jueves 28 de enero de 2010

Crítica 9

Título en español: NÚMERO 9.
Dirección: Shane Acker.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 80 min.
Género: Animación, aventuras, ciencia-ficción, fantástico.
Doblaje original: Elijah Wood (Número 9), John C. Reilly (Número 5), Jennifer Connelly (Número 7), Crispin Glover (Número 6), Martin Landau (Número 2), Christopher Plummer (Número 1), Fred Tatasciore (Número 8/Locutor de radio), Alan Oppenheimer (científico), Tom Kane (dictador).
Guión: Pamela Pettler; basado en un argumento de Shane Acker.
Producción: Tim Burton, Timur Bekmambetov, Jim Lemley y Dana Ginsburg.
Música: Deborah Lurie.
Montaje: Nick Kenway.
Diseño de producción: Robert St. Pierre y Fred Warter.
Estreno en USA: 9 Septiembre 2009
Estreno en España: 1 Enero 2010
Estreno en Argentina: 18 Marzo 2010



Sinopsis

Shane Acker ha desarrollado este largometraje a partir de un corto suyo de idéntico título que recibió una nominación al Oscar en 2006. Se trata de una aventura post-apocalíptica protagonizada por nueve muñecos de trapo que deberán enfrentarse a unas máquinas gigantes si quieren preservar el futuro de la civilización.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Shane Acker expande su premiado corto animado 9 con este largometraje homónimo, luego de que el proyecto consiga el padrinazgo de Tim Burton y del cineasta ruso Timur Bekmambetov. Lo cierto es que, si esta es la oportunidad perfecta de Acker para pasar a las grandes ligas en el terreno de la animación, y para el público de conocer a las particulares criaturas originadas en el cortometraje de 2005, la película no deja de exponer los defectos de un relato que evidencia su estiramiento para la ocasión.

Cuando uno ve el corto de Acker (se puede encontrar fácilmente en Youtube), encuentra un universo visual particular, en el que queda claro que este relato postapocalíptico no está dirigido en absoluto al público infantil. El corto se beneficia por su mutismo y su falta de necesidad de explicar el desolado mundo que allí se describe. En 9, la película, se profundiza en el mundo pesadillesco en el que viven los muñecos de trapo sobrevivientes, y lo que más se destaca es el cuidado diseño visual, y la violencia de algunas escenas, que hacen que 9 deje definitivamente afuera de su círculo de espectadores al público infantil. Por otro lado, si bien la película hace bien en profundizar algunos aspectos de la historia, como el modo y el propósito por el que fueron creados estos muñecos, gran parte de la acción del relato se ve afectado por la necesidad de que la película llegue a la duración de un largometraje, muchas de las situaciones pierden fuerza en la traslación de una duración a la otra, y no parece que el respetar gran parte de la estructura narrativa original haya sido la mejor elección. Si al ver el corto podemos concluir que “daba para más”, este largometraje, sin ser una mala remake del corto (está muy lejos de eso), no termina de ser todo lo que se podía esperar con sólo ver el corto.

Para colmo, el mutismo, que tan bien le hacía al cortometraje porque colaboraba en la descripción de su universo, desaparece ante la necesidad mercantilista de ponerles a los personajes voces de famosos, elemento tradicional de las últimas producciones animadas, que aquí ayuda demasiado poco. Pensemos en la hermosa primera parte de Wall-E, que prescinde por completo de voces, y logra construir de manera puramente audiovisual un mundo algo parecido a este. Sí, definitivamente a 9 le hubiese hecho falta sostener la propuesta radical del cortometraje, y narrar evitando describir con palabras los hechos y situaciones que se suceden, un elemento que hubiese potenciado la fuerza de esta propuesta, siempre y cuando no se hubiese convertido en una limitación obstaculizante, como lo fue el trasladar la narración de diez minutos a poco más de una hora.

El resultado, una película de animación que tiene sus aciertos en la esmerada construcción visual y cierta originalidad en su premisa, pero pese a tener el sello Tim Burton en su producción, carece de la magia de los productos animados de Burton y de Henry Selick (9, con todas sus virtudes, no se acerca al nivel de la reciente y maravillosa Coraline), y hasta se extrañan los elementos más repetitivos del toque Burton, en una propuesta que, al inflar el cortometraje homónimo, termina entregando algunas pocas escenas originales (especialmente las más violentas y “espantaniños”), pero no logra estar a la altura del corto, extendiendo los códigos de aquel sin poder salir de la orbita dictaminada por el material original. Suele decirse que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Evidentemente Shane Acker, que tiene mucho futuro por delante en la industria, desconoce por completo esta frase.

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miércoles 27 de enero de 2010

Crítica IT'S COMPLICATED

Título en España: NO ES TAN FÁCIL
Título en Argentina:
ENAMORÁNDOME DE MI EX
Dirección y guión:
Nancy Meyers.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 118 min.
Género: Comedia, romance.
Elenco: Meryl Streep (Jane), Alec Baldwin (Jake), Steve Martin (Adam), John Krasinski (Harley), Lake Bell (Agness), Caitlin Fitzgerald (Lauren), Koe Kazan (Gabby), Hunter Parrish (Luke), Rita Wilson (Trisha), Mary Kay Place (Joanne).
Producción: Nancy Meyers y Scott Rudin.
Música: Hans Zimmer y Heictor Pereira.
Fotografía: John Toll.
Montaje: Joe Hutshing y David Moritz.
Diseño de producción: Jon Hutman.
Vestuario: Sonia Grande.
Estreno en USA: 25 Diciembre 2009
Estreno en España: 25 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: 7 Enero 2010



Sinopsis

Jane, madre de tres hijos mayores, es propietaria de una popular panadería en Santa Bárbara. Lleva diez años divorciada y aún mantiene una buena relación con su ex marido, Jake, que ahora está casado con una mujer mucho más joven. Todo se complica cuando Jane y Jake se desplazan fuera de la ciudad para asistir a la ceremonia de graduación universitaria de su hijo. Una cena inocente acaba en una aventura amorosa… y ahora Jane es “la otra”. Por otro lado, Adam, el arquitecto al que Jane ha contratado para remodelar su casa, está en pleno proceso de divorcio y le gusta Jane, pero no tardará en descubrir que forma parte de un triángulo amoroso.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Nancy Meyers, la directora de What women want y Something's gotta give, muestra en su última película un relato mucho más rico del universo romántico de los adultos que pasaron la barrera de los cincuenta. La película retrata a Jane, una mujer divorciada, de muy buena posición, que un día vuelve a sentirse viva en brazos de su ex marido. Es fácil confundirse a priori con esta película y creer antes de verla, o antes de leer una sinopsis como la que se encuentra aquí, que el ex de Jane se transforma en su amante una vez que ella se encuentra de novia con Adam. Lo cierto es que el conflicto a partir del reencuentro con su ex sucede mucho antes de que Adam tenga cierta relevancia en la trama, por lo que el enredo no es el perfecto y cómodo opuesto al más rancio cliché de la comedia romántica, sino un giro bastante saludable, que hace que las situaciones no giren permanentemente en base al terceto principal, sino que todo se nuclea en Jane y en su peculiar vínculo con su ex.

Lo que hace esta elección narrativa es relegar de entrada a un segundo plano a Adam, el personaje encarnado por Steve Martin, y esta decisión puede ser celebrada o criticada. Celebrada porque Steve Martin solo puede aportar un mínimo de simpatía, su oficio de comediante se muestra desgastado, y aquí solo cuenta con una escena de lucimiento, para colmo compartido con Meryl Streep y Alec Baldwin (Jane y Jake, el ex). A diferencia de Martin, Baldwin está a sus anchas, su cuerpo expandido hace años (lejos quedó el galán de su etapa más famosa pero menos interesante) aprovecha cada situación para el lucimiento cómico, llegando incluso a opacar el brillo permanente de la gran Meryl Streep, y logrando que uno como espectador lo ame y lo odie intermitentemente, con un personaje tan embaucador como tierno e impulsivo. Y criticada porque la película parece funcionar tan bien sin el personaje de Adam, que hasta la última parte sólo es un mero relleno, una excusa narrativa que viene a mostrarle a Jane la posibilidad de otra realidad, frente al eventual regreso con su ex.

