Ling (Ria), David Carradine (Poon Dong), Reno Wilson (Orlando), Joseph Julian Soria (Chico).
Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi, Richard Wright y Skip Williamson.
Música: Mike Patton.
Fotografía: Brandon Trost.
Montaje: Fernando Villena.
Diseño de producción: Jerry Fleming.
Vestuario: Dayna Pink.
Estreno en USA: 17 Abril 2009
Estreno en España: 12 Enero 2010 (directo a DVD)
Estreno en Argentina: 25 Noviembre 2009 (directo a DVD)




Sinopsis

En esta segunda parte, Chelios (Jason Statham) se enfrentará a un gángster que ha robado su prácticamente indestructible corazón y lo ha sustituido por un artefacto con batería que requiere frecuentes descargas de electricidad para continuar funcionando.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

¿Existía la posibilidad de que una secuela de Crank pudiera duplicar el nivel de absurdo de la primera? La dupla conformada por Mark Neveldine y Brian Taylor demostraron que sí lanzando Crank 2, antes de apostar a Gamer, una producción mayor, pero con el mismo espíritu rebelde que estas dos películas radicales, tanto en lo estético como en lo narrativo. Crank 2 arranca con el último plano de la primera, luego de que Chev Chelios cayera desde un helicóptero al enfrentarse con el villano de turno. Si el colmo del absurdo podía verse en Chelios dejándole un mensaje romántico a su mujer mientras se precipitaba hacia el suelo (el súmmum de un absurdo extendido durante toda la película), esta secuela comienza con un grupo de mafiosos levantando el cuerpo de Chelios del asfalto y llevándoselo para extraerle su corazón e implantarle uno artificial, que requiere de impulsos eléctricos para ser bombeado.

Sí, el comienzo ya demuestra ser aún más absurdo que la original, por lo menos más absurdo que el puntapié inicial de aquella, y ante este comienzo, la única duda posible era si Neveldine y Taylor podían mantenerse en esa vía durante todo el metraje. Pero como ya vimos en la primera que podían sostener un absurdo in crescendo, poca duda cabe con respecto a esta secuela.

Para exponer una mayor radicalización de la propuesta, ya de por sí extrema en la primera, se inclinan por una imagen mucho más dura, ostensiblemente digital. En varios países, esta película se estrenó directamente en dvd, y esto no es casual. Tal vez porque semejante propuesta asusta a cualquier distribuidor, pero lo seguro es que, a diferencia de muchas otras películas, el dvd parece hacerle mucho mejor que la gran pantalla. En primer lugar, porque una película como esta, que ostenta su estética digital, puede moverse mucho mejor en un formato de reproducción digital que en una proyección en fílmico. No por nada Neveldine y Taylor buscaron adrede esa dureza digital, porque entendieron que lo exacerbado de la propuesta requería de una imagen aparentemente más desprolija y mucho más desprejuiciada, elemento que se despega de la primera para potenciar todo aquello que ya podía verse en aquella. En segundo lugar, porque, a diferencia de muchas películas que se ven demasiado chicas para la gran pantalla, Crank 2 corre el riesgo de devorarse ese tamaño, y una proyección en pantalla grande ya sería demasiado, especialmente si tenemos en cuenta que esta secuela agiganta todo lo que ya era exacerbado en la primera.

En ambas los realizadores proceden de una manera particular, que alejan a una y a otra del cine de acción tradicional. Neveldine y Taylor toman lo más exagerado, y hasta ridículo, de películas de acción como Die hard (recordemos que en la cuarta entrega de aquella saga, se estrella un taxi contra un helicóptero, sólo por poner un ejemplo), y lo mezclan con los códigos del cómic y del videojuego. Este último elemento puede evidenciarse en las secuencias de títulos de ambas, y a su vez, llega a tener un rol central en la trama y la estética de Gamer. Chev Chelios es tan inmortal como John McClane, pero está tan cerca de McClane como de un Duke Nukem. Crank 2 reafirma su acercamiento al videojuego, y si esto ya le servía en la primera para reírse a carcajadas del cine de acción, aquí la carcajada aumenta desproporcionadamente. Todo lo que aparecía en la primera, se repite en la segunda, pero con un abordaje mucho más esperpéntico y paródico. Un ejemplo de esto es la escena de sexo de Chelios con su chica. En la primera sorprendía ver al héroe teniendo sexo con su mujer en plena calle, buscando no perder la adrenalina necesaria para evitar sucumbir a los efectos del veneno que le inyectaron. En la segunda ocurre lo mismo, sólo que en el medio de un hipódromo, en plena carrera de caballos, y con su mujer contemplando extasiada el miembro de los equinos. Uno de los personajes que más ostenta la desmesura duplicada en la secuela es el doctor, un tipo que ya parecía estar pasado de rosca en la primera, y que en esta va mucho más allá, volviéndose una de las piezas más cómicas de la película. Ni que hablar de David Carradine, prácticamente irreconocible en una ridícula caracterización de villano oriental, y uno de los personajes menos serios de esta secuela.

Claro que esta desmesura tiene sus consecuencias anómalas. La pelea en la planta de electricidad, o el estiramiento que sufre la película en la última media hora (estiramiento que ya podía verse en la primera), son una clara muestra de una desproporción que no siempre llega al nivel de una comedia ridícula, por momentos se queda en la mera ridiculez, con muy poco de comedia, despojada del componente paródico o de una lectura inteligente del universo inverosímil de los videojuegos o de las cintas de acción más exageradas.

Pero estas anomalías son las consecuencias inevitables de una propuesta extremadamente radical y muy poco seria, que se ampara en un Jason Statham siempre dispuesto a reírse de sí mismo (ver, por ejemplo la mención a la saga de El transportador en uno de los diálogos), para conformar una serie de películas que se toman en sorna todo el género sin despacharse con chistes integrados a la acción, sino apelando a lo más grotesco y desatinado de este tipo de películas, y jugando hábilmente con los elementos exagerados que el videojuego o el cómic pueden aportar al cine de acción. La secuela, además de reafirmar todo esto, sabe jugar con la imagen digital, potenciando al grado máximo su desmesura visual. Una película que es un claro ejemplo de cómo dos directores jóvenes, con sólo tres películas en su haber, pueden sorprender al establishment hollywoodense mezclando géneros y formatos, para conformar una estética arriesgada y personal, y evidenciando, felizmente, una libertad absoluta en sus realizaciones.

