miércoles 23 de febrero de 2011

¿Me ayudan?

Los usuarios frecuentes de este blog se habrán dado cuenta que, desde hace ya muchos meses, no actualizo este espacio con nuevas críticas. Quiero contarles que, a fines de 2010, me confirmaron la cancelación del desarrollo del sitio Cine.com, para el cual trabajé durante tres años y medio como crítico, publicando cuatro críticas por semana, casi 700 artículos en total. Los contenidos que publiqué en dicho medio son los que pudieron disfrutar en este blog durante un par de años.

Escribo esto para contarles que, desde hace unos meses, me encuentro en la búsqueda de nuevos rumbos laborales, ya que el cierre de Cine.com me ha envuelto en una situación económica difícil, por lo que me urge encontrar nuevas puertas profesionales dispuestas a abrirse. 

Si ustedes conocen o están en contacto con algún medio de comunicación que pueda requerir de una persona con experiencia en periodismo cinematográficoen medios de distinto tipo, por favor comuníquense conmigo a l.a.senderovsky@hotmail.com, o al mail de mi blog, criticoyo@gmail.com, así les cuento mi experiencia profesional completa, les envío mi CVy continuamos en contacto. 

Trabajo también como editor de videos de distinto tipo (sociales, institucionales y para sitios web). Estoy buscando empleo como editor en productoras o en empresas de marketing, comunicación y desarrollo web. A su vez, cuento con formación en guión y me gustaría poder insertarme en ese ámbito.

Si desean conocer algunos de los servicios que brindo en forma independiente, los invito a visitar senderomultimedia.com.ar.

Como verán, estoy capacitado en diversas disciplinas y habilidades relacionadas con la producción audiovisual y con el mundo del cine. Si saben de alguna búsqueda o conocen a alguien que requiera de mi trabajo y conocimientos, me ayudará mucho que me lo hagan saber.

Les agradezco a todos los que continúan visitando este blog, y lo mantienen vivo, pese a mi imposibilidad actual de continuar actualizándolo. Les agradeceré aún más a todos aquellos que me puedan ayudar en este momento.

Saludos a todos,

Leo A. Senderovsky

PD: Pueden seguir leyendo artículos sobre cine de mi autoría en el sitio web www.mioperaprima.com, un proyecto personal que inicié el año pasado, con entrevistas a nuevos directores de cine argentino, y artículos de interés para personas que se inician en el mundo del cine en Argentina. 

sábado 17 de julio de 2010

Crítica THE COVE


Por Leo Aquiba Senderovsky

El director de este documental es fundador de la Sociedad de Preservación del Océano, y más allá de su experiencia como fotógrafo y sus colaboraciones con National Geographic, la forma en la que encara este documental evidencia que su motor es más político y ecológico que visual.

Esto no tiene nada de malo en sí, y The cove tampoco nos miente al respecto. Su sinceridad propagandística es uno de sus aspectos principales. Este documental fue hecho para despertar la conciencia de los espectadores acerca de las crueles matanzas a delfines que se realizan en Japón, bajo la protección de determinados organismos internacionales. En ningún momento se pone en duda su propósito aleccionador, y esto es algo valorable. Por un lado, la causa que defiende es totalmente justa, por otro lado, no pretende ser lo que no es, ni engaña a nadie.

Ahora bien, el problema parte desde el momento en el que la propaganda le gana terreno a las virtudes netamente cinematográficas, y el mensaje termina acaparando más la atención que la forma en la que el documentalista se acerca a los delfines, a sus defensores y a sus captores.

Louie Psihoyos articula su film mostrándonos las maravillosas características de los delfines, presentándonos a Richard O’Barry, un hombre que ha vivido militando contra la caza de delfines y contra el sometimiento de estos animales, luego de haber adquirido fama, décadas atrás, como entrenador de delfines para la serie televisiva Flipper. La conversión de este hombre, desde su participación en el cautiverio de cetáceos para la serie, hasta su inclinación a favor de la libertad de estos animales, y su accionar permanente para lograr tal fin, es uno de los puntos más interesantes de la película. O’Barry se muestra como el interlocutor perfecto para presentarnos la cruel realidad que sucede, tanto en los espectáculos cerrados como en el lugar preferencial de caza de delfines.