Habíamos dicho que el reencuentro con el ex, en el momento y en la forma en que se desarrolla, es un giro saludable. Pero esta decisión, que beneficia enormemente a la comedia, y a la candente sonrisa de Meryl Streep, no es la única decisión saludable. También lo es algunos gags muy bien construidos, algunas situaciones que sortean el conservadurismo típico en esta clase de comedias, particularmente el tratamiento de la marihuana como un elemento de la juventud de los protagonistas, que aparece en el intento de Jane y Jake de recuperar la juventud perdida, y que no da lugar a escenas patéticas, sino a momentos de comedia un tanto obvios pero efectivos, y un estupendo secundario a cargo de John Krasinski, que al principio da la sensación de que su personaje, el yerno de Jake y Jane, no tendrá mayor relevancia en la historia, y sin embargo Meyers le termina guardando un rol secundario privilegiado, con escenas cómicas que recaen directamente sobre él, y que sabe llevar sin un histrionismo excesivo. Otra decisión saludable es el evitar caer en muchos lugares comunes. Meyers le da al divorcio el peso que tiene, y no lo relativiza ni lo condena, lo comprende. De ahí que la mejor escena cómica de la película, termina con la confesión de Jake a sus hijos del affaire que mantiene con la madre de ellos, y sus hijos, lejos de gustarles la idea del reencuentro de sus padres, terminan tan traumados como cuando se separaron. Como anuncia el título de la película, algunas situaciones son suficientemente complicadas como para que terminen en finales felices y, sobre todo, fáciles.

Nancy Meyers consigue con esta película lo que ya había iniciado con The holiday, salir de la chatura de las anteriores, y presentar una comedia a la medida de dos grandes actores como Meryl Streep y, especialmente, Alec Baldwin, quien ha comenzado a ser mejor actor desde que aprendió a reírse de sí mismo, aunque Meyers no logra encontrar que el terceto protagónico encuentre un equilibrio adecuado por la excesiva simpleza del personaje de Steve Martin. Con esta película, Meyers demuestra que sabe manejar con buen humor y madurez los conflictos románticos de cincuentones divorciados, cuyo único conflicto parece ser el romántico (fácilmente podemos apreciar el envidiable nivel de vida que llevan), y apelando a lugares comunes pero sin centrarse en ellos, logrando un relato agudo de la compleja realidad de ciertos vínculos, que la película sabe que no son tan fáciles de describir como se supone, pero aún así logra envolverlos con un humor incesante.

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martes 26 de enero de 2010

Crítica IN THE LOOP

Dirección: Armando Iannucci.
País: Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 106 min.
Género: Comedia.
Elenco: Peter Capaldi (Malcolm Tucker), Tom Hollander (Simon Foster), James Gandolfini (general George Miller), Mimi Kennedy (Karen Clark), Paul Higgins (Jamie MacDonald), Gina Mckee (Judy), Steve Coogan (Paul), Chris Addison (Toby), Anna Chlumsky (Liza).
Guión: Armando Iannucci, Jesse Armstrong, Simon Blackwell y Tony Roche.
Producción: Kevin Loader y Adam Tandy.
Música: Adem Ilhan y Elysian Quartet.
Fotografía: Jamie Cairney.
Montaje: Anthony Boys y Billy Sneddon.
Diseño de producción: Cristina Casali.
Vestuario: Ros Little.
Estreno en Reino Unido: 17 Abril 2009
Estreno en España: 4 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

“In the loop” arranca cuando el Presidente de los Estados Unidos y el Primer Ministro británico deciden iniciar una guerra. Esta vez prometen ser rápidos. Promesa que ni el general estadounidense Miller ni el Secretario de Estado británico para el desarrollo internacional, Simon Foster, creen. Pero, después de que Simon respaldara accidentalmente la acción militar en horario de máxima audiencia en la televisión, se gana, sin quererlo, muchos amigos en Washington D.C. y las críticas de sus compañeros.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Con In the loop vuelve la comedia británica más feroz, una película que tiene algunos aciertos, pero que, lamentablemente, se pierde en su estructura. Esta comedia arranca con un detalle absurdo que desata un conflicto mayúsculo. Un funcionario con muy pocas luces, inconscientemente, afirma en un medio que “la guerra es imprevisible”, y esta frase desata inmediatamente un torbellino en el gobierno británico. La película se centra en las internas que se originan dentro de las dependencias gubernamentales de Estados Unidos y el Reino Unido, siempre con el ojo puesto en los asesores, que deben intentar por todos los medios que el político para el que trabajan no diga nada que pueda perjudicarlo, a él mismo o al gobierno de turno.

La trama es un enredo incesante e imparable, que viaja permanentemente de un país al otro, y no se corre del ámbito de las oficinas de gobierno, mostrando una extensa y variada galería de personajes y reuniones, con políticos que se sienten más si encuentran lugar en alguna reunión importante, asesores de uno y otro lado, y algunos particularmente interesantes, como Malcolm Tucker, el asesor del Primer Ministro, que corre de un lado a otro y no deja de agredir a las personas con las que se cruza arrojando una colección de los improperios más originales que se hayan visto.

Por un lado, el centrarse en oficinas, la cámara en mano y el irónico humor británico hacen que la comparación con la exitosa serie televisiva The office esté servida en bandeja. Pero a diferencia de esta serie, In the loop intenta acercarse a los personajes (especialmente al joven protagonista, que se las ve negras en la carrera por detener la bola de nieve que desata aquella frase) pero nunca llega al nivel de intimidad de The office. Mientras que allí todas las situaciones se originaban en la convivencia de todos los que habitaban diariamente esa oficina, en In the loop todo el humor está depositado en las intrigas e internas gubernamentales, antes que en lo que puede originarse a partir del choque de los personajes en cuestión. Es como si The office se hubiese mezclado con Burn after reading, la comedia de los hermanos Coen. Difícil que el humor de las internas de oficina pueda mezclarse con las inexplicables intrigas conspirativas de aquella película. En In the loop intentan cruzarse ambas situaciones, pero la mezcla termina anulando el humor de la película. Si podemos reírnos, y mucho, con algunos diálogos y, especialmente, con los insultos de Tucker, el personaje que tan maravillosamente encarna un crispadísimo Peter Capaldi, difícilmente podamos hacerlo con la trama, que deposita todo su humor en el ingenio de las frases que pronuncian los personajes, pero que, pese a hacer que presenciemos reuniones secretas de miembros del gobierno, lo único que consigue es dejarnos afuera de ellas, mareándonos con la sumatoria de enredos que se presentan, que de tan llamativos terminan perdiendo toda gracia.

Finalmente nos identificamos con el imbécil de Simon Foster, que dice “la guerra es imprevisible” y después no parece entender nada de lo que se desata a su alrededor. Terminamos siendo víctimas de un guión que se pasa de listo al suponer que es gracioso no distinguir entre un problema de un muro lindante con una dependencia gubernamental y los serios conflictos diplomáticos que origina una frase poco feliz, cuando la misma película se empeña en hacernos creer que ambos problemas son sumamente irrelevantes.

