lunes 30 de noviembre de 2009

Crítica SHORTS

Título en España: SHORTS: LA PIEDRA MÁGICA
Título en Latinoamérica: LA PIEDRA MÁGICA
Dirección y guión: Robert Rodriguez.
País: USA.
Año: 2009.
Género: Aventuras, comedia, familiar.
Elenco: Jon Cryer (Sr. Thompson), William H. Macy (Dr. Noseworthy), Leslie Mann (Sra. Thompson), James Spader (Sr. Black), Jimmy Bennett (Toe Thompson), Kat Dennings (Stacey), Leo Howard (Laser), Jolie Vanier (Helvetica).
Producción: Robert Rodriguez y Elizabeth Avellán.
Música: Robert Rodriguez, Carl Thiel y George Oldziey.
Fotografía: Robert Rodriguez.
Montaje: Robert Rodriguez y Ethan Maniquis.
Diseño de producción: Steve Joyner.
Vestuario: Nina Proctor.
Estreno en USA: 7 Agosto 2009
Estreno en España: 28 Agosto 2009
Estreno en Argentina: 10 Septiembre 2009



Sinopsis

En “Shorts: La piedra mágica” viajaremos hasta una peculiar zona residencial a la que va a caer una piedra mágica que le concede cualquier deseo a aquel que la posea.


Crítica por Leo Aquiba Senderovsky

Robert Rodriguez se desquitó con una nueva película infantil. Parece que el amigo del sombrero permanente disfruta esto de regalarle películas a sus hijos, ya que la faceta infantil está cobrando bastante peso en su filmografía. Después de sus antecedentes en el género (la trilogía de Spy Kids, y Las aventuras de Sharkboy y Lavagirl), ya podemos afirmar que estas películas no responden a lo mejor o lo más lúcido que Rodriguez le ha aportado al cine, pero cierto es que sus películas infantiles poseen un cúmulo de ideas, lo cual no suele ser muy habitual en este terreno, usualmente desdeñado o subvalorado por muchos protagonistas de la gran industria.

Rodriguez insiste con niños protagonistas víctimas de acoso escolar, a lo que le adiciona nuevamente una trama de ribetes fantásticos, con una puesta que potencia el dislate de lo que se cuenta, y actuaciones a tono con semejante nivel de delirio. Si nos introducimos en esta película, notamos rápidamente la manera simplista en que Rodriguez narra la incomunicación familiar, el poder maquiavélico de quien lidera las corporaciones detrás de las innovaciones tecnológicas, y otros asuntos que dan una clara idea de un discurso nada ingenuo o ambiguo. Pero esta simplificación, o esta manera liviana de abordar todas las situaciones que plantea la película, ayuda a que el aspecto más anárquico de la misma explote sin problemas. Así tenemos a la piedra de colores que cumple deseos y da pie a todo tipo de despropósitos, opuesta a la caja negra multiuso, pensada para saciar la comodidad burguesa, y tenemos al señor Black, dueño de la corporación que la fabrica, dominando al matrimonio Thompson, hasta quitarles toda libertad, y de igual forma, al hijo del matrimonio abstraído en su trabajo esclavizante para la corporación, siendo hostigado permanentemente por los hijos del malvado señor Black. Estos paralelismos se sostienen durante toda la película, y si bien están narrados de la manera más directa posible, esta misma forma potencia el desparpajo de la película, motorizado por los resultados irregulares, o excesivamente literales, de los deseos cumplidos por la piedra mágica.

Hasta ahí nada nuevo, pero Rodriguez sabe lo que hace, y se permite un nivel de anarquía considerable, que crece hacia el final, y que es aprovechado por la lúdica presentación de los personajes y los idas y vueltas de la narración del chico protagonista, que juega permanentemente con la imposibilidad de establecer una linealidad en la narración de los hechos. Las actuaciones esquemáticas o al límite de la sobreactuación no molestan porque son parte de la propuesta pretendidamente obvia y desmesurada, aunque sí cuesta digerir la forma en que la película desaprovecha el talento de algunos secundarios, como William H. Macy, quien no encuentra aquí un merecido espacio de lucimiento. Otro de los aspectos más disfrutables de Shorts es la pintura de los personajes pequeños, desde el protagonista, con sus peleas y sus similitudes con la niña que lo hostiga, hasta los hermanos que compiten a ver quién pestañea primero, en una presencia accesoria pero cómica.

Volviendo al desorden extremo y a lo extravagante de Shorts, el cine infantil actual, si bien carece del protectorado solemne de Disney, que hasta hace unos años monopolizaba la manera en que se hacía el cine para niños, no posee en sus ejemplos más desenfadados una buena dosis de anarquía, y está bueno que Rodriguez vuelva a traer esa anarquía que directores como Joe Dante supieron exponer décadas atrás. Lástima que ese nivel de anarquía que se apodera del relato y de las imágenes se enfrente duramente con la necesidad aleccionadora de Rodriguez, y a medida que la trama se sumerge en el delirio, curiosamente, crece también el concierto de sermones imbéciles. ¿Qué pasó, otrora mariachi? ¿No te diste cuenta que combinar sermones con fantasía y delirio es como querer mezclar agua con aceite? ¿No aprendiste que para sermonear hace falta apelar al denodado orden estético y narrativo que siempre promovió la factoría Disney? ¿O será que en tus películas infantiles habla el padre y no el cineasta, el que les cuenta relatos fantásticos a sus hijos y los reprende si se portan mal? Shorts deja un sabor agridulce, cuanto más se libera de cualquier atadura narrativa y visual, más se acerca al orden impuesto y a la inútil necesidad de que todo se reencauce rápidamente, que sobrevenga el final feliz y todos contentos. Eso sí, contentos estarán los adultos, los niños muy probablemente se inclinen por no olvidar los momentos de fantasía desatada, y alguno tal vez se pregunte por qué todo se tiene que ordenar, por qué no se sigue en el desorden. Porque, mal que nos pese, el cine está hecho por adultos, y el bueno de Robert Rodriguez no escapa a esta regla, y por más que tenga alma de niño, su condición de padre lo condena a la necesidad de imponer un discurso que termina cortándole las alas a tanta fantasía.

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viernes 27 de noviembre de 2009

Últimos estrenos argentinos (19 y 26-11-09)

Debido a que, por falta de tiempo, en las últimas semanas no he podido actualizar la sección de estrenos, ya que el poco tiempo disponible que tengo lo estoy dedicando a otro proyecto que pronto lo estaré presentando por este medio, no quería pasar por alto dos estrenos argentinos puntuales, cuya mención especial va dedicada a mi amigo y asiduo lector y "comentarista" de este blog, Mariano Juarez. Los estrenos son Poema de salvación y Fantasma de Buenos Aires, el último largo producido por la Universidad del Cine. Espero que Maro, asistente de montaje del primero y montajista del segundo, se ponga contento por esta mención especial.


POEMA DE SALVACIÓN

ARGENTINA, 2009, 78 min.
Dirección: Brian Dublin
Con: Fernando Rosarolli, Irina Alonso, Gonzalo Senestrari
Estreno en Argentina: 19 Noviembre 2009

Sinopsis: Basado en una historia real. Pablo Olivares es un niño talentoso e inquieto, nacido en una familia cristiana. Carmen, su madre, dedica su tiempo a educarlo conforme a los principios bíblicos y cultiva en él desde pequeño el amor por la música. Roberto, su padre, se concentra principalmente en sus negocios, lo que lo mantiene distante de la vida de Pablo. Ante la ausencia emocional de su padre, Pablo se junta con amigos que lo introducen al mundo del rock’n’roll y comienza a sentirse atraído hacia el ocultismo. Su habilidad para la música se hace evidente y aunque Carmen cree en su talento, el rock es un asunto que ella no apoyará. El dolor de la ausencia paterna y el rechazo de su madre ante sus sueños, fermentan en el joven un odio que se torna lentamente hacia Carmen y la religión que ella profesa. Llevado por su ambición de triunfar en la música, Pablo decide pactar con el diablo. Carmen intenta todo para reestablecer la relación con su hijo, y fiel a sus principios, ora incesantemente por él durante catorce años. La confrontación constante entre Pablo y su madre pronto deja de ser un asunto meramente familiar y se convierte en un campo de batalla espiritual por el alma del joven.