The cove trabaja sobre distintos aspectos (la postura de O’Barry, la caza de estos animales, la presentación de los organismos que, por intereses económicos, amparan la caza indiscriminada, el thriller que se establece en torno a la posibilidad de presenciar esta masacre, la comercialización de la carne de delfín, y la comprobación de que esta carne puede provocar en las personas envenenamiento por mercurio), y todos ellos apuntan a un mismo discurso, concreto y específico, que demanda del espectador una ayuda para revertir esta realidad. Lo cierto es que, independiente de los valores y las intenciones que se juegan en este trabajo, la necesidad de establecer un mensaje certero a través de todas estas vías no oculta el hecho de que se han comprimido muchas de estas situaciones, que de por sí daban para desarrollos más acabados y particulares. The cove se cierra en su búsqueda de concientización, y no observa que abarca demasiados aspectos, y aprieta demasiado poco.

La posibilidad de hacernos presenciar de los debates políticos que se establecen en torno a esta actividad (con la correspondiente desilusión que esas imágenes pueden despertar) es un verdadero hallazgo para quienes desconocemos por completo del tema. Pese a esto, Psihoyos no le termina de darle al abordaje visual el lugar que merece, y no es un dato menor. Home, el documental de Yann Arthus-Bertrand, una realización, sin dudas, mucho más ambiciosa y prodigiosa desde lo visual que ésta, seducía con sus imágenes y llegaba a establecer su discurso ecológico desde las imágenes y la voz en off. En The cove, la omnisciencia de un Michael Moore está, afortunadamente, ausente, pero la operación no deja de ser similar, en tanto lo que dice parece mucho más importante que lo que muestra (algo similar ocurría con la voz en off de Home).

En The cove no faltan las imágenes elocuentes, que dicen más que mil palabras (desde los maravillosos saltos de los delfines hasta las cámaras ocultas), pero estas no son mayoría. Por el contrario, Psihoyos parece estar buscando despertar conciencias con demasiadas armas a la vez, y más allá de cuán efectivo sea su propósito (que puede serlo, aún para quienes descreen de la posibilidad de comprometer al espectador con una película como anzuelo), este motivo, con sus nobles intenciones, pero también con una buena cuota de maniqueísmo, termina dejando en el olvido sus valores cinematográficos, incluso las secuencias que más tensión consiguen generar.

Más información en Cine.com
Valoración: 

Crítica HOT TUB TIME MACHINE


Título en España: JACUZZI AL PASADO

Por Leo Aquiba Senderovsky

Si tuviese que valorar esta película en función de las risas que me despertó, diría que es una de las mejores comedias de los últimos años. Lo concreto es que me reí como hacía mucho no me reía con una película, y aunque esto no es un dato menor, hay que ponerlo en la balanza junto con la enorme cantidad de situaciones grotescas o burdas que se dan cita, y que hacen derrapar la unidad cómica del film, llevándola hacia el lado del humor más estúpido.

Estamos ante otra película de hombres solos que deciden enloquecer por última vez, como The hangover, o alguna que otra de Adam Sandler o de algunos de los ex Saturday Night Live (podríamos hacer un recuento de las comedias últimas que plantean esto, pero nos llevaría todo el espacio de la crítica). Sin ir más lejos, la próxima en estrenarse, Grown ups, va por el mismo camino.

En este caso, la fórmula está apoyada en un John Cusack felizmente volcado a la comedia (con mayor tendencia al descalabro que en High fidelity, escrita y producida por el director de ésta) y en dos actores que ya brillaban desde papeles secundarios (Rob Corddry en The Heartbreak Kid, I Now Pronounce You Chuck & Larry, Blades of Glory y What Happens in Vegas, Craig Robinson en Knocked Up, Walk Hard, Pineapple Express, Zack and Miri Make a Porno y Miss March), y que ahora se dan el lujo de coprotagonizar junto con Cusack, un actor que entiende el talento de ambos y sabe colocarse a la par de ellos.

Adam (Cusack) y Nick (Robinson) deciden dejar por un instante sus vidas en crisis y ayudar a Lou (Corddry), que, supuestamente, se quiso suicidar. Los tres viajan junto con el sobrino de Adam, Jacob (Clark Duke, otro gran secundario, pero de la última camada de actores, recientemente visto en Kick Ass), quien es, a todas luces, el más cuerdo de los cuatro. La idea del viaje es volver a un hotel en el que estuvieron veinte años atrás, cuando vivían plenamente felices, y este viaje termina, insólitamente, en un regreso al pasado, por el efecto de una gaseosa rusa sobre el jacuzzi de la habitación.

