viernes 31 de julio de 2009

Crítica LIVERPOOL

Dirección: Lisandro Alonso.
Países:
Argentina, Francia, Holanda, Alemania y España.
Año: 2008.
Duración: 84 min.
Género: Drama.
Elenco: Juan Fernandez (Farrel), Giselle Irrazabal (Analia), Nieves Cabrera (Trujillo).
Guión: Lisandro Alonso y Salvador Roselli.
Producción: Lisandro Alonso, Ilse Hughan, Marianne Slot, Luis Miñarro y Christoph Hahnheiser.
Música: Flormaleva.
Fotografía:
Lucio Bonelli.
Montaje: Lisandro Alonso, Fernando Epstein, Martin Mainoli y Sergi Dies.
Diseño de producción: Gonzalo Delgado.
Estreno en Argentina: 30 Octubre 2008
Estreno en España: 24 Abril 2009




Sinopsis

Farrel (Juan Fernández), que trabaja en un carguero, pide permiso al capitán para desembarcar cuando lleguen al puerto de Ushuaia, la ciudad más meridional de Argentina. Farrel quiere volver al lugar donde nació y ver si su madre sigue viva. Durante los últimos veinte años ha trabajado de marinero. Bebe para olvidar, paga a las mujeres con las que se acuesta, no tiene amigos. Al llegar al pequeño grupo de casas cubiertas de nieve donde creció, Farrel descubre que su madre sí que sigue viva, pero alguien más ha entrado a formar parte de la familia.


Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

Los que ya están familiarizados con el cine de Lisandro Alonso seguramente considerarán inútil esta afirmación, pero nunca está de más aclarar, especialmente para aquellos que desconocen sus anteriores filmes, que el cine de Alonso no es un cine fácil. No es un cine narrativo en el sentido tradicional del término, aunque sería un completo error afirmar que no hay narración en su cine, particularmente si nos detenemos en este último film.

Quizás Liverpool sea la mejor manera de acercarse por primera vez a su cine. En Liverpool, Alonso abre un poco el juego hacia nuevos abordajes narrativos. Es su película más “narrativa”, como han afirmado varios, pero a su vez pasa de circunscribirse a un único personaje, como en sus anteriores películas, a que poco antes de su desenlace, éste abandone la escena y la película, con lo que Alonso termina quedándose con el entorno que este hombre, Farrel, ha modificado luego de su fugaz aparición, tras años de ausencia.

Alonso venía camino a un encierro alarmante. Su película anterior, Fantasmas, era un manifiesto de cine dentro del cine, en el que participaban los dos protagonistas de sus dos películas anteriores vagando por un cine alla Tsai Ming Liang. Que este límite autorreferencial haya aparecido luego de sólo dos películas, suponía un encierro complicado. Ante ese resultado, Alonso comienza a abrir su cine de la mejor manera, sin perder su esencia, sin perder su capacidad permanente de observación y de construir un complejo relato del vínculo de un hombre con su naturaleza y su entorno.

Un hombre solo, como en las anteriores, que en este caso viaja al sur a visitar a su familia. La presencia de él en ese paraje inhóspito, cubierto por la nieve, envuelto en el clima agobiante que el blanco absoluto impone irremediablemente. Farrel llega y modifica en parte el entorno que alguna vez abandonó. Es un hombre que habla poco y lo suficiente, como el resto de los personajes, pero su presencia se hace notar. Bebe constantemente, y el sexo en lugares abandonados en medio de la ruta parece ser algo habitual para su condición de vida nómada.

Alonso abre el juego y en medio de la árida poética de sus planos, en este caso modificados por el tono melancólico e inhóspito que aporta el blanco permanente de la nieve, se topa con algún inconveniente. El mayor está representado por el lugar que tiene la palabra. Un elemento que aparece a cuentagotas en su cine, y aquí hace su presencia para terminar de definir la condición narrativa de Liverpool. Si su solidez visual carece de fisuras, la aparición de la palabra denota una limitación autoimpuesta, una necesidad de esforzarse en no hacerles decir a los personajes una coma de más. Esa obsesión hace que solo el personaje de Farrel hable con convicción, mientras que la falta de experiencia actoral del elenco se topa con un problema sin solución aparente, y a casi todos los actores les cuesta enormemente pronunciar sus contadas palabras, su falta de convicción interpretativa se observa cada vez que abren la boca, como en la escena en la que el viejo le reprocha a Farrel el haber regresado, mientras este descansa. Quizás esa escena, terriblemente dramática, centro absoluto de la relación de Farrel con su entorno y tal vez la escena que más evidencia el salto narrativo de Alonso, podría haberse obviado y muy probablemente el sentido de su regreso y el peso de estos vínculos hubiesen tenido su lectura definitiva tras su abandono final, muy probablemente la ausencia de esa escena no hubiese vuelto incomprensible el relato. La existencia de esta escena y otras, con los problemas de estos actores (mejor decir “no actores), solo da cuenta de un artificio que la película en sí no parece pretender exponer. La excepción a los miembros del reparto que exponen el artificio a la hora de decir sus líneas, está dada por dos personajes concretos. La adolescente, con su constante pedido de dinero a Farrel, que solo requiere de esa frase y del tono con el que la pronuncia para dar cuenta de su discapacidad, y la madre de Farrel, que pronuncia palabras casi incomprensibles, pero establece con él la escena más sólida y más hipnótica del film.

Sin embargo, Alonso no intenta conmover con su cine. Su ascetismo y aridez siempre fueron condiciones esenciales de sus películas, y esta no es la excepción. Farrel aparece, modifica en parte la existencia de estas personas, y en determinado momento se va. Se aleja para siempre del plano y de la película, y es allí donde Alonso termina por abrir el juego. La película no se cierra en él, la historia concluye luego de minutos de adentrarnos en el mundo de esas personas sin Farrel, para mostrar que nada se ha modificado, que todo en sus vidas sigue como si nada. Tal vez nada se haya modificado en su existencia, pero en el cine de Lisandro Alonso, Liverpool es la fiel muestra de una modificación, una ligera variación en su estructura, una apertura del juego que promete seguir profundizándose en sus próximas películas, un poco de oxígeno a una estructura que ya comenzaba a mostrarse ahogada antes de desarrollarse lo suficiente. El cine de Lisandro Alonso no es fácil, pero acercarnos a su particular universo siempre es un placer, y quizás lo que más placer despierte sea la evidencia de las permanentes búsquedas que encara Alonso a la par de su obsesiva perfección formal. Quienes se aproximen a su cine a partir de Liverpool, les queda solo profundizar el camino inverso al recorrido cronológicamente por Alonso, yendo de su película más cercana a lo narrativo, a la pura, poética y concentrada descripción del ritual de trabajo del hachero Misael en La libertad, su laureada ópera prima.