FANTASMA DE BUENOS AIRES

ARGENTINA, 2008, 94 min.
Dirección: Guillermo Grillo
Con: Estanislao Silveyra, Iván Espeche, Ana Celentano
Estreno en Argentina: 26 Noviembre 2009

Sinopsis: Fantasma de Buenos Aires es una historia fantástica con toques de comedia, sobre la relación entre un joven de hoy, y el fantasma de un malevo asesinado en 1920. Una noche, tres amigos para divertirse hacen el “juego de la copa”, para su sorpresa la sesión de espiritismo funciona, y un fantasma pasa a habitar la casa, manifestándose como una sombra que canta tango. Sólo uno de los muchachos, marcado por la muerte de su madre cuando era niño, se interesará en este fenómeno. Hace todo lo posible para volver a contactarse con el espíritu, y lo logra, haciendo un pacto con él: el fantasma le contará todo lo que hay después de la muerte y el muchacho lo dejará vivir un día entero dentro de su cuerpo. Así, este fantasma tanguero recorre el moderno Buenos Aires, chocándose constantemente con cosas que no comprende. En este camino en el que hay situaciones disparatadas, emotivas y riesgosas, de a poco nace una amistad entre ellos. El joven ayudará al fantasma a esclarecer los motivos de su muerte y el fantasma ayudará al joven a pelear por la chica que quiere. Una historia con suspenso, ironía, emoción y reflexión sobre los cambios que trajeron los años. Es como un “tango reo”, donde de alguna manera se mezclan el humor, la tristeza, el amor y la violencia.

jueves 26 de noviembre de 2009

Crítica MOON

Dirección: Duncan Jones
País: Reino Unido
Año: 2009
Duración: 97 min.
Género: Drama, Thriller, Intriga, Ciencia ficción
Elenco: Sam Rockwell, Kevin Spacey, Matt Berry, Robin Chalk, Dominique McElligott, Kaya Scodelario, Malcolm Stewart, Benedict Wong
Distribuidora: Sony Pictures Entertainment (SPE) Worldwide Acquisitions Group
Productora: Xingu Films, Liberty Films UK, Lunar Industries
Coproducción: Alex Francis, Mark Foligno, Nicky Moss, Steve Milne
Diseño de producción: Tony Noble
Fotografía: Gary Shaw
Guión: Nathan Parker
Historia original: Duncan Jones
Montaje: Nicolas Gaster
Música: Clint Mansell
Estreno en Reino Unido: 17 Julio 2009
Estreno en España: 9 Octubre 2009
Estreno en Argentina: 7 Noviembre 2009 (Festival de Cine de Mar del Plata)



Sinopsis

Sam Rockwell interpreta a Sam Bell, un minero que es enviado a la Luna con la misión de extraer un gas que salvará a la Tierra de la crisis energética que atraviesa. Tras pasarse tres años solo en la base lunar, alejado de su familia, Bell está a punto de regresar a su hogar, pero entonces empezará a sufrir una serie de extrañas visiones.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Moon es un relato fantástico que se impone tanto dentro de los circuitos del género (resultó ganadora del Festival de Sitges) como fuera de él. Las razón principal para que esta propuesta triunfe fuera del espacio dedicado a lo fantástico, es que antes que una película de ciencia ficción, es una compleja reflexión sobre la soledad y la alienación del hombre. Al director debutante, Duncan Jones (hijo de David Bowie, dato meramente anecdótico), le basta un escenario concreto, la base lunar en la que está instalado el personaje, y un único actor (Sam Rockwell), para conformar una película sumamente arriesgada, que escapa a las etiquetas del género.

Podríamos preguntarnos cómo puede ser que, después de la ópera prima de George Clooney, Confessions of a dangerous mind, Sam Rockwell no se convirtió en una destacada estrella de Hollywood. O la industria americana está perdiendo la capacidad de reconocer y aprovechar el talento actoral que surge en su tierra, o bien Rockwell es lo suficientemente astuto en la elección de los proyectos, como para escaparle a la tentación de la gran industria y granjearse una carrera fructífera a fuerza de célebres participaciones en películas independientes. De una forma o de otra, este es uno de los mejores papeles de Rockwell en toda su carrera, aceptando la presión que implica sostener, con su sola presencia, una historia sumamente difícil, que no solo tiene a Rockwell dominando constantemente la escena, sino que este asume, a su vez, el compromiso actoral que implica desdoblarse para la ocasión.

En Moon, Duncan Jones conjuga elementos netamente referenciales, una computadora llamada Gerty (con la sugestiva voz de Kevin Spacey), que remite directamente al HAL 9000 del 2001 de Kubrick, un estilo cercano a lo metafísico de Solaris, y un personaje con reminiscencias de Robinson Crusoe. En esta mezcla de influencias que encajan a la perfección, la película nos muestra a Sam Bell, un minero preso desde hace tres años en una misión lunar. La progresiva desconexión con todo contacto humano lo lleva a encontrarse con un supuesto clon, con quien compartirá buena parte del metraje. Cuanto más se nos habla de los clones y de elementos de índole científica vinculados con el encierro de Bell en el espacio exterior, más aceptamos la idea de la progresiva esquizofrenia del personaje.

El problema de la película surge a partir de la forma en que se establece esta ambigüedad, y los ribetes que toma la trama a medida que esta se desarrolla. Sin embargo, la película logra superar este escollo al encarnarse la ambigüedad del relato en la intensa interpretación de Rockwell, que sumado a la precisa ambientación (todo un modelo para plantear los mecanismos que tiene el cine independiente para superar sus limitaciones presupuestarias, y tal vez uno de los mejores ejemplos de películas en las cuales hay un actor compartiendo escenas consigo mismo), da como resultado una película dura y potente que, como todo gran film de corte fantástico, se ampara en lo desconocido o lo futurista para establecer un planteo inteligente sobre los mayores conflictos del ser humano.

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miércoles 25 de noviembre de 2009

Crítica THE LIMITS OF CONTROL

Título en España: LOS LÍMITES DEL CONTROL
Dirección y guión: Jim Jarmusch.
País: USA y Japón.
Año: 2009.
Duración: 116 min.
Género: Thriller, drama
Elenco: Isaach de Bankolé (solitario), Alex Descas (criollo), Jean-François Stévenin (francés), Luis Tosar (violín), Paz de la Huerta (mujer desnuda), Tilda Swinton (rubia), Youki Kudoh (moléculas), John Hurt (guitarra), Gael García Bernal (mexicano), Hiam Abbass (conductora), Bill Murray (americano).
Producción: Stacey Smith y Gretchen McGowan.
Música: Boris.
Fotografía: Christopher Doyle.
Montaje: Jay Rabinowitz.
Diseño de producción: Eugenio Caballero.
Vestuario: Bina Daigeler.
Estreno en USA: 1 Mayo 2009.
Estreno en España: 2 Octubre 2009
Estreno en Argentina: 26 Noviembre 2009



Sinopsis

Este thriller dramático sigue a un hombre solitario y misterioso que desempeña sus actividades fuera de la ley. Ahora se encuentra en España para completar un trabajito cuyos objetivos son inicialmente desconocidos. Su aventura no sólo le conducirá a través del país, sino también a través de su propia conciencia.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Uno va a un museo de arte contemporáneo. Como sabemos, la mayoría de las obras que se pueden ver allí son conceptuales, no necesariamente figurativas. Un espectador obtuso, apegado a los cánones clásicos, rechazará, aún hoy, la idea de poder disfrutar una obra que “no se entiende”. Un espectador atento, no un estudioso en la materia, se dejará llevar por las obras que le causen algún interés en particular, y pasará por alto aquellas que no lo atrapen. Cuando uno se detiene en una obra que le llama la atención, pero cuyo significado no está muy a la vista, inevitablemente quiere saber más de ella, desea conocer lo que quiso expresar el artista, los procedimientos que empleó para crearla. Pero, independientemente de esa necesidad de conocer en profundidad la obra, sabe fehacientemente que es capaz de disfrutarla sin un manual de instrucciones, sin que le digan lo que tiene que pensar sobre ella.