Más allá del cúmulo de gags que hacen alusión al desmadre de los muchachotes, llevados por Lou, el más inmaduro de todos, y de muchos chistes un tanto misóginos (las chicas son el elemento utilitario de turno, se muestra que aquella época eran jóvenes, lindas y se acostaban con ellos), la película resulta una clara celebración de la década del ochenta, con sus excentricidades, su sensualidad, su vestuario de moda, y su humor, bastante chato pero fresco. No es casual, dado este homenaje, que aparezca Chevy Chase, un avejentado integrante de la camada de cómicos más famosos de aquella década, cuya carrera, a diferencia de las de muchos, quedó anclada en esos años. Chase es una suerte de fantasma que intenta reparar el jacuzzi, pero sólo consigue demorar más el regreso de los cuatro.

Si el planteo en concreto ya presenta un elemento tan delirante como afín a los desequilibrados excesos del grupo, cuando la película se acerca a las resoluciones de gags más disparatadas es cuando consigue arrancar más risas, pese a su tendencia a lo escatológico, que por momentos hace que nos preguntemos cuál es la razón que los llevó a caer en esos chistes. No se trata de una mera preferencia por el absurdo antes que por el mal gusto, sino de cuál es el humor que mejor le cabe a la propuesta. Si los excesos del cuarteto habilitan el delirio, la naturaleza simplona y grotesca de los que llevan adelante la acción impulsa el humor más facilista de la película. Una mera elección entre uno o el otro hubiera definido mejor el estilo cómico, que aquí se inclina por ambas vertientes.

Tal vez el aspecto que más se le puede achacar a la película, es la necesidad de resolver las vidas de todos con una vuelta de tuerca más inverosímil que el propio planteo. Algo curioso, dado que esa suerte de deus ex machina ocurre una vez que regresan de los ochenta. Pese a este giro sumamente facilista, y aceptable sólo dentro de los códigos más básicos del humor de esta comedia, nos encontramos con una película tan sencilla como radiante, aún en sus aspectos más bajos, y que se beneficia ampliamente por las formidables actuaciones de Rob Corddry y Craig Robinson, y por la fresca pintura de la década del ochenta, servida en bandeja a los propósitos cómicos de la propuesta. De todas maneras, a nivel integral, no llega al nivel de solidez de The hangover y, ya que estamos, un coqueteo referencial con Volver al futuro no hubiera venido nada mal.

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Valoración: 

viernes 16 de julio de 2010

Crítica BAARIA



Por Leo Aquiba Senderovsky

Veinte años después de Cinema Paradiso, parecería que su éxito desmedido no ha sido fácil de digerir para su director, Giuseppe Tornatore. Si uno analiza los puntos más álgidos en la irregular carrera de Tornatore, llegaría a la conclusión de que lo mejor del realizador aparece cuanto más se aleja del fantasma de su obra más ponderada por el público internacional. Más allá de los méritos o defectos que le encontremos a esta película, está claro que un director puede llegar a pisar los puntos más intrascendentes de su carrera cuanta menos intención tenga de arriesgar y más de aproximarse a lo que le dio buenos resultados en otra oportunidad.

Esto es lo que ocurre con Baaria. Luego de los riesgos cometidos en La desconocida, Tornatore parece haber buscado refugio en otra pintura de sensibilidad provinciana. Baaria es el retrato de una familia que parte con el trasfondo político de la Italia fascista, y continúa tomando como telón de fondo a un país en proceso de reconstrucción y sometido a los tumultuosos avatares políticos. El protagonista es Peppino, un joven que se une a las filas comunistas e intenta mantener su integridad y la de su familia en medio de las trifulcas locales.

El estreno de Baaria, casi coincidente con el de Vincere, el film de Marco Bellocchio, obliga a establecer una comparación, dado el contexto que ambas películas describen. Es evidente que Vincere parte del período de tiempo que transcurre entre la militancia de Mussolini hasta la asunción del poder, para exponer en imágenes la trágica anécdota de la mujer y el hijo no reconocidos por éste, desarrollando en paralelo la crueldad del poder fascista y las vejaciones cometidas a estas dos víctimas de la supremacía del Duce. Frente a este íntimo vínculo entre el conflicto principal y el contexto histórico, Baaria podría quedar como un relato secundario, ya que su conflicto sólo se toca con el correlato histórico en la vocación política del protagonista.