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jueves 18 de febrero de 2010

Crítica SHERLOCK HOLMES

Dirección: Guy Ritchie.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 128 min.
Género: Acción, aventuras, drama, thriller.
Elenco: Robert Downey Jr. (Sherlock Holmes), Jude Law (Dr. John Watson), Rachel McAdams (Irene Adler), Mark Strong (lord Blackwood), Eddie Marsan (inspector Lestrade), Kelly Reilly (Mary Morstan), Robert Maillet (Dredger), Geraldine James (Sra. Hudson), William Houston (Clark), Hans Matheson (lord Coward), James Fox (sir Thomas), Clive Russell (capitán Tanner).
Guión: Michael Robert Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg; basado en los personajes creados por Arthur Conan Doyle.
Producción: Joel Silver, Lionel Wigram, Susan Downey y Dan Lin.
Música: Hans Zimmer.
Fotografía: Philippe Rousselot.
Montaje: James Herbert.
Diseño de producción: Sarah Greenwood.
Vestuario: Jenny Beavan.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2009
Estreno en España: 15 Enero 2010
Estreno en Argentina: 14 Enero 2010



Sinopsis

Robert Downey Jr. da vida al legendario detective Sherlock Holmes. Jude Law interpreta el papel de Watson, el amigo y colega de confianza de Holmes. Tras una serie de brutales crímenes rituales, Holmes y Watson llegan a tiempo para salvar a la última víctima y descubrir al asesino: Lord Blackwood. Cuando se acerca el momento de su ejecución en la horca, Blackwood —que ha aterrorizado tanto a los presos como a los carceleros con su posible conexión con fuerzas oscuras y poderosas— advierte a Holmes de que la muerte no le importa y que, de hecho, la ejecución coincide con sus planes. Y cuando, según todos los indicios, Blackwood lleva a cabo su promesa, su aparente resurrección siembra el pánico en Londres y desconcierta a Scotland Yard. Pero para Holmes, el juego está en marcha. Demostrando su habilidad para pelear, tan acentuada como su famosa inteligencia, Holmes utiliza sus peculiares métodos para llegar al fondo de cada caso, adentrándose donde nadie más pensaría ir para averiguar lo que otros no pueden ver.


Crítica de Cine.com
por Leo Aquiba Senderovsky

Las expectativas con respecto a esta película eran muchas. Todos nos preguntábamos qué haría Guy Ritchie con Sherlock Holmes. Nos hacíamos esa pregunta, aunque sabíamos la respuesta. Sabíamos perfectamente que a Ritchie poco le podía importar la impronta tradicional de este personaje, y el cúmulo de versiones cinematográficas que han adaptado sus aventuras. Un hombre de acción y sarcasmo puro como Ritchie, difícil que pueda supeditarse a los razonamientos deductivos desde el sillón del célebre detective. Ahí lo podemos ver al Sherlock de Ritchie, un sujeto algo desquiciado, con una capacidad notable de observación de las personas, pero también con una propensión a la aventura y a la acción. Un hombre que no persigue huellas con una lupa, una pipa y el sombrero con el que se lo conoce tradicionalmente, sino un investigador esencialmente combativo e inquieto, un sujeto que, si no contara con la ayuda del moderado y circunspecto Watson, hubiese perdido la cabeza rapidamente. Ritchie sabía que esa era la imagen que le interesaba mostrar de Mr. Holmes, por eso contrató a uno de los grandes actores de la actualidad, Robert Downey Jr., el mejor actor para interpretar personajes al borde de la locura. Por eso también apostó a una importante producción de época plagada de escenas de acción.

Pese a esto, la película no le da la espalda al personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle. Todo lo contrario. Ritchie no cae en los convencionalismos construidos en base a este personaje, pero su Sherlock Holmes está muy lejos de la traición. Downey Jr. le infunde una enorme vitalidad al personaje y lo interpreta con la misma genialidad con la que encarna sus habituales papeles de desequilibrado. Sin desbordes, con suma actitud, midiendo cada mirada, dando en la tecla con cada palabra pronunciada. Con el mismo carisma que su último Tony Stark, pero mucho más desmedido, porque el Holmes de Ritchie así lo requiere.

Richie adapta a la perfección el escenario en el que se mueve Holmes, una Londres puramente industrial, que sirve de base para el cientificismo de Holmes, aunque este elemento se ve opacado por su tendencia a la acción. Si bien esta película no pertenece al riñón de su cine, no es difícil encontrar las huellas de Guy Ritchie en esta versión. El Ritchie puro se hace presente en los movimientos de cámara, especialmente de las escenas de pelea, en el montaje y, sobre todo, en el humor que recorre toda la película. Ritchie ironiza saludablemente con el vínculo conflictivo que sostienen Holmes y Watson, y festeja el hecho de que el protagonista, lejos de la solemnidad o el humor sobrio que lo caracterizan en la versión literaria, no parece tomarse en serio absolutamente nada.

Sin embargo, no todo desplazamiento del eje habitual del personaje es beneficioso para la película. Por momentos, el sello visual de Ritchie cansa, y cabe recriminarle el hecho de que no se haya permitido jugar a consciencia con el cine policial clásico. Este aspecto no sólo se ve en lo visual, sino principalmente en lo narrativo. La película se mete con el factor sobrenatural, que parte de la forma en que se conduce Lord Blackwood, el villano de la película, algo poco común para el razonamiento deductivo de Holmes, y si bien el detective termina respondiéndole al espectador que no todo está tan lejos de su órbita de acción, el apelar a una aventura que se asume suficientemente descabellada, hace que sigamos todo el tiempo por esa vía, desviándonos del razonamiento de Holmes. Lo que hace este último giro es demostrarnos el nivel de engaño al que fuimos sometidos durante el desarrollo de la acción, tratando en vano de incorporar hacia el final la capacidad de observación de Holmes, cuando todas las cartas parecen estar echadas. Antes que un atajo deductivo al final, hubiésemos preferido mantenernos todo el tiempo pendientes de su capacidad de razonamiento, sin que el guión nos trampee haciéndonos gala del talento sobrenatural de Blackwood.

Esta versión de Sherlock Holmes escapa a la imagen típica de uno de los personajes literarios más reconocidos por el cine. Guy Ritchie logra llevar para su campo el universo de Holmes, haciendo una versión en clave cómic, aunque esto implica mantenerse jugando con sus mismos caprichos visuales de siempre, acelerando o ralentando arbitrariamente algunas escenas, y apostar a una trama con tintes sobrenaturales, olvidándose hasta el límite de lo tolerable de la esencia deductiva del personaje. Más allá de esto, esta versión es lo suficientemente disfrutable como para que ansiemos ver el previsible enfrentamiento próximo de Holmes con Moriarty, su conocido archienemigo, ampliamente anunciado en la última parte de la película.

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martes 16 de febrero de 2010

Título HACHIKO: A DOG'S STORY

Título en España: SIEMPRE A TU LADO: HACHIKO
Dirección: Lasse Hallström.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 93 min.
Género: Drama.
Elenco: Richard Gere (Parker), Joan Allen (Cate), Sarah Roemer (Andy), Cary-Hiroyuki Tagawa (Ken), Jason Alexander (Carl), Erick Avari (Shabir), Davenia McFadden (Mary Anne), Robbie Collier Sublett (Michael), Robert Degnan (Teddy), Tora Hallström (Heather).
Guión: Stephen P. Lindsey.
Producción: Vicki Shigekuni Wong, Bill Johnson y Richard Gere.
Música: Jan A.P. Kaczmarek.
Fotografía: Ron Fortunato.
Montaje: Kristina Boden.
Diseño de producción: Chad Detwiller.
Vestuario: Deborah Newhall.
Estreno en USA: 18 Diciembre 2009.
Estreno en España: 6 Noviembre 2009.
Estreno en Argentina: 10 Junio 2010



Sinopsis

La película, basada en una historia real, narra la lealtad de un perro de raza Akita llamado Hachiko. Apodado “Hachi”, este perro acompaña a su amo, Parker (Richard Gere), a la estación de tren cada mañana para despedirse de él, y luego regresa cada tarde para darle la bienvenida. Pero su rutina se ve rota por una desgracia. La historia de Hachi nos muestra la devoción de un perro fiel a su amo y cómo el más simple de los actos puede llegar a ser el más grande gesto.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Las películas con perro ya son parte de lo más rutinario del cine americano. Pocas veces los films que narran el vínculo humano-perro pueden llegar a sorprender. La última que sorprendió fue Una pareja de tres, con Owen Wilson y Jennifer Aniston, una película que se centraba en la integración de un perro revoltoso a una familia incipiente. La relación entre los miembros de la familia y el can en cuestión era una excusa para hablar, con una sorprendente sencillez, de los dilemas cotidianos en torno a la constitución familiar, mostrando el vínculo que la familia sostiene con el perro Marley a lo largo de los años.

