domingo 31 de mayo de 2009

Crítica X-MEN ORIGINS: WOLVERINE

Dirección: Gavin Hood.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 107 min.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Elenco: Hugh Jackman (Logan/Wolverine), Liev Schreiber (Víctor Creed/Dientes de Sable), Danny Huston (William Stryker), Dominic Monaghan (Chris Bradley), Ryan Reynolds (Wade Wilson/Masacre), Taylor Kitsch (Remy LeBeau/Gambito), will.i.am (Wraith), Lynn Collins (Kayla), Daniel Henney (David North/Agente Zero), Kevin Durand (Frederick J. Dukes/La Mole).
Guión: David Benioff y Skip Woods.
Producción: Lauren Shuler Donner, Ralph Winter, Hugh Jackman y John Palermo.
Música: Harry Gregson-Williams.
Fotografía: Donal McAlpine.
Montaje: Megan Gill y Nicolas de Toth.
Diseño de producción: Barry Robison.
Estreno en USA: 1 Mayo 2009.
Estreno en España: 30 Abril 2009
Estreno en Argentina: 29 Abril 2009



Sinopsis

Hugh Jackman repite el papel que le encumbró como estrella: la feroz máquina de luchar que posee increíbles poderes curativos, garras retráctiles y una furia sobrenatural. “X-Men orígenes: Wolverine” cuenta la historia del pasado de Wolverine, su compleja relación con Víctor Creed (Liev Schreiber) y con el programa Arma X. Por el camino, Wolverine se encontrará con numerosos mutantes, conocidos y nuevos, incluyendo varias leyendas muy esperadas del universo X-Men.



Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

La franquicia de X-Men nos ha regalado productos más que genuinos y dignos para un contexto no tan auspicioso como el presente hollywoodense. Para aquellos que gustamos del buen cómic y no conocíamos demasiado el peso dramático y los complejos personajes que conforman esta serie, la saga cinematográfica nos ha permitido descubrir un mundo tan extraño como fascinante. Como suele suceder en el cine americano, cuando se inaugura un nuevo producto cinematográfico con potencial de franquicia, los productores ya planean las secuelas que la sucederán, dependiendo del éxito. Como también suele suceder, las secuelas comienzan a surgir hasta el límite de lo intolerable, hasta que los productores saben que han agotado el potencial del producto. Con X-Men no es fácil ver esta situación, fundamentalmente por el enorme sustento que posee la trama y que atraviesa cada uno de los personajes, que permite que la saga continúe extendiéndose sin agotar sus recursos. Naturalmente, no todas las secuelas de la saga gozan de la calidad del original. En este caso, X-Men 3 no se acercaba ni por asomo a la profundidad narrativa de la primera y la segunda película de la serie. Por otro lado, cuando la franquicia se dirige hacia el costado opuesto de las secuelas, las precuelas u orígenes de los personajes, siempre encuentran un sustento dramático que justifica la extensión mucho más que las secuelas. Pensemos en la última trilogía de Star Wars que, pese a por momentos caer en lo soporífero, mucho más si se la compara con la trilogía original, conseguía su justificación central en el desarrollo de la personalidad de Anakin Skywalker y su corrimiento hacia las fuerzas malignas. Esta precuela, que indaga en los orígenes de Wolverine, carece de los aspectos psicológicos de su equivalente en Star Wars. A diferencia del estupendo cómic en el que se basa, no indaga demasiado en los padecimientos de Logan cuando niño, y busca centrarse en el inicio del Wolverine que conocemos de la serie central de X-Men. Así la película, en su necesidad de apretar en una película lo que en el cómic en cuestión se extiende por seis números, nos asegura más acción y menos psicologismos, pero de acuerdo a las agradables convenciones de la construcción “originaria” de toda franquicia, hay mucha menos acción que en la trama central, y se agradece. Gavin Hood, quien comenzó su carrera en Hollywood con el thriller Rendition, sabe resolver con plena eficiencia las escenas de acción, pero dándole a ellas solo el peso necesario para que esta precuela tenga su razón de ser comercial y como producto de entretenimiento. El fuerte de este film es la indagación en el personaje de Logan, su contradictoria rivalidad con su hermano Victor Creed, la forma en que conoce el mal en la piel de Stryker, cuando este comenzaba a experimentar con los mutantes, y sus inicios en la aventura que lo llevará luego a unirse al incipiente grupo de reclutas de Xavier. Así nos encontramos con un Hugh Jackman súper probado como héroe al servicio de esta franquicia y con dos actores excelentes que llenan la pantalla de talento, llegando a eclipsar al propio Jackman con su presencia, Liev Schreiber y Ryan Reynolds. Si a esto le sumamos una sencilla pero no molesta historia de amor que da pie a la construcción vengativa del personaje de Wolverine, y la aparición, por primera vez reconocible y reservada para los más acérrimos fanáticos del cómic, de Gambito, en este caso como un rival que pronto se convierte en colaborador de Wolverine, tenemos un producto que trabaja de la mejor manera los elementos con los que cuenta, con valorable pericia visual, que entretiene sin pausas y cuyas virtudes permiten que no quede relegado al lugar de mero subproducto o desprendimiento de la saga central. Quizás hubiera sido mejor un poco más de acercamiento a la infancia de Logan, tal vez por momentos la película padece de un ligero (no excesivo, lo cual es loable si se lo compara con otros productos de este tipo) abuso en el empleo de digital. Pero lo cierto es que esperaba encontrarme con un producto menor de la saga, que desconociera los méritos de las primeras dos películas de la serie, y me topé con lo opuesto, un producto que encara esta travesía por los orígenes del personaje más carismático de los X-Men de la mejor manera posible. Este resultado renueva el entusiasmo por la saga, y permite que esperemos con ansias la ya anunciada película dedicada a los orígenes de Magneto, un personaje muchísimo más complejo y más rico que Wolverine.

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viernes 29 de mayo de 2009

Crítica FUGA DE CEREBROS

Dirección: Fernando González Molina.
País: España.
Año: 2009.
Duración: 104 min.
Género: Comedia.
Elenco: Mario Casas (Emilio), Amaia Salamanca (Natalia), Alberto Amarilla (Chuli), Canco Rodríguez (el Cabra), Gorka Lasaosa (el Ruedas), Pablo Penedo (Corneto), Sarah Mühlhause (Claudia), Joan Dalmau (abuelo de Emilio), Álex Angulo (Cecilio), José Luis Gil (Manuel), Loles León (Rita), Antonio Resines (padre de Natalia), Fernando Guillén (abuelo de Natalia), Asunción Balaguer (abuela de Emilio).
Guión: Curro Velázquez y Álex Pina.
Producción: Daniel Écija y Mercedes Gamero.
Música: Manel Santisteban.
Fotografía: Sergio Delgado.
Montaje: Irene Blecua.
Dirección artística: Juan Pedro de Gaspar.
Vestuario: Bubi Escobar.
Estreno en España: 24 Abril 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Emilio (Mario Casas), un humilde estudiante de instituto de barrio, lleva toda su vida enamorado en secreto de Natalia (Amaia Salamanca), la chica guapa y lista de la clase. Cuando el último día de curso, por fin se decide a declararse, a Natalia le conceden una beca para estudiar Medicina en Oxford. Todo parece perdido para Emilio, pero sus colegas marginados del Instituto no están dispuestos a rendirse. Tras falsificar expedientes y becas, esta pandilla de descerebrados desembarcan en Oxford revolucionando la apacible vida del Campus.