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Crítica I LOVE YOU, MAN

Dirección: John Hamburg.
País:
USA.
Año: 2009.
Duración: 105 min.
Género: Comedia.
Elenco: Paul Rudd (Peter Klaven), Jason Segel (Sydney Fife), Rashida Jones (Zooey), Andy Samberg (Robbie), J.K. Simmons (Oz), Jane Curtin (Joyce), Jon Favreau (Barry), Jaime Pressly (Denise).
Guión: John Hamburg y Larry Levin; basado en un argumento de Larry Levin.
Producción: Donald De Line y John Hamburg.
Música: Theodore Shapiro.
Fotografía:
Lawrence Sher.
Montaje: William Kerr.
Diseño de producción: Andrew Laws.
Vestuario: Leesa Evans.
Estreno en USA: 20 Marzo 2009
Estreno en España: 12 Junio 2009
Estreno en Argentina: Pendiente




Sinopsis

“Te quiero, tío” se centra en un hombre (Paul Rudd) que está a punto de casarse cuando se da cuenta de que no tiene ningún amigo que pueda ejercer de padrino en su boda. Entonces empezará a concertar una serie de citas con hombres para encontrar al padrino perfecto, lo que dará lugar a no pocas confusiones y descubrimientos.


Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

La idea de base ya es lo suficientemente original como para que esta película comience a sumar sus buenos puntos. Peter, el protagonista, no es un perdedor, un adolescente tardío, el estereotipo principal de la comedia americana actual. Nada de eso. Es un exitoso vendedor de inmuebles, a punto de casarse, cuyo principal dilema es el conseguir un padrino para su boda. Conseguir un padrino implica antes conocer a un amigo que oficie como tal, ya que de lo que carece Peter, principalmente y casi sin darse cuenta, es de un amigo.

La trama es una clara comedia romántica, con todos sus tradicionales códigos puestos al servicio de una historia de amistad masculina, que no parece distar demasiado de un romance. Empieza con la consigna “chico busca chica”, con Peter padeciendo una serie de citas con potenciales amigos que mejor perderlos que encontrarlos, todo esto hasta que las casualidades de la vida hacen que pueda “conocer a su chica”. Peter conoce a un hombre con quien no parece compartir demasiado (Sydney sí responde al infaltable estereotipo del adolescente tardío), pero rápidamente encuentran muchos puntos en común, adquieren una química particular y no pueden dejar de compartir tiempo juntos. Luego vendrá lo que todos podemos imaginar, los celos de la novia, el distanciamiento (la escena del rompimiento como si fuera el corte de la relación es tan obvia como graciosa), y el reencuentro, pero para ello, la película ya nos ha comprado con su preciosa oda a la amistad entre hombres, con gags pequeños y simples, como el espástico movimiento de bajo que hace Peter intentando imitar al bajista de Rush o la ridícula pelea de Sydney con Lou Ferrigno, gags que carecen de la originalidad del punto de partida, pero suman para describir el estado de felicidad de Peter mientras comparte tiempo con Sydney. Otros gags suman muchísimo más, precisamente por la sorpresa que despiertan, como lo que Sydney hacer con el dinero que le pide prestado a Paul, gags que a su vez alimentan genuinamente la calidez de esta historia de amistad al comienzo forzada y programática, pero que fluye gracias a dos personajes que logran cuadrar a la perfección.

Y más allá de los personajes están los dos actores que los interpretan. Por un lado Paul Rudd, un rostro bastante conocido de estas comedias. Su carencia total de estridencias, su solidez interpretativa y su economía de recursos gestuales lo colocan en un lugar más cercano a la empatía con el espectador que el grueso de los actores de comedia actuales, que hacen del grotesco gestual su arma principal. Por el otro lado, Jason Segel, un actor que viene en ascenso desde Forgetting Sarah Marshall, con una gestualidad más marcada que la de Rudd, pero que muy lejos está de hacer de su rostro un vehículo cómico per se. Juntos conforman una dupla que en principio parece desprenderse directamente de la dupla Rudd - Sean William Scott (fórmula similar: hombre en proceso de encaminarse hacia una madurez concreta - adolescente eterno) de la reciente Mal ejemplo, pero a diferencia de aquella, aquí la dupla no se presenta como el agua y el aceite, congenian mucho más, incluso en las características interpretativas de ambos, logrando una comedia sólida, sencilla, y fundamentalmente, dueña de una calidez y un espíritu especial a la hora de plasmar, con los particulares códigos de la comedia romántica, un vínculo que merece ser periódicamente revisitado por el cine americano, y que la comedia actual vive dando sobradas muestras de su vital relevancia.


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Crítica DUPLICITY

Dirección y guión: Tony Gilroy.
País:
USA.
Año: 2009.
Duración: 125 min.
Género: Thriller, comedia.
Elenco: Julia Roberts (Claire Stenwick), Clive Owen (Ray Koval), Tom Wilkinson (Howard Tully), Paul Giamatti (Richard Garsik), Dan Daily (ayudante de Garsik), Lisa Roberts Gillan (secretaria de Tully), Rick Worthy (Dale Raimes), Oleg Stefan (Boris Fetyov), Denis O’Hare (Duke
Monahan), Kathleen Chalfant (Pam Frales), Khan Baykal (Dinesh).
Producción: Jennifer Fox, Kerry Orent y Laura Bickford.
Música: James Newton Howard.
Fotografía:
Robert Elswit.
Montaje: John Gilroy.
Diseño de producción: Kevin Thompson.
Vestuario: Albert Wolsky.
Estreno en USA: 20 Marzo 2009

Estreno en España: 18 Marzo 2009
Estreno en Argentina: 23 Abril 2009





Sinopsis

La ex agente de la CIA Claire Stenwick (Julia Roberts) y el ex agente del MI6 Ray Koval (Clive Owen) han abandonado el mundo del espionaje gubernamental por un mundo mucho más lucrativo: la guerra fría entre dos multinacionales rivales. ¿Su misión? Hacerse con la formula de un producto que aportará una auténtica fortuna a la primera compañía que lo patente. Para sus jefes, el titán de la industria Howard Tully (Tom Wilkinson) y el consejero delegado Dick Garsik (Paul Giamatti), nada está prohibido en esta guerra. Los dos espías han arriesgado mucho y ninguno sabe quién engaña a quién. Mientras intentan mantenerse por delante y desbaratar los planes del otro, acaban por descubrir que el engaño y la mentira sirven de poco cuando se cae en las garras del amor.

Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

Con las cosas que Hollywood nos está enseñando en los últimos años podríamos armar un libro, una suerte de “Manual de Usos y Costumbres del Cine Americano Actual”. Y uno de los ítems sería: “Si tenemos una trama sencilla, enredémosla lo suficiente para que parezca original y sorprendente.” Duplicity es completamente deudora de un modo de hacer cine bastante particular, pero a esta altura, demasiado visto. Un modo de disponer los elementos para desplegar de la manera más compleja posible, una trama de engaños y trampas. Sin ir más lejos, Duplicity le debe demasiado al estilo narrativo de la trilogía iniciada por Ocean’s eleven. Nos muestra a una pareja de espías que viven del engaño y funcionan de la misma manera que la banda de Danny Ocean, son tan seductores como aquellos, y la película nos intenta seducir de la misma manera en que lo hacía Soderbergh con su serie de películas.

Vayámonos aún más cerca, a la trilogía Bourne, de la cual Tony Gilroy, director y autor de esta, fue guionista. Bourne ha sido una muy buena trilogía de thrillers de acción con cierta implicancia política, y neta tendencia al relato conspirativo, con las excesivas vueltas narrativas que ello conlleva. Claro que Bourne se beneficiaba por un protagonista que no descansaba un segundo, y la agudeza de Paul Greengrass en la dirección de las secuencias de acción. Bourne se complicaba con vueltas constantes y largas parrafadas de guión, pero no decaía en ningún momento, resultando una suerte de Bond mucho más complejo, más acelerado y mucho menos seductor. Acá tenemos lo mismo, pero sin un ápice de acción.

