"¿Crítico, yo?" les agradece a quienes participaron de la primera encuesta del blog.
Estos son los resultados finales:
"¿Cuál es tu cinematografía preferida?"
Norteamericana: 62 %
Europea: 25 %
Latinoamericana: 12 %
8 personas participaron de la encuesta. Esperamos más participantes en la siguiente consigna.
Ahora "¿Crítico, yo?" pregunta lo siguiente:
"¿Cuál es tu género preferido?"
sábado 27 de junio de 2009
viernes 26 de junio de 2009
Crítica OBSESSED
Dirección: Steve Shill.País: USA.
Año: 2009.
Duración: 105 min.
Género: Thriller.
Elenco: Idris Elba (Derek Charles), Beyoncé Knowles (Sharon Charles), Ali Larter (Lisa Sheridan), Bruce McGill (Joe Gage), Jerry O’Connell (Ben), Christine Lahti (detective Reyes).
Guión: David Loughery.
Producción: Will Packer.
Música: Jim Dooley.
Fotografía: Ken Seng.
Montaje: Paul Seydor.
Diseño de producción: Jon Gary Steele.
Vestuario: Maya Lieberman.
Estreno en USA: 24 Abril 2009
Estreno en España: 19 Junio 2009
Estreno en Argentina: Pendiente
Sinopsis
Idris Elba interpreta a un exitoso hombre de negocios, felizmente casado con una atractiva mujer (Beyoncé Knowles), que después de tener un fugaz affaire con una empleada temporal (Ali Larter), ve cómo ésta se obsesiona con él y empieza a acosarlo, poniendo en peligro su carrera y su matrimonio.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Tenemos al héroe y al villano de la película. El héroe y el villano pelean, se matan a golpes, el villano busca la muerte del héroe y el héroe busca salvar su vida. Se encuentran en un precipicio, un piso alto, o cualquier diferencia de altura que permita lo siguiente, que en un movimiento el villano termine pendiendo de un hilo, a punto de caer y morir. El héroe se apiada de él y le extiende la mano. El villano aprovecha su mano, y luego lo traiciona, poniendo al héroe al borde de la muerte. ¿Les suena esta escena? No hace falta que contesten. Por ahí esta escena podía causar algo de impacto en 1989, cuando Batman le extiende el brazo al Guasón, y éste da vuelta la escena, poniendo en riesgo la vida del encapotado. Pasaron veinte años, y esta escena todavía puede figurar en un guión. No solo figurar, sino ser el punto principal del clímax de un thriller. Pero para llegar a ello, Obsesionada pasa por todos los clichés de cualquier thriller. Si el personaje de la blonda Ali Larter fuera la amante de Derek, el papel interpretado por Idris Elba, estaríamos ante una remake no declarada de Atracción fatal, con la única diferencia de contar con protagonistas negros y amante rubia. Pero no, aunque no sabemos hasta qué punto el hecho de que ese dato determinara que no es una copia fiel de aquel thriller es una ventaja para la película. Por un lado, si Derek efectivamente le hubiese sido infiel a su mujer, hubiese afectado la credibilidad del guión, a fin de cuentas, teniendo a Beyoncé en tu casa, ¿para que buscarías algo afuera? Por otro lado, la falta de ambigüedad de Derek por momentos se vuelve irritante. No solo parece un hombre perfecto, laboralmente exitoso, apuesto, y con una familia perfecta, sino que en ningún momento actúa de manera mínimamente cuestionable, por ende, todo lo que sucede en la película reposa en Lisa, el personaje de Ali Larter. Ahora bien, ¿qué thriller se puede construir con una mujer obsesionada con un hombre que en ningún momento da pie o hace algo (por más ingenuo que sea) para generar semejante obsesión? Sin duda, un thriller forzado al máximo, carente de todo sustento, con dos personajes “maquetas” (el de Idris Elba y el de Beyoncé), y una contrafigura construida de manera sumamente gratuita, tan gratuita como buena parte de las situaciones que se suceden. Cierta intriga está correctamente desarrollada, y la pelea entre Sharon (Beyoncé) y Lisa es indudablemente entretenida, pese a ser excesivamente obvia, y desembocar en la radicalmente previsible acción que se narra al inicio de esta crítica. Dos cosas concretas: El interés principal de esta película reposa indudablemente en la bella Beyoncé, y algo de la publicidad en torno a este film sugería cierto dejo de erotismo. Hay que decir que Beyoncé está muy bien en su papel (es, lejos, lo mejor de la película), y que el erotismo, lo único que le podría haber insuflado un poco de sangre al film, falta completamente a la cita. El resto, de lo convencional a lo decididamente mediocre.
Más información en Cine.com
Bookmark this on Delicious
Crítica HOME
Dirección: Yann Arthus-Bertrand.País: Francia.
Año: 2009.
Duración: 120 min.
Género: Documental.
Guión: Isabelle Delannoy, Yann Arthus-Bertrand, Denis Carot y Yen Le Van.
Producción: Denis Carot y Luc Besson.
Música: Armand Amar.
Montaje: Yen Le Van.
Estreno en Francia: 5 Junio 2009
Estreno en España: 5 Junio 2009
Estreno en Argentina: Pendiente
Sinopsis
En sus 200.000 años de existencia, el hombre ha roto el equilibrio de casi 4.000 millones de años de evolución de la Tierra. El precio a pagar es considerable, pero es demasiado tarde para ser pesimistas. A la humanidad le quedan diez años escasos para invertir la tendencia, concienciarse de la explotación desmesurada de las riquezas de la Tierra y cambiar el modo de consumo. Yann Arthus-Bertrand, con sus imágenes inéditas de más de 50 países vistos desde el cielo, compartiendo con nosotros su capacidad de asombro y también sus preocupaciones, coloca, con esta película, una piedra en el edificio que tenemos que reconstruir, todos juntos.

Crítica
Más información en Cine.com
Año: 2009.
Duración: 120 min.
Género: Documental.
Guión: Isabelle Delannoy, Yann Arthus-Bertrand, Denis Carot y Yen Le Van.
Producción: Denis Carot y Luc Besson.
Música: Armand Amar.
Montaje: Yen Le Van.
Estreno en Francia: 5 Junio 2009
Estreno en España: 5 Junio 2009
Estreno en Argentina: Pendiente
Sinopsis
En sus 200.000 años de existencia, el hombre ha roto el equilibrio de casi 4.000 millones de años de evolución de la Tierra. El precio a pagar es considerable, pero es demasiado tarde para ser pesimistas. A la humanidad le quedan diez años escasos para invertir la tendencia, concienciarse de la explotación desmesurada de las riquezas de la Tierra y cambiar el modo de consumo. Yann Arthus-Bertrand, con sus imágenes inéditas de más de 50 países vistos desde el cielo, compartiendo con nosotros su capacidad de asombro y también sus preocupaciones, coloca, con esta película, una piedra en el edificio que tenemos que reconstruir, todos juntos.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Con este documental ha sucedido un hecho curioso, que para el caso tal vez no aporte demasiado, pero que ayuda a entender su relevancia. Se ha estrenado en gran parte del mundo en la misma fecha, y a la par se estrenó en Youtube, para reforzar su condición de producto grande pero a su vez carente de pretensiones comerciales. Es un documental de difusión, hecho para el impacto (e impactante a la vez, no son dos cosas que vayan siempre de la mano), agobiante (pretendidamente agobiante) en la enorme cantidad de datos y estadísticas que se enumeran a lo largo de la película, y destinado a crear conciencia. La hipótesis de Home, bastante difícil de refutar, hay que decir, es que el ser humano ha arruinado el planeta que le dio la vida. Su explotación indiscriminada de los recursos naturales ha llevado a la concentración de riquezas en el mundo, y a la destrucción sistemática de las reservas naturales en todo el mundo, lo que lleva al planeta a una situación desesperante. Lo más interesante del film es que no necesita de testimonios, ni ningún recurso particular para avalar la teoría. Sus únicas armas son la belleza extrema de las tomas aéreas del afamado fotógrafo Yann Arthus-Bertrand, y una voz en off que no descansa hasta describir dato por dato, todas las situaciones en las que el hombre ha arruinado su capacidad de convivir con la naturaleza, aprovechándose al máximo de ella, e incapaz de pensar en el mundo que le está dejando a sus hijos. Es un documental necesario, sí, pero esta condición de “film importante”, hace que peque de obvio en muchos pasajes. Esto no le resta mérito a las imponentes imágenes de Arthus-Bertrand, pero hace que tanta sobreabundancia de datos termine molestando, y que ese agobio vaya en detrimento de su facultad de crear conciencia. El momento más crítico es cuando se pone en pantalla los datos más relevantes y horripilantes del accionar humano. La información en pantalla, luego de tanto discurso, termina siendo invariablemente repetitiva y molesta. Afortunadamente, luego de tanta crítica al modo en que el hombre ha afectado su planeta, el documental decide insuflar una brisa de aire fresco cuando enumera algunas de las acciones particulares que individuos y empresas hacen para no afectar el ambiente más de lo que está. Naturalmente, así como tan pocas acciones no alcanzan para que el planeta no siga dirigiéndose hacia el colapso definitivo, de la misma manera esta enumeración no alcanza para contrarrestar del todo el efecto molesto que produce la sobreabundancia de datos negativos sobre el accionar humano. Datos que, mencionados de una manera menos reiterativa y sofocante, colaborarían más con la idea primaria de hacer que un simple documental ayude a que los habitantes de este planeta hagamos algo por salvarlo.