Crítica

por Leo Aquiba Senderovsky

No hay demasiado para decir respecto a esta película. Fuga de cerebros es otra comedia para adolescentes, en este caso española, pero con un fuerte anclaje en las comedias hollywoodenses de este estilo. Los personajes, (un grupo de frikis, algunos discapacitados físicos, otros algo descerebrados, pero todos simpáticos y graciosos, que deciden viajar a Oxford para perseguir a la enamorada de toda la vida de Emilio, uno de ellos, hasta que este se decida a declararle su amor), responden a la lógica de exaltación del adolescente más patético y desvalido, propio de todas las comedias americanas. Si hay algo que distingue a Fuga de cerebros, y la aleja de este modelo de comedias, es la absoluta ingenuidad que recorre todas las situaciones. El grupo se interna como si nada en la Universidad de Oxford, y comienza a hacer de las suyas, con un Emilio siguiendo al pie de la letra los insólitos consejos de sus amigos, y siendo víctima de todas las situaciones absurdas que generan estos consejos. No faltan guiños directos a American Pie, y un tono de humor tan grotesco y burdo como su referente directo. Pero Fuga… no suma puntos cuando apunta los cañones hacia esa dirección (más bien, resta), su fuerte es la ingenuidad que suscita gran parte de esas situaciones y que, unida a la simpatía que despierta el grupo de amigos, permite que los momentos más absurdos y disparatados se tornen medianamente verosímiles, que uno no se cuestione demasiado cómo hicieron estos jóvenes para introducirse en la universidad sin ser reconocidos como intrusos, cómo sobreviven allí a las situaciones más extremas sin ser expulsados, o cómo la bella Natalia puede caer rendida a los pies del pobre Emilio (esto ocurre de manera más realista en las comedias de Hollywood), entre otras cosas. Fuga de cerebros es una comedia llana y burda, con algunos momentos intolerables (la escena del tenista travesti, por ejemplo), y otros francamente innecesarios (la aparición de los padres de los jóvenes no suma absolutamente nada, salvo algunas caras conocidas), pero aún con todos sus defectos y con todos los convencionalismos del género, no pierde gracia y se mantiene firme gracias a la honesta construcción de la amistad del grupo de protagonistas, y a la crítica descarnada de la mirada de los adolescentes que necesitan sentirse parte de la “norma”, y sufren al no aceptar su naturaleza. Tal vez esta reflexión parezca inapropiada para esta película, o que solo puede haberse disparado de forma involuntaria en el sencillo desarrollo de la trama, pero lo cierto es que gran parte de la dinámica de estos personajes se sustenta en la imposibilidad de aceptar lo que son (desde el amigo parapléjico y el amigo no vidente que intentan disfrazar sus discapacidades para conseguir chicas, hasta aquel que esconde algo más), lo cual nos lleva a pensar que en esta comedia, por más vulgar que parezca y por más que la mayoría de sus gags ya se hayan visto hasta el hartazgo, hay algo concreto y complejo que justifica el patetismo del grupo y su absurda y grotesca forma de actuar.

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Crítica SICKO

Dirección y guión: Michael Moore.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 123 min.
Género: Documental.
Producción: Michael Moore y Meghan O’Hara.
Música: Erin O’Hara
Fotografía: Andrew Black.
Montaje: Dan Swietlik, Geoffrey Richman y Christopher Seward.
Estreno en USA: 22 Junio 2007
Estreno en España: 30 Abril 2009
Estreno en Argentina: 20 Septiembre 2007



Sinopsis
El director Michael Moore pone su punto de mira en el sistema sanitario estadounidense, de gestión privada y regido por empresas aseguradoras. Moore compara la situación de los enfermos en EE.UU. con la de algunos países de Europa y Latinoamérica, viniendo a revelar que, mientras para un ciudadano americano romperse un hueso puede ser motivo de ruina económica, en muchos otros países los gobiernos ayudan a sus ciudadanos, no sólo con la Seguridad Social, sino también con empleados al servicio de madres trabajadoras, de enfermos terminales o de personas con necesidad de atenciones especiales.



Crítica

Sicko es sensiblemente diferente a los dos documentales más famosos de Michael Moore. Lo primero que llama la atención es que el rostro de Moore no aparece hasta bien entrada la película. Claro que no falta su constante voz en off, que como siempre articula todo lo que vemos, pero su presencia solo se vuelve indispensable cuando comienza a recorrer los países que cuentan con políticas sociales en materia de salud, particularmente Canadá, Francia, Reino Unido y Cuba. Hasta ese momento, se dedica a exponer las falencias de la salud en Estados Unidos, o las trampas de las empresas privadas de salud para rechazar solicitudes de ingreso a sus planes y para desahuciar a aquellos que más necesitan de su cobertura. Pero esa exposición no se da, como en las anteriores, mediante números, estadísticas y otros recursos, sino principalemente mediante los testimonios de algunos de los miles afectados por estas políticas de exclusión. Lo que consigue con esto es una película mucho más honesta y conmovedora, donde no falta ni el direccionamiento ideológico de Moore ni su denuncia del accionar en este aspecto del poder político (el rostro de Bush nunca pierde presencia, y por otro lado pero en el mismo sentido, Moore nos regala una terrible grabación de audio de Nixon que se presenta como el más evidente origen de los males de la sociedad americana en su relación con la salud privada), pero entrega sus mejores y más conmovedores momentos en el seguimiento de los afectados por el sistema. Moore nos advierte al comienzo que esta no es la historia de una u otra persona, especialmente de los que han quedado fuera del sistema, aunque centra su mirada en aquellos que invierten gran parte de su sostén económico en las empresas privadas de salud, y a la hora de necesitar de ellas les es denegada su cobertura. Lo concreto es que, sin la exposición de todas estas vidas, no se podría erigir una denuncia de tal magniud, y Moore, sin dejar de lado su deliberada y habitual manipulación, carente de ambivalencias, de los elementos que pone en escena, consigue las escenas más emotivas de su filmografía, particularmente cuando lleva a algunos de los rescatistas voluntarios del 11 de septiembre, que han quedado con secuelas terribles, a Guantánamo (para exigir que les den a ellos los mismos beneficios médicos que les dan a los presos allí, en su jugada política más dura, y propia de las mayores palizas que suele propinar su cine), y a Cuba, donde reciben atención médica gratuita, mientras Moore enfoca su discurso en la visión constante que el americano medio tiene de Cuba como uno de sus enemigos acérrimos. Moore nos puede decir que los republicanos tienen toda la culpa, y podemos coincidir con su exposición, puede demostrarnos que alguna vez Hillary Clinton pretendió batallar contra las políticas privadas de salud, para luego ser silenciada de por vida por el poder económico, y podemos sorprendernos ante estas pruebas. Nos puede exponer los beneficios de la salud pública, y no hay modo en que no coincidamos con su visión. Pero para hablar de este tema, no hay nada mejor que conocer el padecimiento de los damnificados por el sistema privado, y son estas voces las que articulan la verdadera denuncia. Por primera vez, parecería que el lineal y tan querible como irritante Michael Moore ha aprendido el peso del testimonio del otro, y es ese otro el que justifica plenamente su visión catastrófica de la salud en Estados Unidos y por natural extensión, en todos los países que cuentan con políticas de salud al servicio de intereses privados.


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Crítica SMOTHER

Dirección: Vince Di Meglio.
País: USA.
Año: 2008.
Duración: 92 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Diane Keaton (Marilyn Cooper), Dax Shepard (Noah Cooper), Liv Tyler (Clare Cooper), Mike White (Myron Stubbs), Ken Howard (Gene Cooper), Jerry Lambert (Donnie), Selma Stern (Helen Cooper).
Guión: Vince Di Meglio y Tim Rasmussen.
Producción: Johnson Chan, Bill Johnson y Jay Roach.
Música: Tom Wolfe y Manish Raval.
Fotografía: Julio Macat.
Montaje: Kelly Matsumoto.
Diseño de producción: Mark Hutman.
Vestuario: Alexandra Welker.
Estreno en USA: 26 Septiembre 2008
Estreno en España: 24 Abril 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Diane Keaton da vida a una dominante progenitora que se planta a vivir junto con sus cinco perros en casa de su hijo (Dax Shepard) el mismo día en que este ha perdido su trabajo y su esposa (Liv Tyler) le presiona con la idea de tener un hijo.



Crítica

Patética. Si no se tratara de una comedia, si estuviésemos ante un drama moralista, o una película políticamente discutible, generaría un odio visceral. En cambio, el odio que provoca se ve aplacado por su liviandad. Odio que es resultado de una película cuyo mal menor es su enfermiza convencionalidad. Básicamente, estamos ante un producto que le falta el respeto al género y al concepto en sí de “comedia”. Supuestamente, un vehículo de lucimiento para Diane Keaton, quien tristemente confunde lucimiento con exacerbación estelar, y no encuentra sostén ni en un guión apenas coherente y terriblemente débil, ni en el aplacado Dax Shepard (se extraña bastante su papel de idiota maravilloso de la genial Idiocracia), ni en la desdibujada Liv Tyler. Quizás el único que se salva es Mike White, con un “friki” cuya presencia prácticamente carece de justificación, pero aún así no deja de ser algo adorable. Algún que otro gag parece sacarnos del letargo que genera la falta total de humor, o la constante presencia de un humor burdo y ramplón. Pero curiosamente, ese o esos gags están más cerca del humor negro y del cinismo que del humor liviano, políticamente correcto y apto para todo público de la propuesta general, lo que hace que estos pequeños momentos se vean totalmente desencajados e incoherentes con el resto de la película. Si esos gags respondieran al sentido común de la película, sería más de lo mismo pero al menos un tanto divertido. Lamentablemente esto no es así, y la realidad a la que nos enfrenta esta película es mucho más desoladora (el clímax de la película, la escena de discusión entre madre e hijo en la misa por el fallecimiento de la abuela, no solo da cuenta de su pobreza narrativa y cómica, sino que subraya al máximo esta situación). Suficientes palabras ya hemos volcado aquí para referirnos a una película completamente olvidable y tan mediocre que no merece la participación de ninguno de los principales actores del elenco, especialmente de Diane Keaton, aunque haya que reconocer que gran parte de la responsabilidad de su mediocre resultado se deba a su desbordada, cómplice e irresponsable forma de abordar este trivial personaje, en esta patética y superficial película, que es “menos” de lo mismo.