Al ser una disputa de empresas, carece por completo de acción y aventura, lo que la vuelve más relajada (al menos eso debería haber sido), y mucho más trivial. Por ende, las infinitas vueltas de guión (los diálogos, los constantes avances y retrocesos en el tiempo) que tiene esta película, hacen que uno se pierda con demasiada facilidad, y lo único que a uno le termina importando es la relación de Clive Owen y Julia Roberts. La dupla, que se repite luego del bodriazo de Closer, desarrolla un magnetismo particular en pantalla, que termina por ser lo único especial de la película, aunque de los dos quien más se destaque sea Clive Owen, quien, luego de una serie de papeles de hombre duro, nos sorprende con un papel más relajado, donde se lo nota más simpático (sonríe, señores, algo que pocas veces hemos visto de él) y buscando siempre la complicidad del espectador.

Los títulos de la película abren con una excepcional y muy original secuencia, donde los dos rivales empresariales, interpretados por Paul Giamatti y Tom Wilkinson, se trenzan en un combate cuerpo a cuerpo absolutamente insólito e infantil. Semejante secuencia se beneficia por un ralentí consciente del disparate de la escena, y por estos dos grandes actores, quienes podrían sostener la película con mayor talento que el que despliega la pareja protagónica, sino estuviesen atados a una trama excesivamente enredada. Por tomar un ejemplo bastante claro, la sucesión de saltos temporales aclarados por la clásica placa respectiva (“dos semanas antes”, “cinco horas después”, etc.) podrían tranquilamente haber derivado en una parodia de las tramas conspirativas, como un reverso de Bourne, o de la ópera prima de este director, Michael Clayton. Pero no, estos recursos nunca decantan en un tono paródico, Gilroy se deja llevar por las palabras que plasmó en su guión, y no permite que la historia respire por sí sola.

No hay nada peor para alguien que hace cine que creerse más inteligente que cualquiera, y dejar que sus artilugios pretendidamente inteligentes (más pretenciosos que inteligentes, está de más aclarar) contaminen la historia y los personajes. Y así nos regala una excelente secuencia de títulos con un único y maravilloso recurso, y lo que sigue, salvo algunos pasajes bastante simpáticos (la ensayada e histérica escena de presentación de la pareja protagónica), se vuelve francamente insoportable. Ocean’s eleven giraba sin parar sobre el vacío absoluto, pero nunca dejaba de ser un vacío seductor y entretenido. Duplicity, que empieza con claro tono de comedia, se termina tomando demasiado en serio lo que cuenta y la cantidad de giros que necesita para hacerse ver como una trama astuta y compleja. Es notorio ver cómo Owen y Roberts parecen haber entendido mejor que el propio director y guionista lo que la película necesita, y prácticamente no parecen tomarse en serio sus personajes, lo mejor que podrían haber hecho. La torpeza disfrazada de habilidad de Gilroy (dividir la pantalla y hacer que la imagen se reduzca hasta desaparecer no alcanza para mostrarse relajado) es la principal responsable de que Duplicity finalmente nos seduzca a medias (nos histeriquea más de lo que nos seduce, y la poca seducción recae completamente en la pareja principal), y no entretenga ni un poco. Definitivamente este no era el mejor envase para que Tony Gilroy continúe con su racha permanente de tramas elaboradas y guiones que se creen más astutos, serios y complejos de lo que realmente son. Una sesión de spa para el director, por favor, que lo necesita sobremanera.

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domingo 26 de julio de 2009

Crítica HARRY POTTER AND THE HALF-BLOOD PRINCE

Dirección: David Yates.
País: Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 155 min.
Género: Aventuras, fantasía, misterio.
Elenco: Daniel Radcliffe (Harry Potter), Rupert Grint (Ron Weasley), Emma Watson (Hermione Granger), Helena Bonham Carter (Bellatrix Lestrange), Jim Broadbent (Horace Slughorn), David Bradley (Argus Filch), Robbie Coltrane (Rubeus Hagrid), Tom Felton (Draco Malfoy), Michael Gambon (Albus Dumbledore), Alan Rickman (Severus Snape), Maggie Smith (Minerva McGonagall), Bonnie Wright (Ginny Weasley), David Thewlis (Remus Lupin), Jessie Cave (Lavender Brown).
Guión: Steve Kloves; basado en la novela de J.K. Rowling.
Producción: David Heyman y David Barron.
Música: Nicholas Hooper.
Fotografía: Bruno Delbonnel.
Montaje: Mark Day.
Diseño de producción: Stuart Craig.
Vestuario: Jany Temime.
Estreno en Reino Unido: 15 Julio 2009
Estreno en España: 15 Julio 2009
Estreno en Argentina: 23 Julio 2009



Sinopsis

Voldemort va tomando control tanto del mundo Muggle como del mundo de la magia, y Hogwarts ya no es el lugar seguro que solía ser. Harry (Daniel Radcliffe) sospecha que tal vez hasta el castillo sea peligroso. Dumbledore (Michael Gambon) sabe que la batalla final se aproxima rápidamente, y por eso se preocupa mucho más por preparar a Harry para ello. Trabajan juntos para encontrar la clave para destruir las defensas de Voldemort. Con ese fin, Dumbledore busca la ayuda de su viejo amigo y colega, el profesor Horace Slughorn (Jim Broadbent). Entre tanto, los estudiantes se encuentran afectados por algo muy diferente que siempre ataca a los adolescentes: las hormonas. Harry cada vez se siente más atraído por Ginny (Bonnie Wright), pero eso también le pasa a Dean Thomas (Alfred Enoch). Por su parte, Lavender Brown (Jessie Cave) ha decidido que Ron (Rupert Grint) tiene que ser para ella, ¡lástima que no contó con los chocolates de Romilda Vane (Anna Shaffer)! Y también está Hermione (Emma Watson), hirviendo de celos, pero decidida a no mostrar sus sentimientos. Los romances florecen, pero uno de los estudiantes no se deja afectar por todo ello; está decidido a llevar a cabo su tenebroso plan. El amor está por todos lados, pero la tragedia se cierne sobre Hogwarts.



Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

Las entregas cinematográficas de Harry Potter suelen levantar bastante polvareda en buena parte del público infanto-juvenil. Es que la saga de J.K. Rowling goza de un talento particular a la hora de construir un universo fantástico, carente por completo de simplicidad. Harry Potter no es, de ninguna manera, un best seller irreflexivo y predigerido, es un relato sobre el universo adolescente, en medio de un mundo de magia y hechizos, donde no prima la torpeza o las fórmulas, sino la tridimensionalidad de dicho universo y de sus personajes. Gran parte de esto se observa en Harry Potter y el misterio del príncipe, adaptación del sexto libro de la serie.

Podría decirse, y algo de razón tendríamos en afirmarlo, que el sexto libro, y a su vez, la sexta película, carecen de centro. Mejor dicho, el núcleo narrativo de esta entrega es lo que menos importa. Las últimas entregas ya demostraban no ser aptas para el ingreso de iniciados en la saga. La serie de aventuras del joven mago no establece un eje o una aventura por cada entrega, sino que cada una es un episodio en la conformación de una unidad cerrada. Desde ese punto, esta sexta película funciona de la misma manera que su libro, potencia esta falta de habilitación para el ingreso de novatos desconocedores de la trama. En otras palabras, si usted no vio ni leyó nada de la serie, o vio alguna de las últimas películas y no entendió nada, no pretenda entender un poco más de esta, porque la película (y el libro) no se lo permitirán, ambos son una simple transición para llegar al extenso final que se desarrolla en el séptimo libro, una transición donde no se hace ningún tipo de presentaciones.