Ahora aparece Hachiko: A dog's story, esta pequeña película con perro que, a diferencia de la mencionada, no sorprende en absoluto. Primero cabe preguntarse cuál es la razón de esta producción, que traslada una historia real japonesa de principios de siglo XX a Estados Unidos en la actualidad. La única razón de ese traslado parece ser la esencia del relato, la historia de fidelidad de un perro que durante diez años espera sin suerte en la estación de trenes a que su amo regrese, como era su costumbre diaria. La diferencia es que, al poner en escena el relato en otro escenario sin olvidarse de la historia original, se suman un cúmulo de licencias, o excusas, narrativas que terminan atentando contra la coherencia del drama.

La clave de esta película es su simpleza, un elemento que puede considerarse su mayor virtud o su peor defecto, y estaríamos en lo cierto si afirmáramos una cosa o la otra. La película es tan simple que se detiene exclusivamente en el vínculo entre el protagonista y el perro que este encuentra en la estación y adopta de inmediato. No importa nada más que ese vínculo, y su austeridad narrativa le sienta muy bien. De hecho, si no estuviera protagonizada por Richard Gere y dirigida por el experto en películas lacrimógenas Lasse Hallström, estaríamos ante una película prácticamente mínima, y no estaría nada mal. Tal vez hubiera sido más noble, o más coherente que, en línea con esa simpleza argumental, no hubiese apelado a estrellas en el elenco, y se hubiese asumido como un drama minúsculo, sin pretensiones comerciales. Aún así, Gere no está mal en su papel, y cumple apoyándose en la ternura que despierta el relato. Pero esta simpleza también actúa en contra. El reduccionismo argumental hace que importe muy poco la personalidad de Parker (Gere), o su vínculo con su mujer o con su hija. La película se apoya tanto en el vínculo hombre-perro que lo demás queda a un lado, y si bien esto hace que no queden subtramas en el tintero cuando se da el vuelco en la trama, a la hora de película, lo que logra con eso es que no lleguemos a terminar de introducirnos en la vida de estos personajes, y salvo la desesperada fidelidad del perro, el resto se vea completamente superfluo.

Lasse Hallström se despacha con otra película “para llorar”, y sabemos que hacer llorar al espectador no es ningún mérito en sí mismo. Se puede hacer llorar de muchas maneras, y, en este caso, la nobleza y ternura de buena parte de la historia se hunde en un golpe bajo que se extiende durante media hora, cuando la película ya asume la tristeza de los acontecimientos que le tocan contar. En ese sentido, la austeridad de la propuesta evita que la película se regodee en el golpe bajo más de lo permitido, aunque esa misma austeridad sea la que condena a la insignificancia a esta película, que parte de una inútil adaptación de una historia real ocurrida en el otro lado del mundo, muchísimos años atrás, sin poder hacer nada interesante con ella, y cuyo único mérito es no pretender absolutamente nada, sólo contar una pequeñísima y conmovedora historia de amor.

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jueves 11 de febrero de 2010

Crítica A PERFECT GETAWAY

Título en España: ESCAPADA PERFECTA
Título en Argentina: LA FUGA PERFECTA
Dirección y guión: David Twohy.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 98 min.
Género: Thriller, suspense, terror.
Elenco: Milla Jovovich (Cydney), Timothy Olyphant (Nick), Steve Zahn (Cliff), Kiele Sanchez (Gina), Chris Hemsworth (Kale), Marley Shelton (Cleo).
Producción: Robbie Brenner, Mark Canton, Ryan Kavanaugh y Tucker Tooley.
Música: Boris Elkis.
Fotografía: Mark Plummer.
Montaje: Tracy Adams.
Diseño de producción: Joseph C. Nemec III.
Vestuario: Laura Goldsmith.
Estreno en USA: 7 Agosto 2009.
Estreno en España: 15 Enero 2010
Estreno en Argentina: 29 Diciembre 2009 (Directo a DVD)




Sinopsis

Milla Jovovich y Steve Zahn interpretan a unos recién casados que deciden celebrar su luna de miel viajando en plan mochilero hasta una remota y paradisíaca playa de Hawái. Una vez allí, descubrirán que otro joven matrimonio ha sido asesinado, pero, a pesar de sus reticencias iniciales, proseguirán con su aventura, uniéndose entonces a una pareja que acaban de conocer (Timothy Olyphant y Kiele Sanchez) y que, cómo no, tiene oscuras intenciones.



Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

¿Cuál fue la razón de la existencia cinematográfica de Alfred Hitchcock? ¿Cuál fue su legado? Este interrogante se plantea a partir de una realidad que alarma. Desde hace un tiempo, el suspenso, género del cual Hitchcock supo ser el gran maestro, viaja por el carril opuesto al trazado históricamente por el gran Hitch, y este es el aspecto que condena a la mediocridad a buena parte del cine de suspenso actual. Si uno recorre la cinematografía de Hitchcock, difícilmente pueda hallar vueltas de tuerca mal trabajadas, o poco acordes con su manera de entender la construcción del relato cinematográfico. Un simple ejemplo: En determinado momento de Vértigo, la trama da un giro considerable, pero este aparece ante los ojos del espectador antes de que el protagonista se entere. Esta es la diferencia, según el propio Hitchcock, entre suspenso y sorpresa. Si hablamos de sorpresa, la más violenta y más conocida en su filmografía es el asesinato de Marion Crane en Psicosis, película que se encuentra mucho más inscripta dentro del terror que del suspenso.

Hitchcock afirmaba que la diferencia entre suspenso y sorpresa radicaba en que, en el suspenso, el espectador debe poseer una información que el personaje desconoce, para mantenerse atento a lo que sucederá luego con él. La sorpresa, en cambio, anula toda posibilidad de suspenso. Curiosamente, lo que vemos en la actualidad es la repetición constante del efecto sorpresa impuesto por Shyamalan desde El sexto sentido, una vuelta de tuerca tan drástica que obliga a resignificar lo visto anteriormente, y que muchas veces nos hace encontrarnos con guiones imbéciles que, en vez de plantar pistas para que el espectador reelabore lo visto, lo engaña descaradamente con una realidad que no es tal, y para justificar su giro repentino, se despacha con un cúmulo de flashbacks, no sólo inútiles, sino capaces de resentir la acción.

Bueno, esto es lo que sucede con A perfect getaway, una película sobre una pareja de recién casados que, mientras se encuentran en su luna de miel en Hawai, se enteran del reciente asesinato de una pareja ocurrido allí, y conocen a dos parejas, una más sospechosa que la otra. De estas dos parejas sobresale Timothy Olyphant, que interpreta un personaje tan simpático y seductor como siniestro, y que llega a ser el personaje más ambiguo y mejor trabajado de la película. El debate sobre cuál de estas dos parejas es la asesina es convencional pero entretenido. El dato de que Cliff, el protagonista, interpretado por Steve Zahn, dice ser guionista, da lugar a un juego interesante que se integra coherentemente con el suspenso de la trama.