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lunes 25 de mayo de 2009

Crítica GÉNOVA

Dirección: Michael Winterbottom.
Países: Reino Unido.
Año: 2008.
Duración: 94 min.
Género: Drama.
Elenco: Colin Firth (Joe), Catherine Keener (Barbara), Hope Davis (Marianne), Willa Holland (Kelly), Perla Haney-Jardine (Mary).
Guión: Michael Winterbottom y Laurence Coriat.
Producción: Andrew Eaton.
Música: Melissa Parmenter.
Fotografía: Marcel Zyskind.
Montaje: Paul Monaghan y Michael Winterbottom.
Diseño de producción: Mark Digby.
Vestuario: Celia Yau.
Estreno en Reino Unido: 27 Marzo 2009
Estreno en España: 8 Mayo 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

La ciudad italiana de Génova brinda a Joe (Colin Firth) y a sus dos hijas la posibilidad de reiniciar sus vidas tras la muerte de la madre. Mientras Kelly (Willa Holland) ahonda en el misterioso nuevo mundo, Mary (Perla Haney-Jardine) se encuentra con el fantasma de su madre deambulando por las calles.



Crítica

Génova es un drama difícil. En manos de otro director, tal vez estaríamos ante un drama desbordado y extenuante. No es fácil suponer el desarrollo de una película que a los tres minutos del inicio muestra cómo un movimiento juguetón de una pequeña hija provoca el accidente en el que fallece su madre. Naturalmente, uno puede imaginar que el resto de la película girará en torno a la culpa de la niña. Ahora bien, lo primero que hay que agradecer es que sea Michael Winterbottom quien está detrás de cámaras en este intenso drama. En su ecléctica filmografía, cuesta encontrar un film intimista de estas características. Su talento narrativo permite un abordaje que escarba en el conflicto de la culpa del modo más elíptico y sugerente posible. Lo segundo que hay que agradecer, es que sea el habitualmente impertérrito Colin Firth quien interprete al padre de estas niñas. Su contenida actuación resulta ideal a la hora de plasmar el perfil de un padre que, decidido a dejar atrás la tragedia, se instala con sus hijas en otra ciudad, mientras intenta lidiar con la rebeldía adolescente de una y la culposa imaginación de otra, evitando en todo momento mostrar signos de quiebre. Joe, el padre, intenta dejarlas hacer sin entrometerse en su vida, mientras sale adelante dictando clase y relacionándose lentamente con una de sus alumnas. La película amaga en todo momento con un segundo desenlace trágico, particularmente al describir el rápido vínculo que la hija mayor establece con los jóvenes del lugar, su acercamiento a zonas oscuras y peligrosas de la ciudad, y la falta de protección de ella sobre su hermana menor, quien comienza a quedar presa de sus alucinaciones (esto deja ver la manera en que la mayor no puede perdonar el accionar de la menor que provocó la muerte de su madre, aunque esto queda mucho más explícito en el constante abandono de una hacia la otra que en los breves diálogos que exponen este conflicto). El signo de temor ante lo ajeno a esta familia (los rasgos más inhóspitos de Génova, y el entorno supuestamente peligroso de la hija mayor) podría revelar un texto medianamente reaccionario. Pero estos elementos quedan minimizados frente al concepto de culpa y perdón que recorre toda la película, y que Winterbottom hábilmente logra erigir sin necesidad de sobreexposiciones ni subrayados, con un limitado y sencillo accionar de los personajes y un crescendo dramático tan terrible como conmovedor, que da pie a escenas de un dramatismo ensordecedor, para el lucimiento de un genial Colin Firth, quien revela una faceta actoral prácticamente desconocida, y de las dos niñas, Willa Holland y Perla Haney-Jardine, los tres conformando las patas principales de un drama que en manos de otro director, habría determinado una experiencia agotadora, y que Winterbottom sabe maniobrar a la perfección, merced a un talento narrativo único.

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Crítica FLASH OF GENIUS

Dirección: Marc Abraham.
País: USA.
Año: 2008.
Género: Drama.
Elenco: Greg Kinnear (Bob Kearns), Lauren Graham (Phyllis Kearns), Dermot Mulroney (Gil), Alan Alda (Gregory Lawson).
Guión: Philip Railsback, Scott Frank y Marc Abraham; basado en el artículo “A flash of genius” de John Seabrook, publicado por The New Yorker.
Producción: Roger Birnbaum, Gary Barber y Michael Lieber.
Música: Aaron Zigman.
Fotografía: Dante Spinotti.
Montaje: Jill Savitt.
Diseño de producción: Hugo Luczyc-Wyhowski.
Vestuario: Luis Sequeira.
Estreno en España: 8 Mayo 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Basada en la historia real de Robert Kearns (Greg Kinnear), profesor de universidad e inventor en sus ratos libres, que libró una larga y dura batalla contra la industria automovilística, “Flash of genius” cuenta la historia de un hombre que pagó un precio muy alto para que su invento fuera reconocido. Este testarudo ingeniero rehusó callarse y se enfrentó a los titanes de las corporaciones a pesar de que nadie creía que pudiese salir vencedor. Los Kearns eran una típica familia de Detroit que en los años sesenta vivía su versión del sueño americano. Bob, profesor en la universidad local, se casó con Phyllis (Lauren Graham) y tuvieron seis hijos antes de cumplir los cuarenta. Su vida no era fácil, pero se sentían felices. Bob inventó un aparato que llegaría a instalarse en todos los coches del mundo occidental, y los Kearns creyeron haber descubierto un filón de oro. Pero sus esperanzas se quedaron en agua de borrajas cuando los gigantes del automóvil, que tanto habían celebrado el invento de Bob, le hicieron a un lado.



Crítica

Flash of genius responde a una convención genérica tan clásica y tan hollywoodense como el western, el drama (en este caso basado en hechos reales, pero este puede ser un rasgo no siempre presente) con un hombre común que se erige como héroe de la película, al enfrentarse con sus principios más férreos contra un enemigo aparentemente imbatible. No es tarea de esta crítica enumerar las películas que responden a este modelo, pero todos sabemos que cada tanto Hollywood se despacha con una de este estilo. En este sentido, Flash of genius responde programáticamente a esta fórmula. Tenemos a Bob Kearns, un ingeniero e inventor que descubre la manera en que los limpiaparabrisas pueden funcionar de manera intermitente, como el pestañeo de los ojos. Luego de inventarlo, se lo presenta junto a su socio a la Ford, y les adjudica la exclusividad de su invento a condición de que sea él quien se encargue de fabricar las cantidades que sean necesarias. Tiempo después, se entera que han rechazado el negocio, para luego darse cuenta de que la Ford le ha robado su invento y ha comenzado a fabricarlo por su cuenta. Ahí comienza la lucha de Kearns contra el gigante de los automóviles, lucha que lo alejará de su familia, y lo hará atravesar por un período de problemas psiquiátricos, para luego resurgir y rechazar cualquier oferta económica de negociación, con el único fin de llevar a juicio a la Ford y de poder ser reconocido como el dueño de la patente. Básicamente, no hay nada nuevo bajo el sol. Personajes de este tipo, que luchan en pos de no dejar que claudiquen sus valores éticos, hay a montones en el cine americano. Pero esto no parece ser un problema demasiado grave para esta película. Con una exquisita ambientación, y una estupenda caracterización de Greg Kinnear (que, extrañamente, es el único que realmente parece haber envejecido con los años que pasan desde el invento hasta el juicio), pese a su convencionalidad, la película no deja de ser disfrutable y de emocionar, con un guión que expone sus mayores dosis de inteligencia en el juicio, al mostrar a pleno la batalla de Kearns, quien pese a no contar con representación legal, consigue con astucia una brillante acusación a la corporación que le usurpó su orgullo profesional. Flash of genius es otra de las tantas películas que Hollywood suele estrenar con hombres comunes librando batallas tan reales como imposibles, pero es a su vez una muestra de que este modelo, sin necesidad de sorprender, gracias a la experiencia del cine americano en esta materia, y cuando está construido en base a un guión inteligente, un sólido abordaje visual, y buenas actuaciones, puede brillar con suma tranquilidad y es una de las mejores alternativas a tanto espectáculo centelleante, mediocre y totalmente vacuo, otra constante de Hollywood que últimamente suele imponerse con mayor facilidad, y con resultados mucho menos dignos.