Por el contrario, los personajes están más que presentados, y esta película se encarga de desarrollar más sus respectivas personalidades, haciendo hincapié en algunos vínculos importantes, como el amor de Hermione por Ron, o de Harry por Ginny, la hermana de Ron. Mientras, se termina de definir la representación en Hogwarts de los planes maléficos de Voldemort, en manos del profesor Snape, y sobre el final suceden hechos capitales que desembocarán en el desenlace de la saga, y que, quienes leyeron esta entrega, los sabrán de antemano.

Más allá del virtuosismo de Alfonso Cuarón, el mejor director del que gozó la serie, David Yates ha probado ser el director que mejor congenia con el universo potteriano desde mitad de la serie hasta su desenlace (universo opuesto, mucho más oscuro y complejo que la fantasía infantil bidimensional presentada en las primeras dos películas/libros de la serie). Tal vez, no podría haberse realizado una adaptación más pertinente para este libro, por lo que sus defectos devienen del libro en cuestión. En resumen, dado que es un relato de transición, se vuelve mucho más soporífera, ya que carece de la aventura y del dinamismo de entregas anteriores, carece a su vez de las dobles lecturas directas (como la rebeldía a la dictadura que se cierne en Hogwarts en la quinta entrega), y su atractivo se centra en el desarrollo de personajes, vínculos y acontecimientos que anticipan el desenlace.

Uno de los puntos más destacados de esta película, tanto como la forma en que la película comienza a atar algunos de los cabos sueltos respecto a los personajes, es la presencia de dos enormes actores en dos papeles muy relevantes. Helena Bonham Carter, en la piel de Bellatrix, la mujer que convence a Snape de recoger el guante en caso de que su sobrino Draco se acobarde a la hora de asesinar a Dumbledore. Solo algunas apariciones le bastan a Bonham Carter para definir el enorme peso de su personaje en la historia. El otro es Jim Broadbent, un gran actor que se convierte fácilmente en el papel sobre el cual gira esta entrega, ya que se presenta como un personaje capital a la hora de entender la forma en la que Tom Riddle comenzó a virar hacia el mal, hasta transformarse en Voldemort.

De la solvente puesta en escena de Yates, se destaca la tendencia a vincular lo que sucede en la trama con lecturas al margen, buscando siempre su correlato bíblico. Ejemplo de esto son las contadas escenas en las que Dumbledore despliega su magia, con cierta reminiscencia a Moisés (el vínculo visual con el Charlton Heston de Los diez mandamientos es inevitable). Del resto no hay mucho más para decir, Harry Potter y el misterio del príncipe es a la franquicia cinematográfica, lo que su respectivo libro a la saga literaria, un capítulo donde no se erige una aventura concreta, sino que funciona como un volumen de transición dentro de la serie, donde lo más relevante es la construcción escénica de los personajes centrales y de sus vínculos.



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Crítica STATE OF PLAY

Dirección: Kevin Macdonald.
Países: USA y Reino Unido.
Año: 2009.
Duración: 132 min.
Género: Thriller político.
Elenco: Russell Crowe (Cal McAffrey), Ben Affleck (Stephen Collins), Helen Mirren (Cameron Lynne), Rachel McAdams (Della Frye), Viola Davis (Dra. Judith Franklin), Jason Bateman (Dominic Foy), Robin Wright Penn (Anne Collins), Jeff Daniels (George Fergus), Michael Berresse (Robert Bingham), Harry Lennix (detective Bell).
Guión: Matthew Michael Carnahan, Tony Gilroy y Billy Ray; basado en la serie de TV la BBC creada por Paul Abbott.
Producción: Andrew Hauptman, Tim Bevan y Eric Fellner.
Música: Alex Heffes.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: Justine Wright.
Diseño de producción: Mark Friedberg.
Vestuario: Jacqueline West.
Estreno en USA: 17 Abril 2009
Estreno en España: 17 Abril 2009
Estreno en Argentina: 11 Junio 2009



Sinopsis

El ambicioso e imperturbable congresista Stephen Collins (Ben Affleck) es considerado como el futuro del partido: un hombre honorable que preside el Comité encargado de controlar los gastos de Defensa. Hay muchas esperanzas puestas en esta estrella en alza para que se convierta en un líder nacional, hasta que su preciosa y joven ayudante muere de forma trágica y empiezan a airearse ciertos secretos. El periodista Cal McAffrey tiene la cuestionable suerte de ser un buen amigo del congresista Collins y de la durísima editora Cameron Lynne (Helen Mirren), que le asigna el reportaje. Ayudado por la novata Della Frye (Rachel McAdams), el periodista intenta saber quién es el asesino y descubre un asunto que amenaza con hacer tambalear las estructuras de poder de la nación. En una ciudad poblada por farsantes y políticos ricos, aprenderá una verdad: cuando hay miles de millones en juego, nadie puede comprometerse a mantener su integridad.



Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

Este es otro ejemplo de cómo una adaptación puede despertar un enorme entusiasmo por conocer y disfrutar el material original en el que esta se basa. State of play es una adaptación de la miniserie homónima inglesa, una miniserie que despliega en seis capítulos de una hora una intrincada trama, con sorpresivas vueltas de tuerca similares a las que articulan el guión de poco más de dos horas de esta película. A diferencia de otras adaptaciones, en la versión cinematográfica norteamericana de State of play, no se evidencia esa necesidad de compresión de la trama, que da como resultado un relato confuso y desconcertante, no al menos durante su desarrollo.

Esta versión es un thriller político ajustado, con una acentuada voluntad por presentar una oda al periodismo clásico, el periodismo investigativo de redacción, el periodismo que lucha, a veces de manera desoladoramente ingenua, por la verdad escrita. Este punto de vista está representado por Russell Crowe, un periodista que es capaz de enfrentarse a cualquier cosa por sus valores y la defensa de la verdad, un hombre que consigue su complemento perfecto en su coequiper, una joven más cercana a la necesidad de impacto del periodismo digital actual, que a involucrarse en una larga investigación para dar con la verdad y publicarla en primera plana. La película se acopla a la imagen del periodismo como salvaguarda de la integridad ciudadana, el periodismo en su faceta más detectivesca, como Woodward y Bernstein en Todos los hombres del presidente, pero entendiendo a su vez que esta es una suerte de réquiem a esa manera de entender el periodismo de redacción, ya que ni el universo periodístico actual, ni el estado tecnológico (estado en el que internet permite que cualquiera se adjudique el privilegio de escribir su verdad, ya sea en blogs o como contribuyente de una enciclopedia mundial), ni la demanda social hoy sostienen esa forma de entender el periodismo.

Por esos caminos transita el suspenso de State of play, un universo de conspiraciones y traiciones políticas, donde solo unos pocos piensan en revelar la verdad y no generar comidilla para cerdos. Ese universo se beneficia del talento siempre destacable de Russell Crowe, de una sorprendente solidez en la puesta en escena, a cargo de Kevin Macdonald, el director de El último rey de Escocia, y de un guión que se permite los enredos y las vueltas de tuerca, sin que estas afecten el suspenso, cuajando perfectamente con el vehículo narrativo que lleva a este thriller por los mejores caminos.