Ahora bien, para escapar a cualquier solución previsible, David Twohy, guionista y director de esta película, no tuvo mejor idea que dar vuelta la historia poco antes del climax y presentar una realidad opuesta al debate inicial. Este giro no sólo se entronca directamente con las vueltas de tuerca sorpresivas del cine de suspenso actual, un cine plagado de guionistas que se creen genios por engañar al espectador, sino que hace que, al revisar toda la película, nos encontremos con escenas imposibles de ser justificadas, y que a la luz del giro final, evidencian la imbecilidad de un guión que no tiene el más mínimo cuidado por respetar, en su desarrollo, la lógica de la realidad que evidenciará más tarde.

Pensemos qué podemos llegar a valorar de una película que, después de mucho desarrollo, presenta el dichoso giro de 180 grados, y para que no nos cuestionemos el verosímil de esta decisión narrativa, apela a varios minutos de flashbacks explicativos, amparados, para colmo, en una trivial excusa ¿psicológica? del personaje principal. Lo que queda, a partir de allí, es una película que maneja la acción de manera apenas competente, pero que, al haber optado por el recurso de moda del giro sorpresivo, anula de raíz toda pretensión de suspenso, con un guión que, como tantos otros, les falta el respeto a los espectadores tomándolos por estúpidos, cuando el más estúpido e incoherente es él. Mr. Hitch, ojalá estuvieras en este mundo para enseñarle a estos traidores del género cómo se debe trazar un relato decente, sin subestimar al espectador. Tal vez algún día se dejen de bobadas insufribles y retornen al camino del suspenso de verdad, ese suspenso que ha llegado a entregar auténticas joyas del cine, y que hoy sólo sirve de base para relatos falsos y ridículos, ejemplos de lo que no se debe hacer en materia de guión y dirección.

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miércoles 10 de febrero de 2010

Crítica THE BAD LIEUTENANT: PORT OF CALL NEW ORLEANS

Título en España: TENIENTE CORRUPTO
Título en Latinoamérica: UN MALDITO POLICÍA EN NUEVA ORLEANS
Dirección: Werner Herzog.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 110 min.
Género: Drama, policiaco, Thriller.
Elenco: Nicolas Cage (Terence McDonagh), Eva Mendes (Frankie), Val Kilmer (Stevie Pruit), Jennifer Coolidge (Genevieve), Xzibit (Big Fate), Fairuza Balk(Heidi), Brad Dourif (Ned), Michael Shannon (Mundt), Shawn Hatosy (Armand).
Guión: William Finkelstein; basado en el guión de Victor Argo, Paul Calderon, Abel Ferrara y Zoë Lund para la película “Bad lieutenant” (1992).
Producción: Alan Polsky, Gaby Polsky, Stephen Belafonte y Randall Emmett.
Música: Mark Isham.
Fotografía: Peter Zeitlinger.
Montaje: Joe Bini.
Diseño de producción: Tony Corbett.
Vestuario: Jill Newell.
Estreno en USA: 20 Noviembre 2009
Estreno en España: 21 Noviembre 2009
Estreno en Argentina: 25 Febrero 2010




Sinopsis

Terence McDonagh, detective de homicidios del Departamento de Policía de Nueva Orleans, salva a una persona de morir ahogada durante el huracán Katrina, pero se lastima gravemente la espalda. Este acto heroico hace que sea ascendido a teniente. Un año más tarde, tras un tratamiento por medicación para el dolor, es devuelto al servicio activo, pero se ha convertido en un adicto al Vicodin y a la cocaína. Cuando una familia de inmigrantes africanos aparece masacrada, sus jefes están convencidos de que él es el tipo idóneo para encabezar la investigación. Durante esta, el teniente Terence no dudará en utilizar su cargo para conseguir droga o sexo a cambio de favores.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

El maestro Herzog vuelve al cine de ficción con esta película americana, protagonizada por Nicolas Cage y Eva Mendes. Sí, ya todos saben que esta es una remake, no declarada ni autorizada, del clásico de Abel Ferrara, que Herzog dijo desconocer la original, y a su director, y que Ferrara se pronunció de manera particularmente violenta contra el equipo responsable de la remake. Sí, es una remake, pero Herzog hace lo que podría esperarse de un director de su talla que toma la línea argumental de un director de culto, pero mucho menos trascendente que él, es decir, se despacha con un film completamente diferente al original.

Ambas se asemejan en el perfil del protagonista, un policía hundido en las drogas e involucrado con lo más ilegal de su ciudad. La diferencia principal es que Herzog descarta de plano todo apunte católico, vinculado a la necesidad de redención del personaje, un signo propio de Ferrara. Lo que hace Herzog es llevar la materia prima para su campo, explorando el nivel de locura del personaje, una constante en su filmografía. Y en este camino se ha encontrado con Nicolas Cage. El pobre Cage está, indudablemente, en el peor momento de su carrera. Al pelo artificial, y el peinado ridículo e inamovible, que ostenta desde hace varias películas, se le suma una extraordinaria capacidad para elegir bodrios (más o menos redituables, pero bodrios al fin), y una insoportable tendencia a la sobreactuación. Ese Cage al borde de la derrota, una caricatura de lo que alguna vez supo ser, le viene perfecto a Herzog para hacer de esta una película que se sube a caballo del personaje y sigue un derrotero de progresiva desmesura. Y a Cage le ha venido mejor aún toparse en su camino con un Herzog, quien lo insta a elevar a la enésima potencia su consabida sobreactuación. Las adicciones de Terence no son la única causa de la exagerada performance. Esto también podemos verlo, por ejemplo, en el dolor de espalda del personaje, que hace que Cage camine como un monigote. Semejante retrato caricaturesco es comparable, en lo exagerado, con el Tony Montana de Al Pacino en Scarface. Aunque cabe aclarar, ambas películas sólo pueden ser comparadas por su desmesura (en Herzog sin predilección por la acción, como en De Palma), Cage carece del talento supremo de Pacino para la sobreactuación, y su interpretación dista de ser un clásico, como aquella.

Herzog vuelve a hablar de la locura, aunque aquí no hay una conquista condenada al fracaso. Terence McDonagh está lejos de intentar conquistar algo, porque ni siquiera puede conquistar su propia vida, y como en todo film noir, la naturaleza se ocupa de enfatizar que el protagonista está condenado de entrada a la inmundicia, con lluvias torrenciales que cubren y acechan a New Orleans. Terence está condenado y su accionar así lo demuestra, siempre bajo los efectos de las drogas, capaz de cometer todo tipo de abusos y excesos, pero también preocupándose por una prostituta a la que ama, y por su padre, quien se encuentra en rehabilitación.

Pese a las constantes de Herzog que pueden hallarse en esta película, no es una cinta fácil, ni siquiera para quienes siguen la carrera del realizador alemán. La locura del protagonista es progresiva, y se puede ver específicamente en algunas alucinaciones que quiebran la propuesta clásica general. La visión de las iguanas, con una puesta de cámaras y una música opuesta al resto, o la escena en la que el muerto baila breakdance, son muestras particulares de esa locura, pero extraña que Herzog no se haya inclinado por desarrollar esa vía alucinatoria, y se haya quedado en un par de escenas esporádicas. La única conclusión que podemos sacar de ellas es que Herzog ha estado viendo a Kitano, puntualmente la escena de breakdance parece extraida de las habituales escenas descolocadas de su cine, aunque a Herzog no le sientan tan bien, por no poder conseguir una unión sólida entre la narración clásica del conjunto y esas escenas especiales.