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Crítica PARAÍSO TRAVEL

Dirección: Simón Brand.
Países: Colombia y USA.
Año: 2007.
Duración: 117 min.
Género: Drama.
Elenco: Aldemar Correa (Marlon), Ana de la Reguera (Milagros), Angélica Blandón (Reina), Margarita Rosa de Francisco (Raquel), John Leguizamo (Roger Peña), Vicky Rueda (la Caleña), Luis Fernando Munera (don Pastor), Ana María Sánchez (Patricia), Pedro Capo Rodríguez (Giovanny).
Guión: Jorge Franco Ramos y Juan Manuel Rendón; basado en la novela “Paraíso Travel” de Jorge Franco.
Producción: Isaac Lee, Juan Manuel Rendon, Alex Pereira y Santiago Díaz.
Música: Angelo Milli.
Fotografía: Rafael Lluch.
Montaje: Alberto de Toro.
Diseño de producción: Miguel Ángel Álvarez.
Vestuario: Sandra Camacho.
Estreno en Colombia: 18 Enero 2008.
Estreno en España: 30 Abril 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

“Paraíso Travel” es la historia de Marlon Cruz (Aldemar Correa), un joven colombiano que, motivado por su novia Reina (Angélica Blandón), decide dejar su vida en Medellín y viajar a Estados Unidos en busca del sueño americano. Pronto descubrirán que del sueño a la pesadilla hay sólo un paso.



Crítica

Centroamérica suele tener un serio problema a la hora de plasmar historias en la gran pantalla. Al estar la industria de la telenovela instalada con tanta fuerza en estos países, gran parte de sus producciones fuera de este ámbito se ven contaminados por el “culebrón”, tanto en las actuaciones, como en el tono que despliegan algunas historias. No nos meteremos con la exitosa novela homónima en la que está basada la película. Solo diremos que cualquier pretensión de denuncia social en torno a los padecimientos que sufren los inmigrantes ilegales, se ve aplastada por un subrayado excesivo, por una intención de sacarle el jugo a lo sexual para atraer inútilmente a los espectadores (esto encarnado en el personaje de Angélica Blandón), y por los elementos telenovelescos, que hacen que los conflictos amorosos terminen pesando más que la lucha por la supervivencia en Estados Unidos. La historia está narrada a dos tiempos, por un lado vemos la desolación de Marlon, quien busca desesperadamente a una desaparecida Reina mientras intenta encontrar un alma caritativa que se apiade de él, y por otro lado, tenemos los detalles del calamitoso viaje a Estados Unidos, que incluyen robos y muertes, personas que se aprovechan económicamente de la desesperación de los que viajan, y una compañera de viaje que se sacrifica sexualmente por el grupo. Si esta última fracción de la historia está narrada a puro subrayado, recrudeciendo al máximo (y la mayoría de las veces, innecesariamente) cualquier situación dramática, la parte central no deja de acumular personajes que de tan exóticos se vuelven irreales, como el de Raquel, o el que interpreta John Leguizamo (en una clara jugada de producción para desembarcar en los cines norteamericanos). Frente a todo esto, los conflictos de Marlon, que se debate entre la desaparecida Reina y la bella Milagros (Ana de la Reguera, una de las más convincentes en su papel, y uno de los roles más realistas) parecen llevar la trama derecho hacia el clima de telenovela, pero es precisamente el excesivo espesor con el que está narrada toda la historia, lo que hace que cualquier conflicto se empariente con este género. Simón Brand demuestra tener un ojo acertado para la realización, aunque mucho más acertado para el oportunismo publicitario (el sexual personaje de Reina, y hasta la innecesaria secuencia de títulos inicial dan cuenta de la manera en que se minimiza la denuncia social en pos de la explotación comercial de este producto) que para exponer un cine de contenido y valioso desde el abordaje de su tema central. Desde ya que el tema de la inmigración ilegal merece productos mucho más conscientes y audaces, y menos cargados de exotismo, de llano y grotesco dramatismo, y de muestras demasiado transparentes de la directa intencionalidad comercial de sus realizadores.

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Crítica THE BURNING PLAIN

Dirección y guión: Guillermo Arriaga.
País: USA.
Año: 2008.
Duración: 111 min.
Género: Drama.
Interpretación: Charlize Theron (Sylvia), Kim Basinger (Gina), Jennifer Lawrence (Mariana), Joaquim de Almeida (Nick), Tessa la (María), José María Yazpik (Carlos), Diego J. Torres (Cristóbal), Danny Pino (Santiago), J.D. Pardo (Santiago joven), John Corbett (John).
Producción: Walter Parkes y Laurie MacDonald.
Música: Hans Zimmer y Omar Rodriguez-Lopez.
Fotografía: Robert Elswit y John Toll.
Montaje: Craig Wood.
Diseño de producción: Dan Leigh.
Vestuario: Cindy Evans.
Estreno en España: 13 Marzo 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Sylvia (Charlize Theron) es una bella gerente de restaurante cuyo comportamiento amable, a la vez que profesional, esconde un tormentoso pasado al que tiene enfrentarse cuando recibe la visita de un hombre que llega de México. Sylvia se lanza a un viaje por el tiempo y el espacio en el que se conectan unos personajes que luchan por ser felices en sus relaciones. En México, una chica huérfana de madre, María (Tessa la), vive feliz con su padre y el mejor amigo de éste hasta que un trágico accidente lo cambia todo. En la ciudad de Las Cruces, en la frontera de Nuevo México, dos adolescentes, Mariana (Jennifer Lawrence) y Santiago (J.D. Pardo), luchan por sacar adelante su amor después de la repentina muerte de sus padres. En un remolque abandonado, una ama de casa, Gina (Kim Basinger), emprende una apasionada aventura que conectará a Sylvia y a los demás, haciendo que sus mundos colisionen.



Crítica

A Guillermo Arriaga lo conocemos principalmente como el guionista que conformó un tándem creativo con Alejandro González Iñárritu en todas sus películas a la fecha. Ahora, con el tándem disuelto, conocemos la primera película dirigida por Arriaga, que tranquilamente podría haber sido la siguiente película de Iñárritu. The burning plain se muestra como un film coral. Esta reflexión no proviene pura y exclusivamente de los antecedentes del guionista, con una estructura narrativa que de tanto depositar sobre ella todos los elementos de sus guiones, termina agotando sus recursos, sino de la forma en que Arriaga construye esta historia. Curiosamente, a diferencia de sus anteriores guiones aquí, las casualidades o los conceptos no atan las historias expuestas, lo que sucede es que todas estas historias terminan en determinado momento develando que son aristas de una misma y única historia. Hasta ese momento, suponemos que se trata de otro film más de historias atravesadas por el dolor, con duros conflictos entre padres e hijos, con el sexo como un elemento que, en su costado liberador, puede acabar con la estructura familiar y con la vida de algunos de sus miembros, o esconder una enorme y no tan secreta frustración interna, y con la aridez geográfica como escenario donde se traduce la acción de los personajes, y la culpa posterior de todos ellos (pueden imaginarse una catarata de conceptos católicos recorriendo toda la película). La evidencia, a medida que evoluciona la trama, de que en realidad se trata de una sola historia con múltiples consecuencias, oxigena un poco el concepto férreo en el que Arriaga sumerge sus historias, pero a su vez esta construcción coral de un drama que en su conformación familiar no amerita tal división, hace que esta trama se vuelva terriblemente tramposa en su desarrollo. The burning plain es un drama correctamente dirigido y estupendamente interpretado, pero la trampa, las rivalidades en torno al romance, más cercanas al bajo vuelo de la telenovela que a la altura narrativa y moral de Shakespeare, y los discutibles conceptos religiosos que rodean la historia, hacen de este film una experiencia bastante dolorosa y para nada emotiva.