Más información en Cine.com
Bookmark this on Delicious
jueves 25 de junio de 2009
Crítica CORALINE
Dirección: Henry Selick.País: USA.
Año: 2009.
Género: Animación, fantasía, familiar.
Doblaje original: Dakota Fanning (Coraline), Teri Hatcher (madre de Coraline), Jennifer Saunders, Dawn French, Ian McShane.
Guión: Henry Selick; basado en el libro de Neil Gaiman.
Producción: Bill Mechanic, Claire Jennings, Henry Selick y Mary Sandell.
Música: Bruno Coulais.
Fotografía: Pete Kozachik.
Montaje: Christopher Murrie y Ronald Sanders.
Estreno en España: 5 Junio 2009
Estreno en Argentina: 12 Marzo 2009
Sinopsis
Basada en el superventas internacional de Neil Gaiman y dirigida por Henry Selick, el realizador de “El extraño mundo de Jack”, “Coraline” es la primera película de animación stop-motion rodada en 3-D y alta definición. Cuenta la historia de una joven (con la voz de Dakota Fanning) que abre una puerta secreta en su nueva casa y descubre una segunda versión de su vida. A primera vista, la realidad paralela es curiosamente parecida a su vida de verdad, aunque mucho mejor. Pero cuando su increíble y maravillosa aventura empieza a tomar un cariz peligroso y su otra madre (la voz de Teri Hatcher) intenta mantenerla a su lado para siempre, Coraline deberá recurrir a su determinación y coraje, a la ayuda de los vecinos y a un gato negro con el don del habla para salvar a sus auténticos padres, a unos niños fantasmas y regresar a casa.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Pura magia. ¿Qué otra cosa podríamos esperar del director de El extraño mundo de Jack? Selick nos vuelve a sumergir en su particular universo animado, ya sin el sello paternalista de Tim Burton. De hecho, no es un dato más que recientemente se haya conocido más detalles de la adaptación de Burton de Alicia en el país de las maravillas. Por más que sea una genialidad (y no dudamos que así lo sea, aunque habrá que verla), Selick esta vez le ganó de mano. Coraline es un film animado, a diferencia del proyecto de Burton, y carece de la visión tenebrosa propia del universo “burtoniano”, elemento que la despega lo suficiente del clásico Pesadilla… Coraline es un cuento mágico, una suerte de otra cara de la misma moneda del clásico cuento de Lewis Carroll. Aquí Coraline es una niña que se sumerge en un universo onírico. El comienzo despierta ciertas dudas. Coraline, a diferencia de su triste realidad, sueña con padres atentos, considerados, que no paran de atenderla como una reina. Hasta ahí podríamos suponer que la película redundará en psicologismos poco favorables para las expectativas de una película que a priori se supone mágica y encantadora. La verdad comienza a aflorar cuando comienza a descubrirse el reverso de ese mundo maravilloso que Coraline parece explorar en sus sueños. Cuando lo sobrenatural, lo fantasmagórico se hace carne en la vida de Coraline, la película comienza a transitar por los caminos de la pesadilla que avanza hasta intentar atraparla. Es inevitable pensar en Pesadilla antes de navidad a la hora de ver esta preciosa película, pero Coraline no merece tal comparación, ya que posee ideas propias. Parecería imposible, mucho más para Selick, escapar de la óptica Burtoniana, pero lo consigue sin problemas. Coraline no solo posee ideas propias, sino que a la mirada gótica respecto a lo fantástico de Pesadilla…, la contrarresta con una propuesta cargada de luces y colores, que precisamente detrás de su colorido y su brillo oculta su perversión, su faceta oscura. Nada mejor para una obra del maestro Neil Gaiman (autor del cómic Sandman, entre otros, y de la novela Stardust, arruinada en el cine por una mediocre y convencional adaptación) que la majestuosa apuesta estética de Selick, director que siempre ha llevado la animación a un terreno sumamente original. Y con Coraline consigue una película esencialmente luminosa, tan luminosa como adulta (indudablemente la disfrutarán más los padres que los hijos), incluso un tanto psicodélica en su apuesta a lo mágico (tan psicodélica como, por ejemplo, El mago de Oz), un cuento mágico que abunda en particulares ideas visuales, tantas que sería difícil enumerarlas, y con una precisa construcción del universo que rodea a Coraline. Tan cerca del resto de la animación actual, por su empleo de lo computarizado, y principalmente por su apelación al público adulto, como lejos del grueso de la producción animada, por su nobleza, que no requiere de guiños para adolescentes y adultos respecto a la cultura popular. Su madurez, tanto en la historia como en la apuesta visual, se vale por sí sola, no apela ni se sostiene en la lectura de otros códigos actuales. Básicamente, para entender y disfrutar de Coraline, hacen falta dos condiciones: Que de niños nos hayan leído los cuentos más tradicionales y siempre eternos y vigentes, y carecer de todo prejuicio ante el cine de animación. Sí, el cine de animación nos puede hacer vivir experiencias únicas, ya lo han demostrado Pesadilla…, pero también películas como Wall-E y, en otro sentido no muy lejano aunque más cómico que bello, Los increíbles y Shrek, entre tantas otras grandes películas. Y Selick vuelve a dejar su peculiar huella en el cine de animación, para demostrarnos una vez más, como ya lo vienen haciendo otros grandes exponentes, que Hollywood debe aprender del cine de animación, uno de los pocos géneros que aún puede apostar a la imaginación y la inventiva, cuando todo lo demás parece hundirse en el reciclaje y la pura mediocridad. Acaso la animación se haya convertido en el plato fuerte de Hollywood precisamente para eso, para salvar a toda la industria del colapso que representa la sobreproducción carente de ideas.
Más información en Cine.com
Bookmark this on Delicious
Crítica NOTORIOUS
Dirección: George Tillman Jr.País: USA.
Año: 2009.
Duración: 122 min.
Género: Biopic, drama, musical.
Elenco: Jamal Woolard (Christopher “Biggie” Wallace), Angela Bassett (Voleta Wallace), Derek Luke (Sean “Puffy” Combs), Anthony Mackie (Tupac Shakur), Antonique Smith (Faith Evans), Naturi Naughton (Lil’ Kim), Kevin Phillips (Mark), Dennis White (Damion “D-Roc” Butler), Marc John Jefferies (Cease), Julia Pace Mitchell (Jan), Aunjanue Ellis (Sandy).
Guión: Reggie Rock Bythewood y Cheo Hodari Coker.
Producción: Voletta Wallace, Wayne Barrow, Mark Pitts, Robert Teitel y Trish Hofmann.
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Michael Grady.
Montaje: Dirk Westervelt.
Diseño de producción: Jane Musky.
Vestuario: Paul A. Simmons.