Olvidándonos por un momento de Nicolas Cage, que acapara la escena, Eva Mendes no sale airosa. Pese a su esfuerzo, su personaje se ve opacado por la fuerza desquiciada de Terence. Ni hablar de Val Kilmer, que parece actuar con la fuerza de un cameo en segundo plano, completando un elenco irregular de una película irregular, que se despega habilmente del realismo crudo de Ferrara, para aportar una versión más cómica y alterada de la original. Herzog acierta al optar por un relato cíclico, repitiendo escenas para mostrar el extenso pantano en el que se encuentra el maldito teniente del título, una espiral en permanente descenso, consciente de que ningún final feliz puede tapar la terrible realidad del personaje. Aunque volviendo a las comparaciones, si el material con el cual se debe comparar esta película es la impecable versión de Ferrara o la formidable carrera de Herzog, esta Bad Lieutenant, irremediablemente, sale perdiendo.

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martes 9 de febrero de 2010

Crítica THE IMAGINARIUM OF DOCTOR PARNASSUS

Título en España: EL IMAGINARIO DEL DOCTOR PARNASSUS
Título en Latinoamérica: EL IMAGINARIO MUNDO DEL DOCTOR PARNASSUS
Dirección: Terry Gilliam.
Países: Reino Unido y Canadá.
Año: 2009.
Duración: 122 min.
Género: Drama, fantástico, aventuras.
Elenco: Heath Ledger (Tony), Christopher Plummer (Dr. Parnassus), Johnny Depp (Tony), Colin Farrell (Tony), Jude Law (Tony), Lily Cole (Valentina), Tom Waits (Mr. Nick), Verne Troyer (Percy), Andrew Garfield (Anton).
Guión: Terry Gilliam y Charles McKeown.
Producción: Terry Gilliam, Amy Gilliam, Samuel Hadida y William Vince.
Música: Mychael Danna y Jeff Danna.
Fotografía: Nicola Pecorini.
Montaje: Mick Audsley.
Diseño de producción: Anastasia Masaro.
Vestuario: Monique Prudhomme.
Estreno en Reino Unido: 16 Octubre 2009
Estreno en España: 23 Octubre 2009
Estreno en Argentina: 11 Febrero 2009



Sinopsis

“El Imaginario del Doctor Parnassus” es un cuento que transcurre en nuestros días. El Dr. Parnassus, con su extraordinario show ambulante “Imaginario”, ofrece al público la irresistible oportunidad de entrar en un universo repleto de maravillas e imaginación, pasando a través de un espejo mágico. Pero el Dr. Parnassus está maldito por un oscuro secreto. Jugador empedernido, hace miles de años hizo una apuesta con el Diablo, Mr. Nick, en la que ganó la inmortalidad. Siglos después, al conocer al amor de su vida, el Dr. Parnassus hizo otro trato con el Diablo, cambiando su inmortalidad por juventud, con la condición de que cuando su hija alcanzara la edad de 16 años, pasaría a ser propiedad de Mr. Nick. Ha llegado la hora de pagar el precio…


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

The imaginarium of Doctor Parnassus era una película muy esperada por todos. Muchos la esperaban especialmente por ser la última película de Heath Ledger, quien murió durante el rodaje y no llegó a completar algunas escenas. Otros, porque estimamos bastante a Terry Gilliam, un extraterrestre bastante curioso y excéntrico dentro del mundillo cinematográfico, por haber sido miembro de Monty Python, y por su persistencia en el género fantástico, pese a sus últimos traspiés en la materia, anclado en anteriores films descomunales como Brazil o Las aventuras del Barón Munchausen. Claro que han pasado más de veinte años desde aquellas, y The imaginarium… viene a recordarnos la brecha que hay entre las mencionadas y sus más recientes incursiones en el cine fantástico, incluyendo esta última.

¿Qué pasó con Gilliam y sus particulares universos imaginados? El problema nunca fue su desmesura visual. El fantástico no sólo habilita esa desmesura, sino que es el espacio ideal para que la desmesura se haga presente. La realidad cinematográfica de Gilliam sería maravillosa, si su imaginación no determinara últimamente universos inconsistentes, vacuos, caprichosos y autoindulgentes. The imaginarium… parecería ser el colmo de la inconsistencia narrativa de Gilliam. Si el género fantástico es el terreno ideal para una estética desmesurada, éste requiere de cierta consistencia narrativa que equilibre con el despliegue visual (pensemos, por ejemplo, en la distopía de Brazil). Este no es el caso. El argumento es una mera excusa para una película que suma caprichos visuales en un intento fallido de cine surrealista (Gilliam parece confundir surrealismo con mera ensoñación), con buenas actuaciones, pero con personajes carentes de toda profundidad, en un cuento mágico con mucho ruido y pocas nueces.

Es inevitable hacer mención a la participación de Ledger. Como todos sabemos, Ledger no pudo completar su papel, para terminar el rodaje se reescribieron algunos pasajes del guión y en su papel aparecen Colin Farrell, Jude Law y Johnny Depp, quienes donaron sus honorarios a la hija de Ledger. Naturalmente, esta decisión de reemplazar a uno de los protagonistas por tres actores diferentes, en otra película hubiese dado lugar a un film incoherente. Podríamos preguntarnos cómo hubiese sido esta película si Ledger no hubiese muerto durante el rodaje, pero no tiene mucho sentido. Primero, porque la realidad es esta, y segundo, porque se nota cierta reescritura en el guión, pero la inconsistencia general, amparada en la supuesta libertad que da el fantástico, hace que el cambio de actores para el personaje se integre convenientemente a su estructura. Cada vez que Tony se adentra en el mundo imaginado, cambia de rostro, y se evidencia otra faceta de su personalidad.

Si la reconstrucción anecdótica del film, a partir de la muerte de Ledger, no hace ruido en la historia (no más ruido que la historia misma), sí lo hace puntualmente el final del personaje, que el destino (y Gilliam) dejó en manos de Colin Farrell, para completar lo que no pudo el desaparecido actor. Se puede aceptar que las participaciones de los otros actores se den en el ámbito de los viajes fantásticos de Tony, pero no es tan fácil ver a otro actor ocupándose de la resolución del personaje. Este hecho hace que la película no pueda desprenderse del abrupto final de Ledger durante el rodaje, una condición que podría haber afectado a toda la película, si no fuera porque la película ya se encontraba afectada desde su propio planteo.

De todas maneras, pese a que The imaginarium… cobró mayor importancia a partir de la muerte de Ledger, no nos engañemos, el protagonista absoluto es Christopher Plummer, brillantemente caracterizado como el anciano inmortal Parnassus, mientras que la mejor elección en el elenco es Tom Waits, y otro secundario importante es Verne Troyer. Ledger, y sus tres reemplazantes, cumplen con eficiencia el papel de Tony, pero ese personaje está lejos de ser el protagonista exclusivo.

The imaginarium of Doctor Parnassus es una muestra de la poderosa imaginación visual, que no narrativa, de Terry Gilliam, un director que sabe construir universos fantásticos, pero que últimamente parece estar encerrándose demasiado en sus propias imágenes, relegando tremendamente la importancia de una historia sólida que soporte semejante derroche de efectos y de animación. Lo que queda entonces, es un capricho visual de dos horas de duración, que a los diez minutos ya nos aburre, ametrallándonos con imágenes, pero sin una historia que valga la pena contar.