Algo más o menos parecido es lo que ocurre con los mejores films de Jim Jarmusch. No estamos ante obras no figurativas, pero sí con un considerable nivel de hermetismo, que deja ver en su entramado la necesidad de saber más de lo que se cuenta, pero a su vez, con una capacidad de seducción visual, que nos cautiva pese a no poder conocer todo lo que, suponemos, deberíamos saber de la historia y de sus personajes. La línea argumental se sustrae a un presunto asesino a sueldo a quien le es encomendado un trabajo por el cual debe recorrer varias ciudades de España, yendo al encuentro de diversos personajes que lo acercarán a su presa (al menos eso es lo que podemos deducir). En la primera escena le encomiendan el trabajo, pero Jarmusch escamotea al máximo la información que se aporta en esta conversación, y lo mismo sucede con todas los encuentros que se suceden en la película. La mecánica de los encuentros suele ser la siguiente: El killer en cuestión va a un café, pide dos expressos en tazas separadas, se produce el encuentro con algún supuesto informante, este hace alguna reflexión de índole científico, filosófico o metafísico (siempre sobre temas aparentemente absurdos o irrelevantes), intercambian pequeñas cajas de fósforos en los platos de las tazas, y luego del encuentro el killer abre la nueva caja, extrae un papel con la información y, acto seguido, se lo come. El killer no sólo se mastica el papel con la información para limpiar pruebas, lo hace fundamentalmente para impedir que el espectador sepa algún detalle sobre la misión del personaje, y de esa manera no puede trazar la hilación necesaria para que el thriller avance como tal.

Jarmusch parece decirnos que la acción no conduce a nada, o mejor dicho, que la acción es solo una excusa para exponer otros elementos. De hecho, en el encuentro final con quien será la presa del protagonista, poco importa el desenlace. Lo que importa, a los ojos del relato, es que esta presa es un americano que inspira temor aunque no sepamos nada de él (lo maravilloso de Bill Murray está en eso, en una sola escena y con un ajustadísimo parlamento, consigue mostrarse temerario, a la vez que refleja el pánico de saberse atrapado por su asesino). El elemento crucial de esta película es el concepto planteado en el título de la misma, la idea de lo que se puede o no controlar, representada por un personaje que parece estar preso de un control absoluto, desde su pulcra y particular vestimenta, con un look de asesino algo glamoroso (la repetida acción de abotonarse y desabotonarse el traje refleja gran parte de esa necesidad de control), y su imposibilidad autoimpuesta de vincularse emocionalmente con otras personas durante su misión, son algunos elementos que exponen este concepto. La pregunta que inicia cada uno de los diálogos, el “usted no habla español, ¿verdad?” expresado por todos los personajes que conoce el protagonista, es también un reflejo claro del idioma como elemento de control, así como la rígida puesta en escena, que se acopla al permanente control del personaje, hasta desestructurarse en dos momentos puntuales, en el clímax y en el acto de liberación final que cierra la película. Y el tema del control se desprende también de muchos de los monólogos, como el de las drogas alucinógenas, la mayoría de los cuales encuentran su reverso en el discurso de “El americano”.

Jarmusch despliega en Los límites del control un poderoso entramado intelectual, con reflexiones y alusiones de distinto tipo. En determinados momentos, su protagonista va a un museo y se detiene a contemplar una obra. Nosotros, como espectadores, podemos esforzarnos buscando la cohesión de todos los elementos que se dan cita aquí (algunos aspectos se fusionan claramente, como la repetida frase “La vida no vale nada”, y los versos de la petenera, la faceta trágica del flamenco, que se oye en la película, pero otros elementos se resisten a establecer un patrón común), o bien podemos hacer como el solitario asesino, detenernos a contemplar en silencio la obra e intentar sacar conclusiones personales al respecto. La belleza visual y sonora de este último opus de Jarmusch, desde los extravagantes encuentros café de por medio hasta la climática escena con sabor a western en la fortaleza ubicada en Almería, previa al momento en el que el killer “usa su imaginación” y accede, sin que sepamos cómo, a la oficina de su oponente, nos habilitan a colocarnos en la piel de un espectador que contempla fascinado una obra conceptual. Podemos llegar a entender algunos aspectos de la búsqueda que motorizó esta obra, se nos escaparán otros, pero aún así no podemos dejar de apreciar su belleza, la enigmática seducción de las imágenes que conforman esta propuesta.

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martes 24 de noviembre de 2009

Crítica FUNNY PEOPLE

Título en España y Latinoamérica: HAZME REÍR
Dirección y guión: Judd Apatow.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 140 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Adam Sandler (George), Seth Rogen (Ira), Leslie Mann (Laura), Eric Bana (Clarke), Jonah Hill (Leo), Jason Schwartzman (Mark), RZA (Chuck), Aubrey Plaza (Daisy).
Producción: Judd Apatow, Clayton Townsend y Barry Mendel.
Música: Jason Schwartzman.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Montaje: Craig Alpert y Brent White.
Diseño de producción: Jefferson Sage.
Vestuario: Betsy Heimann y Nancy Steiner.
Estreno en USA: 31 Julio 2009.
Estreno en España: 4 Septiembre 2009
Estreno en Argentina: 4 Noviembre 2009 (Directo a DVD)



Sinopsis

“Hazme reír” relata la historia de un famoso cómico, interpretado por Adam Sandler, que descubre que tiene una enfermedad terminal, y que decide apoyar a un colega de profesión (Seth Rogen) que está empezando en este mundillo.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Judd Apatow, el director de The 40 year old virgin y Knocked up, y el productor que se ha convertido, a fuerza de encarar algunas de las mejores comedias de los últimos años, en el nombre más destacado de de la comedia americana actual, decide propiciar la jugada más riesgosa en su carrera, inclinándose hacia el drama con todas las letras. Curiosamente, este cambio de tono lo hace nada más y nada menos que en una película sobre comediantes, explorando al máximo la humanidad y el oficio del creador de comedia.

Sus películas nunca fueron lisas y llanas. The 40 year old virgin estaba plagada de gags, pero en lo profundo se detenía en uno de los personajes más patéticos y más humanos de la comedia americana, el virgen de cuarenta años del título, con un Steve Carrel inolvidable, disparando dosis equivalentes de humor y emoción. En Knocked up tomaba la comedia romántica para torcerla, explorando la idea de construcción de una familia fuera de los cánones presupuestos. En esta, su tercera película como director (recordemos que su cualidad autoral puede evidenciarse en una larga lista de comedias, más allá de aquellas que dirige), profundiza en un tópico medianamente explorado en las anteriores: la amistad.