Estreno en USA: 16 Enero 2009
Estreno en España: 29 Mayo 2009
Estreno en Argentina: Pendiente
Sinopsis
“Notorious” sigue el asombroso ascenso de Christopher “Biggie” Wallace, más conocido como “The Notorious B.I.G.”, quien, en sólo unos pocos años, se elevó desde las implacables calles de Brooklyn hasta la cumbre de una leyenda del hip-hop. Despojando a su mítica imagen de toda máscara once años después de su trágica muerte, “Notorious” revela la tumultuosa y brevísima odisea de un joven de brillantísimo talento e implacable resolución cuyos inolvidables relatos en forma de rap de la vida en las calles de los barrios bajos, con su verdad desnuda y sus elocuentes rimas, se convirtieron en símbolos de la despiadada realidad de toda una generación y de sus sueños de huir de todo ello en busca de algo mejor. Pero justo cuando Biggie comienza a hacerse un hombre de verdad y a solidificar su legado musical como creador de uno de los conjuntos de obras más grandes del hip hop, el destino revela que tiene otros planes.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Un dato aparentemente menor cobra mucha relevancia cuando uno lee los créditos de Notorious: Entre los productores del film se encuentran Sean “Puffy” Combs y la madre de Christopher “Biggie Smalls/Notorius B.I.G.” Wallace. “Puffy” Combs, al margen de ser una figura más que relevante del hip hop, fue uno de los principales descubridores de Biggie. Con estos dos nombres se sabe que no habrá posibilidad de debate. Este biopic del enorme rapero Notorious B.I.G. no se propone en ningún momento poner en tela de juicio nada respecto a su corta pero intensa vida. No lo santifica en absoluto. Afirma, sin dudarlo, que Biggie fue un adolescente conflictuado, que sufrió la ausencia de una figura paterna cuando niño, que se convirtió en dealer mientras terminaba la secundaria, para poder darse todos los gustos, que en ningún momento pudo mantener cierta fidelidad a cualquiera de sus sucesivas mujeres y fue un padre tan ausente como el suyo (agobiado por las luces de una repentina fama). Afirma bastante, pero no lo suficiente, no todo lo que esperaríamos para un biopic de estas características. La vida de Biggie se reduciría, según la película, al clásico “sueño americano”, al joven que debió sortear las enormes dificultades económicas y emocionales, y fue eternizado luego de una carrera breve pero intensa (Biggie sacó un solo álbum en vida, y se encontraba preparando el segundo cuando lo mataron). Sin embargo, hay preguntas sin respuesta. Al momento de la muerte de Tupac Shakur, muchos lo señalaron como el autor intelectual del crimen, luego de la acusación que Shakur había hecho contra su persona y contra “Puffy”, por un robo que terminó en atentado contra su vida. Shakur, que había sido su socio no mucho tiempo atrás, terminó rivalizando con Biggie hasta el momento de su muerte, y los rumores que afirmaban que Biggie lo había mandado a matar, se acrecentaron luego de su propia y prematura muerte. La película toma partido, nos dice (el propio “Puffy” Combs nos dice) que ambos eran rehenes de una pelea a muerte entre dos facciones del hip hop, la de la Costa Este y la Costa Oeste, representadas por las correspondientes compañías discográficas, y que los artistas terminaban involucrados casi ingenuamente en un asunto de mafias entre ambas facciones, que terminó por arrebatar ambas vidas. Podemos creer o no esa versión, pero si la creemos, deberíamos exigirle a la película que nos describa más de esa rivalidad, que explore a fondo ese tema. Puede que la película decida optar por no darle a ese tema mayor énfasis, pero que la vida de un importante exponente del hip hop se reduzca a sus líos de polleras, a su inmadurez emocional y a su necesidad inconsciente de una figura paterna que actúe de rectora en su agitada vida, aún más agitada cuando conoce la fama, sabiendo (y no pudiendo eludir) que un importante capítulo de su corta vida ha comenzado desde el atentado a Tupac que terminó con su acusación y se ha extendido hasta el momento en el que muere asesinado, denota la falta de profundidad de un biopic que merecía mucho más, que reposa demasiado en la eficiente interpretación de Jamal Woolard, y no va mucho más allá de lo que propone. Notorious termina resultando una película biográfica correcta, pero que fracasa por su excesiva timidez, termina cayendo en su propia trampa, no logra escapar al enigma más grande (luego de ver la película, el enigma se vuelve aún más indescifrable que antes) que sacude la película, y la propia vida de Biggie. Si alguien se atreve a abordar la adaptación fílmica de la vida de un mítico artista del hip hop como Notorious B.I.G., más aún contándola desde el propio vientre del hip hop como se espera de “Puffy” Combs en calidad de productor, por lo menos debe revelar su propio discurso respecto a las mafias que terminaron con la vida de Shakur y de Biggie Wallace. Combs, por miedo o por complicidad, no lo hace, se queda en la superficie, intenta evocar y ensalzar la figura de este gigante del hip hop, para finalmente no decir nada respecto a aquello que lo mató, aún a sabiendas de que su discurso respecto a este tema es fundamental para entender buena parte del ambiente en el que estos artistas se manejaban por aquella época. Y la película se encandila con las mismas luces que enceguecieron al pobre Biggie, a punto tal de terminar incendiándose, mordiéndose la cola por no poder expresar aquello que sabe, y por quedarse con un pobre muchachito de 24 años que no supo de ley paterna, que fue víctima de su propia fama y nunca pudo obtener cierta paz emocional, cuando Biggie no solo fue mucho más que eso (en apenas 24 años de vida), sino que tampoco su muerte se debió a las circunstancias de su agitada vida privada. Para un biopic de estas características tan particulares, la vida privada solo sirve para enriquecer al personaje, es apenas un accesorio de un hecho policial que superaba las vidas del propio Biggie y de su par Tupac, y que la película opta por no solo no intentar esclarecer, sino tampoco siquiera observar. Aunque determinados aspectos terminen volviéndose ineludibles.
Más información en Cine.com
Bookmark this on Delicious
domingo 21 de junio de 2009
Crítica THE UNBORN

Dirección y guión: David S. Goyer.
País: USA.
Año: 2008.
Duración: 87 min.
Género: Terror, thriller sobrenatural.
Elenco: Odette Yustman (Casey Beldon), Gary Oldman (rabino Sendak), Meagan Good (Romy Marshall), Idris Elba (Arthur Wyndham), Cam Gigandet (Mark Hardigan), Jane Alexander (Sofi Kozma), James Remar (Gordon Beldon), Carla Gugino (Janet Beldon).
Producción: Michael Bay, Andrew Form y Brad Fuller.
Música: Ramin Djawadi.
Fotografía: James Hawkinson.
Montaje: Jeff Betancourt.
Diseño de producción: Craig Jackson.
Vestuario: Christine Wada.
Estreno en USA: 9 Enero 2009.
Estreno en España: 16 Enero 2009
Lanzamiento en DVD (España): 18 Junio 2009
Estreno en Argentina: 21 Mayo 2009
Sinopsis
Casey Beldon (Odette Yustman) odia a su madre por haberla abandonado de niña. Pero de una serie de acontecimientos inexplicables, Casey empieza a vislumbrar por qué se fue. Perseguida de noche por sueños horribles, y de día por fantasmas torturados, no le queda más remedio que recurrir al rabino Sendak (Gary Oldman) para encontrar una solución. Con la ayuda de Sendak, su mejor amiga Romy (Meagan Good) y su novio Mark (Cam Gigandet), Casey consigue descubrir que la maldición familiar remonta a la Alemania nazi: se trata de una criatura capaz de introducirse en cualquier ser, y que se hace más fuerte con cada posesión. La maldición sigue su curso. Si Casey quiere sobrevivir, deberá cerrar una puerta abierta por un nonato más allá de nuestro mundo.
Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Tranquilamente podíamos esperar algo más del guionista de los dos últimos films de Batman. No es fácil, el autor de esos guiones y de varias de las últimas adaptaciones de comics, ya nos había decepcionado una vez. Lo había hecho con The invisible, una idiota película de terror, que barre con cualquier verosímil, y peca de un absurdo molesto e irritante, que oscurece una historia ya de por sí bastante oscura y tétrica. Tampoco es fácil luego de ver su afiche más difundido. El “manual para entender una película de terror” (ese manual que no hace falta que se escriba, ya que todos lo entendemos con solo asistir a algunos cuantos pobrísimos exponentes del género) nos dice que si un afiche muestra signos de erotismo, no esperemos esos mismos signos en la película. Es el mismo efecto tramposo de aquellas películas clase b que dibujaban grandes monstruos en sus afiches y luego, en la cinta, de aquello no quedaba nada. Peor aún, si una película debe apelar a poner un sugerente trasero en el afiche, es que no tiene nada valioso para mostrar, solo un trasero como mero recurso “atrapa-espectadores”. Y si, la misma imagen aparece en la película, y no solo es lo único medianamente erótico en la película (ah, y una escena de sexo absolutamente olvidable y descafeinada), sino que en el afiche se ve mejor. El resto, absoluta pobreza argumental y mediocridad fílmica, que avanza a puro efectismo y sin un mínimo de cerebro, con una historia de terror que mezcla elementos fantasmagóricos con conceptos cabalistas y referencias al nazismo, todo integrado de manera absolutamente forzosa, jóvenes algo idiotas en peligro permanente, la morena Meagan Good un tanto desaprovechada como la amiga supersticiosa de la protagonista, una correcta Odette Yustman, sin duda la revelación de la película, y la presencia de Gary Oldman, que dispara una pregunta necesaria: “¿Por qué eligió estar en esta película?”. Y la conclusión obvia: Goyer, tu lugar es el cómic, no dudes en volver, deja de pecar con tu mediocre visión del cine de terror, definitivamente este género no es lo tuyo.