Sin embargo, no todo es color de rosas. La lucidez de gran parte de la película, desbarranca por tres razones principales. Por un lado, el innecesario (al menos en la película) enredo pasional entre Crowe y la mujer de su amigo Stephen, el congresista interpretado por Ben Affleck, un enredo propio de una telenovela, que suena descolocado frente a los elementos que aquí se juegan. Por otro lado, el propio Affleck, que no siempre convence en su personaje, y esto va de la mano del tercer problema, tal vez el más difícil de afrontar para la película, que es la última vuelta de tuerca, que permite resolver el lugar del personaje de Affleck en la trama, que por más que esté o no presente en la versión original, aquí suena a sorpresivo manotazo de ahogado, que obliga a releer todos los elementos de la película para entender ese final, y al releerlos, notamos que la película en ningún momento consigue brindar elementos anticipatorios de ese final, en ningún momento logra que ese final encaje a la perfección en la trama, por lo cual se barre con toda pretensión de suspenso muy bien logrado durante su desarrollo.

Una lástima para una película que en todo momento parece aspirar a más sin dejar de ser atrapante, y en muchos momentos lo logra, dejándonos al final con la inmediata y única sensación de querer volcarnos a ver la serie original, que imaginamos, cumple mucho más con lo que la película promete constantemente y cumple solo a medias.


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viernes 24 de julio de 2009

ESPAÑA: Estrenos 24/07/09


ASALTO AL TREN PELHAM 123

(THE TAKING OF PELHAM 123)

USA/REINO UNIDO
Con Denzel Washington, John Travolta, John Turturro
Dirección: Tony Scott
Estudio: Sony Pictures



NUEVA YORK PARA PRINCIPIANTES
(HOW TO LOSE FRIENDS & ALIENATE PEOPLE)

REINO UNIDO
Con Simon Pegg, Kirsten Dunst, Jeff Bridges
Dirección: Robert Weide
Estudio: Warner Bros. Pictures



IMAGO MORTIS

ITALIA/ESPAÑA/IRLANDA
Con Alberto Amarilla, Oona Chaplin, Leticia Dolera
Dirección: Stefano Bessoni
Producción: Sonia Raule y Álvaro Augustin



EX

ITALIA/FRANCIA
Con Claudio Bisio, Nancy Brilli, Cristiana Capotondi
Dirección: Fausto Brizzi
Producción: Fulvio Lucisano y Federica Lucisano



CINCO DÍAS EN SAIGÓN
(CU VÀ CHIM SE SÈ)

VIETNAM/USA
Con Cat Ly, Le The Lu, Pham Thi Han
Dirección: Stephane Gauger
Producción: Doan Nhat Nam, Nguyen Van Quan y Stephane Gauger



LOS OJOS DE ARIANA

ESPAÑA
Dirección: Ricardo Macián
Producción: Rubén Guillem



PAISITO

URUGUAY/ESPAÑA/ARGENTINA
Con Emilio Gutiérrez Caba, Andrea Davidovics, María Botto
Dirección: Ana Díez
Producción: Gerardo Herrero y Vanessa Ragone

ARGENTINA: Estrenos 23-07-09


HARRY POTTER Y EL MISTERIO DEL PRÍNCIPE
(HARRY POTTER AND THE HALF-BLOOD PRINCE)

USA/REINO UNIDO
Con Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint
Dirección: David Yates
Estudio: Warner Bros. Pictures



PONYO Y EL SECRETO DE LA SIRENITA
(GAKE NO UE NO PONYO)

JAPÓN
Con Cate Blanchett, Matt Damon, Liam Neeson
Dirección: Hayao Miyazaki
Estudio: Walt Disney Company



SONRISAS Y LÁGRIMAS
(GIORNI E NUVOLE)

ITALIA
Con Margherita Buy, Antonio Albanese, Alba Rohrwacher
Direccción: Silvio Soldini
Producción: Lionello Cerri



HOME

FRANCIA
Con Isabelle Huppert, Olivier Gourmet, Kacey Mottet Klein
Direccción: Ursula Meier

USA: Estrenos 24-07-09


G-FORCE

Con Will Arnett, Penélope Cruz, Zach Galifianakis
Director: Hoyt Yeatman
Estudio: Walt Disney Studios Motion Pictures




THE UGLY TRUTH

Con Katherine Heigl, Gerard Butler
Director: Robert Luketic
Estudio: Columbia Pictures




ORPHAN

Con Vera Farmiga, Peter Sarsgaard, Isabelle Fuhrman
Director: Jaume Collet-Serra
Estudio: Warner Bros. Pictures




THE ANSWER MAN

Con Jeff Daniels, Lauren Graham, Lou Taylor Pucci
Director: John Hindman
Estudio: Magnolia Pictures




SHRINK

Con Kevin Spacey, Mark Webber, Keke Palmer
Director: Jonas Pate
Estudio: Roadside Attractions




IN THE LOOP

Con Tom Hollander, Peter Capaldi, James Gandolfini
Director: Armando Iannucci
Estudio: IFC Films


jueves 23 de julio de 2009

Crítica THE PROPOSAL

Dirección: Anne Fletcher.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 107 min.
Género: Comedia romántica.
Elenco: Sandra Bullock (Margaret), Ryan Reynolds (Andrew), Malin Akerman (Gertrude), Craig T. Nelson (Joe Paxton), Mary Steenburgen (Grace Paxton), Denis O’Hare (Sr. Gilbertson), Betty White (Annie), Oscar Nuñez (Ramone).
Guión: Pete Chiarelli.
Producción: David Hoberman y Todd Lieberman.
Música: Aaron Zigman.
Fotografía: Oliver Stapleton.
Montaje: Priscilla Nedd-Friendly.
Diseño de producción: Nelson Coates.
Vestuario: Catherine Marie Thomas.
Estreno en USA: 12 Junio 2009
Estreno en España: 10 Julio 2009
Estreno en Argentina: 2 Julio 2009



Sinopsis

Margaret (Sandra Bullock) es una poderosa editora que repentinamente se enfrenta a ser deportada a Canadá, su país de origen. Para evitarlo, la astuta ejecutiva declara que está comprometida con su asistente Andrew (Ryan Reyonolds), al que lleva torturando durante años. Andrew acepta participar en la farsa pero con algunas condiciones. La “pareja” se dirige entonces a Alaska para conocer a la peculiar familia de él, y la ejecutiva de ciudad, acostumbrada a tener todo bajo control, se encuentra inmersa en situaciones surrealistas que escapan a cualquier lógica conocida. Con planes de boda en camino y un agente de inmigración tras sus pasos, Margaret y Andrew se comprometen a seguir con el plan previsto pese a las consecuencias.



Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

A esta altura debo sincerarme, las comedias románticas actuales me tienen harto. No por el género en sí, que ha dado grandes películas, sino porque hoy representa uno de los signos más claros del agotamiento del modelo americano. Por acción u omisión, las comedias románticas se han convertido en una masa homogénea que va de la híper reiteración de esquemas y elementos a la definitiva inconsistencia.