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lunes 8 de febrero de 2010

Crítica THE INFORMANT!

Título en España: ¡EL SOPLÓN!
Título en Latinoamérica: EL DESINFORMANTE
Dirección: Steven Soderbergh.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 108 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Matt Damon (Mark Whitacre), Scott Bakula (agente Brian Shepard), Joel McHale (Bob Herndon), Melanie Lynskey (Ginger Whitacre), Lucas Carroll (Alexander), Tom Wilson (Mark), Andrew Daly (Marty), Tom Papa (Mick Andreas), Ann Dowd (agente Kate Medford), Howie Johnson (Rusty).
Guión: Scott Z. Burns; basado en el libro “The informant! (A true story)” de Kurt Eichenwald.
Producción: Gregory Jacobs, Jennifer Fox, Michael Jaffe, Howard Braunstein y Kurt Eichenwald.
Música: Marvin Hamlisch.
Montaje: Stephen Mirrione.
Diseño de producción: Doug J. Meerdink.
Vestuario: Shoshana Rubin.
Estreno en USA: 18 Septiembre 2009
Estreno en España: 25 Septiembre 2009
Estreno en Argentina: 18 Febrero 2010



Sinopsis

Mark Whitacre, un ejecutivo con un porvenir brillante dentro de la macroempresa Archer Daniels Midland (ADM), en el área de la industria agrícola, se convierte de pronto en un soplón. Mientras informa al FBI de la conspiración de su empresa para fijar precios a nivel multinacional, Whitacre se contempla a sí mismo aclamado como héroe y objeto de un ascenso. Pero antes de que suceda eso, el FBI necesita pruebas, así Whitacre se presta con entusiasmo a llevar una grabadora oculta en su maletín, y se imagina que es algo así como una especie de agente secreto.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Podría decirse que, con The informant! Steven Soderbergh vuelve al mundo de las trampas que tanta fama le dio con la saga de Ocean’s eleven. Pero este film es mucho más pequeño, y más intrincado, que esas películas de puro movimiento y mucha diversión. Tenemos a Matt Damon interpretando al ejecutivo de una empresa que, a partir de un hecho determinado, comienza a oficiar de soplón para el FBI con el objetivo de desenmascarar un arreglo aparentemente turbio de la corporación para la que trabaja.

La comedia que instala Soderbergh en esta película no radica en la torpeza de este hombre como informante, sino en el hecho básico de que, durante buena parte de la película, no sabemos si este hombre es o se hace. Sí sabemos que Mark Whitacre termina generando un embrollo descomunal a partir de una mentira, pero tanto Soderbergh como Damon se ocupan de llevar adelante el enredo sin que conozcamos cuál es el verdadero propósito de su accionar y cuán víctima o responsable es del escándalo en el que se ve involucrado.

En esta película, Soderbergh se coloca en el punto medio entre su cine más independiente y sus propuestas netamente comerciales. Soderbergh es tal vez uno de los directores que mejor se saben mover entre esas dos formas opuestas de concebir el cine. Sus películas más radicales poco tienen que ver con su cine más taquillero, pero siempre podemos hallar su sello en la agilidad de sus relatos, en la fotografía (de la que usualmente es responsable, bajo un seudónimo), en el montaje y en la música, aspectos en los que siempre demuestra su enorme talento como realizador. The informant!, frente al resto de su filmografía, parecería una película inclasificable, porque tiene todo de su cine más comercial, pero con un relato que, al centrarse en la esquiva naturaleza del personaje, llega a ser sumamente ambiguo y carente de concesiones para la taquilla, a la vez que expone los aspectos externos más particulares del cine de Soderbergh en un envase más chico y, aparentemente, poco pretencioso.

La película está diseñada a la medida de Matt Damon, quien, con varios kilos de más, algo avejentado y con bigote, toma la piel de cordero de su personaje en Ocean’s eleven, y hace que el espectador confíe intermitentemente en él, en un hábil juego narrativo y actoral que le hace muy bien a la película, permitiendo que cualquier vuelta de tuerca se integre perfectamente en la historia y no requiera de esforzadas relecturas de lo visto anteriormente.

Pese a esto, así como The informant! es una versión pequeña del cine más entretenido de Soderbergh, su resultado también es considerablemente pequeño. Más allá del personaje de Mark Whitacre y de la inteligente interpretación de Damon, el humor irónico de la película sorprende bastante poco y los mayores aciertos de la película radican en el virtuosismo de Soderbergh y en la perfección de los rubros técnicos. Se entiende que después del esfuerzo demostrado por Soderbergh en las dos películas sobre el Che Guevara, haya decidido despacharse con algo más pequeño (junto con el drama independiente The girlfriend experience) y más liviano, pero pese a sus aciertos, The informant! carece de la solidez de la exitosa saga protagonizada por Clooney y Brad Pitt, y de la genuina austeridad de sus películas más extremas, conduciéndose por una vía tradicional en el cine de Soderbergh, pero sin acercarse a lo mejor de su filmografía.

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jueves 4 de febrero de 2010

Crítica A SERIOUS MAN

Título en España: UN TIPO SERIO
Título en Latinoamérica: UN HOMBRE SERIO
Dirección y guión: Joel Coen y Ethan Coen.
Países: USA, Francia y Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 105 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Michael Stuhlbarg (Larry Gopnik), Richard Kind (tío Arthur), Fred Melamed (Sy Ableman), Sari Lennick (Judith Gopnik), Adam Arkin (el abogado), Peter Breitmayer (Sr. Brandt), Jessica McManus (Sarah Gopnik), Aaron Wolff (Danny Gopnik).
Producción: Joel Coen y Ethan Coen.
Música: Carter Burwell.
Fotografía: Roger Deakins.
Montaje: Roderick Jaynes.
Diseño de producción: Jess Gonchor.
Vestuario: Mary Zophres.
Estreno en USA: 2 Octubre 2009
Estreno en España: 8 Enero 2010
Estreno en Argentina: 25 Febrero 2010



Sinopsis

Año 1967, Larry Gopnik, un profesor de física de una tranquila universidad del Medio Oeste americano, acaba de enterarse de que su esposa ha decidido dejarle. Se ha enamorado de Sy Ableman, un pomposo conocido de la pareja, que le parece más coherente que el apático Larry. Por si fuera poco, su hermano Arthur, incapaz de conseguir un trabajo, duerme en el sofá del salón; su hijo Danny tiene problemas de disciplina y hace novillos en la escuela hebraica, y su hija Sarah le sisa dinero de la cartera porque sueña con operarse la nariz. Mientras su esposa y Sy Ableman empiezan una nueva vida y la carga de su hermano se hace cada vez más insoportable, alguien empieza a mandar cartas anónimas para chantajear a Larry y hacerle perder su puesto en la Universidad. Además, un alumno de posgrado intenta sobornarle para obtener una mejor nota, al mismo tiempo que le amenaza con llevarle a los tribunales por difamación. Pero la cosa no acaba ahí, la preciosa vecina de Larry le atormenta tomando el sol desnuda. En su lucha por mantener el equilibrio, Larry pide consejo a tres rabinos. ¿Podrá alguien ayudarle a salir del agujero y convertirse en una persona decente, un hombre serio?


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Luego de una película tan aclamada como ajena al universo de los Coen (No country for old men), y de una comedia muy coeniana pero excesivamente ligera y superficial (Burn after reading), Joel y Ethan Coen regresan con gloria al eje de su filmografía, con su habitual radiografía social cargada de ironía y con una apuesta conceptual que puede dejar perplejos a muchos.