Hazme reír es el encuentro entre dos comediantes. Un cuarentón consagrado, estrella de Hollywood (Adam Sandler en un papel furiosamente autoparódico, donde se permite mostrar el aspecto más ridículo de algunas de las comedias bobas que ha protagonizado), y un treintañero con ganas de triunfar. Apatow se muestra más “autor” que nunca. Le da a Sandler el papel del “otro”, el que pertenece a un universo cómico ajeno a su forma de entender el género, y vuelve a contar con Seth Rogen, la figura más repetida de su cine (un rol secundario y dos protagónicos en las tres películas dirigidas por Apatow), en el papel también más repetido de su cine, el del treintañero patético que no puede concretar una relación amorosa y no podría existir sin sus amigos, mucho más patéticos que él. Los amigos, en este caso también comediantes, son Jason Schwartzman y Jonah Hill (otro que tiene un lugar preferencial en las películas de Apatow). La amistad que se va formando a partir del encuentro entre George (Sandler) y Ira (Rogen) parece ajustarse a la personalidad del primero, un hombre que ha dejado toda su vida por su carrera, al punto de convertirse en un ser cínico y desagradable, que no valora ningún vínculo genuino. Esta personalidad se potencia cuando descubre que padece de una enfermedad terminal. La cercanía con la muerte refuerza su amargura y su desazón. De esta manera, si bien Ira cree que ha encontrado un nuevo amigo en su admirado George, este no tarda en demostrarle que su lugar es el de asistente, obligándolo a ser su único confidente y el autor de su nuevo material cómico (ejemplo de esto es cuando Ira se siente honrado por escribirle nuevo material a George, pero se frustra al pedirle inútilmente a George que este escriba algún material para él).

La película entera gira en torno a la amistad como uno de los sentimientos más importantes que puede experimentar un hombre. La amistad masculina, que siempre tuvo un lugar esencial en las películas de Apatow (ver, por ejemplo, los amigos que son capaces de hacer de todo para que Andy pierda su virginidad, en la mencionada The 40 year old virgin), toma en esta el lugar del drama. Aquí la amistad no siempre es tan pura como en las otras. La armadura que George se coloca para evitar generar un vínculo comprometido, ya sea romántico o amistoso, es la que define el conflicto principal entre George y Ira. El personaje interpretado por Rogen tampoco es un ángel. Al comienzo de la película, tras la convocatoria laboral de George, es capaz de marginar intencionalmente a su amigo Leo (Hill), lo que obviamente llevará a una posterior disputa entre ambos. Pero sabemos, los valores que sostienen la amistad de Ira, Leo y Mark (Schwartzman) los tres amigos que conviven juntos, no son los mismos que comparte George, y en el vínculo que forman ellos tres, que incluyen el mencionado conflicto y una mujer disputada por Ira y Mark, no hay lugar para peleas prolongadas.

En este drama sobre comediantes, la línea argumental que se destaca es la de la enfermedad terminal de George, y cómo este pasa, con ayuda de Ira, del distanciamiento de todas las personas que alguna vez significaron algo para él, a conectarse con cada uno de ellos antes de lo que puede ser su muerte, y de esa manera, recuperar la vida que durante años se dedicó a enterrar. Pero detrás de esa enfermedad, y de la posibilidad de redención de George, se oculta el verdadero motor de la película, la fuerza del vínculo que establecen George y Ira. Apatow, que reflexiona sobre la amistad con una frescura y una lucidez maravillosas, es consciente de la fuerza dramática de esta historia, potenciada por la tímida aparición de muchos de los chistes de la película. También es consciente de que no ha experimentado el drama tanto como la comedia. Por eso asume el riesgo y carga las tintas. Va en busca del drama y por momentos lo alcanza con todo su esplendor, aunque en otros momentos se le escape de las manos. Cierto es que la parte que corresponde a la errática historia de amor de George y Laura (Leslie Mann) se extiende excesivamente, que algunos personajes, como Eric Bana, aparecen por la ventana como en una mala película que no termina de encontrar su rumbo. Pero aún en los momentos más débiles se nota la auténtica indagación de Apatow de los distintos caminos por los que puede transitar el drama, y por lo menos es fiel a determinadas constantes de su cine, es capaz de hablar de una enfermedad terminal sin forzar lo dramático ni caer en el golpe bajo, y en ningún momento traiciona su mirada optimista de los personajes, sabiendo que cada uno de ellos debe mantenerse fiel a sus valores, y que aquellos que se encuentran sumidos en el error, no deben corregirse mediante vueltas de tuerca imbéciles sino que serán los vínculos sólidos los que los llevarán a encontrarse con su necesidad de redención.

Apatow construye un film irregular, desparejo, pero que pinta a la perfección a cada uno de los personajes, que refleja el mundo de los comediantes con enorme lucidez, integrando el material del oficio al humor de la película, y que reivindica a la amistad como la conexión entre dos seres humanos que es capaz de mover montañas. Quien consigue hacer ese cambio es George, magistralmente interpretado por Sandler, un hombre que se encuentra ante la contradicción de no haber buscado nunca el dinero y no poder desprenderse de él, condenado a roles en comedias bobas, venerado por muchos que apenas lo conocen y despreciado por aquellos que alguna vez lo amaron de verdad. Sandler, que es plenamente consciente de que por momentos parece estar interpretando a una versión terrible de su propia condición de estrella, ha sabido demostrar en muchas ocasiones que es un actor mucho más inteligente que lo que dejó ver en algunas de sus comedias más idiotas y exitosas. Este es otro ejemplo de sus roles más atendibles, un reverso fantástico del personaje redimido que interpretó en la vacua y “golpebajista” comedia dramática familiar Click.

Otro aspecto importante es la evidente diferencia generacional entre George y Ira. Esta diferencia no solo se da entre los personajes, sino que es la que se observa en la comedia americana de quince años atrás y la actual. Apatow toma dos ejemplos notorios, en algunos aspectos, coincidentes y en otros, opuestos, de la comedia americana de mediados de los noventa, y la que el propio Apatow ha sabido constituir. Y en esta línea podemos observar que la comedia americana de los últimos quince años, como ningún otro género, es un arco iris en el que conviven muchos tópicos similares y aspectos muy diversos. Que el propio Apatow, artífice de las mejores comedias recientes, sea quien se encargue de hacer confluir dos generaciones no del todo opuestas pero sí bastante diferentes, y no solo eso, sino que se permita hacerlo en el marco de un drama, es razón suficiente para no equivocarse despreciando desde el llano una película que en su tratamiento del drama por momentos se deja llevar por caminos inadecuados, pero todos ellos, fruto de una búsqueda consciente y loable de Apatow, una de las mentes más lúcidas y sensibles del Hollywood actual.

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lunes 23 de noviembre de 2009

Crítica BEYOND A REASONABLE DOUBT

Título en España: MÁS ALLÁ DE LA DUDA
Dirección: Peter Hyams.
País:
USA.
Año: 2009.
Duración: 105 min.
Género: Thriller.
Elenco: Michael Douglas (Martin Hunter), Jesse Metcalfe (C.J. Nichols), Ambert Tamblyn (Ella Farrell), Joel David Moore (Corey Finley), Orlando Jones (Bill Nickerson).
Guión: Peter Hyams; basado en el guión de Douglas Morrow para la película “Beyond a reasonable doubt” (1956) dirigida por Fritz Lang.
Producción: Moshe Diamant, Mark Damon, Ted Hartley y Michael P. Flanagan.
Música: David Shire.
Fotografía:
Peter Hyams.
Montaje: Jeff Gullo.
Diseño de producción: James A. Gelarden.
Vestuario: Susanna Puisto.
Estreno en USA:
11 Septiembre 2009.
Estreno en España: 10 Julio 2009.
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