Tal vez La proposición podría haber sido un poco más interesante, aún con sus obviedades que la atraviesan de cabo a rabo, si no tuviese a una desgastada Sandra Bullock, apelando una vez más a sus típicos artilugios para la comedia, puestos en piloto automático, y con la única variación de que su personaje, en este caso, carece de la simpatía que desplegaban los anteriores. Aquí interpreta a una jefa autoritaria, terriblemente despótica, y capaz de someter a sus empleados a sus dictámenes y a sus constantes caprichos. Ryan Reynolds pone su mejor cara de bueno, o sometido, y entrega la mejor interpretación de la película, una actuación ajustada, que se beneficia de su falta de acentuación expresiva (Reynolds no gesticula nunca y no pierde en ningún momento el control sobre su personaje). Las situaciones más graciosas, casi las únicas, de la película ocurren al comienzo, cuando el pánico en los empleados pone en escena la tiranía de Margaret. La primera situación pretendidamente sorpresiva de la película, ocurre cuando los directivos le advierten a Margaret que será deportada a Canadá, ya que aún no regularizó su situación inmigratoria (pregunta al margen: ¿Un inmigrante ilegal puede llegar a un cargo tan importante en una empresa estadounidense?). Margaret entonces anuncia que se casará con Andrew, su asistente, para sorpresa de los directivos y del propio Andrew, aunque difícilmente esta sorpresa se traslade a los espectadores, ya que a esta altura conocemos infinidad de premisas por el estilo. La verdadera sorpresa, la única en toda la película, ocurre cuando Margaret se entera que Andrew no es precisamente un chico humilde de pueblo. Al menos esa sorpresa barre con la tradicional convención “citadina rica / pueblerino pobre” (ejemplo reciente: New in town). A partir de allí, el resto viaja por los mismos carriles que todas las comedias románticas actuales.

Pero esto no es lo peor de este mediocre exponente de su género. Lo más triste no es su enorme previsibilidad, que la colocaría en el mismo lugar que todas las comedias románticas, sino su enorme inconsistencia. Premisa básica del género: Una comedia romántica debe escenificar el amor de la pareja protagónica. Imagínense una comedia romántica donde esto no suceda. Bueno, en La proposición hay una dupla que se odia durante el 90% de la película (80% de este tiempo, con esa dupla haciéndose pasar por futuro matrimonio), mientras que en el 10% restante, el pobre Andrew “se da cuenta que la ama”, y la va a buscar. Ahora, ¿cómo se da cuenta el espectador que ahí hay amor, más allá de los códigos universales que nos dicen “esto es una comedia romántica”, si el romance como tal no se despliega en ningún momento? Para ello, finalmente Andrew le declara su amor apelando a un discurso explicativo, mucho más necesario para el entendimiento del espectador que de la protagonista, recurso viejo, idiota y fundamentalmente revelador de una total falta de pericia a la hora de desarrollar un romance incipiente. No nos equivoquemos, un par de miradas después de tropezar desnudos no hace que una pareja se enamore, así que esa resolución a las apuradas deja en claro que La proposición no solo es vacua, predecible e insulsa, sino, por si fuera poco, carente de comedia y, sobre todo, carente por completo de romance, algo que solo puede provenir de su base, de su guión, y que de ninguna manera podría arreglarse con dos actores interpretando sus roles de la mejor manera posible o desplegando un fuerte magnetismo mutuo, dos elementos que aquí aparecen a medias, salvo por la habitual solvencia del ascendente Ryan Reynolds.


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Crítica RACE TO WITCH MOUNTAIN

Dirección: Andy Fickman.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 98 min.
Género: Aventuras, comedia, fantasía.
Elenco: Dwayne Johnson (Jack Bruno), AnnaSophia Robb (Sara), Alexander Ludwig (Seth), Carla Gugino (Dra. Alex Friedman), Ciarán Hinds (Henry Burke), Tim Woodruff Jr. (Sifón), Garry Marshall (Dr. Donald Harlan), Tom Everett Scott (Matheson), Christopher Marquette (Pope), Billy Brown (Carson), Richard Marin (Eddie).
Guión: Matt Lopez, Mark Bomback y Andy Fickman; basado en los personajes creados por Alexander Key.
Producción: Andrew Gunn.
Música: Trevor Rabin.
Fotografía: Greg Gardiner.
Montaje: David Rennie.
Diseño de producción: David J. Bomba.
Vestuario: Genevieve Tyrrell.
Estreno en USA: 13 Marzo 2009
Estreno en España: 17 Abril 2009
Estreno en Argentina: 9 Abril 2009



Sinopsis

Durante años, han circulado historias sobre un lugar secreto en medio del desierto de Nevada, conocido por sus inexplicables fenómenos y extraños avistamientos: se llama La Montaña Embrujada. Cuando un taxista de Las vegas (Dwayne Johnson) se encuentra con dos críos con poderes sobrenaturales a bordo de su taxi, se da cuenta de que se encuentra en medio de algo que no puede explicar. Cuando descubren que el único modo de salvar el planeta es desvelar los secretos de La Montaña Embrujada, comienza una carrera en la que también está implicado el gobierno, mafiosos e incluso extraterrestres.



Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

Si deseamos pedirle un poco de originalidad a esta película con el sello Disney, estamos acabados. Por fortuna, su falta de originalidad no molesta demasiado. Aunque hay que valorar de entrada algunas cosas. En primer lugar, que siendo parte de la factoría Disney, carece de la coraza familiar de la mayoría de sus productos. Sorprende un poco que su protagonista sea un hombre soltero (aunque no tanto que tenga su contrafigura femenina, y a un par de niños extraterrestres con los que terminará desarrollando una relación paternal).

Sin embargo, lo que prevalece es un relato de aventuras y ciencia ficción, y en ese sentido, sorprende que Disney se haya metido con el relato fantástico (más allá de que esta sea una remake de dos películas producidas por Disney en los setenta, adaptaciones a su vez de una novela de Alexander Key), En su largo historial son contadas sus experiencias en el ramo, su última experiencia rutilante en el género fue hace un cuarto de siglo, con un rotundo fracaso devenido, por obra y gracia de la gran corporación, en film de culto, aunque con algo de ayuda por parte de Los Simpsons, y su pregunta histórica “¿Alguien ha visto Tron?”. Lo cierto es que Tron poseía algunos elementos de innovación tecnológica que devendrían ni más ni menos que en la animación por ordenador, pero en cuanto al film en sí era un relato bastante naïf que en su momento pasó casi desapercibido. Disney sabe que la recepción de Tron hoy no es la misma que al momento de su estreno, por lo que se decide a volver a dicho terreno con un relato de extraterrestres con algunas referencias claras a aquella obra de los ochenta (en una escena se ve pasar a un hombre vestido con el uniforme característico de aquella película, entre otros signos que se dan cita), sin dejar de lado su condición de entretenimiento familiar, pero sin hacer de esa condición su principal lectura.

The Rock, ya definitivamente rebautizado en el cine con su nombre real, demuestra que es el Schwarzenegger del nuevo milenio. Ha heredado no solo la musculatura, sino también el carisma de Arnie, y posee unas dotes actorales similares, nada descollantes, pero en constante evolución, lejos de su acartonamiento inicial, lo cual es algo para destacar (aunque no pidamos que derrame una lágrima porque está en problemas, como evidencia la última secuencia).