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domingo 17 de mayo de 2009

Crítica THE INTERNATIONAL

Dirección: Tom Tykwer.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 118 min.
Género: Thriller, acción.
Elenco: Clive Owen (Louis Salinger), Naomi Watts (Eleanor Whitman), Armin Mueller-Stahl (Wilhelm Wexler), Ulrich Thomsen (Jonas Skarssen), Brian F. O’Byrne (el asesor), Michel Voletti (Viktor Haas), Patrick Baladi (Martin White), Jay Villiers (Francis Ehames), Fabrice Scott (Nicolai Yeshinski), Haluk Bilginer (Ahmet Sunay), Alessandro Fabrizi (Alberto Cerutti).
Guión: Eric Warren Singer.
Producción: Lloyd Phillips, Richard Suckle y Charles Roven.
Música: Tom Tykwer, Johnny Klimek y Reinhold Heil.
Fotografía: Frank Griebe.
Montaje: Mathilde Bonnefoy.
Dirección artística: Uli Hanisch.
Vestuario: Ngila Dickson.
Estreno en USA: 13 Febrero 2009
Estreno en España: 24 Abril 2009
Estreno en Argentina: 26 Marzo 2009



Sinopsis

La cinta reúne a un agente de la Interpol (Clive Owen) y a una ayudante (Naomi Watts) del fiscal de Manhattan, quienes intentarán desmantelar un grave caso de corrupción que afecta a una de las entidades bancarias más poderosas. Sacando a la luz las actividades ilegales del banco, y siguiendo la pista del dinero por Berlín, Milán, Nueva York y Estambul, la tenacidad de la pareja terminará poniendo sus vidas en peligro.



Crítica

Los thrillers en serio no aparecen frecuentemente por Hollywood. Sí aparecen thrillers con mucho hincapié en la acción, bonitos, retorcidos, con tantas vueltas de tuerca que uno indefectiblemente no tarda en marearse. Pero thrillers en serio, son pocos. The international está dirigido por el alemán Tom Tykwer, quien saltó a la fama con la ingeniosa pero excesivamente virtual Corre, Lola, corre. En su paso a las grandes ligas, Tykwer fue dejando de lado la virtualidad y el virtuosismo, y comenzó a preocuparse simplemente por hacer bien las cosas. Aquí las cosas no le podrían haber salido mejor. Con un guión que vuelve a explotar el tema de las grandes corporaciones como monstruos bestiales que provocan los grandes males de la civilización, con el impagable “cara de piedra” Clive Owen, a quien cada vez lo adoramos más en este tipo de papeles que no le dan respiro, Tykwer construye un thriller con un sentido claro y contundente. The international sigue al agente Louis Salinger por varias ciudades del mundo, con el fin de desmantelar el accionar de un poderoso banco que se encuentra en pleno negocio armamentístico con poderes políticos violentos, y que comienza a ocuparse de que aquellos que “saben demasiado” terminen convertidos en un tendal de cadáveres. Claro que Salinger estará solo en esa lucha descarnada por develar la verdad, o parcialmente solo si contamos la colaboración que le ofrece una ayudante de un fiscal (una eficiente Naomi Watts). Otro director hubiera apelado al romance en esa relación, pero a Tykwer se le agradece su frialdad y su interés en atenerse a la trama sin indagar demasiado en las vidas de los personajes, que poco aportarían a este thriller. Para que un thriller de estas características funcione, no deberían faltar las escenas de acción. Curiosamente, y por suerte, la acción aparece a cuentagotas, pero cuando aparece, nos regala escenas únicas, como el tiroteo en el Museo Guggenheim (con un Guggenheim recreado a la perfección en estudios). Todas las escenas de acción parecen responder a una misma lógica, siempre que Salinger apunta a un enemigo, el tiro hacia aquel vendrá de detrás del agente, advirtiendo que, dentro del sistema que Salinger pretende ingenuamente desmantelar, todos los hombres son absolutamente prescindibles, y siembre habrá un hombre, o un poder, que desbanque a otro para hacerse con el virtual control del sistema, o para perpetuar una venganza de un poderoso cabecilla hacia otro. Lo importante es que, en todo este entramado de acciones y traiciones, nadie abra la boca y devele los secretos que esconde el banco. La lógica general de la película (desde los continuos saltos geográficos hasta el interés por no ser condescendiente con el sistema al que se enfrenta el agente de turno) responde concretamente al legado de la saga Bourne, y esto está más que claro en la puesta en escena. Pero The international ajusta su irreverencia con notoria lucidez, desplegando un thriller imparable en sus casi dos horas (aun pese a sus pocas y memorables escenas de acción) que “sabe demasiado” y no teme decirlo, aun pese a que, afortunadamente, sepa que no podrá regalarnos un final absurdamente feliz, e inevitablemente caiga en la desolación.

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Crítica LAT DEN RÄTTE KOMMA IN

Dirección: Tomas Alfredson.
País: Suecia.
Año: 2008.
Duración: 114 min.
Género: Drama, terror, fantástico.
Elenco: Kåre Hedebrant (Oskar), Lina Leandersson (Eli), Per Ragnar (Håkan), Henrik Dahl (Erik), Karin Bergquist (Yvonne), Peter Carlberg (Lacke), Ika Nord (Virginia), Mikael Rahm (Jocke), Anders T. Peedu (Morgan), Pale Olofsson (Larry).
Guión: John Ajvide Lindqvist; basado en su novela.
Producción: John Nordling y Carl Molinder.
Música: Johan Söderqvist.
Fotografía: Hoyte Van Hoytema.
Montaje: Dino Jonsäter y Tomas Alfredson.
Diseño de producción: Eva Norén.
Vestuario: Maria Strid.
Estreno en Suecia: 24 Octubre 2008.
Estreno en España: 17 Abril 2009
Estreno en Argentina: 23 Julio 2009



Sinopsis

Oskar es un chico de 12 años que sufre continuamente el acoso de algunos compañeros de su clase. Su deseo de tener un amigo parece hacerse realidad cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse a la casa de al lado. Pero Eli es una niña misteriosa: es muy seria, sólo sale por las noches y aparentemente no le afectan las temperaturas heladas. Una serie de desapariciones y asesinatos inexplicables coinciden con la llegada de la chica.



Crítica

Con el cine de terror me sucede me sucede algo muy particular. Varios años atrás, tenía un marcado prejuicio hacia el género. Por un lado, por el simple efecto de “asustar” que hace a una película más o menos eficiente, y que vendría a justificar su realización. Siempre me pareció que reducir una película a un mero efecto es un concepto idiota, pero dado que este efecto hace al género, el preconcepto hacia la totalidad de ese cine estaba servido en bandeja. A medida que uno se introduce en la historia (con minúscula y mayúscula) del cine, los géneros quedan a un lado y las películas son las verdaderas reinas de la enciclopedia. De ahí que comencé a observar el cine de terror como un género que puede ofrecer grandes películas, siempre que, como toda gran película, supere los límites del universo genérico, potenciando al máximo los recursos cinematográficos de los que se vale para narrar. ¿A qué viene todo esto? Recientemente vi otro film de terror que no tiene absolutamente nada que ver (ni por recursos, ni por origen) con este, The broken. En aquella crítica destacaba que The broken se vale de los recursos más trillados del cine de terror americano para asustar de la forma más genuina, con una evolución tan paulatina como efectiva del suspenso. Quizás se parezca a Déjame entrar (extrañamente, este título hispano establece un punto de vista exactamente opuesto al título original, traducido en inglés como Let the right one in, o Deja que entre el indicado) en la lenta evolución de la trama. La diferencia principal en cuanto al efecto del género, es que Déjame entrar no asusta, genera un terror permanente y progresivo. Lo extraño aparece de entrada, con un hombre desangrando a otro en una zona boscosa. Pero lo que hasta ahí podría tomarse como una escena cualquiera de una película de terror, tiene su contracara en la descripción de la vida opresiva de Oskar, un adolescente que vive siendo objeto de constantes humillaciones por parte de sus compañeros. Oskar conoce una noche a una extraña adolescente, de la que terminará enamorándose perdidamente, y quien lo incita a defenderse del acoso y la violencia permanente de sus compañeros. Oskar, que solo tiene como referente adulto a una madre que aparece esporádicamente en escena aunque vive con él, comienza a dejarse llevar por ese amor complejo y cargado de las mieles propias del amor adolescente, pero esas mieles no tardarán en mezclarse con sangre, lo cual rápidamente llevará a establecer la conexión entre el asesino en el bosque y esta joven. No conviene contar demasiado de la trama para no arruinarla (aunque pocas cosas podrían arruinar este film). Basta decir que, si el reciente y taquillero drama vampírico-adolescente Crepúsculo contaba de un modo naïf y adaptado a la mentalidad adolescente, una relación más telenovelesca que tenebrosa, aquí parecería girar en torno a lo mismo, pero enfatizando el carácter universalmente perverso del adolescente. Para dar un ejemplo claro, en una escena tan fascinante como salvaje, Oskar se hace un tajo en la mano para mezclar su sangre con la de Eli, su joven enamorada. No diremos lo que sucede luego, pero completa de un modo sorpresivo esta perversa situación. En Déjame entrar, la sangre no tiñe la gelidez de la nieve, sino que ambas parecen signos equitativos del progresivo estado de violencia que comienza a encarnarse en el joven Oskar. Y Tomas Alfredson, con un empleo tan dilatado como preciso del tiempo cinematográfico, viene a contestar con altura desde el cine sueco a la imperancia autómata e irreflexiva de recursos sobreutilizados y reiterativos del cine de terror americano. A fin de cuentas, Déjame entrar, mucho más que exponer su efecto inmediato, es un retrato descarnado del carácter pulsional del adolescente, y cuando hablamos de películas como esta, no deberíamos limitarnos a la sintética y limitante frase “es una gran película de terror”, sencillamente “es una gran película”, y nadie, sea o no seguidor del género, debería ignorarla.