“BEYOND A REASONABLE DOUBT” es un remake del clásico de Fritz Lang y de la RKO de 1956. C.J. Nichols (Jesse Metcalfe) es un joven periodista que lo arriesgará todo por demostrar la falta de solidez de las pruebas circunstanciales utilizadas por un fiscal de distrito corrupto (Michael Douglas) con un increíble historial. C.J. se toma la justicia por su cuenta y se inculpa como sospechoso de asesinato. Su compañero (Joel David Moore) es el único que sabe la verdad y sólo él tiene la llave que demostrará su inocencia. La joven ayudante del fiscal, Ella (Amber Tamblyn), se ve dividida entre el plan de C.J. y la ambición del fiscal Martin Hunter (Michael Douglas). Al surgir un romance entre el periodista y la ayudante, las cosas se vuelven todavía más difíciles, sobre todo cuando el plan de C.J. sale a la luz y Ella se encuentra en medio de todo el embrollo. Ella, ajena al plan de C.J., desafía a su jefe y se esfuerza por descubrir pruebas que demuestren su inocencia.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Esta película empieza con una apelación a la nostalgia, el logo de la RKO Pictures (remozado, pero el mismo), la imagen de una compañía que nos regaló grandes momentos en la Historia del cine (basta decir que este logo es la primera imagen de, por ejemplo, Citizen Kane). La RKO ha reaparecido en determinado momento, fundamentalmente para producir remakes de algunas de sus películas más recordadas. Lamentablemente, esta forma subsidiaria de encarar la producción, si bien coincide con lo que hacen las grandes majors, carece de la fuerza que tienen estas para lograr una reposición concreta de determinadas películas. Vale decir que, en empresas como Warner, Fox, Universal, Paramount, etc., las remakes constituyen una gran parte de su producción anual, pero aún producen nuevas películas, y su permanente actividad en la industria hace que cada remake, tanto la mejor como la peor, pueda tener una presencia propia en el cine actual, y no se vea cómo una pieza de museo remozada para la ocasión.

Este no es el caso de la RKO, que parece reaparecer tímidamente, con un estilo absolutamente desangelado a la hora de abordar viejos films, quitándole todo mérito a aquellas películas. Lo que vemos en Beyond a reasonable doubt es un ejemplo de esto. Remake de un film homónimo de Fritz Lang, el último de su faceta americana, y con la actuación de Michael Douglas, este film prometía, pero solo eso. Si ya de por sí es una falta de respeto tomar un film de un maestro como Fritz Lang para intentar reversionarlo si no hay ideas puntuales ni amor por el cine, peor aún es producir a partir de esa obra original algo que se supone que es un thriller, pero que adolece de todo. Cuando hablamos de todo, nos referimos, en primer lugar, a que carece de energía cinematográfica, y en segundo lugar, de buenas actuaciones. El cine es básicamente movimiento. Pegar dos planos de un modo más o menos correcto no siempre es generar movimiento. Peor cuando se trata de un thriller, y la película parece moverse de acuerdo a los hilos del suspenso del relato, pero a cada momento revela sus costuras, destacándose su notoria frialdad y falta de fibra.

Varias de las remakes q produjo la RKO en el último tiempo han sido telefilmes, y esta película no parece salir de ese esquema. Desde ya que, si estamos ante una película con sabor a telefilm, no valdría la pena compararla con la original de Lang. Sin embargo, la realidad es que es un tanto vergonzoso que con un material tan rico se conciba algo que ni siquiera es una mala película, porque su cuadrada puesta en escena, su chatura narrativa y su evidente falta de recursos la asemejan mucho más a una película para televisión que a una producción de cine. La presencia de Michael Douglas no cambia las cosas. Si uno podría pensar que, con Douglas en el elenco, esta remake se asegura la pantalla grande, la interpretación rutinaria de este no consigue darle un mínimo de potencia cinematográfica. Como si fuera poco, Jesse Metcalfe, protagonista y contrafigura de Douglas, se hunde en la frialdad y la carencia expresiva de su actuación. Quienes salen airosos son Amber Tamblyn y Joel David Moore, que realmente se preocupan por darle algo de brío a la película, y que tienen la suerte de encabezar ambos escenas de persecución cuyo ritmo es diametralmente opuesto al resto de las escenas del film.

Y por último, la vuelta de tuerca final, si bien se asemeja a muchos thrillers actuales (en lo peor de ellos), ni siquiera sorprende, porque para eso hace falta mostrarle al espectador algo de tensión en su desarrollo, y toda la tensión se refleja en la superficie de la película, nunca se encarna en la forma de ella. Así, con una vuelta de tuerca supuestamente inteligente, pero bastante tramposa e inútil, concluye algo que podríamos llamar thriller, pero que de thriller solo tiene un relato que pretende viajar por ese camino, sin considerar en ningún momento que cualquier género merece una puesta que lo soporte, y que no aplaste sus perspectivas.

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jueves 19 de noviembre de 2009

Crítica THIS IS IT

Dirección: Kenny Ortega.
País: USA.
Año: 2009.
Género: Documental, musical.
Producción: Paul Gongaware, Randy Phillips y Kenny Ortega.
Fotografía: Kevin Mazur.
Montaje: Don Brochu, Brandon Key, Tim Patterson y Kevin Stitt.
Estreno en USA, España, Argentina: 28 Octubre 2009



Sinopsis

La película se ha realizado con el material grabado durante los últimos ensayos de Michael Jackson, que preparaba su regreso a los escenarios en Londres. La mayor parte del material fue rodado en junio de 2009 en el Staples Center de Los Ángeles y The Forum en Inglewood, en California, cuando Michael Jackson preparaba su “This is it”, la serie de conciertos que iba a ofrecer en el O2 Arena de Londres.



Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Este producto puede leerse como uno de los actos más macabros del cine americano en los últimos tiempos (la idea de armar una película/tanque con los últimos ensayos de la malograda gira de Michael Jackson, para asegurarse un éxito de taquilla que pueda cubrir lo invertido en los shows, explotando al máximo la imagen de una estrella muerta pocos meses atrás), o como el testamento fílmico de un gran artista. Como somos benévolos, y estamos acostumbrados al nivel de perversión de las majors americanas, optemos por la segunda opción, y podremos ver que no sólo estamos ante lo que quedó de un gran show que no pudo ser, sino ante una película auténtica, con energía propia.

Por ende, no vale la pena pensar en los millones que habrán ganado los productores abusando del pobre MJ, y menos importa acordarse de los fans que armaron campañas como la llamada “This is not it”, alertando sobre las “mentiras” que exponían los productores del show en este documental, y denunciando que, semanas antes del inicio de su gira interminable, la vida de Jackson pendía de un hilo. Que lo presionaron hasta matarlo, que no se sentía capaz de soportar cincuenta shows… Nadie niega que todo ello pueda ser real, pero este documental no busca tapar las presiones, su adicción a los fármacos, ni cualquier aspecto relativo a su vida. Por una sencilla razón: This is it es un documento de su frustrado último show, no un retrato de su persona. Honrando a Michael Jackson, un artista mágico, con una vida llena de rumores más o menos ciertos, pero irrelevantes frente al valor de su obra (el propio Jackson se encargó de hacer de su vida un mito insondable), la película no busca hablar de su vida sino de su arte, no es una mentira, sino un reflejo de lo más valioso de la última gran leyenda de la industria musical.

This is it presenta un doble juego, es lo que quedó de un show majestuoso, pero antes que eso, es un detrás de escena de ese show. Por ende, no es directamente la exposición cinematográfica de ese show, sino el show y su cocina, con MJ como el admirado director de orquesta, capaz de dominar cada plano, preciso y exigente con todos sus músicos (reclamando, ordenando o corrigiendo, siempre con la mejor cara y un irritante “con amor” o “Dios te bendiga”). Lo mejor de este documental es que no es únicamente el show, no es tan limpio y majestuoso como aquel, es sucio, desordenado y ecléctico como todo backstage, y es esta suciedad, este ir y venir entre la escenificación de cada canción y el armado de esa puesta híper ambiciosa, lo que permite que uno, como espectador, pueda encontrarse con el verdadero artista. Porque la luz de Jackson no se prende cada vez que sale a escena, arranca mucho antes, con el compositor, el coreógrafo, el ambientador, el showman, el hombre que es capaz de detenerse el tiempo que sea frente a una melodía hasta que esta se oiga como él desea, el hombre que se exige a sí mismo con el canto y el baile más que a nadie. El hombre que ejerce una presión desmedida e inconsciente en todo su entorno, porque es capaz de someterse a un rigor tal sobre el escenario que lo convierte en un ser inigualable, y al resto de los músicos, bailarines y técnicos que lo rodean no les queda más que rendir pleitesía a un artista obsesivo, que entrega su vida en cada performance.