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lunes 25 de enero de 2010

Crítica GORDOS

Dirección y guión: Daniel Sánchez Arévalo.
País: España.
Año: 2009.
Duración: 120 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Antonio de la Torre (Enrique), Roberto Enríquez (Abel), Verónica Sánchez (Paula), Raúl Arévalo (Alex), Pilar Castro (Pilar), Adam Jezierski (Luis), Leticia Herrero (Sofía), Fernando Albizu (Andrés), María Morales (Leonor), Marta Martín (Nuria), Teté Delgado (Beatriz).
Producción: José Antonio Félez y Antón Reixa.
Música: Pascal Gaigne.
Fotografía: Juan Carlos Gómez.
Montaje: David Pinillos y Nacho Ruiz Capillas.
Dirección artística: Curru Garabal.
Vestuario: Tatiana Hernández.
Estreno en España: 11 Septiembre 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

“Gordos” es una comedia dramática sobre los excesos y las carencias de la vida. Cinco historias que giran en torno a la obesidad, con un entorno común: un grupo de terapia. Un sitio donde los protagonistas no van a adelgazar, sino a encontrar los motivos por los cuales tienen sobrepeso, a averiguar las causas por las cuales están a disgusto con su cuerpo. El peso es lo de menos, su cuerpo es lo de menos.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Este es el caso de una película odiable desde el vamos. Aquí no hay malas elecciones en rubros particulares, sino un guión y una dirección que no buscan entender a sus personajes y construir el drama desde la empatía, directamente los enfrentan a sus peores miserias, y los condenan de entrada. Hay una búsqueda coral que recuerda puntualmente a Magnolia (hasta vemos a un gurú televisivo, que en este caso promociona píldoras para adelgazar), pero esta película está más cerca del juicio condenatorio de los films corales de Todd Solondz, que de la matriz redentora de Paul Thomas Anderson.

Si hay un director que me despierta un odio particular, por su tratamiento de los personajes, es Todd Solondz. Pero ese odio está ligado a una necesidad de ver sus películas para encontrar razones que me hagan contradecir este odio, o bien mantenerme en ese sentimiento. En el caso de Solondz hay una búsqueda particular que me obliga a revisar y reevaluar ese concepto. En el caso de Gordos no hay nada, porque no deja de ser un Solondz para principiantes, con lo peor de su cine, es decir, con personajes a los que la película los somete una y otra vez, sin la posibilidad de que puedan salir a flote, y siempre optando por la peor decisión, pero también con un discurso que apela constantemente al aviso “Peligro: Pecado”, que preanuncia el devenir de la mayoría de los personajes (la ridícula iluminación del crucifijo, pero también el espantoso, manipulador y obvio montaje paralelo que muestra a Abel teniendo sexo con una ex paciente, y a su mujer dando a luz), actuaciones acordes con el exceso que plantean la trama y los personajes (sólo se salvan Roberto Enríquez y prácticamente todo el plantel femenino, aunque cada uno de sus personajes caen en los mismos excesos que los demás), y demás elementos imperdonables para un film que se presumía interesante, por la temática que aborda, pero termina mostrando lo peor de depositar el drama en las miserias de los personajes que la encarnan.

Daniel Sánchez Arévalo, director de Azuloscurocasinegro, pretende levantar polvareda, pretende hacerse el escandaloso mostrando la gordura sin pudor alguno, como Abel, el terapeuta que obliga a sus pacientes a desnudarse en la primera sesión. Al igual que este personaje, se acerca a ellos con cierta competencia profesional, pero enjuiciándolos de antemano. Mientras que Abel no puede soportar ver gorda a su mujer cuando esta queda embarazada, de la misma manera el director no soporta la idea de mirar a la cara a sus criaturas, y cree que lo hace quedándose en la exposición de fealdades, desde la desnudez hasta los aspectos internos, las fobias, las obsesiones, los mandatos, todos los elementos que los convierten en sujetos de una fealdad apabullante, donde la gordura termina siendo apenas un detalle frente al horrible accionar de muchos de ellos.

Hay directores que se acercan a la gordura con dignidad, con humanidad, logrando una particular belleza en la exposición de esos cuerpos. Este no es el caso, porque Sánchez Arévalo parece decir que detrás de todo gordo hay un ser humano feo, horrible, y que los que están cerca de ellos son tan feos, tan horribles como ellos, porque en realidad el ser humano es horrible por naturaleza, y capaz de cometer cualquier acto sin medir las consecuencias. Esto lo podemos ver en el novio flaco que obedece y defiende las estrictas reglas de la comunidad religiosa y somete a su pareja gorda a ellas, en el gordo homosexual que por accidente deja en coma a su socio, y se vincula por culpa con la mujer de este, para terminar sacándoselo de encima (la actuación afectada de Antonio de la Torre no ayuda demasiado), en el hijo flaco (el personaje más irritante de todos) que filma a sus padres gordos teniendo sexo para luego subirlo a internet, o en el padre gordo que ni sabe, ni parece querer saber, si sus hijos son o no sus hijos biológicos. No hay personaje que no humille ni sea humillado en algún momento de la película, lo que muestra cabalmente que el director no ha perdonado a nadie, y ni un ápice de redención hacia el final puede salvar este infierno de personajes horripilantes, títeres de un guión pretendidamente escandaloso, pero demasiado cerebral y con muy poca capacidad, o intención, de amar a sus personajes, que no respira ni deja respirar a ninguno de ellos. Los gordos merecen una película que los trate mejor, ¿no le parece, señor director?

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jueves 21 de enero de 2010

Crítica WHERE THE WILD THINGS ARE

Título en español: DONDE VIVEN LOS MONSTRUOS
Dirección: Spike Jonze.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 101 min.
Género: Aventuras, fantasía, drama.
Elenco: Catherine Keener (madre), Max Records (Max), Mark Ruffalo (novio), Lauren Ambrose (voz de KW), Chris Cooper (voz de Douglas), James Gandolfini (voz de Carol), Catherine O’Hara (voz de Judith), Forest Whitaker (voz de Ira), Paul Dano (voz de Alexander).
Guión: Spike Jonze y Dave Eggers; basado en el libro de Maurice Sendak.
Producción: Tom Hanks, Gary Goetzman, Maurice Sendak, John Carls y Vincent Landay.
Música: Karen O. y Carter Burwell.
Fotografía: Lance Acord.
Montaje: James Haygood y Eric Zambrunnen.
Diseño de producción: K.K. Barrett.
Vestuario: Casey Storm.
Estreno en USA: 16 Octubre 2009
Estreno en España: 18 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: 21 Enero 2010



Sinopsis

La película cuenta la historia de Max, un niño travieso y sensible que se siente incomprendido en casa y se escapa a un lugar donde viven los monstruos. Max aterriza en una isla donde se encuentra con misteriosas criaturas, cuyas emociones son tan salvajes e imprevisibles como sus acciones. Los monstruos buscan desesperadamente un líder que les guíe, igual que Max desea un reino que gobernar. Cuando Max es coronado rey, promete crear un lugar donde todo el mundo sea feliz. Sin embargo, pronto se da cuenta de que gobernar su reino no es una tarea tan fácil y que sus relaciones allí resultan ser más complicadas de lo que pensó al principio. “Donde viven los monstruos” se basa en el cuento escrito e ilustrado por Maurice Sendak.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

En varias oportunidades se ha mencionado que Hollywood parece estar relegando su cuota de originalidad a dos géneros puntuales, la animación y la comedia. La animación es considerada de esta manera debido a la forma en que ha expandido los horizontes del cine infantil, por lo que podríamos reescribir lo dicho y afirmar que la originalidad proviene de la comedia y del cine “para niños” en su totalidad (en esta película, así como en todas las películas supuestamente “para niños” podemos ver que esta denominación es vaga y poco coherente con las dimensiones que pueden adoptar algunas películas inicialmente orientadas al público infantil). No es casual que dos de los directores más personales del Hollywood actual, como Wes Anderson y Spike Jonze, se hayan volcado en el mismo año, con apenas un mes de diferencia en su estreno en Estados Unidos, al cine infantil. Si uno analiza con detenimiento los estrenos de los últimos años, se puede apreciar claramente que algunas de las películas más complejas y originales fueron pensadas, específica u originariamente, para el público infantil. No es casual, entonces, que dos directores que, con pocas películas en su haber, han logrado ganar un espacio único en el amplio espectro americano, hayan aprovechado el mejor momento del cine infantil, para acercarse por primera vez a este universo. Para este salto, ambos han optado por refugiarse en la pluma de dos grandes creadores de obras infantiles, en este caso, en Maurice Sendak (más conocido por su trabajo como ilustrador que como autor), y en el caso de Anderson, en Roald Dahl. Tanto la obra de Sendak como la de Dahl se caracterizan por no subestimar al niño lector ni a su particular universo.