Más información en Cine.com
Bookmark this on Delicious
Crítica NEW IN TOWN

Dirección: Jonas Elmer.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 96 min.
Género: Comedia.
Elenco: Renée Zellweger (Lucy Hill), Harry Connick Jr. (Ted Mitchell), J.K. Simmons (Stu Kopenhafer), Siobhan Fallon Hogan (Blanche Gunderson), Frances Conroy (Trudy Van Uuden).
Guión: Kenneth Rance y C. Jay Cox.
Producción: Paul Brooks, Darryl Taja, Tracey Edmonds y Peter Safran.
Música: John Swihart.
Fotografía: Chris Seager.
Montaje: Troy Takiki.
Diseño de producción: Dan Davis.
Vestuario: Darena Snowe y Lee Harper.
Estreno en USA: 30 Enero 2009
Estreno en España: 19 Junio 2009
Estreno en Argentina: 28 Mayo 2009
Sinopsis
La película sigue las peripecias de Lucy Hill (Renée Zellweger), una ambiciosa y peripuesta ejecutiva de Miami que sólo ama tres cosas en esta vida: sus zapatos, sus coches y escalar puestos en su empresa. Un día le ofrecen un traslado temporal para reestructurar una fábrica perdida en medio de ninguna parte, y ella acepta creyendo que ésta será la oportunidad definitiva que le permita trepar hasta un cargo importante. Pero el nuevo trabajo transformará por completo la vida de Lucy.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Un hombre decide ir con una mujer al cine. Al llegar, el hombre ve la lista de las películas en cartel. Entre ellas está Obsessed, un thriller protagonizado por Beyoncé. Ella no quiere, prefiere ver una comedia romántica. Uno le ofrece ver Zack and Miri make a porno, la de Seth Rogen y Elizabeth Banks, pero el título no la entusiasma demasiado. “¿Y si vamos a ver esa?” Dice ella, señalando un afiche con el rostro de Renée Zellweger. “¿Esa? ¡No! Seguro que es igual a todas. ¿Qué puedo esperar de esa?” Dice el hombre, algo desanimado. Al hombre no le queda más que aceptar la sugerencia de la mujer. Entran al cine. La mujer sale del cine llorando, emocionada con la historia de la chica de ciudad que termina enamorándose del trabajador de pueblo. El hombre sale intentando aparentar un rostro de satisfacción. La mujer lo conoce, sabe que no puede disimular demasiado. “No te gustó, ¿no?”, dice ella. “Te gusta llorar con cualquier cosa”, retruca él. “No se cómo te puede emocionar algo que es lo mismo de siempre. Está bien, Renée Zellweger es simpática, pero ¿eso cuánto ayuda? La pintura de pueblo es forzada, bastante burda, la historia de amor es previsible, las vueltas más previsibles aún, y todo es lo mismo de siempre.” La mujer lo mira y no contesta, segura de que el hombre no entiende la conexión que una mujer puede establecer con el personaje de la Zellweger. El hombre no vuelve a hablar, seguro de que sus palabras han herido a la mujer, y seguro también de que la próxima intentará persuadir mejor a la mujer para ver una película más interesante. Tal vez ambos tengan razón, tal vez cierto público, preferentemente femenino, quiere ver siempre la misma historia romántica, porque disfruta esa conexión con la protagonista, tal vez cierto público, preferentemente masculino, no soporte ver siempre la misma historia romántica, pero no le moleste ver siempre la misma película de acción, o la misma de suspenso. Tal vez sea un simple problema de fórmulas el que diferencie a un público de otro. El problema es cuando esas fórmulas solo despiertan un simple dejo de simpatía, y no solo no hacen nada por reavivar el género, sino que muestran su notorio agotamiento. Este problema no afecta a la mujer, que va a seguir viendo la misma película, ni al hombre, que va a seguir optando por otro género. Este problema le afecta al cine en general, a Hollywood en particular, y a su constante carencia de ideas, o sus ideas cada vez más desgastadas, síntoma que en este caso es representado por “la nueva comedia romántica de Renée Zellweger”. Una Zellweger que ya parece cansarse de contar siempre la misma historia.
Más información en Cine.com
viernes 19 de junio de 2009
Crítica ZACK AND MIRI MAKE A PORNO
Dirección y guión: Kevin Smith.País: USA.
Año: 2008.
Duración: 101 min.
Género: Comedia.
Elenco: Seth Rogen (Zack), Elizabeth Banks (Miri Linky), Traci Lords (Bubbles), Jason Mewes (Lester), Ricky Mabe (Barry), Craig Robinson (Delaney), Katie Morgan (Stacey), Jeff Anderson (Deacon).
Producción: Scott Mosier.
Música: James L. Venable.
Fotografía: Dave Klein.
Montaje: Kevin Smith.
Diseño de producción: Robert Holtzman.
Vestuario: Salvador Perez.
Estreno en USA: 31 Octubre 2008.
Estreno en España: 19 Junio 2009
Estreno en Argentina: Pendiente
Sinopsis
Compañeros de piso y amigos de toda la vida, Zack (Seth Rogen) y Miri (Elizabeth Banks) se enfrentan a tiempos difíciles y a una montaña de deudas. Cuando se les corta el suministro de electricidad y agua, comienzan a darle vueltas a la idea de realizar una película pornográfica casera para hacerse con unos ingresos rápidos, requiriendo la ayuda de los amigos para la empresa. Ambos juran que su amistad no se verá arruinada por mantener relaciones sexuales. Pero cuando el rodaje se inicia, lo que comienza como una propuesta con fines comerciales entre amigos deviene algo mucho más grande.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Ha arribado a los cines el combo ideal para una comedia americana tan fresca como las fórmulas encabezadas por Judd Apatow, como ligeramente distinta, irreverente, de espíritu más infantil que adolescente (pese a hablar, en esta, constantemente de sexo), propia del peculiar cine de Kevin Smith. El combo está claro desde el inicio: Seth Rogen – Elizabeth Banks (ambos de extracción netamente “apatowiana” o “stilleresca”) por un lado, Kevin Smith por el otro. El combo, como se supone, estalla en una catarata de carcajadas de principio a fin. Pero ojo: Para ver esta película, hay que tomar ciertas precauciones. No las precauciones que intentaron tomar los productores por la rispidez que genera en la mentalidad americana, o en algunos torpes retrógrados autopromovidos portavoces de la mentalidad americana, el término “porno” en el título. No. La única precaución es que este film no debe verse doblado al español. Ni siquiera conviene verla con subtítulos. Sencillamente hay que dejarse llevar por el idioma original, ya que de otra forma, el 80 % de los momentos cómicos de la película terminan en la alcantarilla. Naturalmente esto es una barrera concreta y difícil para gran parte de los espectadores. A ellos les recomendamos que busquen otras vías para ver este film (siempre se encuentran, especialmente en estos tiempos), en vez de pagar la entrada en una función doblada donde perderán gran parte de la comprensión del humor del film. Es que, en tiempos de gags esforzados o pretenciosamente gigantes, el mayor fuerte cómico de esta película, es el que caracterizó siempre a la filmografía de Smith, un guión carente de sofisticaciones, y plagado de chistes vinculados estrechamente con la palabra. De ahí que una de las secuencias más cómicas de la película sea una en la que imaginan los títulos de las distintas secuelas de la Star Wars porno que están produciendo, una serie de títulos que reproducen las secuelas y precuelas de Star Wars, pero en versión porno. Y eso es solo uno de los momentos en los que el texto, en su idioma original, nos regala carcajadas por doquier. Para reforzar este problema (si se puede denominar problema, a lo sumo es un problema para los que no pueden ver una película en su idioma original y sin traducciones), hay que aclarar que esta quizás sea la película americana en la que más se dice la palabra “fuck”. Si el “porno” en su título generó muchos problemas en su lanzamiento en Estados Unidos, imagínense lo que puede haber despertado el uso constante de la palabra más censurada por la industria audiovisual americana actual. Bueno, no solo es el “fuck”, sino todo el vocabulario sexual en inglés reproducido desproporcionadamente, y generando, en su ingenioso y abusivo empleo, la mayor comicidad de la película. El porno puede aparecer en el título, y será algo importante para la historia de supervivencia económica de la dupla Zack y Miri, pero en la película no significa nada. Es una mera excusa argumental, un disparador de los chistes sexuales, y poco más. La industria del porno, o el porno como tema concreto, no aparece nunca, como si lo hacía en otras comedias irreverentes como Orgazmo, aquella disparatada muestra de humor de los creadores de South Park. El sexo es otra cosa, reúne la mayor dosis de humor de la película (y, por ende, representa el tema central del film), pero antes que eso, es lo que termina definiendo la relación de los dos amigos, que comienzan a enamorarse a partir de la escena que comparten para su película. En realidad lo que define la relación no es tanto el sexo, sino el acto de hacer el amor. El resto del equipo de la película lo afirma, ante el desconcierto de ambos, “no tuvieron sexo, hicieron el amor”. Es decir, convirtieron su alocada experiencia fílmica en su primer acercamiento amoroso luego de una vida de conocerse y años de convivencia. De ahí que, más allá que la comicidad que recorre toda la película (humor rebelde, a contramano de lo habitualmente predigerido, que golpea y sorprende con la misma fuerza como se demuele el primer set que el humilde equipo instala para su primera experiencia en el mundo del porno), la verdadera frescura, primaria, infantil (por lo juguetona) y verdaderamente desatada, proviene del amor que Zack y Miri se profesan constantemente sin siquiera saberlo. Siempre están ahí, Smith, Rogen y Banks, cada uno en lo suyo. Smith, con la majestuosa liviandad con la que puede tomar temas “complicados” para muchos como el sexo, su afición por el cómic (y Star Wars), sus marcas autorales, como la dupla de adolescentes que hace su aparición en un par de momentos, y su humor siempre juguetón. Rogen-Banks, con su simpatía y su encanto y, principalmente Rogen, su maravillosa encarnación de la inmadurez y el patetismo. El trío podría haber actuado por separado, cada uno en lo suyo, como dos caminos cómicos que no llegan a tocarse. Pero juntos hacen Historia, funcionan a la perfección, y hacen estallar la pantalla a cada momento, con humor, y sobre todo, puro encanto cinematográfico, con la mayor cuota de honestidad y sinceridad que puede surgir de semejante trío.