El show en sí no se queda atrás, y la película va de a poco abandonando el aspecto del “detrás de escena”, para dedicarle el tiempo necesario a cada canción, y que el espectador pueda apreciar lo mejor posible la magnitud del espectáculo que el mundo no tuvo la fortuna de conocer. Ahí están el homenaje al cine americano clásico, con MJ interactuando con estrellas del film noir, como introducción a “Smooth Criminal” (a mi gusto, la mejor secuencia de lo que hubiera sido el show), las escenas de horror filmadas para “Thriller”, la puesta en escena de un mundo totalitario, alla The Wall, con coreografía militar, en “They don’t really care about us”, el recuerdo especial de Jackson 5, el rock puro en “Billie Jean” y “Black or White”, el clima romántico en “I just can’t stop loving you”, o los momentos más naïf y emotivos, con “Earth Song” y “Man in the mirror”. Todos ellos revelan las distintas facetas de un show descomunal, que realmente podría haber traspasado límites en cuanto a despliegue escénico y de producción.

Pero ver This is it como aquel show trunco es un grave error, porque de semejante despliegue solo quedan las muchas tomas rescatadas de los ensayos para la ocasión. Si pretendiera “ser” el show que no pudo ser, caería en la realidad de que, por más que pueda haber reproducido con las filmaciones del ensayo la magnitud de cada puesta para cada una de las canciones, la película, en su exposición del show, se enfrenta irremediablemente al hecho de tener que bajar el telón antes de poder levantarlo. Afortunadamente, This is it no es un macabro santuario de lo que no pudo llegar a ser, sino el mejor retrato de un artista a quien nunca lo vimos como aquí, en la tarea que mejor le salía, la de crear, prestándole atención a cada nota, cada paso de baile, cada elemento del escenario (ver sino cuándo Kenny Ortega, director del monstruoso espectáculo y de su testamento fílmico, le pregunta cómo sabrá cuándo es el momento en que la pantalla gigante marque el comienzo de la canción, a lo que MJ sólo contesta que lo puede sentir). Y más allá de la omnipresencia de Ortega, a quien vemos detrás de cada elemento del show es a un raquítico pero impecable Michael Jackson, iluminando la pantalla con su baile, regalándole momentos de destaque a cada uno de los jóvenes artistas que hubiesen compartido el show con él (la escena en la que hace brillar a la guitarrista es un genial reflejo de esto), sabiendo que el secreto para un gran espectáculo es que cada uno del equipo pueda dar lo mejor de sí, mientras él los protege mostrándoles que detrás de un gran artista hay una gran consciencia sobre cada uno de los aspectos artísticos del show y una enorme autodisciplina. La mejor manera de honrar a alguien como Michael Jackson, que marcó un antes y un después en la industria musical, no es hablar de su vida sino de su arte, y en la desprolijidad del backstage del show reluce su arte, no como un hecho mágico y etéreo, sino como el resultado de un trabajo obsesivo y sacrificado, que en este caso no pudo rendir sus frutos, pero que afortunadamente arrastra los frutos del pasado, enormes y eternos.

This is it no es el show que no existió, tampoco el reflejo de la persona o la estampa de Michael Jackson. Es, antes que nada, el documento de un proceso creativo, y en manos de MJ, uno de los pocos que supo combinar en el escenario gran espectáculo visual y una forma única de música y de baile, esto es muchísimo, más de lo que This is it (el show, no la película) podría haber sido jamás.

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miércoles 18 de noviembre de 2009

Crítica ORPHAN

Título en España y Latinoamérica: LA HUÉRFANA
Dirección: Jaume Collet-Serra.
País: USA.
Año: 2009.
Género: Thriller, terror.
Elenco: Vera Farmiga (Kate), Peter Sarsgaard (John), Isabelle Fuhrman (Esther), C.C.H. Pounder (hermana Abigail), Jimmy Bennett (Daniel).
Guión: David Leslie Johnson; basado en un argumento de Alex Mace.
Producción: Joel Silver y Susan Downey.
Música: John Ottman.
Fotografía: Jeff Cutter.
Montaje: Tim Alverson.
Diseño de producción: Tom Meyer.
Vestuario: Antoinette Messam.
Estreno en USA: 24 Julio 2009.
Estreno en España: 16 Octubre 2009
Estreno en Argentina: 24 Septiembre 2009



Sinopsis

“La huérfana” nos habla de un matrimonio (Peter Sarsgaard y Vera Farmiga) traumatizado por la pérdida de su hijo nonato que, con la intención de dejar atrás las pesadillas que les persiguen, deciden adoptar una niña (Isabelle Fuhrman). La llegada a casa de la chiquilla desatará una serie de extraños sucesos que pondrán al descubierto su reverso tenebroso.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Jaume Collet-Serra nos mete miedo. Lo cual es muy raro, por más que podemos encontrarnos con centenas de películas de terror por año. Pero nos mete miedo, y no recurre a sandeces sobrenaturales. Lo hace con una niña que es uno de los personajes más pérfidos del cine de terror en los últimos años. Sí, ya sabemos que los niños no son necesariamente encantadores, que su particular universo puede tener elementos maravillosos y otros decididamente macabros, pero siempre disfrutamos cuando se nos presenta a un niño malvado. En este caso una niña, que hace de las suyas para desmembrar a la familia que la adopta. Y la manera que tiene de desmembrarla, de arruinarlos por completo, es observándolos detenidamente, y haciendo saltar las miserias que esconden cada uno de ellos. Este enorme acierto, tanto de guión como de dirección (ver sino la escena en la que Esther observa a su padre adoptivo hablando con una vecina, y rápidamente nos queda claro que esta coqueteando con ella, y que Esther sabrá valerse de ese detalle, y de otros, para tirar de la cuerda al máximo), se sostiene durante toda la película, regalándonos momentos espeluznantes cuanto más nos queda clara la enorme perversión de Esther.

La niña se desenvuelve con soltura, interpretada por una magistral Isabelle Fuhrman, apoyada en un guión que la ubica en el rol más sinuoso del elenco, enfrentada a su madre adoptiva, una sufrida Kate (Vera Farmiga), cuyo pasado de alcoholismo y cuyos traumas difíciles de sobrellevar la relegan a un rol, aunque protagónico, bidimensional, ajustado a los cánones tradicionales de las películas de terror. Esther, lejos de la linealidad de Kate, es terriblemente seductora, es capaz de encantar a quien se le antoje, para luego someterlo a las peores torturas psicológicas. Lo hace con sus nuevos hermanos (al varón lo amenaza cuando descubre su personalidad, a la niña la obliga a ser cómplice de un asesinato), y fundamentalmente lo hace con sus nuevos padres, vendiéndoles la imagen de niña buena, para de a poco introducirse en el seno de la pareja de Kate y John, sacando a la luz los peores errores del pasado de ambos, hasta llevarlos a una eventual separación.