Pero ahora centrémonos en el caso de Where the wild things are, este interesante abordaje de Jonze del mundo infantil. Considerar que esta película es para niños es sumamente imprudente. Jonze tuvo varios conflictos con la producción a la hora de realizar esta adaptación del libro ilustrado de Sendak, e incluso el resultado final carece de la ligereza que se espera de una película para niños. El planteo, sin ser oscuro (la inmersión de un chico incomprendido por su familia en un mundo fantástico habitado por monstruos), lejos está de ser condescendiente y liviano, de hecho se sumerge en la oscuridad interna del niño protagonista, con su necesidad de encontrar un poco de comprensión, y su enfrentamiento con el mundo adulto. El mundo imaginario no es Narnia, ni Fantasia (el mundo de La historia sin fin), es decir, el niño no pasa a formar parte de una aventura fantástica, sino que ingresa en un universo donde se siente más amado y protegido, pero cuyo enemigo no es externo sino interno. No hay buenos y malos, sin embargo, una vez que Max ingresa en este mundo y se autoproclama rey, comienzan a surgir los conflictos internos. La sucesión de estos y el modo en que afectan al vínculo entre las criaturas y Max lo hacen llegar a la conclusión de que no es fácil gobernar incluso la propia imaginación, menos cuando se cree que gobernar o liderar es apenas un juego de niños.

Como puede apreciarse, el mundo de las criaturas salvajes no dista de la supuesta civilización en la que vive Max, aunque Jonze rápidamente se ocupa de sumergirnos en el mundo paralelo, relegando la complejidad del mundo adulto a la desatención de la madre de Max (Catherine Keener, brillante como siempre), dando por sentado un paralelismo entre ambos universos. El conflicto principal de Max no es poder convivir con los adultos o con los monstruos, sino afrontar la terrible idea de que su monstruo interno va camino a ser despojado de todo salvajismo y que, en algún momento, deberá entender a los adultos, porque él mismo será uno de ellos. Nada más desolador, para Max o para cualquier niño espectador, pero así como está hecha esta advertencia, cabe decir que lo mejor de Jonze es que se acerca al niño sin un discurso pedagógico, sin suponer que está en el lugar del adulto aleccionador que cree entender su mundo. Jonze le habla respetando su imaginación, pero a su vez, se dirige al proyecto de adulto que hay en él, con sus conflictos internos antes que con una aventura lisa y llana.

Jonze se ha formado un nombre gracias a sus dos únicas películas antes que esta, y más allá de las diferencias entre Being John Malkovich, Adaptation y esta última (además del universo infantil, una diferencia central con las anteriores es la ausencia de Charlie Kaufman, con su peculiar ingenio narrativo, que tanto bien les hizo a aquellas y que en esta hubiese hecho demasiado ruido), en las tres puede hallarse un hilo común en la necesidad de comprensión del torbellino interno que azota a los protagonistas de cada una de ellas. En este caso, Jonze apela a un relato más clásico, pero no por ello menos complejo, y para eso cuenta con varios aciertos. El primero, después de la materia prima que significa la obra de Sendak, es la colaboración de Dave Eggers en el guión. Eggers, que hace poco se ha destacado además como coguionista de Away we go, demuestra con ambas películas que es un autor capaz de ingresar al interior de sus personajes y captar la esencia de ellos.

El mayor acierto seguramente es la elección del pequeño Max Records para el rol protagónico, un actor que está a años luz del resto de los niños actores del Hollywood actual, y que no sólo le aporta una enorme frescura y espontaneidad a su personaje, sino que ha sabido entender el conflicto interno de su personaje, no quedándose en una mera histeria, o en una simple dosis de carisma. Su fuerza actoral parece sugerir un enorme futuro profesional, si la industria lo sabe aprovechar y no lo termina destruyendo en el camino. A este acierto se le suma el de la mencionada Keener, y las voces de Chris Cooper, James Gandolfini y Forest Whitaker, capaces de darle a cada una de las criaturas que les toca interpretar, una dimensión real.

El otro acierto evidente es la construcción de las criaturas. Jonze, pudiendo refugiarse en la animación digital, ha apelado a la artesanía visual que conoció y amó en su infancia, y convocó a la Jim Henson Company, herederos del talento creativo del creador de los Muppets, y de Laberinto, quienes aquí han logrado un trabajo de una asombrosa perfección. Y con este dato se refuerza la idea de que, con esta película, Spike Jonze no pretende seducir al niño actual, sino acercarse al niño de su generación, a su propio niño, al niño universal, sin complacencias de ningún tipo, sumergiéndose en el torbellino que implica ser un niño en un mundo dominado por adultos, y logrando una preciosa pintura de esta compleja realidad.

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miércoles 20 de enero de 2010

Crítica ZOMBIELAND

Título en España: BIENVENIDOS A ZOMBIELAND
Título en Argentina: TIERRA DE ZOMBIES
Dirección: Ruben Fleischer.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 88 min.
Género: Comedia, acción, terror.
Elenco: Woody Harrelson (Tallahassee), Jesse Eisenberg (Columbus), Emma Stone (Wichita), Abigail Breslin (Little Rock), Bill Murray (él mismo), Amber Heard (406).
Guión: Rhett Reese y Paul Wernick.
Producción: Gavin Polone.
Música: David Sardy.
Fotografía: Michael Bonvillain.
Montaje: Peter Amundson y Alan Baumgarten.
Diseño de producción: Maher Ahmad.
Vestuario: Magali Guidasci.
Estreno en USA: 2 Octubre 2009
Estreno en España: 25 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: 4 Febrero 2010



Sinopsis

En un mundo plagado de zombis, Columbus es un joven que se encuentra aterrorizado por la situación y cuya cobardía precisamente le ha permitido que sus sesos aún se mantengan en su cabeza. Sin embargo, se verá forzado a sacar el poco valor del que dispone para unirse a Tallahassee, un cazador de muertos vivientes. En su camino se tropezarán con un peculiar par de hermanas.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Comedias de terror hay muchas, comedias de zombies ni hablar, pero Zombieland no se parece en nada a ninguna de ellas. Es una decisión muy peculiar tomar una comedia con zombies para hacer una película con espíritu de cine independiente americano. Peculiar, pero más que acertada, porque podemos perdernos en la aventura de estos cuatro personajes que deben sobrevivir una vez que el mundo se ha convertido en una jungla de zombies, pero la película se encarga de avisarnos “ojo, que por ahí no pasa todo”. Y es que Zombieland toma la aventura, la comedia, y mínimamente, el terror (pocas películas dan menos miedo que esta), para contarnos la historia de cuatro personajes, un joven tímido, un cazador aguerrido y dos hermanas estafadoras, que se unen para sobrevivir, cuatro personajes solitarios y desamparados que terminan formando una familia bastante extraña, pero, al menos para el joven Columbus, ideal.

El protagonista está encarnado por Jesse Eisenberg, que encontró su protagónico perfecto en Adventureland. Con ambas, podríamos decir que Eisenberg se está consolidando como un actor más que atendible, y si tuviera algunos años más de carrera hasta afirmaríamos que se trata de un actor-autor. Más allá de la obvia similitud de títulos entre aquella y esta, no son pocas las similitudes entre su James Brennan de Adventureland y el Columbus de esta. Ambos son adolescentes desamparados, con claros conflictos con sus padres, que encuentran una familia nueva fuera de su hogar, en el caso de Brennan la encontraba en el parque de diversiones, mientras que Columbus la encuentra en sus compañeros de supervivencia. Tanto Brennan como Columbus se enamoran perdidamente, pero su forma de ser les impide expresarlo, por lo que terminan generando que sea la chica en cuestión la que de el primer paso, y mientras una sucede en los ochenta, y transcurre casi enteramente en un parque de diversiones, la otra es un claro homenaje a esa época, y una de sus escenas clave transcurre en ese mismo espacio. Casi estamos ante una continuación de su personaje anterior, de la misma forma en que podríamos encontrar al mismo personaje en los papeles más importantes de Michael Cera, el joven actor con el que se lo vincula a Eisenberg (algunos despistados hasta se atreven a confundirlos) por el perfil similar que adoptan los personajes de uno y de otro. Ambos actúan con una aparente apatía que les sirve de máscara para apelar a una notable economía expresiva, que potencia la personalidad de los personajes que abordan.