Baaria podría sostenerse a la par de Vincere si no estuviéramos ante una película que no termina de definir un vínculo fuerte, más allá del partidismo, entre la historia, en este caso de los triunfos y fracasos de Peppino y de varias generaciones de italianos, y los avatares políticos que transcurren en el escenario del relato. Tornatore desea establecer una construcción paralela, pero no hay aquí un concepto fuerte que ate a un aspecto y al otro, y, por otra parte, tampoco hay una lectura sólida del trasfondo político, porque la pintura provinciana termina opacando toda posibilidad de reflexión. El director no parece haberse dado cuenta que aquí el retrato de pueblo, por momentos grotesco, teñido del griterío característico del cine italiano (que, en este caso, molesta más de lo que puede expresar), no construye nada más que una pintura alejada de todo discurso relativo a los cambios políticos y sociales de la Italia del siglo pasado.

Tornatore no sólo insiste en un relato pueblerino que, por momentos, llega a mostrar cierto encanto, aunque predomina su naturaleza gritona e irritante, sino que busca instalar un vínculo con el cine de antaño similar al que construía en su obra más recordada. Pero aquí estas referencias aparecen dispersas, más débiles que las que brillan en  Vincere, atadas al oportunismo del director, que parece obsesionado por revivir lo logrado en Cinema Paradiso. A veces, las posibilidades de alcanzar determinados resultados son inversamente proporcionales al nivel de pretensiones del realizador, pero estas posibilidades suelen acompañar a los valores auténticos de una obra. Algo que, pese a la competencia del elenco, no parece haber aquí, por la insistencia del director en volver a lo ya hecho, cuando su carrera ha evidenciado verdaderos logros precisamente en las películas más distanciadas del espíritu y del concepto de Cinema Paradiso.

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Crítica MAMMOTH


Título en Español: MAMUT

Por Leo Aquiba Senderovsky

El sueco Lucas Moodysson dirige a un elenco internacional en su primer film en inglés. Mamut es un drama disperso, que se despliega en las historias de dos familias concretas. Por un lado, la de la familia compuesta por Leo (Gael García Bernal), Ellen (Michelle Williams) y Jackie, la pequeña hija de ambos. Por el otro, la de Gloria (Marife Necesito), la niñera filipina de Jackie, que sufre por los kilómetros de distancia que la separan de sus dos hijos.

Mientras Leo encuentra, en un extenso viaje de negocios a Tailandia, la oportunidad de acercarse a un universo ajeno al éxito de carton en el que vive, Ellen sufre por el tiempo que su hija pasa con su niñera antes que con ella, mientras vive día a día, en su trabajo, el fino hilo que separa la vida de la muerte. Gloria, en cambio, no tiene momentos de respiro, como sí los tienen sus patrones, no sólo por las diferencias económicas, sino por la decisión crucial que debe tomar, entre juntar dinero suficiente para terminar la nueva vivienda y sacrificar el tiempo que puede llevar alcanzar esa meta, o volver a vivir con sus hijos y poder recuperar su lugar de madre, aun arrastrando el objetivo incumplido.

Al ver la película, y dejando de lado los lugares que ocupan en el elenco García Bernal y Williams por ser las dos estrellas con las que cuenta Moodysson, hay que decir que los dramas de estos personajes no llegan jamás a acercarse al terrible drama de Gloria, y hasta parecen gravitar alrededor de su desgraciada historia, decorándola con otros componentes. No es raro que Moodysson haya planteado la idea inicial de su película desde la línea dramática de Gloria, ya que es, a todas luces, la más trabajada. Frente a Gloria, y al eximio trabajo que compone Marife Necesito, Leo y Ellen no tienen mucho que hacer, ya que sus conflictos, además de no tener la fuerza que sí tiene el de Gloria, resultan algo confusos y superficiales, y difícilmente no arriben a una resolución feliz.

Moodysson acierta en la potencia de las escenas que protagoniza Necesito, pero no logra exponer un drama tripartito que termine aunándose en un concepto claro y contundente. Mientras que la película que nos muestra en los fragmentos de Gloria y sus hijos nos acercan a un drama desgarrador (aunque con giros tan previsibles como morbosos y concientizadores), la angustia existencial que exhiben Leo y Ellen queda en un plano secundario y se mantiene en un estado de latencia excesivamente largo, que no contribuye a equilibrar el peso dramático de la triste realidad de Gloria.

Mamut es por momentos un drama fuerte y crudo, aunque teñido por la levedad de las historias principales, que sólo exhiben el típico desbalanceo de las historias planteadas bajo la naturaleza de la coproducción internacional, el reparto multicultural y la voluntad coral, que sólo en casos muy puntuales da como resultado dramas coherentes, sólidos y conmovedores.


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