Collet-Serra se ocupa de privilegiar una puesta en escena sobria, con algunos apuntes extremos necesarios para sostener el terror, pero consciente de que le importa más la progresión dramática y narrativa, la tensión precisa que el desborde habitual en el género. Y para ello se vale también de un logrado trabajo con el sonido, aspecto en el que confluyen elementos narrativos esenciales de la película (el piano, la hermanita sordomuda), y de una incomodidad creciente y explosiva, que llega al súmmum en la escena en la que Esther pretende seducir a un derrumbado John. En otra película, incluso de terror, esto hubiese sido una imperdonable explicitud argumental. Aquí este elemento no sólo está justificado por el giro final (que podría anular el planteo sobre la perversión de los niños, de no ser por Isabelle Fuhrman, cuya interpretación permite cualquier lectura acerca de la naturaleza de su personaje, desde lo que finalmente cuenta la historia, hasta la imagen de niña perversa con la que nos quedamos), sino por el hecho de que la incomodidad no aparece al final, existe desde el vamos, con una Esther malvada como pocas, capaz de cualquier cosa, en una película de terror que, con un guión inteligente y un tanto subversivo, y una puesta en escena carente de excesos absurdos, por fin cumple con lo que tiene que cumplir y asusta de verdad, sin obviedades y pateándole la cara a las convenciones más gastadas del género.

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martes 17 de noviembre de 2009

Crítica IMAGINE THAT

Título en España: IMAGINE
Dirección: Karey Kirkpatrick
País: Estados Unidos, Alemania
Año: 2009
Duración: 107 min.
Género: Drama, Comedia, Fantástico
Elenco: Eddie Murphy, Bobb’e J. Thompson, Thomas Haden Church, Nicole Ari Parker, Ronny Cox, James Patrick Stuart, Vanessa Williams, Stephen Rannazzisi, Mel Harris, John DeVito, Timm Sharp
Distribuidora: Paramount Pictures
Diseño de producción: William Arnold
Producción asociada: Lars P. Winther
Producción ejecutiva: Ric Kidney
Fotografía: John Lindley
Guión: Chris Matheson, Ed Solomon
Música: Mark Mancina
Montaje: David Moritz
Estreno en USA: 12 Junio 2009
Estreno en España: 9 Octubre 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Eddie Murphy interpreta a un ejecutivo financiero de éxito que apenas tiene tiempo para estar con su hija de siete años. Pero cuando su carrera sufra un revés, encontrará la solución a sus problemas en el mundo imaginario de la pequeña.



Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

¿Qué es una comedia familiar? Básicamente, es una película con alguna que otra situación graciosa que responde en esencia a la idea tradicional de familia. En busca de la exaltación de la institución familiar, se presenta una situación en permanente estado de ordenamiento, o una situación crítica que a último momento, y a fuerza de golpe bajo y una previsibilidad extrema, se terminará ordenando en pos del ideal familiar. Uno puede o no pelearse con estas películas que están hechas exclusivamente para ponderar la familia como institución primaria. Esto en particular me molesta sólo en algunos casos evidentes y vulgares en su construcción (a fin de cuentas, toda la factoría de Disney está teñida de este concepto, y no son pocas las buenas películas surgidas de esta firma). Lo que en esencia molesta es que, al estar estructuradas en pos de exaltar una estructura determinada, carecen de la dosis de anarquía necesaria para que una comedia sea enteramente graciosa. Eso lo entienden los actores y los realizadores que conforman el grueso de la comedia americana actual. Lejos del ordenamiento de las comedias familiares (y el de las comedias románticas, otro ejemplo de un orden forzado), lo que se privilegia en estas últimas es la anarquía total. Los actores que encabezan comedias familiares pertenecen a una camada anterior de cómicos, y entre ellos están dos otrora popes de la comedia: Jim Carrey y Eddie Murphy.

La mención de Carrey no es casual, porque esta última película de Eddie Murphy guarda muchos puntos en contacto con Mentiroso mentiroso. Particularmente, ambas películas comparten un aspecto desagradable de la comedia familiar, y es que, en la necesidad de exponer un personaje que cambia en beneficio de la familia, tanto Mentiroso mentiroso como Imagine that poseen dos protagonistas repulsivos, no sólo adictos al trabajo, sino capaces de vincularse con sus hijos únicamente por un interés estrictamente laboral. En Mentiroso…, Fletcher (Carrey), un abogado que constantemente apela a la mentira para ganar juicios y desatiende completamente a su hijo, se ve acorralado por un deseo que pide su hijo para su cumpleaños, que por un día no pueda decir mentiras. Así Fletcher intenta infructuosamente vencer la fuerza sobrenatural de ese deseo cumplido, poco le importan las razones de su hijo para pedir ese deseo, sólo las repercusiones laborales que le acarrea el cumplimiento de este deseo. Pocos minutos antes del final, Fletcher se redime, apelando al amor por su hijo que pocas veces supo demostrar (pero que uno, como espectador, sabe que siempre tuvo, porque por algo es el protagonista de una comedia familiar).

Bien, el Evan que interpreta Murphy en Imagine that es peor, mucho peor. No sólo le preocupa únicamente su exitosa carrera como ejecutivo financiero, maltratando constantemente a Olivia, su hija, y despreciando al mundo imaginario que ella constantemente insiste en presentarle, sino que, cuando se da cuenta de que las opiniones de la realeza de ese mundo lo ayudan a ser un ídolo a la hora de predecir dónde debe invertir su empresa, sólo le importa vincularse con Olivia en la medida en que ese juego con su mundo imaginario potencia su éxito profesional. Ahí lo vemos a Murphy, al inicio y en momentos clave de la película, gritando como loco, pasando vergüenza frente a Olivia, reclamando la frazada con la que su hija se transporta a ese mundo mágico. Si esto es de por sí penoso e irremontable, imaginémoslo a Murphy con su característico exceso de gesticulación, intentando superar el concierto de movimientos espásticos de Carrey (y eso que Mentiroso mentiroso, con todo, es una película digerible y simpática). Desde el principio sabemos que, tarde o temprano, a Evan le llegará su momento de redención, pero ese giro llega cuando el personaje ya está definitivamente enterrado como para creernos que una posibilidad de cambio en su actitud puede llegar a ser sincera. Demás está decir que nada de lo que nos entregó Murphy en los últimos años puede ubicarse en la categoría de “creíble”. Su permanente tendencia a la gesticulación es inversamente proporcional a todo atisbo de credibilidad, y vaya uno a saber por qué, Murphy insiste en desandar los caminos menos pisados por las nuevas generaciones de comediantes, apelando a los recursos menos graciosos y más pecaminosos para un actor de comedia.

No conviene olvidarnos de dos aspectos más. Por un lado, si nos detenemos en el villano de turno, encarnado por Thomas Haden Church, podemos darnos cuenta de que, si no se lo viera maltratar a su hijo, drogándolo con bebida energizante para convertirlo en el salvador de su trabajo, su personaje nos caería muchísimo mejor que el de Murphy. (Y sí, gracias a la contención de Haden Church y a la locura desatada del chico que interpreta a su hijo, esta es la escena más graciosa de toda la película). Por otro lado, el empleo abusivo de temas de The Beatles no ayuda para nada, la idea de que todos los caminos conducen a “All you need is love”, con el final golpebajista que ello conlleva, es uno de los aspectos más desagradables de esta película.

Afortunadamente, no estamos ante un cúmulo de idioteces desparramados en una trama ridícula como la de su comedia anterior, pero los delitos que comete esta comedia familiar exponen las peores cosas de este subgénero, especialmente, la inexplicable necesidad de apelar a un protagonista extremadamente repugnante, sólo para que la redención y la imposición del orden que da el hogar queden bien claras y evidentes. Cuando la comedia familiar logre definitivamente prescindir de estos elementos y predomine la apelación a la idea de familia mediante elementos frescos y genuinos, lejos de cualquier aspecto forzado e irreal (lo sobrenatural, por ejemplo, suele estar allí sólo para sembrar un poco de caos antes de que impere el orden, sin una verdadera razón de ser), recién ahí podremos volver a valorar un tipo de comedia que ha sido demasiado bastardeado por los esquemas más conservadores, y a la vez, los más perversos. Mientras tanto, lo que tenemos es a un actor decadente brindando algunas de sus peores monerías, amparándose en la institución familiar como bandera, pero haciendo todo lo opuesto a reivindicar este concepto.