Si Eisenberg/Columbus representa la apatía y la supuesta indiferencia o ingenuidad ante lo que sucede, Woody Harrelson/Tallahassee, y su ya famoso despliegue expresivo, es el perfecto opuesto, un carismático cazador de zombies, que parece haberse devorado todo el catálogo de películas de este tipo. A ellos hay que sumarle a Emma Stone, perfecta en su papel de chica mala, y Abigail Breslin, heredera de todos los papeles que por edad ya no le pueden dar a Dakota Fanning, y aquí mostrando una sorprendente veta cómica.

Habíamos mencionado que Zombieland es un homenaje al cine de los ochenta. Su manera de abordar este tipo de cine está de hecho más cerca de los Cazafantasmas (uno de los mayores símbolos cinematográficos de la comedia de aventuras de los ochenta, junto con Volver al futuro), que de cualquier película de zombies. Y si faltaba algo para conectarla con esa película, tenemos a Bill Murray en un muy buen cameo, con un previsible pero cómico final, y a los protagonistas jugando a los cazafantasmas en la “mansión” de Murray. Pero más allá de este homenaje puntual, la celebración de ese tipo de cine está más en su espíritu ochentero, que en cualquier elemento referencial, una forma de homenaje mucho más interna que externa, más honesta con el cine que se está celebrando.

Sin embargo, lo que asombra de esta propuesta es, como ya dijimos, que esta comedia de zombies es una excusa para el discurso que proclama el protagonista y la película, que la familia ideal es la que uno elige, un discurso que toma lo más liberal del cine de comedia y de las películas de terror, contradiciendo cualquier tipo de conservadurismo, hoy tan en boga en Hollywood, incluso en el cine de terror, y hasta en alguna que otra comedia. Tanto lo que dice la película, como el marco que se utiliza para pronunciar este discurso, son aspectos para celebrar, en una película sorprendente que suponíamos carente de mayores pretensiones.

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martes 19 de enero de 2010

Crítica SINGULARIDADES DE UMA RAPARIGA LOURA

Título en España: SINGULARIDADES DE UNA CHICA RUBIA
Dirección: Manoel de Oliveira.
Países: Portugal, Francia y España.
Año: 2009.
Duración: 64 min.
Género: Drama, romance.
Elenco: Ricardo Trêpa (Macario), Catarina Wallenstein (Luisa), Diogo Dória (Francisco), Júlia Buisel (doña Vilaça), Leonor Silveira, Maria-João Pires, Maria Burmester, Luís Miguel Cintra, Glória de Matos, Filipe Vargas.
Guión: Manoel de Oliveira; basado en un relato de Eça de Queiroz.
Producción: François d’Artemare, Maria João Mayer y Luis Miñarro.
Fotografía: Sabine Lancelin.
Montaje: Catherine Krassovsky y Manoel de Oliveira.
Dirección artística: Christian Marti y José Pedro Fenha.
Vestuario: Adelaide Trêpa y Yara Jerónimo.
Estreno en Portugal: 30 Abril 2009
Estreno en España: 18 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: 30 Marzo 2009 (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente)



Sinopsis

A los pocos días de empezar a trabajar como contable en la empresa de su tío, Macario se enamora locamente de una chica rubia que vive en el edificio de enfrente. Nada más conocerla quiere casarse con ella. Su tío se opone firmemente a esa unión y, al no poder hacerle cambiar de parecer, le despide y le echa de su casa. En la calle y sin trabajo, Macario se ve obligado a aceptar un trabajo en Cabo Verde, donde consigue hacer fortuna. Cuando finalmente consigue la aprobación de su tío para casarse, Macario descubre las “singularidades” de su prometida.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Es complejo escribir una crítica, o apenas unas breves líneas, sobre la última película de Manoel de Oliveira, especialmente si anteriormente no se ha visto nada de él. Es la primera vez que tengo la oportunidad de ver una obra de este realizador portugués, de 101 años (sí, nació en 1908) y casi ochenta de carrera cinematográfica, por lo que tratar de acercarse a las dimensiones de la obra de un autor de esta talla (difícilmente haya en la actualidad un director mayor que él, o más prolífico), habiendo visto una sola película, y demasiado breve, (aunque la duración no es una variable que modifique las cualidades de una obra, en este caso es un elemento esencial para intentar entender su forma de abordar el cine), es un desafío mayúsculo.

Naturalmente, cualquiera empezaría por señalar la vitalidad que puede tener un realizador en actividad que ya ha cruzado la barrera de los cien años. Desde ya que el mantenerse activo y lúcido a esa edad es una virtud en sí misma, y aunque este sería el principal argumento para justificar a cualquier director longevo, filme lo que filme, estamos ante un realizador que no duda en plasmar esa vitalidad en su obra. La vitalidad es un aspecto esencial del mejor cine, no hay buen cine si no hay un corazón latiendo a más no poder dentro de él, un corazón que se detiene, cuestiona su naturaleza y continúa latiendo. No hay que confundir vitalidad con ritmo o con dinamismo. Una película puede tener un ritmo acelerado, pero si en el interior de ella no hay una energía vital, el movimiento sólo es una máscara, es apenas un recurso externo para ocultar el infinito temor a acercarse a cualquier signo de cuestionamiento, de interrogación, de aproximarse a la naturaleza de lo que este cine expone.

Si nos confundimos aceleración con vitalidad, corremos el riesgo de creer que el cine de Manoel de Oliveira es un paseo aletargado por un museo, todo es bello pero sumamente quieto. Al contrario, la quietud en este realizador es sólo aparente, nunca meramente contemplativa. Si menciona a Debussy o se muestran bellas obras de arte, no lo hace por puro placer personal o intelectual, sino para describir el universo burgués en el que habitan sus personajes. En su cine, por decirlo de alguna manera, pasan cosas, muchas cosas, y ni que hablar si la película en cuestión dura poco más de una hora. Su quietud (conviene llamarla estatismo formal), contrasta brutalmente con el cine promedio que vemos en la actualidad. Su puesta se traduce en escenas resueltas en muy pocos planos, muchas de ellas de un solo plano extenso, y algunas con un trabajo muy refinado con la profundidad de campo. Su trabajo formal por momentos nos remite a los primeros juegos complejos con la profundidad de campo, como en Ciudadano Kane de Welles. Y es que su puesta coquetea a veces con el cine clásico, o con algunas innovaciones de aquella época (aunque difícilmente encontremos el archiconocido “plano-contraplano”, y suele prescindir de los primeros planos), pero su manera de abordar la puesta podría decirse que es marcadamente teatral, o que arrastra en su estatismo, y en la marcación de los actores, algunos de los vicios más discutibles del teatro.

Dos cosas saltan a la vista de Singularidades de una chica rubia, dos aspectos, mas allá de lo formal, que poco tienen que ver con el cine que estamos acostumbrados a ver, y que dista incluso de muchas propuestas extremas. Por un lado, el desplazamiento que hay entre el tiempo de lo que vemos, y el tiempo que nos dictan las acciones de los personajes. Macario se enamora de una joven rubia que vive enfrente del lugar donde trabaja para su tío. Macario la observa, se acerca, inicia un vínculo, y le pide a su tío permiso para casarse. Su tío lo echa y Macario debe irse de viaje para trabajar y conseguir una estabilidad que le permita pedir formalmente la mano de la chica. Está claro que la forma de conducirse de estos personajes, hasta en los más mínimos detalles, dista enormemente del tiempo concreto en el que transcurre la historia, son comportamientos de otra época. Es difícil descifrar este desplazamiento, pero lo que queda claro, porque de Oliveira se ocupa de remarcarlo, es que se sabe un cineasta de otro tiempo que filma en este, y en su caso, lejos de ser un defecto o una desventaja, es una particularidad fascinante.