Más información en Cine.com
Crítica GOOD
Dirección: Vicente Amorim.Países: Reino Unido y Alemania.
Año: 2008.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Elenco: Viggo Mortensen (John Halder), Jason Isaacs (Maurice), Jodie Whittaker (Anne), Mark Strong (Bouhler), Steven Mackintosh (Freddie), Gemma Jones (madre de Halder), Anastasia Hille (Helen), Ruth Gemmell (Elisabeth), David de Keyser (Mandelstam).
Guión: John Wrathall; basado en la obra de C.P. Taylor.
Producción: Miriam Segal, Sarah Boote, Kevin Loader, Dan Lupovitz y Billy Dietrich.
Música: Simon Lacey.
Fotografía: Andrew Dunn.
Montaje: John Wilson.
Diseño de producción: Andrew Laws.
Vestuario: Györgyi Szakács.
Estreno en Reino Unido: 17 Abril 2009
Estreno en España: 22 Mayo 2009
Estreno en Argentina: 1 Octubre 2009
Sinopsis
John Halder (Viggo Mortensen), profesor de Literatura en la Alemania de los años 30, publica una novela en la que explora sus circunstancias familiares y defiende la eutanasia. Varios políticos usan el libro para apoyar la propaganda gubernamental, y la carrera de Halder como escritor despega. Pero este cambio de suerte le hace tomar decisiones aparentemente sin importancia, pero con devastadoras consecuencias para las personas que le rodean.

Crítica
Más información en Cine.com
Año: 2008.
Duración: 96 min.
Género: Drama.
Elenco: Viggo Mortensen (John Halder), Jason Isaacs (Maurice), Jodie Whittaker (Anne), Mark Strong (Bouhler), Steven Mackintosh (Freddie), Gemma Jones (madre de Halder), Anastasia Hille (Helen), Ruth Gemmell (Elisabeth), David de Keyser (Mandelstam).
Guión: John Wrathall; basado en la obra de C.P. Taylor.
Producción: Miriam Segal, Sarah Boote, Kevin Loader, Dan Lupovitz y Billy Dietrich.
Música: Simon Lacey.
Fotografía: Andrew Dunn.
Montaje: John Wilson.
Diseño de producción: Andrew Laws.
Vestuario: Györgyi Szakács.
Estreno en Reino Unido: 17 Abril 2009
Estreno en España: 22 Mayo 2009
Estreno en Argentina: 1 Octubre 2009
Sinopsis
John Halder (Viggo Mortensen), profesor de Literatura en la Alemania de los años 30, publica una novela en la que explora sus circunstancias familiares y defiende la eutanasia. Varios políticos usan el libro para apoyar la propaganda gubernamental, y la carrera de Halder como escritor despega. Pero este cambio de suerte le hace tomar decisiones aparentemente sin importancia, pero con devastadoras consecuencias para las personas que le rodean.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Good camina por el mismo sendero que los últimos grandes exponentes cinematográficos referidos al nazismo. A diferencia de algunas películas, como El lector, donde el nazismo representa el pasado que ha dejado huellas imborrables en los personajes, Good trabaja, como la mayoría de estas películas, desde el corazón mismo del horror nazi. Camina por el mismo sendero, ya que, de acuerdo al enfoque actual (que, básicamente, analiza el papel del pueblo alemán durante la época más oscura de la Historia moderna), lo principal es indagar en el debate moral, lejos de la bipolaridad y el maniqueo belicista. Cuando el relato proviene desde el cine alemán, esta lectura deja ver un complejo mapa de sensaciones, desde la necesidad de lavar culpas, hasta la más sincera autocrítica. Cuando la misma lectura proviene del exterior (como este caso, más allá de contar con coproducción alemana), el discurso es, a priori, más lineal, pero no por ello menos valioso. Aquí tenemos a John, un profesor de Literatura que es convocado por el gobierno nazi para escribir un ensayo sobre la eutanasia (que podría funcionar como piedra fundante y justificadora de la ideas eugenésicas, de selección racial, del nazismo), basada en una novela publicada por él años atrás, inspirada en el sufrimiento de su madre y cuyo motor principal es la humanidad y la compasión, lejos de cualquier idea política o ideológica. John, quien hasta ese momento había evitado afiliarse al partido, pese a que esto frenaba su ascenso laboral, finalmente acepta el pedido del gobierno, y mientras asistimos a su escalada social, y su cada vez más evidente coqueteo con las altas esferas del poder, lo que realmente observamos es su inevitable descenso moral. Naturalmente, la Historia y sus correspondientes exponentes fílmicos, han hecho que las sociedades internalicen quién ha vestido el uniforme del Mal por aquellos años, por ende se agradece que este eje no sea el central en esta historia. Luego de más de medio siglo, no necesitamos que una película nos remarque este aspecto. Sí valoramos que se ponga en tela de juicio el papel de la sociedad alemana, que, bendecido por el paso del tiempo (y la Historia), el cine elija ahora plantear preguntas, luego de décadas de obvias respuestas. Más allá de la notable interpretación de Viggo Mortensen, que le aporta a su personaje toda la humanidad necesaria para describir los vaivenes morales de un personaje que representa a todo un pueblo, testigo menos silenciado que silencioso del horror, el descenso moral de John dispara algunos problemas. El primero es que su descenso moral se da en paralelo a los drásticos cambios en su vida personal. No es difícil darse cuenta que la película (y tal vez el libro original) elige establecer un paralelismo concreto. Mientras John decide cumplir con el pedido del gobierno, decide a su vez seguir su corazón, su instinto o tal vez solo su impulso sexual, y separarse de su mujer y madre de sus hijos, para comenzar una nueva vida junto a su amante, una estudiante con una cada vez más progresiva inclinación hacia el ideario nazi. Uno podrá tener su propia opinión respecto a la decisión de John, pero la idea de establecer un paralelismo entre su elección a colaborar con el nazismo, y su decisión de comenzar a convivir con su amante (según el discurso de la película, nunca deja de ser su amante) es, cuanto menos, irresponsable. Afirmar que esa elección representa un descenso personal y moral, pone esa cuota discursiva en la línea del propio cine nazi, con maridos que vuelven arrepentidos al hogar, y la familia como pilar fundamental de la revitalización del pueblo alemán (concreta, contundente y sostenida afirmación del discurso oficial). Otro aspecto problemático es la contracara de John, Maurice. Maurice representa todos los estereotipos de la intelectualidad judía de aquella época. Es un psicoanalista que ha atendido a John y en cuyo vínculo ha primado la amistad más estrecha. A medida que John asciende en el poder, suponiendo que ese ascenso no lo separará de sus convicciones, le promete a Maurice una colaboración que, desafortunadamente para ambos, nunca llega. Si el personaje de John nunca deja de mostrarse rico en todas sus facetas, su contracara se muestra excesivamente lineal, puesta ahí casi exclusivamente para que John se enfrente con la verdad del horror nazi. Y si estos aspectos evidencian dos problemas gravísimos para la contundencia discursiva del film, el plano final, con un John topándose por primera vez con la realidad de los campos de concentración (mientras que en el resto de la película, la contracara de los campos se encuentra, convenientemente, ajena a los ojos del espectador), resumiría la desolación como resultado directo de la irresponsabilidad moral del hombre (y el pueblo) alemán. Ahora bien, este plano, que se va abriendo lentamente para mostrar el horror de los campos, traduce dos significados opuestos respecto a la mentalidad y la moral alemana: Por un lado, que el horror es consecuencia directa de la complicidad y el silencio del pueblo, y por otro lado, que si el pueblo no se enfrenta nunca con la cruda realidad de las vejaciones humanas y el asesinato sistemático promovido e impulsado por el gobierno nazi, difícilmente pueda entender lo que sucede, con lo cual la complicidad o el silencio de la gente no sería más que una acción común y lógica dentro de semejante contexto. Dos versiones completamente opuestas, la mentalidad crítica, y la mentalidad “lava culpas”, se cruzan en un solo plano, y queda a criterio del espectador decidir cuál es la interpretación correcta para el cierre de este complejo, contradictorio y controversial film.