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lunes 16 de noviembre de 2009

Crítica JENNIFER'S BODY

Título en Latinoamérica: DIABÓLICA TENTACIÓN
Dirección: Karyn Kusama
País: Estados Unidos
Año: 2009
Duración: 102 min.
Género: Thriller, Comedia, Terror, Ciencia ficción
Distribuidora: 20th Century Fox
Elenco: Megan Fox, Amanda Seyfried, Johnny Simmons, Adam Brody, J.K. Simmons, Amy Sedaris, Chris Pratt, Juno Ruddell, Kyle Gallner
Guión: Diablo Cody
Producción: Daniel Dubiecki, Mason Novick y Jason Reitman
Música: Theodore Shapiro
Fotografía: M. David Mullen
Montaje: Plummy Tucker
Diseño de producción: Arv Greywal
Vestuario: Heather Rupert, Hollie Strobl Katia Stano Summer Dietz
Producción ejecutiva: Diablo Cody
Estreno en USA: 18 Septiembre 2009
Estreno en España: 25 Septiembre 2009
Estreno en Argentina: 1 Octubre 2009



Sinopsis

Jennifer, una estudiante de instituto en una pequeña ciudad, es poseída por un demonio hambriento. De “diablesa del instituto”, bellísima (y ella lo sabe), dominante y extremadamente engreída, se convierte en parte de una verdadera alianza diablesa/diablo. La resplandeciente y bella Jennifer se transforma en una pálida y enfermiza criatura ávida de carne, y los chicos que hasta entonces no habían tenido ninguna oportunidad con la indiferente Jennifer, adquieren de repente un nuevo cariz a la luz de su insaciable apetito. Entretanto, Needy, amiga de toda la vida de Jennifer y relegada siempre a vivir a su sombra, ha de esforzarse por proteger a los jóvenes de la ciudad, incluyendo al empollón de su novio, Chip.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Esta película podría ser tomada como una mala película de terror, por el simple hecho de que sus escenas “terroríficas” no asustan. Pero no deberíamos equivocarnos. Un estímulo para ver Jennifer’s body, mucho antes que el sobrepromocionado cuerpo de Megan Fox, es el rol de Diablo Cody, guionista de Juno, en una película aparentemente de terror. Lamentablemente, Cody no logra una inteligente pintura de personajes como lo hacía en Juno. Uno de sus mayores logros en esta película es el modo en que utiliza el terror adolescente para reírse de las convenciones típicas de toda “High School”. Jennifer’s body es más una comedia ácida que un film de terror, aunque no se desprende de esos códigos, y los aprovecha en tono sarcástico.

Otro aspecto curioso, y muy difícil de encontrar en cualquier horror movie, es la ambigüedad en la forma en que se muestra la relación entre Jennifer (Fox) y Needy (Amanda Seyfried, lo mejor de la película). Si un vínculo amistoso entre la más popular y una de las más “freak" del colegio puede ser algo de por sí muy complejo (sobre todo si lo comparamos con la simplista rivalidad habitual de dichos personajes en esta clase de películas), imaginemos lo que puede pasar cuando la mirada de Needy hacia Jennifer no es de envida sino de amor.

Lo particularmente problemático de esta propuesta que, afortunadamente, no se encierra en un género, es que se vuelve explícita en lo aspectos que deberían mantenerse sugerentes y ambiguos, y se reprime en los momentos menos oportunos. Si gran parte de esta historia se apoya en la mirada de Needy hacia Jennifer, de clara adoración sexual, con escenas que van construyendo un universo de personajes a partir de situaciones puntuales (ejemplo de esto es la escena en la que el novio de Needy se siente celoso porque ella decide salir con Jennifer), el nivel de insinuación se derrumba cuando la película ofrece un beso lésbico forzado y “para la platea”. En contraposición a esto, la película se encabalga en el evidente histeriqueo de Jennifer (no se puede decir otra cosa de un personaje que seduce hombres para luego devorárselos) y constantemente coquetea con la idea de mostrarnos a Megan Fox desnuda, para finalmente no hacerlo. No importa acá si la Fox se desnuda o no, pero cuando el cien por ciento de la promoción de la película se basó en las esperadas imágenes de Megan Fox, apegándose al máximo a la explosión mediática de esta joven, traicionar estas expectativas no hace más que poner en evidencia las trampas y falsedades detrás de las campañas promocionales. La absurda historia de la banda de rock tampoco ayuda mucho. Si bien contribuye, por exagerado e inverosímil, al enclave cómic de la película (si hay algo a lo que se acerca esta propuesta es a este universo, con su combinación de humor y violencia), no hacía falta justificar, ni con un argumento idiota como este, ni con uno inteligente, el origen de la voracidad demoníaca de Jennifer.

Si la promoción de esta película no nos hubiera abrumado, tal vez podríamos ver en esta película un intento de comedia de terror con algunos elementos acertadamente sutiles. Es una lástima que la película se equivoque en cuándo debe mostrar y cuándo ocultar, y que de la aguda mirada de Diablo Cody en Juno, quede sólo un interesante coqueteo con lo absurdo del cómic, y un tono ácido en la descripción del universo de histeria adolescente, que recorre toda la película.

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viernes 13 de noviembre de 2009

ESPAÑA: Estrenos 13-11-09

2012

USA/CANADÁ,2009, 158 min.
Dirección: Roland Emmerich
Con: John Cusack, Thandie Newton, Chiwetel Ejiofor


50 HOMBRES MUERTOS
(FIFTY DEAD MEN WALKING)

REINO UNIDO/CANADÁ, 2008, 118 min.
Dirección: Kari Skogland
Con: Ben Kingsley, Jim Sturgess, Kevin Zegers


CUENTO DE NAVIDAD DE DISNEY
(A CHRISTMAS CAROL)

USA, 2009, 96 min.
Dirección: Robert Zemeckis
Voces de: Jim Carrey, Colin Firth, Gary Oldman


EL VIAJE DE LA TORTUGA
(TURTLE: THE INCREDIBLE JOURNEY)

REINO UNIDO/AUSTRIA/ALEMANIA, 2009, 81 min.
Dirección: Nick Stringer


NEGRO BUENOS AIRES

ESPAÑA/ARGENTINA, 2009, 90 min.
Dirección: Ramon Térmens
Con: Francesc Garrido, Daniel Faraldo, Natasha Yarovenko


PARTIR

FRANCIA, 2009, 85 min.
Dirección: Catherine Corsini
Con: Kristin Scott Thomas, Sergi López, Yvan Attal


TRIAGE

IRLANDA/ESPAÑA/FRANCIA, 2009, 99 min.
Dirección: Danis Tanovic
Con: Colin Farrell, Paz Vega, Christopher Lee

USA: Estrenos 13-11-09

2012

USA/CANADÁ,2009, 158 min.
Dirección: Roland Emmerich
Con: John Cusack, Thandie Newton, Chiwetel Ejiofor


THE BOAT THAT ROCKED

REINO UNIDO/ALEMANIA/USA/FRANCIA, 2009, 135 min.
Dirección: Richard Curtis
Con: Philip Seymour Hoffman, Bill Nighy, Nick Frost


FANTASTIC MR. FOX

USA/REINO UNIDO, 2009, 87 min.
Dirección: Wes Anderson
Voces de: George Clooney, Meryl Streep, Bill Murray


THE MESSENGER

USA, 2009, 105 min.
Dirección: Oren Moverman
Con: Ben Foster, Samantha Morton, Woody Harrelson


DARE

USA, 2009, 92 min.
Dirección: Adam Salky
Con: Emmy Rossum, Zach Gilford, Ashley Springer


WOMEN IN TROUBLE

USA, 2009, 92 min.
Dirección: Sebastian Gutierrez
Con: Guillermo Pfening, Mirella Pascual, María Clara Merendino