El otro elemento sorprendente es la brutal simplicidad narrativa. Su hora de metraje provoca que todo componente argumental se simplifique al extremo. Sus personajes no revelan su naturaleza a través de sus acciones, y cualquier acción quiebra u ordena lo inmediatamente anterior. Macario le pide permiso a su tío para casarse, su tío le niega el permiso, y Macario se aleja de él. Cada acción se resume en una escena y con pocos diálogos, pero muy puntuales. La sinopsis que se adjunta con esta crítica cuenta de cabo a rabo lo que sucede hasta dos escenas (unos cinco minutos) antes del final, donde se explica, con la misma simplicidad con la que está narrado el resto, las singularidades de esta chica. No hay dobleces, porque la duración no lo permite, pero también porque de Oliveira, a sus más de cien años, tiene una enorme urgencia por contar y filmar. Eso es lo que más representa la brevedad de sus películas (sus últimas películas comparten esta misma característica con Singularidades…).

De Oliveira no sólo filma a sus cien años, sino que quiere seguir filmando, y esta película es la clara muestra de ello. En Singularidades… podemos ver a un cineasta longevo que aún filma, que lo hace integrando su naturaleza de otro tiempo a un relato donde prima la fascinación de un hombre por una mujer, tal vez el mayor signo de vitalidad de la película. Pero además se aprecia la intención, o la necesidad, de seguir filmando. De Oliveira, como el tren que abre y cierra el relato, no detiene su marcha, conjugando en su interior presente y pasado, pero, sobre todo, futuro. Hacia el final sabemos de dónde viene Macario, lo que no sabemos es hacia dónde va. No lo sabemos, y tal vez de Oliveira tampoco lo sabe, de la misma forma en que su extrema longevidad le impide saber cuál será su futuro, cuándo terminará su propia película. Lo que sí sabemos es que de Oliveira, más longevo y particular que cualquier otro cineasta, seguirá andando, y lo sabe.

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lunes 18 de enero de 2010

Crítica ARMORED

Título en España: BLINDADO
Dirección: Nimród Antal.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 85 min.
Género: Thriller, acción.
Elenco: Matt Dillon (Bill Cochrane), Jean Reno (Quinn), Laurence Fishburne (Baines), Amaury Nolasco (Palmer), Fred Ward (Ashcroft), Milo Ventimiglia (Eckhart), Skeet Ulrich (Dobbs), Columbus Short (Ty Hackett).
Guión: James V. Simpson.
Producción: Joshua Donen y Dan Farah.
Música: John Murphy.
Fotografía: Andrzej Sekula.
Montaje: Armen Minasian.
Diseño de producción: Jon Gary Steele.
Vestuario: Maya Lieberman.
Estreno en USA: 4 Diciembre 2009
Estreno en España: 11 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: 25 Febrero 2010



Sinopsis

Su trama se centra en un grupo de agentes de una compañía de seguridad que transportan dinero en un vehículo blindado, y que decidirán dar un golpe robando a su propia empresa.



Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

A Nimród Antal, director húngaro que retornó a su Los Ángeles natal luego de su premiada película Kontroll, para sumarse a la industria americana, dirigiendo la sólida cinta de terror Vacancy, le sucedió lo que, lamentablemente, no le sucede a la mayoría de los directores importados del exterior por Hollywood, el ofrecimiento de probar con otro género para su segunda película americana. Y Antal cumple, pasando con suma efectividad del terror al cine de acción del tipo “robo central y persecuciones”, como bien podríamos llamar a este tipo de películas.

Si nos atenemos al planteo inicial, tenemos todos los elementos tradicionales de este tipo de cine. Un protagonista quebrado económicamente, a quien se le presenta la posibilidad de participar en un robo millonario, el dilema ético correspondiente, etcétera. Todo está tan digitado previamente, que hasta la presentación del conflicto, la sucesión de escenas parece de manual, y no hay un solo diálogo que esté de más, ningún detalle que no intervenga posteriormente en el conflicto central. Y si no fuera por un sobresaliente Columbus Short, semejante previsibilidad llegaría al hartazgo. Pero por un lado está Short, que sostiene la trama desde lo interpretativo, y por el otro, la solidez narrativa de Antal, que si bien nunca comete riesgo alguno, se atiene a colocar la cámara donde “debe” ir, y esta corrección colabora para que, aún con sus obviedades, el planteo inicial funcione.

Hasta donde sabemos, por lo que nos ha enseñado Hollywood, cuando un grupo muestra una confianza plena en que el robo saldrá tal como lo planeado, es que nada ocurrirá de esa manera (si no, no habría conflicto posible, a menos que el conflicto aparezca a la hora de repartir el botín). Si un personaje le asegura a otro que no habrá heridos, demos por sentado de que por lo menos algún muerto va a haber. Bien, aquí todo el plan se va al cuerno cuando se mata a un testigo del secuestro de los blindados, y ante esa situación desesperante, Ty, el protagonista, no tiene mejor idea que encerrarse en uno de los blindados, primero para intentar escapar, luego sin saber que hacer, por lo menos en buena parte de la película.

Si hasta ese momento, uno, en calidad de espectador (no nos preocupemos por lo que nos dicte nuestra conciencia al respecto), queremos que a este grupo de simpáticos empleados de seguridad les vaya bien en el robo, el asesinato repentino y el arrepentimiento del protagonista de haber accedido a ese plan, nos coloca en el único escenario posible, defendiendo al pobre muchacho que, si termina en la cárcel por este hecho, perderá definitivamente la custodia de su hermano. Pero ante esa situación, al guionista no se le ocurrió otra cosa mejor que encerrarlo al pobre Ty en un blindado, poniéndonos del lado de alguien que no sabe cómo actuar frente al desorden interno que provoca esta situación. Para peor, esto le genera una crisis profunda, y como consecuencia de ella, insiste en boicotear permanentemente el robo, seguramente intentando limpiar su conciencia después de la sangre derramada, y como la acción sucede siempre afuera del blindado, por momentos sólo tenemos noticias de él cuando desde adentro pone en jaque a los de afuera, logrando de esa manera que se diluya notoriamente la posibilidad de empatía con el personaje. No son pocas las situaciones en las que se comete la imprudencia de provocar que el espectador no sepa de qué lado debe ubicarse, y si bien esto puede ser una elección narrativa, el apego del director a los cánones clásicos no deja mucho lugar a suponer que ese desconcierto ha sido planificado.

Afortunadamente, Antal decide salir del paso no con una corrección y reubicación, sino llevando al límite la situación asfixiante del protagonista, mandando todo al cuerno y brindando un final desatado. Olvidémonos de la pasmosa, pero necesaria narrativamente, escena de cierre, donde se ofrece una suerte de pequeña justificación y conciliación moral. Mejor quedémonos con el desborde del clímax, cuyas escenas de persecución filmadas con notable precisión, van de la mano de una vitalidad que le hace muy bien al género, aunque la película nunca intenta entregarnos más que el entretenimiento básico prometido inicialmente.

Podemos aceptar esa escena de desenlace, pero lo que no podemos aceptar, bajo ningún punto de vista, es que al pobre Jean Reno se lo haya devaluado tanto en Hollywood, al punto de que aquí ofrece una de las participaciones (la película no merece que a eso lo llamemos actuación) más insignificantes que ha hecho para el cine americano. Ojalá que alguien se ocupe de despertar a la bestia dormida de Reno, antes de que Hollywood pierda a una de sus mejores importaciones.