Más información en Cine.com
lunes 15 de junio de 2009
Crítica TERMINATOR SALVATION

Dirección: McG.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 115 min.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Elenco: Christian Bale (John Connor), Sam Worthington (Marcus Wright), Moon Bloodgood (Blair Williams), Helena Bonham Carter (Dra. Serena Kogan), Bryce Dallas Howard (Kate Connor), Anton Yelchin (Kyle Reese), Common (Barnes), Jadagrace Berry (Star), Jane Alexander (Virginia), Michael Ironside (gereral Ashdown), Ivan Gvera (general Losenko), Beth Bailey (Lisa).
Guión: Michael Ferris y John Brancato.
Producción: Moritz Borman, Derek Anderson, Victor Kubicek y Jeffrey Silver.
Música: Danny Elfman.
Fotografía: Shane Hurlbut.
Montaje: Conrad Buff.
Diseño de producción: Martin Laing.
Vestuario: Michael Wilkinson.
Estreno en USA: 22 Mayo 2009
Estreno en España: 5 Junio 2009
Estreno en Argentina: 3 Junio 2009
Sinopsis
“Terminator salvation” nos lleva al año 2018. John Connor (Christian Bale) ha sido elegido para liderar la lucha de los humanos contra las máquinas. Sin embargo, el futuro que estaba previsto para Connor es modificado cuando aparece en escena Marcus Wright (Sam Worthington), un extraño cuyo último recuerdo es estar en el corredor de la muerte. Al mismo tiempo que Skynet prepara su ataque final, Connor y Marcus se embarcan en una odisea que los lleva al centro de operaciones de Skynet, donde descubren el terrible secreto que se esconde detrás de la posible aniquilación de la raza humana.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
He leído críticas a favor y en contra de esta película, tanto en los medios como en mi propio entorno, las suficientes como para no imaginar antes de verla, qué sería lo que terminaría considerando acerca de esta película. Lo primero, que se extraña la mano de John Cameron, que ya se extrañaba en Terminator 3. Que también se lo extraña a Schwarzenegger, pese a que se lo veía gastado en T3, y que aquí aparece en una estupenda inserción digital. A diferencia de la anterior, esta entrega resulta mucho más coherente y más productiva dentro de la historia de la saga. John Connor ya es adulto, y es uno de los más respetados soldados de la resistencia contra las máquinas. Se enfrenta con Marcus, un condenado a muerte reencarnado en un cyborg, que, sin saberlo, opera al servicio de las máquinas en su intento de destrucción de la vida humana. Si la lucha de Connor regala los mejores momentos de la película (con un tono por momentos más bélico que fantástico), su rivalidad con Marcus resulta innecesaria, casi impuesta forzadamente para estirar la película. Otro tema a considerar es la dirección de McG. Cierto es que se lo extraña a Cameron, que a las innovaciones tecnológicas que proponía en su momento Terminator, le adosaba una considerable fisicidad. McG nos entrega pura pirotecnia, muchas más explosiones que combates cuerpo a cuerpo, son las llamas las que siempre terminan evidenciando la colisión de los dos mundos. Por suerte, el resultado de Terminator salvation no es la catástrofe que todos esperábamos a cargo del director de Los ángeles de Charlie, siempre acostumbrado a terribles y constantes caprichos visuales más que a narrar con la potencia necesaria. McG nos termina sorprendiendo. No hace una gran película, no hace la mejor película que se podría haber hecho con esta secuela (para eso hubiera hecho falta menos pirotecnia y más combate corporal, como el que entregan las mejores secuencias de la película, y sobre todo, más historia, más drama, mayor definición en la construcción de personajes), pero tampoco cae en la mediocridad y la irresponsabilidad cinematográfica de sus anteriores productos, dirige con mayor cuidado, prestándole más atención a lo que hay para contar, con un eficiente, aunque bastante gritón, Christian Bale. El resultado, un “ni”, una película que no es horrible ni maravillosa, que cumple con la saga (y aporta algo distinto, a diferencia de T3), sin ir mucho más allá, aunque sepamos que para Terminator, como Cameron y Schwarzenegger, ninguno.
Más información en Cine.com
Crítica CONFESSIONS OF A SHOPAHOLIC

Dirección: P.J. Hogan.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 104 min.
Género: Comedia romántica.
Elenco: Isla Fisher (Rebecca Bloomwood), Hugh Dancy (Luke Brandon), Joan Cusack (Jane Bloomwood), John Goodman (Graham Bloomwood), Kristin Scott Thomas (Alette Naylor), John Lithgow (Edgar West), Leslie Bibb (Alicia), Krysten Ritter (Suze), Fred Armisen (Ryan Koenig), Julie Hagerty (Hayley).
Guión: Tim Firth, Tracey Jackson y Kayla Alpert; basado en los libros “Loca por las compras” y “Loca por las compras en Manhattan” de Sophie Kinsella.
Producción: Jerry Bruckheimer.
Música: James Newton Howard.
Fotografía: Jo Willems.
Montaje: William Goldenberg.
Diseño de producción: Kristi Zea.
Vestuario: Patricia Field.