Tal vez convendría, primero que nada, dilucidar dos líneas sobre las cuales se sostiene la cadena de infortunios que le suceden al pobre Larry Gopnik. La primera de ellas, la más evidente, es la versión libre del cuento de Job, la historia bíblica de un hombre sin maldad que es condenado por Dios a una serie de desgracias, con el propósito de probar su fe. A partir de estos hechos, Job empieza a preguntarse por qué Dios lo ha condenado a todas esas desdichas, y dicho cuestionamiento termina con Dios respondiendo a su desesperada llamada.

A serious man presenta una serie de elementos algo difíciles de descifrar (el prólogo, el final, muchas frases que se pronuncian en la película) y a cualquier espectador desconocedor de la cultura judía le puede resultar fácil ampararse en ese desconocimiento para no buscar la clave que explique y encauce todos esos elementos. Sin embargo, el planteo de la película toma las preguntas que se hace Job para asociarlas, no con un discurso religioso, sino con un principio físico, el principio de incertidumbre o relación de indeterminación de Heisenberg, que vagamente explica el protagonista a sus alumnos –y al espectador– la segunda, y principal, línea que desarrolla la película, y el motor de todas las preguntas que se hace el personaje. Básicamente, el planteo de la película es científico, y la respuesta a este planteo es tanto científica como religiosa. Este último caso se ve en la frase de Rashi del comienzo, “Recibe con simplicidad todo lo que te suceda”, la misma respuesta de los rabinos con los que se entrevista Larry, y lo que parece decirle Dios a Job con su aparición.

A Larry comienza a sucederle un cúmulo de situaciones que no puede o no sabe cómo manejar, y todas terminan amparándose en ese principio de incertidumbre. La película se disfruta sin necesidad de leerla bajo este concepto, pero si se quiere acceder a las dimensiones intelectuales que despliegan los Coen, atando todos los cabos que, supuestamente, quedan librados a la interpretación del espectador, es necesario saber un poco acerca de este principio, que atraviesa a todos los personajes y situaciones y que es la matriz que rige la puesta de algunas escenas geniales, como la del accidente.

Básicamente, el principio de incertidumbre afirma que no se pueden precisar en simultáneo ciertos pares de variables físicas, como la posición y la velocidad de un elemento, es decir, que las partículas en movimiento no tienen una trayectoria precisable. En otras palabras, que ante una situación determinada, como el ejemplo del gato en la caja, que se menciona en la película, la ciencia puede acercarse hasta cierto punto, pero el resto queda sujeto al libre desarrollo de alguna de las opciones. El gato puede estar o no muerto, pero no lo sabremos.

Tomando como eje este concepto, tenemos a Larry, un profesor de matemática, un ser racional que un día comienza a padecer una serie de infortunios (su mujer lo abandona por un conocido suyo, su hermano comienza a revelar su condición de jugador compulsivo, un alumno suyo supuestamente lo soborna para conseguir que cambie la nota de un examen, etcétera), y como no encuentra explicación a tantos tormentos juntos, decide recurrir al consejo de tres rabinos. El prólogo de la película, que aparentemente es inconexo o puede ser tomado como una simpática disgresión narrativa, es la síntesis de cómo el principio de incertidumbre actúa en la trama. Es un relato situado en un shtetl (una aldea judeoeuropea del siglo XIX), con un hombre que lleva a su casa a un conocido que no ve hace tiempo. La mujer de él se sorprende y le dice que ese hombre está muerto, y al verlo entrar a su casa, lo toma por un fantasma. El esposo, que repetidamente se asume como un ser racional, descree de esa versión y entiende que, si lo ven, es que no ha muerto. La incertidumbre está en el hecho de no saber si ese invitado es o no un fantasma, y ante esa incertidumbre, se muestran las dos posiciones, la racional y la espiritual o religiosa, encarnada en la mujer. Este relato dispara una historia que nada tiene que ver con aquél, y que sólo se vincula en la ilustración de ese principio de incertidumbre.

Volviendo a Larry, lo vemos asistir impávido al desmoronamiento de su familia y de todos los aspectos que hacen a su existencia. Su mente racional no consigue lidiar con la incertidumbre que lo rodea, y ante esa incertidumbre, la respuesta religiosa unánime es la misma que la frase de Rashi, “Recibe con simplicidad todo lo que te suceda”. Básicamente, la única respuesta es resignarse, hay cuestiones sobre las cuales no tendremos respuesta, y es conveniente seguir el curso de los acontecimientos sin que nada sea cuestionado, ya que todo cuestionamiento terminará en la nada. Como el relato bíblico del que parten los Coen, Dios se aparece ante Job, pero no contesta sus preguntas: su aparición es más importante que la respuesta que da. Dios valora el cuestionamiento de Job, de otro modo no se aparecería, pero al evadir sus preguntas, confirma la imposibilidad de conocer por qué suceden algunas cosas, por qué la vida a veces nos pone palos en la rueda.

Los Coen pintan una aldea con evidentes trazos autobiográficos y narran, con una fuerte carga de ironía, las vicisitudes de una familia judia americana de clase media en los sesenta. Con un discurso irónico, que pese a cierto agnosticismo, no busca atacar a la religión, se ponen en la piel de este sujeto que no puede dejar de hacerse preguntas, más cerca de una mirada científica que de la óptica religiosa. Los Coen no encuentran comodidad en la frase de Rashi ni en la respuesta evasiva de los rabinos, pero cuando miran hacia el otro lado, en la eterna pelea entre ciencia y fe, la balanza queda repartida. Bajo un principio determinado, la ciencia ha afirmado la imposibilidad de dar respuesta fiel a todo lo que se presenta. Ni la fe ni la ciencia le permiten a Larry entender hacia dónde debe disparar, y ese es el dilema que plantea toda la película.

No nos vamos a detener aquí en todos los elementos que se asocian con el principio mencionado y con la conclusión religiosa. Sería interesante que cada espectador vea o vuelva a ver la película y los busque. De todas maneras, podemos mencionar algunos, como la frase que le espeta el padre del alumno coreano ante las dos probabilidades que le presenta Larry (“Please, accept the mistery”, “Por favor, acepte el misterio”), tal vez la frase más graciosa de la película, pero que remite directamente a la forma de asumir la incertidumbre; lo que le dice el rabino al chico para su bar mitzvá, citando “Somebody to love” de Jefferson Airplane, leit motiv de la película y cuya letra guarda no pocos elementos de conexión con el argumento, y párrafo aparte merecen las resoluciones escénicas que se entroncan con este concepto. Entre ellas están la escena del final, cuando Larry va camino a una realidad que sólo puede intuir (y que tal vez se origina en el único acto reprobable que Larry comete cerca del final), o la mencionada escena del accidente, cuyo montaje paralelo confunde intencionalmente y hace creer que Larry y la nueva pareja de su esposa, Sy Ableman, van camino a estrellarse uno contra el otro. En determinado momento, vemos chocar a Larry y, posteriormente, se nos anuncia que Sy murió en ese mismo momento, en otro accidente que no vimos ni veremos. Esta genial puesta en escena es la más audaz, ya que nos hace abrir los ojos y detenernos ante una precisa escenificación del principio de incertidumbre, a la que sigue un cuestionamiento de Larry tan gracioso como desgarrador: “¿Qué me está queriendo decir Dios? ¿Que Sy y yo somos la misma persona?”.