Más allá de Mr. Dwayne Johnson, quien sostiene con su rostro entre desencajado y furioso gran parte de la trama, se encuentra un relato de aventuras imparable, sólidamente producido, claramente perfilado al público infantil, que, sin sorprender, funciona y entretiene sin pausa, aunque para una mayor solidez le hubiera hecho falta un villano de mayor peso que el que interpreta Ciarán Hinds, y un argumento más relevante para mantener la “Montaña Embrujada” en su título. Un producto de entretenimiento al servicio de Dwayne Johnson, que podría seguir funcionando sin su presencia, por lo que habrá que agradecer que corporaciones como Disney, con su habitual tendencia a reflotar ideas viejas (dejando a la vista que lo primero que faltan son nuevas ideas) terminen estrenando un producto como este, atado a esa misma tendencia agobiante y con un resultado irrelevante, pero aún así entretenido y sólido. Ahora bien, un espectador más exigente, o más optimista, siempre espera un poco más, y en este caso, podemos seguir esperando.


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martes 21 de julio de 2009

Resultados de la segunda encuesta

Estimados lectores:

En el día de ayer ha concluido la segunda encuesta del blog, acerca de los géneros favoritos de los lectores de "¿CRÍTICO, YO?". Estos son los resultados recogidos:

- 9 fueron los votantes
- 15 fueron los votos repartidos por la encuesta (esto debido a que en esta encuesta se podía elegir más de una opción)
- El género favorito es la Comedia, con 5 votos
- En segundo lugar, con 4 votos, los lectores de este blog probaron su preferencia intelectual y su desaprobación de las convenciones americanas, al elegir la opción "Cine de autor (No creo en/no me gustan los géneros)"
- El tercer lugar estuvo repartido entre Romance, Bélico, Thriller/Suspenso, Ciencia ficción y Terror, todos ellos con un voto cada uno.
- Quedaron afuera de las preferencias de los lectores Drama, Western, Animación, Documental y Musical.

Ahora, haciendo honor al concluyente resultado de la encuesta, "¿CRÍTICO, YO?" les hace la siguiente pregunta: ¿Cuál es tu actual actor de comedia favorito?

Esta vez volvemos a la opción clásica, y solo pueden votar a uno de la lista, y extendemos casi un mes la duración de esta nueva encuesta, para que más gente tenga la posibilidad de votar.
La tercera encuesta del blog está esperando tu voto, la encontrarás, como siempre, en la columna de la derecha.

sábado 18 de julio de 2009

Crítica THE LAST HOUSE ON THE LEFT

Dirección: Dennis Iliadis.
País: USA.
Año: 2009.
Género: Thriller, terror.
Elenco: Sara Paxton (Mari), Tony Goldwyn (John), Monica Potter (Emma), Garret Dillahunt (Krug), Martha MacIsaac (Paige), Riki Lindhome (Sadie), Joshua Cox (Giles), Spencer Treat Clark (Justin), Michael Bowen (Morton), Aaron Paul (Francis), Usha Khan (criada).
Guión: Adam Alleca y Carl Ellsworth; basado en la película “The last house on the left” (1972) de Wes Craven.
Producción: Wes Craven, Sean Cunningham y Marianne Maddalena.
Música: John Murphy.
Fotografía: Sharone Meir.
Montaje: Peter McNulty.
Diseño de producción: Johnny Breedt.
Vestuario: Janie Bryant.
Estreno en USA: 13 Marzo 2009
Estreno en España: 3 Julio 2009
Estreno en Argentina: Pendiente


Sinopsis

La noche en que Mari (Sara Paxton) y su amiga Paige (Martha MacIsaac) llegan a la solitaria casa que los Collingwood tienen a la orilla del lago, son secuestradas por Krug (Garret Dillahunt), un psicópata que se ha escapado de la cárcel, y sus compañeros, su perturbada novia Sadie (Riki Lindhome); su sádico hermano Francis (Aaron Paul), y su anulado hijo Justin (Spencer Treat Clark). Los secuestradores abandonan a Mari, convencidos de que ha muerto. Aterrorizada, sabe que su única posibilidad de supervivencia es encontrar a sus padres John y Emma (Tony Goldwyn y Monica Potter). Por desgracia, sus atacantes se han refugiado en el único sitio donde ella estaría segura. Cuando los padres de Mari se enteran de la terrible historia, conseguirán que tres extraños se arrepientan eternamente de haber entrado en la última casa a la izquierda.


Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

El género de terror, especialmente si analizamos sus exponentes actuales, puede dividirse en varias categorías. La primera de ellas es un terror que busca con suma legitimidad cinematográfica provocar el efecto principal al que recurre el género: el susto. Para eso puede valerse o no de aspectos sobrenaturales, pero lo que primará es la construcción de climas, el manejo de los recursos cinematográficos para causar ese efecto, y también para jugar con determinados límites estilísticos. Dentro de esa categoría se destacan quienes manipulan al máximo los recursos sin perder su coherencia estética, y quienes hábilmente llevan el género al terreno de la alegoría política y social. En otra categoría se encuentra el gore, caracterizado por su desborde de sangre, su exceso de violencia gráfica y su coqueteo, en la mayoría de los casos, con el absurdo y hasta con la comedia. Por otro lado tenemos el terror que hoy prevalece, el que juega con un contraplano que permanece en las sombras, que intenta ocultar al objeto que genera el miedo, un terror habitualmente sobrenatural, con personas, preferentemente adolescentes idiotas, que se encuentran dominadas por la presencia de seres extraños que se mueven con suma rápidez, mientras la música incidental se ocupa de destacar su maléfica presencia. En síntesis, un terror que repite y/o copia esquemas y secuencias, un terror que termina fagocitándose al reiterarse infinitamente. Por último hay un terror que no se sabe bien de qué la juega, que no es una cosa ni la otra, y no entra dentro de ninguna de estas características, más bien coquetea con algunas de ellas y termina volviéndose un engendro tan previsible, cuya única característica visible suele ser la híper violencia. Pero no una violencia que juega con el absurdo, sino una violencia dura, contundente, que impacta más de lo que asusta, que se regodea en ella sin apuntar a romper límites, que hasta podría llegar a considerarse una exaltación ideológica de ella.

La última casa a la izquierda posee la virtud de no contar con elementos sobrenaturales, tan en boga en los films de terror actuales. Posee dos mitades claramente divididas por el plano cenital sobre el cuerpo ensangrentado de la joven Mari, aparentemente muerta luego de intentar huir nadando en el lago. Una vez que los criminales (terribles bestias prácticamente inverosímiles por su monstruosa irracionalidad, pese a ser completamente humanos) se refugian en la “última casa a la izquierda”, donde se encuentran los padres de Mari, comienza la segunda parte de la película. La primera mitad se beneficia por una violencia sólidamente construida, pese a un disparador que parece anunciar “no te fumes un porro porque vas a terminar metido en problemas”. Para entendernos un poco, Mari entra en la habitación donde se encuentra su amiga Paige y Justin, un chico que acaban de conocer y que ha invitado a ese lugar a Paige a fumar un porro. Luego de un rato de estar ahí, aparece el padre de Justin, la novia de él y su hermano, los tres criminales, las tres bestias que atosigarán a los protagonistas durante toda la película. La situación hubiera funcionado de todos modos si no estuviese la marihuana en el medio, por lo que su presencia solo despierta esa inmediata reflexión en torno al discurso de la película.