Estreno en USA: 13 Febrero 2009
Estreno en España: 27 Marzo 2009
Estreno en Argentina: 19 Marzo 2009
Sinopsis
En el mundo glamuroso de la ciudad de Nueva York, Rebecca Bloomwood (Isla Fisher) es una chica muy divertida y muy buena haciendo compras, demasiado buena quizás. Sueña con trabajar en su revista de moda favorita, pero no encuentra el modo de meter la cabeza hasta que, irónicamente, consigue un trabajo como columnista en una revista económica publicada por la misma compañía. Con su sueño a punto de cumplirse, Rebecca tiene que hacer los esfuerzos más increíbles para impedir que su pasado arruine su futuro.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
La boda de mi mejor amigo no es ni por asomo una obra maestra, pero en materia de comedias románticas, uno nunca se cansa de volver a verla, y dejarse seducir (e indignarse a la vez) con la histeria insufrible de Julianne, uno de los personajes más ricos de Julia Roberts. A nadie se le ocurriría pensar en esta película en función de aquella comedia de hace diez años, pero siendo P.J. Hogan el mismo director de aquella, es inevitable la comparación. En ambas, el personaje femenino posee una conducta absolutamente reprobable, y pese a eso, no deja de caer simpática. Rebecca Bloomwood no es histérica como Julianne, es mucho peor que eso. Es una compradora compulsiva, una shopaholic, como ya lo aclara su título. Es decir, es una persona con una adicción concreta, que se suma a su absoluta frivolidad y superficialidad. A poco de empezar, ya asociamos esta comedia con Legalmente rubia. Claro, la comedia de la Witherspoon (y su secuela) por lo menos poseían el mérito de haber mostrado lo mismo antes. A su vez, el personaje de la Witherspoon era tan frívolo, tan superficial y tan simpático como el de Isla Fisher en esta película, pero sin la adicción de esta. Se supone que una adicción es un elemento que define la trama hacia determinado lado. Si se puede hacer una comedia en base a una adicción, sea cual sea, no va a faltar un cierto dejo de acidez, de crítica a la adicción en cuestión. En La boda de mi mejor amigo, Julianne era tan simpática como insufrible, es una de las pocas comedias románticas en las que el espectador desea que la protagonista no se quede con el hombre que ama, sencillamente porque no lo merece, porque su amor, o enamoramiento, es un simple capricho que solo consigue arruinar la vida que él ha elegido. Confesiones de una compradora compulsiva posee un enfoque distinto, es una comedia preferentemente para un público femenino adolescente, lo que le da un dejo de cuento de hadas. Ninguna adolescente querría que Rebecca se quede sin su enamorado, más allá de que su conducta adictiva la aleja de sus amistades, de su trabajo y de su amor. Por supuesto, como debe ser en este tipo de comedias, y como sucedía con La boda…, Rebecca se redime, entiende que ha actuado mal, y decide intentar desprenderse de su adicción a las compras. Pero la redención se narra de manera tan lineal, tan obvia, que no llega a establecer un corte, un quiebre a las secuencias que celebran su adicción. Si durante toda la película, la cámara simpatiza con sus escapadas a las tiendas de ropa, la adicción nunca termina de narrarse de manera crítica, por lo que un quiebre en su conducta no viene a decirnos nada más que lo obvio, que todo aquello estaba mal, aunque nos haya parecido gracioso, y que ella nunca deja de ser simpática, aunque se comporte de manera enfermiza. Con tanta simpatía, el mensaje no parece quedar del todo claro, y las adolescentes podrán disfrutar de esta comedia, pero los adultos preferimos una comedia más inteligente, y con un personaje más ambiguo, como La boda de mi mejor amigo. Para los que disfrutamos de aquella, esta nos parece un poquito insufrible, con una muy buena protagonista (Isla Fisher), y secundarios de renombre (Kristin Scott Thomas, John Goodman y un desaprovechado John Lithgow,), pero con un planteo bastante bobo, que en realidad termina celebrando lo que parecería que pretende criticar.
Más información en Cine.com
Crítica STAR TREK

Dirección: J.J. Abrams.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 126 min.
Género: Acción, ciencia-ficción, aventuras.
Elenco: Chris Pine (James T. Kirk), Zachary Quinto (Spock), Leonard Nimoy (embajador Spock), Eric Bana (Nero), Karl Urban (Leonard “Bones” McCoy), Bruce Greenwood (capitán Christopher Pike), Zoë Saldana (Uhura), Simon Pegg (Montgomery “Scotty” Scott), John Cho (Sulu), Winona Ryder (Amanda Grayson), Anton Yelchin (Pavel Chekov), Ben Cross (Sarek), Jennifer Morrison (Winona Kirk), Rachel Nichols (Gaila).
Guión: Roberto Orci y Alex Kurtzman; basado en la serie “Star Trek” creada por Gene Roddenberry.
Producción: J.J. Abrams y Damon Lindelof.
Música: Michael Giacchino.
Fotografía: Dan Mindel.
Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey.
Diseño de producción: Scott Chambliss.
Vestuario: Michael Kaplan.
Estreno en USA: 8 Mayo 2009
Estreno en España: 8 Mayo 2009
Estreno en Argentina: 7 Mayo 2009
Sinopsis
por Leo Aquiba Senderovsky
El destino de la galaxia está en manos de dos encarnizados rivales nacidos en mundos muy diferentes. Uno, James T. Kirk (Chris Pine), es un joven granjero de Iowa, amante de las emociones fuertes, un líder nato en busca de una causa. El otro, Spock (Zachary Quinto), se ha criado en el planeta Vulcano, y es un marginado debido a su origen medio humano, lo que le hace vulnerable a la emociones volátiles sin las cuales los vulcanianos han vivido desde hace mucho, y que es sin embargo un ingenioso y decidido estudiante que llegará a convertirse en el primero de su especie admitido en la Academia de la Flota Estelar. Kirk y Spock no pueden ser más diferentes. Pronto se verán compitiendo con todas sus fuerzas para estar entre los pocos elegidos para formar parte de la tripulación de la nave espacial más avanzada que se haya creado jamás: la nave USS Enterprise. La tripulación está al mando del capitán Christopher Pike (Bruce Greenwood). Junto a él están el oficial médico de la nave, Leonard “Bones” McCoy (Karl Urban); el hombre que llegará a convertirse en el ingeniero jefe, Montgomery “Scotty” Scott (Simon Pegg); la oficial responsable de las comunicaciones, Uhura (Zoë Saldana); el veterano piloto Sulu (John Cho); y el chico prodigio de 17 años Chekov (Anton Yelchin). Todos ellos se enfrentarán a una primera experiencia desgarradora que pondrá a prueba la lealtad, la camaradería, el valor y el buen humor que les unirán para siempre. En medio de todo, Kirk y Spock tendrán que enfrentarse cara a cara con un destino inevitable: la necesidad de forjar una insólita pero sólida alianza, que les permita llevar valientemente a su tripulación hasta donde nadie ha llegado jamás.

Crítica
Bueno, bueno, bueno… Debo hacer un par de salvedades antes de iniciar esta crítica. Hay dos polos concretos que cubren este film: La extensísima y potente franquicia de Star Trek, y J. J. Abrams. Aclaración para los lectores (especialmente para los trekkies, que abundan por todos lados): Nada más lejos de mi conocimiento que el mundo de Star Trek, en mi retina no se encuentra ninguna imagen de sus muchas series y películas, más allá de las imágenes que uno comparte con cualquier espectador conocedor de la cultura popular occidental. Con respecto al otro polo, apenas vi algunos capítulos de Felicity y jamás vi un solo capítulo de Arias y Lost (series creadas por Mr. Abrams, la última, hoy tan exitosa como generadora de un culto propio, al igual que la primera Star Trek), y Cloverfield, su película anterior, no solo no me gustó, sino que me hizo pensar un futuro absolutamente desalentador para el cine como lo conocemos hasta ahora, aparentemente destronado por la horrenda y masificadora imagen hogareña. Por un lado, hago estas salvedades para evitar cualquier paliza por parte de algún trekkie que espere una crítica comparativa, que analice esta precuela dentro del vasto universo que despliega la saga. Por otro lado, aclaro esto para reconocer mi error. No reniego que Cloverfield me haya despertado un debate en torno al empleo abusivo de la pobre calidad de las cámaras de video digital, pero con Star Trek, Abrams se redime por completo. Por los motivos que ya aclaré, no voy a hablar mucho de esta como una entrega más de la franquicia, sino en todo caso como el inicio mismo de la saga, ya que de eso se trata en términos narrativos. Lo cierto es que, independientemente de si los adoradores de la serie ven colmadas sus expectativas con esta nueva entrega, Abrams les regala esta película a los espectadores como yo, a quienes no siguieron los productos originales, especialmente a las nuevas generaciones, que desconocen las dimensiones de este culto popular. Con esta nueva entrega, Abrams rebautiza con todas las letras la saga. Su película se llama simplemente Star Trek, porque precisamente el origen no requiere de títulos especiales. Abrams, pudiendo convocar, dentro de las enormes dimensiones de estas producciones, a cualquier estrella de Hollywood, elige llenar el elenco de ilustres desconocidos, volver