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jueves 14 de enero de 2010

Crítica WHAT JUST HAPPENED

Título en español: ALGO PASA EN HOLLYWOOD (WHAT JUST HAPPENED?)
Dirección: Barry Levinson.
País: USA.
Año: 2008.
Duración: 106 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Robert De Niro (Ben), Catherine Keener (Lou), Sean Penn, Kristen Stewart (Zoë), Stanley Tucci (Scott Solomon), John Turturro (Dick Bell), Bruce Willis, Michael Wincott (Jeremy), Robin Wright Penn (Kelly).
Guión: Art Linson; basado en su libro “What just happened? Bitter Hollywood tales fron line”.
Producción: Mark Cuban, Robert De Niro, Art Linson y Jane Rosenthal.
Música: Marcelo Zarvos.
Fotografía: Stéphane Fontaine.
Montaje: Hank Corwin.
Diseño de producción: Stefania Cella.
Vestuario: Donna Maloney.
Estreno en USA: 17 Octubre 2008
Estreno en España: 11 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

“What just happened?” es una comedia negra que narra dos semanas en la vida de un productor de Hollywood interpretado por Robert De Niro. Durante este tiempo el protagonista entrará en una montaña rusa en la tendrá que hacer juegos malabares para solucionar los más improbables problemas tanto en su trabajo diario como en su vida personal.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Barry Levinson, el director de Buenos días, Vietnam y Rain Man, entre tantas otras, se mete con la industria de Hollywood. Y se mete con lo más sucio de la industria, como ya se ha metido Robert Altman en The player, aunque con menos vigor que aquella y con menos acidez que Barton Fink, la aguda fábula de los hermanos Coen. Lo primero que salta a la vista de What just happened? es su reparto, encabezado por Robert De Niro, y con Catherine Keener, John Turturro, Stanley Tucci y Robin Wright Penn, y a ellos hay que sumarle las participaciones de Sean Penn y Bruce Willis haciendo de sí mismos, o al menos de una versión bastante histérica, especialmente en el caso de Willis, de su propia condición de estrellas del cine. Para una buena parodia de Hollywood hace falta un gran elenco, y a varias estrellas haciendo una parodia de sí mismas, por lo que esto es un muy buen comienzo. Mejor comienzo aún es ver a un De Niro respuesto, después de varias malas elecciones, al fín en un papel que lo merece, a lo que De Niro responde con una interpretación tan sobria como simpática y austera, pero no por ello menos expresiva.

Del impecable elenco, merecen ser mencionados especialmente Catherine Keener, capaz de interpretar a una dueña de estudio fría y calculadora, pero no estrictamente malvada (Keener se ocupa de que la veamos gélida pero nos invita a entenderla, antes que juzgarla), John Turturro, simpático pero algo excedido en la catarata de tics de su personaje, y Michael Wincott, a quien le toca lidiar con el papel más esteotípico de todos, el loco director de cine, y consigue abordarlo de manera medianamente digna, robándole espacio al resto de los secundarios, aunque sucumbe en varias oportunidades por la naturaleza del personaje que le tocó en suerte.

Lo interesante de la carga irónica de esta película, es la pequeñez de las anécdotas que conforman los conflictos profesionales con los que debe lidiar el productor Ben (De Niro). Primero, un director (Wincott), que se empecina en no cambiar el final de su película, en el que balean a un perro frente a cámara. Luego, el capricho de Bruce Willis, que se pelea con todo el mundo porque no acepta afeitarse la barba para empezar a rodar su próxima película. Estos hechos puntuales y menores, son tomados por la película con una naturalidad tal que permite que se vean tan reales como amplificados (se sabe que estos elementos menores pueden volverse conflictos mayúsculos en la cocina de cualquier producción), y a su vez, brindan un panorama exquisito de la histeria y la hipocresía que domina a la industria. El otro elemento que colabora con esta pintura es la constante mención de medicamentos. La idea de una industria que debe recurrir permanentemente al consumo de pastillas para transitar en paz el día a día en los sets constituye la mayor cuota de acidez que proporciona este film.

Así como hay elementos que pintan a la perfección el estado de las cosas en Hollywood, otros solo asoman su cara, y merecerían haber sido trabajados inteligentemente en la trama. Ejemplo de esto es el sexo por poder, que aparece únicamente en una escena en la que una joven lo lleva a la cama a Ben. Otros están allí para levantar polvareda, pero su aparición es inútil e inconsistente, como el suicidio del joven representante (ni que hablar de la relación de la hija de Ben, una hermosa pero desaprovechada Kristen Stewart, con el muchacho, que aparece para hacer estallar la crisis personal de Ben, cuando sus conflictos familiares jamás logran pelearle protagonismo a los que suceden en el set). Otros apuntes sobre el final, directamente inverosímiles (la revancha del director en Cannes es el ejemplo más grande de esto), sumados a la siempre correcta, demasiado correcta, puesta en escena de Levinson, terminan por hacer sucumbir la crítica que se propone realizar esta película, convirtiéndose en una comedia simpática, que consigue mostrarse ácida en algunos momentos, para revelarse inocua, y hasta políticamente correcta, sobre el final, con un gran elenco y algunas situaciones absurdas, pero con una propensión a los subrayados en muchos personajes y situaciones, y con una falta de voluntad para explorar los aspectos que merecían una mayor atención, especialmente los que describen la crisis familiar de Ben.

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miércoles 13 de enero de 2010

Crítica BANDSLAM

Título en España: SCHOOL ROCK BAND
Título en México y Venezuela: HIGH SCHOOL ROCK
Título en Argentina (DVD): ROCK SCHOOL BAND
Dirección: Todd Graff.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 111 min.
Género: Comedia dramática, musical.
Elenco: Vanessa Hudgens (Sa5m), Aly Michalka (Charlotte Banks), Gaelan Connell (Will Burton), Scott Porter (Ben), Lisa Kudrow (Karen Burton), David Bowie (él mismo), Charlie Saxton (Bug), Tim Jo (Omar), Elvy Yost (Irene), Ryan Donowho (Basher).
Guión: Josh A. Cagan y Todd Graff; basado en un argumento de Todd Graff.
Producción: Elaine Goldsmith-Thomas.
Música: Junkie XL.
Fotografía: Eric Steelberg.
Montaje: John Gilbert.
Diseño de producción: Jeff Knipp.
Vestuario: Ernesto Martinez.
Estreno en USA: 14 Agosto 2009.
Estreno en España: 11 Septiembre 2009
Estreno en Argentina: 6 Enero 2010



Sinopsis

Will Burton (Gaelan Connell) es un pequeño perdedor acostumbrado a ser ignorado por sus compañeros de clase. Su mala racha termina cuando la popular y carismática animadora Charlotte Banks (Alyson Michalka) le invita a salir con su grupo. Impresionada por su gran conocimiento musical, Charlotte le propone formar parte de su banda de rock. Su meta a partir de ese momento será derrotar al ex novio de Charlotte en la popular batalla regional de bandas.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Bandslam, estrenada en España con el título de School Rock Band y conocida en México con el atinado High School Rock, aparentaba inicialmente ser esto último, una suerte de High School Musical en clave de rock. Y en parte lo es, más allá de la participación de Vanessa Hudgens, quien aún soporta el peso de haber surgido de aquella franquicia. Hudgens aquí canta menos de lo que podría esperarse (una decepción para sus seguidores), pero por suerte le aporta una interesante cuota de frescura a esta película que, afortunadamente, no se queda en los límites de un producto rutinario diseñado para el público adolescente, y deudor de una franquicia que no ha tardado en fagocitarse.

De hecho, esta película le debe más a Escuela de rock que a la mencionada High School Musical. Repasemos: Perdedor con amplia cultura rockera (cambiamos lo “hard” de aquella, AC/DC, por lo más cool, David Bowie) que encuentra su lugar potenciando las aspiraciones de un grupo (en aquella había una relación entre maestro ¿adulto? y niños alumnos, en esta son todos adolescentes de la misma edad), banda heterogénea que triunfa aportando cada uno desde su rol, concurso de bandas, etc. Claro que el hard rock para niños se ha convertido aquí en un rock inocuo para adolescentes (un sello “High School”), y que esta no despierta una enorme felicidad como aquella, apenas una simpatía provocada especialmente por los personajes que sortean el estereotipo (Gaelan Connell en primer lugar, próximo a convertirse en otra joven promesa al estilo de Jesse Eisenberg, e incluso Vanessa Hudgens, sin caer en lo más obvio del perfil de la “rara” del grupo).