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Crítica ENTRE LES MURS

Dirección: Laurent Cantet.
País: Francia.
Año: 2008.
Duración: 128 min.
Género: Drama.
Elenco: François Bégaudeau (François), Vincent Caire (Vincent), Olivier Dupeyron (Olivier), Patrick Dureuil (Patrick), Frédéric Faujas (Fred), Laura Baquela (Laura), Juliette Demaille (Juliette), Dalla Doucoure (Dalla), Esméralda Ouertani (Sandra), Franck Keïta (Souleymane), Wei Huang (Wei).
Guión: Laurent Cantet, François Bégaudeau y Robin Campillo; basado en la novela “Entre les murs” de François Bégaudeau.
Producción: Carole Scotta, Caroline Benjo, Barbara Letellier y Simon Arnal.
Fotografía: Pierre Milon, Catherine Pujol y Georgi Lazarevski.
Montaje: Robin Campillo y Stéphanie Léger.
Vestuario: Marie Le Garrec.
Estreno en Francia: 24 Sept. 2008
Estreno en España: 16 Enero 2009
Estreno en Argentina: 16 Abril 2009



Sinopsis

François (François Bégaudeau) y los demás profesores se preparan para enfrentarse a un nuevo curso en un instituto situado en un barrio conflictivo. Llenos de buenas intenciones, deseosos de aportar la mejor educación a sus alumnos, se arman contra el desaliento. Pero las culturas y las actitudes se enfrentan en el aula, microcosmos de la Francia contemporánea. Por muy divertidos y estimulantes que sean los adolescentes, sus comportamientos pueden cortar de raíz el entusiasmo de un profesor que no cobra bastante. La tremenda franqueza de François sorprende a sus alumnos, pero su estricto sentido de la ética se tambalea cuando los jóvenes empiezan a no aceptar sus métodos.



Crítica

Entre los muros es a todas luces un film importante. Ganador de la Palma de Oro en Cannes, y nominada al Oscar a Mejor Película Extranjera, viene a acentuar la idea de que a Laurent Cantet no hay lauro que le sea esquivo. Como gran parte de los films verdaderamente trascendentes, su importancia es un simple efecto, una consecuencia, nunca un síndrome. En Entre los muros, su “importancia” jamás se encuentra subrayada. Laurent Cantet quizás sea uno de los cineastas franceses con mayor acento político en su cine, pero la política es un mero desprendimiento de su narración, generalmente centrada en lo social y en la experiencia humana. Con su ópera prima, Recursos humanos, Cantet parecía hablar del desempleo, cuando en realidad se centraba en la dignidad del trabajo de obrero y en el dilema moral en torno a la adopción de un sistema siempre perverso. Lo mismo ocurre con El empleo del tiempo y Bienvenidas al paraíso, y en este film, si bien la pluralidad de etnias que se encuentran en la clase a la que se enfrenta el profesor François, hace que uno enfoque a priori en el tema de la inmigración (más aún cuando en la actualidad la inmigración es vista por el gobierno francés como un problema serio a resolver con políticas decisivamente segregatorias), Entre los muros habla de la educación secundaria como un valor único, una batalla a librar contra la vacua rebeldía del adolescente y las condiciones propias de la educación. La variedad de etnias que confluyen en esa clase viene a exponer el estado actual de la sociedad francesa, más que un signo político central. La cantidad de inmigrantes o hijos de inmigrantes en todo caso acentúa las diferencias culturales e idiomáticas (la clase es de francés), como cuando la madre africana de uno de los jóvenes problemáticos debe asistir a una reunión con docentes y directivos de la escuela para decidir su futuro, y su falta de comprensión idiomática la excluye de ese debate, y de ese sistema, antes que a su propio hijo. La película está orbitada alrededor de François Bégaudeau, protagonista, periodista, docente y autor del libro en el que está basada la película. Cantet lo convierte en un personaje típico de su cine, inserto en un esquema sin ningún atisbo ajeno a la plena naturalidad de la historia y el ámbito social que se describe, su relación con los alumnos carece de cualquier retórica moralista e ingenio monologal. Entre los muros no es La sociedad de los poetas muertos ni Al maestro con cariño. Carece de cualquier imposición de emotividad. Detrás del registro realista de Cantet, se exhibe un retrato claustrofóbico, su título anuncia que la película no se correrá de los límites espaciales de la escuela, y dentro de esos límites se sucede una relación entre profesores y alumnos, donde el único problema a dirimir es el oficio de educar, frente a la resistencia a aprender. Cada alumno ejerce un rol que puede parecer medianamente arquetípico, pero no se aleja del reflejo que cualquiera puede identificar con algún ex compañero de escuela, o con uno mismo. Porque el adolescente siempre tiende a ocupar un rol arquetípico dentro de una estructura escolar, y el profesor de secundaria siempre se enfrenta al desafío de educar, en un mundo que demanda un determinado nivel de preparación de los jóvenes para su ingreso a la vida adulta. Hacia el final, Cantet traduce los signos de la derrota educativa, en una escena en la que una de las alumnas le confiesa a su profesor que cree no haber aprendido nada en todo el año, escena un tanto subrayada e incongruente con la naturaleza de la propuesta general de la película. Pero para cuando llega esa escena, Entre los muros ya ha probado que exhibe mucho más contenido y mucha mayor necesidad de debate que cualquier película anterior sobre la educación secundaria, siempre atravesadas por el subrayado permanente, la ingenuidad en la pintura del alumnado y la postura del docente como mesías indiscutible, ajeno a la humanidad de los alumnos.
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Crítica ACNÉ

Dirección y guión: Federico Veiroj.
Países: Uruguay, Argentina, México y España.
Año: 2007.
Duración: 90 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Alejandro Tocar (Rafa Bregman), Yoel Bercovici (Rony), Igal Label (Andy), Gustavo Melnik (Simón Bregman), Julia Catalá (Eva), Belén Pouchan (Nicole), Verónica Perrotta (Angélica).
Producción ejecutiva: Fernando Epstein y Hernán Musaluppi.
Fotografía: Bárbara Álvarez.
Montaje: Fernando Epstein.
Diseño de producción: Gonzalo Delgado.
Vestuario: Adelaida Rodríguez.
Estreno en España: 2 Enero 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Rafael Bregman (Alejandro Tocar) es un adolescente al que su acné le ha convertido en tímido e inseguro a la hora de acercarse a las chicas. Busca desesperadamente su primer amor, o al menos algo de sexo, mientras su cuerpo se revoluciona disparado por las hormonas. Su hermano mayor ha encontrado la solución para los problemas de Rafael: las manos expertas de la criada de la casa. Sin embargo, lo que el chico realmente está buscando es bastante más difícil de conseguir. Ansía su primer beso romántico y ensaya para ese momento sublime chupeteando su propio brazo o un tierno bizcochuelo. Una compañera de clase es la destinataria perfecta para ese beso, pero la imposibilidad de conseguirlo le trae por la calle de la amargura.