Comienza la persecución, la violencia, los climas de terror que expresan el modo en que la desubicación de los “buenos” los lleva a volverse presas de los monstruos de turno. Y la película expone por primera vez su fragilidad ideológica en la violación de Mari, una escena que, por su tratamiento, produce mucho más morbo que pánico. Habíamos dicho que comienza la segunda mitad de la película una vez que los delincuentes arriban a la casa donde están los padres de la chica. Para ser más precisos, esta segunda parte comienza en realidad cuando los padres se dan cuenta que están alojando a los que sometieron a su hija. La película, afortunadamente, no sigue el camino tradicional del cine de terror actual, que hubiera convertido a estos padres en víctimas del accionar de la familia de criminales. La forma en que se resuelve esto es acaso peor, para regocijo de los espectadores sedientos de sangre y venganza, la película convierte de la nada a los padres de Mari en tremendos torturadores. Si el discurso de justicia por mano propia a cargo de Charles Bronson causaba cierto horror en los setenta, mejor ni hablar de estos padres que pasan de la bondad absoluta a cometer cualquier tipo de acto con tal de sacarse de encima a los criminales y lograr cierta venganza por lo que le hicieron a su hija.

De esa manera, la película pasa de cierta progresión del suspenso y de la violencia justificada, si se quiere, dentro de un contexto determinado, al definitivo regodeo en ella, la exposición descarnada de una sesión de tortura extendida hasta el final, con una ridícula escena insertada a modo de “bonus track” luego del desenlace, cuyo absurdo llega a intentar asomarse al gore, pero carece de humor para coquetear con ese subgénero. Si el tono completamente desbordado de esa escena hubiese aparecido antes en todo su esplendor, podríamos estar ante una película que en determinado momento se revela absurda, que termina desembocando intencionadamente en el sinsentido, que, vulgarmente hablando, “se va al coño o al carajo”, como prefieran, lo cual hubiese encauzado más las intenciones de los realizadores. Pero no, esta remake de la película de 1972 dirigida por Wes Craven, quien aquí aparece como productor, mantiene cierta coherencia, cierta solidez dramática y entretiene legítimamente hasta la mitad, y cuando deviene en una sesión de tortura (si hasta nos hace sentir al final cierta lástima por las tres bestias), expone un discurso ideológico mucho más peligroso que el que exponía el clásico de Bronson, se convierte en una definitiva, exacerbada y completamente gratuita apología de la violencia. Violencia que tiene mucho más que ver con una forma de entender la realidad criminal y la justicia, que con una forma de entender el género. Violencia que termina deshonrando los contados méritos de esta producción.


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Crítica ÜÇ MAYMUN (TRES MONOS)


Dirección: Nuri Bilge Ceylan.
Países: Turquía, Francia e Italia.
Año: 2008.
Duración: 109 min.
Género: Drama.
Elenco: Yavuz Bingöl (Eyüp), Hatice Aslan (Hacer), Ahmet Rifat Şungar (Ismail), Ercan Kesal (Servet), Cafer Köse (Bayram), Gürkan Aydin (niño).
Guión: Ebru Ceylan, Ercan Kesal y Nuri Bilge Ceylan.
Producción: Zeynep Özbatur.
Fotografía: Gökhan Tiryaki.
Montaje: Ayhan Ergürsel, Bora Göksingöl y Nuri Bilge Ceylan.
Dirección artística: Ebru Ceylan.
Vestuario: Ebru Ceylan.
Estreno en Turquía: 24 Octubre 2008
Estreno en España: 19 Junio 2009
Estreno en Argentina: Pendiente


Sinopsis

Servet (Ercan Kesal) es un político que, tras quedarse dormido al volante de su vehículo, atropella mortalmente a un peatón. Horrorizado ante la posibilidad de que ese suceso trastoque su carrera electoral, decide esconder su delito, por lo que recurre a Eyüp (Yavuz Bingöl), su chófer de toda la vida. Este acepta ir a prisión a cambio de la seguridad financiera de su familia. Mientras Eyüp está en la cárcel, la vida de Ismail (Ahmet Rifat Şungar), su hijo adolescente, comienza a tomar derroteros problemáticos. Hacer (Hatice Aslan), la bella mujer de Eyüp, recurre a Servet en busca de ayuda, pero la relación entre ambos parece ir más allá de lo aceptable. Una intrincada red de mentiras unirá las vidas de estas cuatro personas creando un difícil equilibrio que amenaza con desmoronarse en cualquier momento.


Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

De Turquía llega esta pieza compleja y por demás interesante, cuyo mayor defecto tal vez sea su título. Tres monos narra con tono ascético la vida de una familia que se ve afectada por el accionar del jefe del padre, un político que mata a una persona en un accidente de tránsito, y decide proponerle a su chofer, Eyüp, el padre de la familia, que se haga cargo de la muerte para evitar el entierro de su carrera política. Este hecho afecta a la familia al punto que los tres miembros, padre, madre e hijo adolescente, comienzan a orbitar su vida en torno a Servet, el político. Hacer, la mujer de Eyüp, busca un adelanto económico del dinero que Servet le prometió a Eyüp por terminar en la cárcel, para ello, se convierte en su amante, y termina obsesionándose con él hasta perder por completo los estribos de su vida. En medio de esta sórdida realidad de secretos y mentiras, Ismail, el hijo, debe hacerse camino por sus propios medios, pero es incapaz de tomar un rumbo diferente a la tragedia en la que vive inmersa esta familia.

El director Nuri Bilge Ceylan sorprende con una cuidada puesta en escena, y una fotografía cargada de intensos claroscuros, de hecho cada plano que conforma la película se encuentra en total consonancia con la prestigiosa obra del director como fotógrafo, al acercarnos a algunas de sus fotografías encontramos la misma intencionalidad estética que recorre esta película. Los actores se apoyan claramente en la intensidad dramática que propone el film, y todos conforman un elenco carente de fisuras, de una loable solidez interpretativa.

Sin embargo, pese a todo esto, está su título. El título Tres monos no hace más que reafirmar la realidad que cabalga el film. Desde la primera escena, el director nos instala en un clima de una apabullante sordidez. A cada momento no hace más que hundir a esos personajes, enfatizar cada detalle del accionar de cada uno de los miembros de la familia, que irremediablemente los condenará a la más absoluta infelicidad. No existe momento de oxígeno para esta familia, y ya desde el principio se respira un clima de total infelicidad, desde el principio ya parecen condenados a lo peor. Quizás el único momento en el que la historia parece insuflar un poco de aire es en la escena en la que Ismail asoma su cabeza por fuera de la ventanilla del tren. Pero esta escena demuestra claramente que el oxígeno es una ilusión para esta familia, que inevitablemente todo irá de a poco hacia el desbarranque total, que cada movimiento los llevará a hundirse en una miseria peor que la que viven día a día.

El título Tres monos es un claro juicio a estos personajes que sepultan cada uno de los secretos que los condenan. Ceylan demuestra un notable talento para exponer la sordidez sin más estridencias que las que afloran en la trama, con un ascetismo apabullante y un mutismo que congenia con el de los personajes. Pero desde su título ya se evidencia una invariable condena, la misma condena que hace que estos personajes no consigan un mínimo respiro, que sean víctimas y cómplices del miserabilismo carente de oxígeno en la que se ve envuelta la película. Si los personajes se condenaran solos, y la película no se atreviese a condenarlos desde el comienzo, a lo mejor estaríamos ante un drama conmovedor. Pero semejante oscuridad, compensada, equilibrada y a la vez potenciada por la lucidez del elenco y la preciosa puesta en escena y fotografía, logra sorprender con sus notorias virtudes cinematográficas, pero muy lejos está de poder emocionarnos.

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