irreconocibles a Eric Bana y Winona Ryder, y hacer que el único rostro identificable sea el de Simon Pegg (en un personaje cómico que, afortunadamente, no desentona). A fin de cuentas, ¿no fue con dos ilustres desconocidos de aquel momento con quienes se inició esta saga hace cuarenta años? Para los trekkies y no tan trekkies, Abrams nos presenta al gran Leonard Nimoy. Mientras otro director hubiese utilizado a aquel protagonista para un simple cameo, Abrams le regala un papel destacable en la trama como el Spock del futuro que viene a contarle al Capitán Kirk la historia de amistad que lo unirá con él luego de su circunstancial rivalidad. Mientras en otras películas (incluso en otras de ciencia ficción), la aparición del Spock del futuro hubiese hecho ruido y molestado dentro del verosímil de la trama, en Star Trek la licencia narrativa es ley, sencillamente porque en su universo todo es posible, por lo que su aparición enriquece directamente el sentido épico de la historia. Antes dije que Abrams se redime por completo. Lo cierto es que, pudiendo hacer algo responsable y digno con la histórica saga, decide ir a por más. Y lo que hace es puro cine. Su versión de Star Trek esta plagada de luces y lucecitas, y es tan luminosa como iluminada de principio a fin. Abrams recoge el guante de la serie, y no busca aggiornarla, le rinde sus más sinceros respetos y honores a la saga, y demuestra con suma facilidad el importante papel que cumple en la historia de la ciencia ficción audiovisual. ¿Cómo lo logra? Con tanto sentido épico como sensibilidad. Star Trek es una historia de paz, de personas que, mientras conquistan nuevos mundos, buscan conciliar a las especies en conflicto. Pero antes que eso, es una tragedia, es el retrato de planetas y culturas que se destruyen por completo, y seres que deben reponerse a perder su pasado y apostar a un futuro. Tal es el caso de Spock, un ser que se debate entre su lado humano y su lado vulcano, entre su lado sensible y su lado racional, y que, en la escena más emotiva de la película, ve implosionar el planeta de su padre, ve perder la historia y la cultura heredadas de su padre, a la vez que pierde físicamente a su madre. En el cabizbajo Spock, destrozado por su necesidad de imponer la razón al dolor por la muerte de su madre y la pérdida del mundo de su padre, y en la propia destrucción del planeta, se sintetiza todo el universo sensible de Star Trek. Solo esos dos aspectos, y la rivalidad de personalidades entre el conflictuado Spock y el arrogante y rebelde Kirk, pueden más que toda una galaxia. Desde ya que esta versión se beneficia de los efectos digitales, naturalmente aprovecha las enormes ventajas técnicas que hoy se propagan por todo el cine, y que representan la diferencia visual principal con el Star Trek inicial, pero Abrams sabe que lo esencial no pasa por lo técnico. Que unos brillos, unas luces, pueden más que todo el despliegue galáctico, y que un complejo duelo de caracteres puede fortalecer mucho más una película que todo el derroche visual que uno pueda imaginar. En plena era digital, Star Trek es tan rimbombante como artesanal, y su enorme sensibilidad no sabe de la gelidez robótica de tantos otros relatos fantásticos. Abrams sabe, y mucho, de tanques, de superproducciones, y de obras de culto, pero más sabe de cine, y con su visión de Star Trek esto queda más que claro. A fin de cuentas, su entretenidísima y conmovedora Star Trek nos viene a decir que la desolación, el dolor, puede representarse tanto en un hombre abatido, como en un planeta reduciéndose al tamaño de un punto, en medio de la inconmensurable galaxia.
Más información en Cine.com
Crítica HENRY POOLE IS HERE

Dirección: Mark Pellington.
País: USA.
Año: 2008.
Duración: 99 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Luke Wilson (Henry Poole), Adriana Barraza (Esperanza), Radha Mitchell (Dawn Stupek), George Lopez (padre Salazar), Cheryl Hines (Meg), Morgan Lily (Millie), Beth Grant (Josie).
Guión: Albert Torres.
Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi, Richard S. Right, Gary Gilbert y Tom Lassally.
Música: John Frizzell.
Fotografía: Eric Schmidt.
Montaje: Lisa Zeno Churgin.
Diseño de producción: Richard Hoover.
Vestuario: Wendy Chuck.
Estreno en USA: 15 Agosto 2008
Estreno en España: 29 Mayo 2009
Estreno en Argentina: Pendiente
Sinopsis
Henry Poole (Luke Wilson) regresa al barrio de clase media de Los Ángeles donde se crió con el objetivo de hallar algo de paz y soledad. A través de una irritante agente inmobiliaria (Cheryl Hines), compra una casa mediocre sin discutir el precio y se instala con una caja de vodka y montones de donuts. Sin embargo, el retiro tranquilo y voluntario de Henry se ve interrumpido por un trío de vecinas: una cotilla con buenas intenciones llamada Esperanza (Adriana Barraza); la niña de ocho años Millie (Morgan Lily), que no ha abierto la boca desde que sus padres se divorciaron pero que no cesa de grabar las conversaciones de los vecinos para reproducirlas una y otra vez –a menudo en los momentos más inoportunos–; y su madre, Dawn (Radha Mitchell), la joven y bella divorciada que le coge un cariño inesperado a Henry. Cuando Esperanza descubre una mancha en la fachada de la casa de Henry, se queda fascinada con la posibilidad de que ésta posea poderes milagrosos y empieza a organizar visitas al “lugar sagrado”. Incluso invita a el pastor de la parroquia, el padre Salazar (George Lopez), para que inspeccione la aparición. Inspirados por sus convicciones, los fieles que se congregan ante la mancha comienzan a reportar unos sucesos inexplicables que ellos atribuyen al poder maravilloso de la pared. A medida que crece el volumen de gente que le invade el jardín en busca de milagros y la amistad que está creando con la pequeña Millie –que le acerca cada vez más a Dawn–, el escéptico Henry se ve irrefrenablemente arrastrado de nuevo al mundo que había tratado de dejar atrás. De forma gradual comienza a observar el milagro de la esperanza, para terminar comprobando de primera mano el poder de la curación.

Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky
Si una película puede resumirse con la frase “un canto a la esperanza” o “un canto a la fe”, estamos mal. No solo estamos mal, sino que con esa frase brillando como un cartel de neón, no parece fácil poder elaborar una crítica. De Henry Poole no sabemos nada, es un hombre que vuelve misteriosamente a un barrio que parece conocer bastante, y poco más. Luego sabremos que no tiene interés en llevarse bien con sus nuevos vecinos, especialmente cuando una vecina descubra una extraña mancha en la pared de su casa y crea ver en esa mancha el rostro de Cristo, para luego reclutar a todo el vecindario y organizar un santuario en torno a esa pared. También sabemos que Poole no se quedará por mucho tiempo, por lo que no le importa pelear el precio de la casa, o vivir en un verdadero desorden y sin intención de refaccionar la vivienda. Sumado al rostro permanentemente apocado y siempre cercano a estallar en llanto de Luke Wilson, no es difícil dilucidar a los cinco minutos de película lo que Poole confesará a la mitad, que está cercano a la muerte. El resto es una catarata de acciones tendientes a subrayar los pequeños milagros que suceden a lo largo de la película, y que están ahí para que Mister Poole deje de lado su escepticismo y se permita pensar que se puede salvar, que un milagro puede apoderarse de su destino. Para colmo, en el momento en que su escepticismo estalla, luego de que ha vuelto a enamorarse (pese a su necesidad de no iniciar algo que indefectiblemente quedará inconcluso), termina sucediendo lo que todos esperamos. Y sí, los milagros están ahí, al alcance de la mano, y todo es así, tan sencillo, tan ramplón, tan incapaz de una mínima reflexión, de un mínimo debate, que en su terca linealidad y obsecuente religiosidad, la película hace agua por los cuatro costados. Y lo que queda es una excepcional actuación de Luke Wilson (muy lejos de su protagonismo en comedia, pero tan o más brillante que en ese género) y una película que solo logra simpatizar cuando describe el “pueblo chico, infierno grande”, donde Poole se instala, con la correspondiente pintura de los vecinos. El resto molesta, desde la poca información que la película desprende sobre el tal Poole, hasta la matriz religiosa subrayada con firmeza a lo largo de toda la película y que, precisamente, es la que justifica que Poole, en vez de ser lo que podría haber sido, un personaje con todas las letras, sea, mediante el escamoteo permanente de información en torno a su persona, un simple títere al servicio del viaje que los realizadores le demandan, del llano escepticismo al acercamiento a Dios, con la fe como simple y llana salvadora de vidas. ¿Es posible que la fe sea simplemente eso? Para la película sí, y con esa irreflexión como bandera, construye un relato a la medida de ese torpe discurso, y como sucede con ese mismo discurso, no logra remontar vuelo ni por casualidad.
Más información en Cine.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