Sin embargo, Bandslam no logra eludir del todo las convenciones de este tipo de productos, buena parte de su metraje se basa en elementos que ya hemos visto tantísimas veces antes, y mejor. Para peor, Aly Michalka está siempre a punto de irritarnos en su papel de la ex porrista regenerada, y Lisa Kudrow es el mayor desacierto de la película (en su momento, la pobre Kudrow pasó de interpretar a la boba y soltera treinteañera Phoebe en “Friends”, a hacer de madre de adolescentes, cuando ya estaba pasada en años para lo primero, y aún le faltan varios kilómetros para lo segundo, y se nota, su elección está demasiado ligada a la necesidad de encontrarle al baterista un sexy y maduro objeto de deseo).

Pese a esto, Bandslam se las ingenia para no quedarse en lo que esperábamos, la combinación de High School Musical + ¿Rock? Lo de rock va entre signos de interrogación por lo siguiente, todo bien con The Burning Hotels, que tocan en el concurso de bandas, al parecer tienen todo para llegar a pelear con los ya consagrados, y excelentes, The Killers, pero si la idea del rock es únicamente esto, estamos listos. Okey, se menciona a grandes leyendas del rock, y hasta aparece al final el ídolo máximo del protagonista, David Bowie, que nadie dudaría que es una gran figura de este universo, pero más allá de la simpatía que despierta la película, y de lo bien que se han asimilado algunos estereotipos adolescentes, difícilmente a esta lavada forma musical podemos llamarla rock. Aunque cierto es que esta idea del rock se acerca al de otras películas con adolescentes, como Nick and Norah’s… o Juno, y con apenas un poco más de sensibilidad y mucho menos apego a las convenciones más rancias de este tipo de películas, tranquilamente podría haber ingresado en ese terreno al que han accedido aquellas películas, con su particular y honesta visión del mundo adolescente. Nos quedamos con la revelación, Gaelan Connell, y la frescura de la Hudgens, a quien le ha venido muy bien trabajar su personaje desde un lugar secundario.

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martes 12 de enero de 2010

Crítica SORORITY ROW

Título en España: HERMANDAD DE SANGRE
Título en Argentina: PACTO SECRETO
Dirección: Stewart Hendler.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 101 min.
Género: Terror.
Elenco: Rumer Willis (Ellie), Briana Evigan (Cassidy), Jamie Chung (Claire), Julian Morris (Andy), Leah Pipes (Jessica), Audrina Patridge (Megan), Carrie Fisher (Sra. Crenshaw), Margo Harshman (Chugs), Matt Lanter (Kyle), Matt O’Leary (Garrett).
Guión: Josh Stolberg y Peter Goldfinger; basado en el guión de Mark Rosman para la película “Siete mujeres atrapadas” (1983).
Producción: Darrin Holender y Mike Karz.
Música: Lucian Piane.
Fotografía: Ken Seng.
Montaje: Elliot Greenberg.
Diseño de producción: Philip Toolin.
Vestuario: Marian Toy.
Estreno en USA: 11 Septiembre 2009.
Estreno en España: 4 Diciembre 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Un grupo de amigas que forman parte de una hermandad juran fidelidad, secretismo y solidaridad entre ellas para siempre. Su lealtad se verá puesta a prueba cuando todo va mal en una fiesta y una de ellas termina brutalmente asesinada. En vez de confesar el crimen y arriesgar sus brillantes futuros, las chicas deciden esconder el cuerpo y guardar el secreto. Un año después del suceso, durante la fiesta de graduación, las chicas comienzan a recibir vídeos en sus móviles de la noche en la que su amiga murió. ¿Ha regresado su amiga muerta para vengarse? o ¿su secreto fue descubierto por alguien que ahora ha decidido que paguen por ello?


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Otra película de terror para adolescentes. Para mujeres adolescentes, es decir que poco hay aquí que nos pueda entusiasmar al resto de los mortales. Pensémosla entonces como lo que es, como una película destinada a un sexo y a un rango etario determinado. Aún así, esta película es espantosa por donde se la mire. En los primeros minutos se acumulan muchos más vómitos que lo tolerable, al menos para este tipo de película, y estos vómitos, que sumados a protagonistas adolescentes puede dar como obvio resultado “bulimia”, no tiene que ver en ningún momento con esto, pero sí con un nivel insoportable de autoagresión y de aparentar lo que no se es. Lástima que este signo es completamente involuntario, solo es un elemento más en el torbellino que es la vida de estas chicas bastante superficiales y sumamente odiables.

Básicamente, la película nos muestra una hermandad de chicas de una inmoralidad terrible (lo peor no es el nivel de infidelidad y promiscuidad de estas chicas, sino su tendencia a corromperse físicamente, una se prostituye con su psiquiatra para conseguir pastillas, otra busca casarse con el hijo de un político en ascenso, etcétera). El puntapié inicial es un reflejo de la siniestra naturaleza de estas chicas. Un grupo de ellas decide gastarle una broma al novio infiel de una, y hermana de otra, y simulan la muerte de la novia, tras ingerir unas pastillas que éste le dio. El novio, en un arranque de nervios y bajo una excusa totalmente absurda, termina clavándole una herramienta a la chica y la mata, y el resto de ellas, en medio del shock, toman la aún más inverosímil decisión de arrojarla a un pozo para que ninguna quede implicada. El resultado, una suerte de I know what you did last summer, con un grupo de chicas sumamente perversas (salvo una, que no se corrompe tanto, y otra, demasiado idiota para ser perversa, que tras los primeros ataques de quien comienza a acecharlas, no duda en sostener a los gritos que la amiga muerta volvió para vengarse). Si alguna chica puede identificarse con el perfil de alguna de las integrantes de este grupo, está todo mal, en serio.

El problema no es únicamente la imagen que se da del universo adolescente. Ya se jugaba con eso en la reciente Jennifer’s body, pero allí se jugaba, esa imagen estaba integrada a una lectura ácida de ese universo de pre o post graduados. Acá parece tomarse muy seriamente esto, más allá de las ridículas escenas de violencia y de la excusa moralista de quien resulta ser el asesino (un acierto: la identidad de el o la vengador/a no es tan previsible como suponemos a medida que se desarrolla la película). A fin de cuentas, independientemente de que, como toda obvia película de terror para adolescentes, quien ajusticia es quien viene a asumir el discurso moral de la película, se supone que en determinado momento la platea teme por lo que le pueda suceder a cada una de las chicas. Sin embargo, estas chicas están tan corrompidas moralmente, y esto no está tamizado por ningún atisbo de humanidad ni de ironía, que uno termina comulgando con el asesino, aunque sea uno de los asesinos más inexplicables y peores descriptos de este tipo de películas (el personaje del muchacho perturbado que mata a su novia o el de la hermana de la chica muerta son infinitamente más interesantes, aunque adolecen de los caprichos narrativos de esta cinta).

El espanto no surge del supuesto horror en el que se entronca esta película, sino de la naturaleza de estas chicas, demasiado poco simpáticas como para oficiar de víctimas, en una película mucho más terrible por la conducta de estos personajes (no sólo las chicas, sino también varios adultos, y hasta la señora que encabeza la hermandad termina mostrando su peor faceta), que por las dichosas muertes, que hacen al género, pero que aquí son lo más rutinario de una propuesta horrorosa, en el peor sentido.

Ah, hay asesinato en la ducha, pero nada que ver con Psicosis. Mucho más erotismo (si por erotismo podemos considerar a la exposición gratuita del cuerpo femenino) y, obviamente, muchísimo menos talento que aquella. Nada que ver.

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