Crítica

Rafael Bregman vive las peripecias propias de cualquier adolescente. Federico Veiroj lo coloca dentro de la clase alta de la colectividad judía de Uruguay, por razones seguramente autobiográficas, definitivamente por pleno conocimiento de los adolescentes de esa extracción. Esto le da un marco concreto a su historia, sus padres pueden convivir pero están virtualmente separados, ambos le dan dinero a sus hijos sin importarles lo que hacen de sus vidas, uno de sus mejores amigos está por viajar a Israel, y por momentos se cuelan algunos rasgos clarísimos de la hipocresía propia de su entorno, como cuando Rafael vuelve a ver el video de su bar mitzvá y se ve la indiferencia de su madre hacia su padre en el momento más emotivo de la fiesta. Pero todos esos elementos no dejan de elevar el conflicto interno de Rafael, quien se encuentra acobardado por su exceso de acné. Se sabe que el acné es un desorden hormonal propio de la adolescencia, por lo que el acné no solo es símbolo de la timidez del adolescente, sino principalmente del momento en el que comienza a sentir la imperiosa necesidad de debutar sexualmente. Veiroj no necesita demasiado tiempo para desarrollar tanto los conflictos centrales del personaje, como el trasfondo social que lo rodea. A los cinco minutos de película, Rafael pierde la virginidad con la mucama de la casa, minutos después de que su padre la humillara con una sola frase, en otro contexto carente por completo de violencia. Sin embargo, lo que Rafael necesita no es sexo, ya que dinero no le falta para ir a un burdel con amigos, Rafael quiere besar a una mujer, si puede a Nicole, su amor secreto (o no tanto), pero no pierde el tiempo e intenta besar intempestivamente a cualquier mujer que se le cruza. La película no tarda en exponer, sin necesidad de cualquier subrayado, que su manera compulsiva de robarle un beso a cualquier mujer no es una conducta solo justificada por su estallido hormonal, sino a su vez por el trato que se le da en su propia casa a las mujeres que no se encuentran en su misma posición social. De ahí que en determinado momento, Rafael y un amigo ven salir a su padre del mismo burdel que frecuentan, de ahí también que Rafael aprieta a Nicole pero no se anima a buscar intempestivamente el esperado beso, como sí lo hace con la mayoría de las mujeres que se cruza por el camino. Veiroj construye un drama adolescente con códigos similares a películas absolutamente disímiles a esta, como la comedia americana Suberbad (aunque con un humor mucho menos acentuado y grotesco que aquella), con un abordaje minucioso y a la vez minimalista de la vida cotidiana del protagonista, al punto que cualquiera puede identificarse con al menos algún rasgo de Rafael, y un preciso retrato social que consigue pintar el accionar del personaje como la síntesis entre las condiciones propias de su edad, y los efectos catastróficos del entorno en el que vive.

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lunes 11 de mayo de 2009

Crítica MAN ON WIRE

Dirección: James Marsh.
Países: Reino Unido y USA.
Año: 2008.
Duración: 94 min.
Género: Documental.
Intervenciones: Philippe Petit, Jean-Louis Blondeau, Annie Allix, Jim Moore, Mark Lewis, Jean-François Heckel, Barry Greenhouse, David Foreman, Alan Welner.
Guión: James Marsh; basado en el libro “To reach the clouds” de Philippe Petit.
Producción: Simon Chinn.
Música: Michael Nyman y J. Ralph.
Fotografía: Igor Martinovic.
Montaje: Jinx Godfrey.
Diseño de producción: Sharon Lomofsky.
Estreno en Reino Unido: 1 Agosto 2008.
Estreno en España: 17 Abril 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

El 7 de agosto de 1974, un joven francés llamado Philippe Petit caminó por un cable colgado ilegalmente entre las Torres Gemelas de Nueva York, entonces los edificios más altos del mundo. Tras una hora caminando por el cable, fue arrestado, examinado psicológicamente y encarcelado antes de ser finalmente liberado. Tras seis años y medio soñando con las torres, Petit pasó ocho meses en Nueva York planeando la ejecución del golpe. Ayudado por un equipo de amigos y cómplices, Petit se enfrentó a numerosos y extraordinarios desafíos: tuvo que encontrar la manera de burlar la seguridad del World Trade Center, colar el pesado cable de acero y el equipo necesario. Tender el cable entre los tejados de las dos torres, anclar el cable y tensarlo para soportar los vientos y el movimiento de vaivén de los edificios. El tendido del cable se hizo de noche, en completo secreto. A las 7:15 de la mañana, Philippe comenzó a pasear por el cable a 1.350 pies de altura por encima de las calles de Manhattan. El documental de James Marsh da vida a esta extraordinaria aventura a través del testimonio de Philipe y alguno de los conspiradores que le ayudaron a crear el espectáculo magnífico y único que se conoció como “el crimen artístico del siglo”.



Crítica

Man on wire dispara una extensa serie de lecturas, algo curioso para un documental basado en una simple proeza física, que quedó como un acontecimiento histórico único. El trabajo de James Marsh indaga en la aventura soñada del equilibrista francés Philippe Petit de cruzar la cima de las Torres Gemelas sobre un cable extendido de torre a torre. Para ello, se remonta a la época en que las Torres eran un proyecto en ciernes, y ya Philippe (quien cruzó la Catedral de Notre Dame, entre otras famosas edificaciones) soñaba con esa aventura. Man on wire es un retrato de aquella aventura gigantesca, cargada de suspenso y sostenida por el equipo de Philippe que por aquella época lo acompañaban en todos sus desquiciados emprendimientos. Pero a su vez, el suspenso que se desprende de este acontecimiento concreto, está vinculado con la facultad de poder burlar todo tipo de seguridad en el World Trade Center, lo que la asemeja a un potente thriller, deteniéndose en todos los detalles de aquella misión, como si la cámara siguiera a un grupo terrorista en su plan. Y a la luz de los hechos ocurridos el famoso 11 de septiembre de 2001, Man on wire podrá parecerse a un documental de denuncia sobre la vulnerabilidad de las Torres Gemelas, pero va mucho más allá de eso, ya que se erige como un retrato de la belleza arquitectónica de aquellas Torres que iluminaban Nueva York. Principalmente, porque la acción de Philippe de caminar y, como afirma uno los policías que lo detiene luego de su proeza, “bailar” sobre un cable, con el cielo cómo único telón y uniendo dos torres, es un acto cargado de una belleza única, que realza la fastuosidad arquitectónica, y a la vez empequeñece a los edificios que sostienen al hombre mientras parece caminar por el aire. Marsh se apoya en el empleo preciso del cuantioso material de archivo, y recreaciones muy correctas que se acoplan a este material, al punto de que, al revés que muchos documentales donde podemos preguntarnos sobre el nivel de realidad de las imágenes, aquí la abundancia de imágenes de archivo, la calidad que tienen estas imágenes y la forma en que se acoplan con las reconstrucciones, hacen que desconfiemos de ellas y por momentos nos preguntemos si no se tratan de imágenes construidas para la ocasión. Man on wire tal vez funcione más por contexto. Quizás esta efectiva ambigüedad de las imágenes (que convierte a las imágenes de Philippe caminando en el aire en escenas fantásticas) funciona en virtud de la actitud actual del documental de mezclar constantemente ficción y realidad. Quizás no se desprenderían lecturas en torno a la belleza del hombre caminando entre las Torres, si estas no hubiesen sido destruidas años atrás. Pero al fin y al cabo, más allá del efecto contextual, la única imagen que trasciende poderosamente es la del hombre haciendo equilibrio con el firmamente como único testigo. Imagen puramente cinematográfica, capaz de volver trascendente cualquier film.

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Crítica LOS ABRAZOS ROTOS

Dirección y guión: Pedro Almodóvar.
País:
España.
Año: 2009.
Duración: 130 min.
Género: Drama.
Elenco: Penélope Cruz (Lena), Lluís Homar (Mateo Blanco/Harry Caine), Blanca Portillo (Judit García), José Luis Gómez (Ernesto Martel), Rubén Ochandiano (Ray X), Tamar Novas (Diego), Ángela Molina (madre de Lena), Chus Lampreave (portera), Kiti Manver (Madame Mylene), Lola Dueñas (lectora de labios), Mariola Fuentes (Edurne), Kira Miró (modelo), Rossy de Palma (Julieta), Alejo Sauras (Álex).
Producción: Esther García y Agustín Almodóvar.
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía: Rodrigo Prieto.
Montaje: José Salcedo.
Diseño de producción: Antxón Gómez.
Vestuario: Sonia Grande.
Estreno en España: 18 Marzo 2009
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

Un hombre escribe, vive y ama en la oscuridad. Catorce años antes sufrió un brutal accidente de coche, donde no sólo perdió la vista sino que también murió Lena (Penélope Cruz), la mujer de su vida. Este hombre tiene dos nombres, Harry Caine (Lluís Homar), lúdico seudónimo bajo el que firma sus trabajos literarios, relatos y guiones, y Mateo Blanco, su nombre de pila real, con el que vive y firma las películas que dirige. Después del accidente, Mateo Blanco se convierte en su seudónimo, Harry Caine. Si ya no puede dirigir películas, prefiere sobrevivir con la idea de que Mateo Blanco ha muerto con Lena en el accidente. En la actualidad, Harry Caine vive gracias a los guiones que escribe y a la ayuda de su antigua y fiel directora de producción, Judit García (Blanca Portillo), y de Diego (Tamar Novas), el hijo de ésta, secretario, mecanógrafo y lazarillo. Desde que decidiera vivir y contar historias, Harry es un ciego muy activo y atractivo que ha desarrollado todos sus otros sentidos para disfrutar de la vida, a base de ironía y una amnesia autoinducida, autoimpuesta sería más exacto. Ha borrado de su biografía todo lo ocurrido catorce años antes. No vuelve a hablar de ello, ni a hacer preguntas; el mundo se olvidó pronto de Mateo Blanco y él es el primero en no querer resucitarlo. Pero, una noche, Diego tiene un accidente y Harry se hace cargo de él. En las largas noches en que Harry cuida del chico (su madre, Judit, está fuera de Madrid y deciden no comunicarle nada para no alarmarla) le cuenta la fábula de su propia historia, para entretenerle, como un padre le cuenta un cuento a un hijo pequeño para que se duerma.