Y si esto fuese un exhaustivo análisis de la película, podríamos seguir mencionando muchos personajes y situaciones que giran en torno a este mismo concepto, pero me gustaría detenerme en otro aspecto particular de esta gran película. Hasta ahora, los Coen no se habían detenido en su cultura judía. Ahora que lo hacen, lejos de bastardearla, la toman como lo que es, una inagotable fuente de preguntas. Dejando esas preguntas a un lado, tenemos un retrato social que sabe hacer foco en lo patético de estos personajes. En este sentido, la pintura de los judíos, principalmente de los personajes adolescentes, se parece a la de Todd Solondz, de quien hablamos en la crítica de la española Gordos. La diferencia está en que, mientras Solondz condena a sus personajes por los actos que cometen, los Coen se apiadan de los suyos, en especial de Larry. El pobre Larry carga con una vida desolada, y los Coen lo observan mientras se hacen las mismas preguntas que él. La pintura de Larry se ve además beneficiada por la formidable interpretación de Michael Stuhlbarg. En medio de una serie de películas protagonizadas por un cúmulo de estrellas, varios de ellos figuras habituales en el cine de los Coen, se agradece enormemente que para este relato más pequeño e independiente hayan relegado la habitual multiestelaridad y apostado a un elenco de actores poco conocidos y por demás solventes.

Finalmente, cabe repetir algo que se ha aclarado suficientemente, pero que es preciso recordar. A serious man puede disfrutarse enormemente como una comedia amarga e inteligente con un hombre alarmado ante la descomposición de todo lo que lo rodea. Podemos obviar todos los conceptos en los que se ampara el relato, y aun así podemos disfrutarla, pese a que, bajo esa visión, algunas escenas queden descolgadas o sin explicación aparente. Ahora bien, si lo que queremos es ver esta película y disfrutar plenamente de la astucia autoral de los Coen, podemos revisar algunos conceptos, y nos encontraremos con una de las comedias más inteligentes de los últimos años. El mejor regreso a la esencia del cine de los Coen, y a sus complejas radiografías sociales, que podrían haber planeado estos dos hermanos tan rebeldes como adultos.

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miércoles 3 de febrero de 2010

Crítica AMELIA

Dirección: Mira Nair.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 111 min.
Género: Biopic, drama.
Elenco: Hilary Swank (Amelia Earhart), Richard Gere (George Putnam), Ewan McGregor (Gene Vidal), Christopher Eccleston (Fred Noonan), Joe Anderson (Bill), Cherry Jones (Eleanor Roosevelt), Mia Wasikowska (Elinor Smith), Aaron Abrams (Slim Gordon), Dylan Roberts (Leo Bellarts), Scott Yaphe (William Dalten).
Guión: Ronald Bass y Anna Hamilton Phelan; basado en el libro de Susan Butler y en el de Mary S. Lovell.
Producción: Lydia Dean Pilcher, Kevin Hyman y Ted Waitt.
Música: Gabriel Yared.
Fotografía: Stuart Dryburgh.
Montaje: Allyson C. Johnson y Lee Percy.
Diseño de producción: Stephanie Carroll.
Vestuario: Kasia Walicka-Maimone.
Estreno en USA: 23 Octubre 2009
Estreno en España: 20 Noviembre 2009
Estreno en Argentina: 18 Marzo 2010



Sinopsis

“Amelia” está protagonizada por Hilary Swank, que interpreta a Amelia Earhart, la legendaria piloto y un enigmático símbolo del espíritu libre americano, cuya existencia se rigió por una profunda curiosidad por todo lo que la vida le podía ofrecer. Los precoces triunfos obtenidos por Earhart en el ámbito de la aviación y su meteórico ascenso en fama y fortuna recibieron el estímulo de su tempestuosa asociación y posterior matrimonio con el editor George Putnam. Unidos por su mutua ambición, admiración y, finalmente, gran amor, el vínculo entre ellos no llegó a romperse ni siquiera con la breve pero apasionada aventura que Earhart mantuvo con Gene Vidal. Earhart fue la primera mujer que cruzó el Atlántico en solitario y fue el primer piloto, ya sea masculino o femenino, en atravesar el Pacífico, también en solitario. En su intento por ser la primera persona en dar la vuelta al mundo por la ruta ecuatorial, la vida de Amelia se vio truncada trágicamente por su misteriosa y prematura desaparición en las aguas del Pacífico sur, en el año 1937.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Luego del colectivo New York, I love you, la reconocida realizadora india Mira Nair se mantiene en su línea de películas románticas y en su estilo netamente occidental (corriéndose, como en Vanity Fair, de su habitual mirada sobre la india) con Amelia, una biografía de la recordada aviadora americana Amelia Earhart, una leyenda de su tiempo, quien ensanchó el limitado espacio que las mujeres tenían hasta ese momento en el mundo de la aviación, llegando a ser la primera mujer en cruzar sola el Atlántico, y desapareciendo en el Pacífico en 1937, mientras intentaba dar la vuelta al mundo.

Mira Nair tiene la suficiente competencia, y una larga tradición en películas femeninas, para hacer un correcto retrato de la aviadora, con una cuidada ambientación y una esforzada Hilary Swank, beneficiada por una precisa caracterización, y copiando algunos de los gestos de Amelia Earhart. Sin embargo, Nair demuestra que su terreno ideal son las escenas intimistas. Pese a la belleza de las escenas de vuelo, no consigue plasmar al máximo la pasión de Amelia. Lo intimista de la propuesta, y lo que justifica la participación de Mira Nair en este proyecto, termina jugando en contra de la intención de retratar el espíritu libre de la aviadora. La película está demasiado centrada en la relación de Earhart con su marido y promotor, y con su amante, el padre del afamado escritor y guionista Gore Vidal. No se ha relegado lo más importante de Earhart, su condición de celebridad de la aviación americana, pero se decidió privilegiar el aspecto romántico. Para colmo, ni una relación ni la otra muestran a Amelia como lo que era, un espíritu libre. Con la intención de exponer una versión edulcorada de su vida, se redujo su vida amorosa a su marido y su amante (tal vez su relación extramatrimonial más difundida, aunque la película no deja entrever que haya tenido otra).

Curiosamente, se muestra, sin condena alguna, a Amelia apostando por una vida llena de aventuras y sin jaulas ni prisiones de ningún tipo. La película termina ponderando esa libertad en las alturas, mientras que, para su vida íntima, se ha elegido aportar una versión “light”, que la muestra, luego de su romance oculto (aunque evidente), enamorada y entregándose feliz a un futuro encierro marital, del cual sólo se libera desapareciendo en su última aventura, pese a que en la película Amelia termina renegando de esa libertad, deseosa de volver a los brazos de su amado esposo. Esta versión de los hechos y de los personajes, lejos de acercarse al espíritu libre de la Earhart, está más cerca de una novela rosa, que si no tuviera una formidable caracterización de Hilary Swank, las dignas actuaciones de Richard Gere y de Ewan McGregor, a Mira Nair en la dirección, bien podría haber sido material para un paupérrimo telefilm.

Los últimos elementos mencionados son los que hacen de esta una correcta película, con varios aciertos, particularmente en la ambientación del film, aunque su ligereza argumental y su apuesta al drama romántico se distancian enormemente de la esencia del personaje, que nunca dejó de mantenerse fiel a su afán de libertad.

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