Crítica

Almodóvar vuelve a movilizarnos con otro melodrama tremendo, con dos hombres veteranos disputándose el amor de una atribulada Penélope Cruz. La historia es narrada a dos tiempos, por un lado vemos a Mateo Blanco, rebautizado como Harry Caine, famoso guionista que ha quedado ciego años atrás, y por otro lado vemos, quince años antes, el inicio de la relación de Ernesto Martel con la joven Lena (Cruz), desde que esta sufría por el deterioro físico de su padre y comienza a refugiarse en los paternales brazos del acaudalado Martel. Almodóvar sabe cómo congeniar misterio, seducción y melodrama, del mismo modo en que lo entendían grandes maestros como Hitchcock. Lamentablemente, la sinopsis que se publica aquí, muy similar a la difundida por la producción, revela algunos elementos propios de ese cruce entre Mateo, Lena y Martel, que en la película cobran un decisivo espesor dramático y que se desarrollan a lo largo de todo el film. Pero en el cine de Almodóvar, nada es muy impredecible, y ningún aspecto se limita a las palabras que se pueden hilar en una sinopsis. Almodóvar comienza describiendo la vida del oscuro, solitario y seductor Harry, y a partir de un proyecto que este tiene en mente para convertir en guión, la vida del hijo con síndrome de Down que Arthur Miller abandonó de niño y que creció sin guardarle rencor hasta reencontrarse con él y fundirse en un abrazo, da pie a una serie de reflexiones sobre los conflictos filiales que, uno imagina, serán la columna vertebral del film. Si así hubiese sido, no estaríamos ante un melodrama romántico sino ante un film mucho más complejo, con ribetes de otras cintas almodovarianas como Todo sobre mi madre. Pero, si bien el maestro manchego trabaja esto como una segunda línea muy clara dentro de la película (la relación entre Harry y el hijo de Judit, su amiga y productora, y el errático vínculo entre Martel y su hijo, quien nunca aceptó su homosexualidad), la figura de Lena va cobrando fuerza desde el pasado a partir de la noticia del fallecimiento de Martel, erigiéndose como el centro de las disputas de antaño entre Mateo y Martel, exponiendo la devoción y obsesión de ambos por ella (Mateo convirtiéndola en su musa y regalándole un film, y Martel, su marido, produciendo ese film para ella mientras la vigila incansablemente con la cámara de su hijo), y esta trama termina por dejar a un lado la fuerza dramática que proponen los conflictos filiales, que demandan un mayor desarrollo. Más allá de este desencuentro entre ambos componentes narrativos, estamos ante otro contundente melodrama con todas las constantes del cine de Don Pedro, con su talento particular para delinear la sensibilidad de sus personajes, y en este caso, en un claro homenaje al mundo del cine, y por qué no, de “su” propio cine. El final del film nos muestra a Harry reeditando el trunco film dirigido por él, producido por Martel y protagonizado por Lena, y nos encontramos ante una escena de aquel film que, curiosamente, se parece demasiado en sus diálogos a las clásicas comedias de Almodóvar. Lo que lleva a una pregunta obvia, que naturalmente quedará sin respuesta: ¿Cuáles son las pasiones, obsesiones y culpas de Pedro que se cuelan en el personaje doble de Mateo/Harry? En definitiva, ¿qué hay de Pedro en Mateo, y qué hay de él en Harry? Se pueden bosquejar miles de conjeturas, pero como siempre, lo que importa es la película, y con Volver, y ahora con Los abrazos rotos, Almodóvar logra trazar una línea delicada que une sus comedias histéricas y sus dramas más oscuros, en una síntesis perfecta de su complejo universo cinematográfico.

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jueves 7 de mayo de 2009

Crítica RUDO Y CURSI

Dirección y guión: Carlos Cuarón.
Países: México y USA.
Año: 2008.
Duración: 102 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Gael García Bernal (Tato “Cursi” Verdusco), Diego Luna (Beto “Rudo” Verdusco), Guillermo Francella (Darío “Batuta” Vidali), Dolores Heredia (Elvira), Adriana Paz (Toña), Jessica Mas (Maya), Salvador Zerboni (Jorge W.), Tania Esmeralda Aguilar (Nadia), Joaquín Cosío (Arnulfo), Alfredo Alonso (don Casimiro).
Producción: Alfonso Cuarón, Alejandro González Iñárritu, Guillermo del Toro y Frida Torresblanco.
Música: Felipe Pérez Santiago.
Fotografía: Adam Kimmel.
Montaje: Alex Rodríguez.
Diseño de producción: Eugenio Caballero.
Vestuario: Annaí Ramos y Ana Terrazas.
Estreno en México: 19 Diciembre 2008
Estreno en Argentina: 8 Enero 2009
Estreno en España: 24 Abril 2009



Sinopsis

Beto (Diego Luna) y Tato Verdusco (Gael García Bernal) son dos hermanos que trabajan en una plantación de plátanos y son miembros del equipo de fútbol local. La suerte les sonríe cuando un ojeador los descubre por casualidad y son fichados para jugar en grandes equipos, aunque Tato nunca olvidará su deseo de ser un cantante famoso. Cuando están a punto de hacer realidad sus sueños, los dos hermanos deberán enfrentarse a una rivalidad innata y a sus propios demonios y limitaciones.



Crítica

Rudo y Cursi se perfilaba como una producción a destacar de la última cinematografía mexicana. Dirigida por el hermano de Alfonso Cuarón, producida por el trío de los directores mejicanos actuales más exitosos (Cuarón, del Toro y González Iñárritu), y protagonizada por los dos actores mexicanos más famosos (Gael García Bernal y Diego Luna, que ya cosecharon juntos varios éxitos), todo hacía pensar que se trataba de una gran película. Lo cierto es que Rudo y Cursi es una sencilla comedia agridulce, que retrata con un enfatizado pintoresquismo la vida en el México más marginal, a través de dos personajes con los que uno puede simpatizar, pero jamás identificarse (por ser demasiado arrebatados en sus decisiones, y excesivamente pelmazos). El mayor problema de este film es el trabajo sobre el acento de los personajes. Para enfatizar el apego regional de los hermanos Beto y Tato (conocidos futbolísticamente como Rudo y Cursi), Cuarón los hace dialogar de un modo tan cerrado y tan acelerado, que muchos de los diálogos se vuelven completamente incomprensibles para el público no mexicano, que por esto termina perdiéndose buena parte de la película. Diego Luna brilla en su papel del impulsivo Beto, quien va derecho hacia la perdición por su adicción al juego, a diferencia de García Bernal, a quien le toca un personaje mucho más ridículo (con su sueño de ser cantante, pese a triunfar como futbolista y no tener talento alguno para la canción) y no menos inestable que Beto, pero ambos se ven afectados por igual por un guión que, si bien acierta en la descripción de la relación cruzada con el fútbol de ambos (cuando uno triunfa, el otro no logra arrancar o fracasa), se queda en la pintura simpática pero gruesa y carente de matices. La dupla protagónica en realidad es un trío, si sumamos al representante que les cambia la vida. El mismo está interpretado por Guillermo Francella. Para aquellos que no lo conozcan, Francella es uno de los comediantes más famosos del cine y la televisión en Argentina, y con este papel consigue despegar hacia el plano internacional, luego de más de veinticinco años de carrera local. Pocos actores como él pueden lograr interpretar a la perfección el típico personaje de embustero o “chanta” argentino, y su personaje, tan excéntrico como calculador, lo vuelve una de las piezas más convincentes de esta comedia, aunque sus intervenciones en off parecen estar completamente de más (si bien el personaje da la imagen de creer que puede manejar todo su entorno sin que nada lo afecte, de ahí el verdadero sentido del seudónimo “Batuta”, no parece un personaje proclive al prosaísmo), pese a que estas intervenciones articulan todo el relato. En suma, una comedia con rasgos de grotesco (el ridiculísimo video musical de Cursi es un claro ejemplo de esto), que pierde al buscar cierta épica en el duelo entre los hermanos, luego haber trazado toda la película con códigos costumbristas, que no hacen más que achatar la trama.