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jueves 26 de noviembre de 2009

Crítica MOON

Dirección: Duncan Jones
País: Reino Unido
Año: 2009
Duración: 97 min.
Género: Drama, Thriller, Intriga, Ciencia ficción
Elenco: Sam Rockwell, Kevin Spacey, Matt Berry, Robin Chalk, Dominique McElligott, Kaya Scodelario, Malcolm Stewart, Benedict Wong
Distribuidora: Sony Pictures Entertainment (SPE) Worldwide Acquisitions Group
Productora: Xingu Films, Liberty Films UK, Lunar Industries
Coproducción: Alex Francis, Mark Foligno, Nicky Moss, Steve Milne
Diseño de producción: Tony Noble
Fotografía: Gary Shaw
Guión: Nathan Parker
Historia original: Duncan Jones
Montaje: Nicolas Gaster
Música: Clint Mansell
Estreno en Reino Unido: 17 Julio 2009
Estreno en España: 9 Octubre 2009
Estreno en Argentina: 7 Noviembre 2009 (Festival de Cine de Mar del Plata)



Sinopsis

Sam Rockwell interpreta a Sam Bell, un minero que es enviado a la Luna con la misión de extraer un gas que salvará a la Tierra de la crisis energética que atraviesa. Tras pasarse tres años solo en la base lunar, alejado de su familia, Bell está a punto de regresar a su hogar, pero entonces empezará a sufrir una serie de extrañas visiones.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Moon es un relato fantástico que se impone tanto dentro de los circuitos del género (resultó ganadora del Festival de Sitges) como fuera de él. Las razón principal para que esta propuesta triunfe fuera del espacio dedicado a lo fantástico, es que antes que una película de ciencia ficción, es una compleja reflexión sobre la soledad y la alienación del hombre. Al director debutante, Duncan Jones (hijo de David Bowie, dato meramente anecdótico), le basta un escenario concreto, la base lunar en la que está instalado el personaje, y un único actor (Sam Rockwell), para conformar una película sumamente arriesgada, que escapa a las etiquetas del género.

Podríamos preguntarnos cómo puede ser que, después de la ópera prima de George Clooney, Confessions of a dangerous mind, Sam Rockwell no se convirtió en una destacada estrella de Hollywood. O la industria americana está perdiendo la capacidad de reconocer y aprovechar el talento actoral que surge en su tierra, o bien Rockwell es lo suficientemente astuto en la elección de los proyectos, como para escaparle a la tentación de la gran industria y granjearse una carrera fructífera a fuerza de célebres participaciones en películas independientes. De una forma o de otra, este es uno de los mejores papeles de Rockwell en toda su carrera, aceptando la presión que implica sostener, con su sola presencia, una historia sumamente difícil, que no solo tiene a Rockwell dominando constantemente la escena, sino que este asume, a su vez, el compromiso actoral que implica desdoblarse para la ocasión.

En Moon, Duncan Jones conjuga elementos netamente referenciales, una computadora llamada Gerty (con la sugestiva voz de Kevin Spacey), que remite directamente al HAL 9000 del 2001 de Kubrick, un estilo cercano a lo metafísico de Solaris, y un personaje con reminiscencias de Robinson Crusoe. En esta mezcla de influencias que encajan a la perfección, la película nos muestra a Sam Bell, un minero preso desde hace tres años en una misión lunar. La progresiva desconexión con todo contacto humano lo lleva a encontrarse con un supuesto clon, con quien compartirá buena parte del metraje. Cuanto más se nos habla de los clones y de elementos de índole científica vinculados con el encierro de Bell en el espacio exterior, más aceptamos la idea de la progresiva esquizofrenia del personaje.

El problema de la película surge a partir de la forma en que se establece esta ambigüedad, y los ribetes que toma la trama a medida que esta se desarrolla. Sin embargo, la película logra superar este escollo al encarnarse la ambigüedad del relato en la intensa interpretación de Rockwell, que sumado a la precisa ambientación (todo un modelo para plantear los mecanismos que tiene el cine independiente para superar sus limitaciones presupuestarias, y tal vez uno de los mejores ejemplos de películas en las cuales hay un actor compartiendo escenas consigo mismo), da como resultado una película dura y potente que, como todo gran film de corte fantástico, se ampara en lo desconocido o lo futurista para establecer un planteo inteligente sobre los mayores conflictos del ser humano.

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miércoles 25 de noviembre de 2009

Crítica THE LIMITS OF CONTROL

Título en España: LOS LÍMITES DEL CONTROL
Dirección y guión: Jim Jarmusch.
País: USA y Japón.
Año: 2009.
Duración: 116 min.
Género: Thriller, drama
Elenco: Isaach de Bankolé (solitario), Alex Descas (criollo), Jean-François Stévenin (francés), Luis Tosar (violín), Paz de la Huerta (mujer desnuda), Tilda Swinton (rubia), Youki Kudoh (moléculas), John Hurt (guitarra), Gael García Bernal (mexicano), Hiam Abbass (conductora), Bill Murray (americano).
Producción: Stacey Smith y Gretchen McGowan.
Música: Boris.
Fotografía: Christopher Doyle.
Montaje: Jay Rabinowitz.
Diseño de producción: Eugenio Caballero.
Vestuario: Bina Daigeler.
Estreno en USA: 1 Mayo 2009.
Estreno en España: 2 Octubre 2009
Estreno en Argentina: 26 Noviembre 2009



Sinopsis

Este thriller dramático sigue a un hombre solitario y misterioso que desempeña sus actividades fuera de la ley. Ahora se encuentra en España para completar un trabajito cuyos objetivos son inicialmente desconocidos. Su aventura no sólo le conducirá a través del país, sino también a través de su propia conciencia.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Uno va a un museo de arte contemporáneo. Como sabemos, la mayoría de las obras que se pueden ver allí son conceptuales, no necesariamente figurativas. Un espectador obtuso, apegado a los cánones clásicos, rechazará, aún hoy, la idea de poder disfrutar una obra que “no se entiende”. Un espectador atento, no un estudioso en la materia, se dejará llevar por las obras que le causen algún interés en particular, y pasará por alto aquellas que no lo atrapen. Cuando uno se detiene en una obra que le llama la atención, pero cuyo significado no está muy a la vista, inevitablemente quiere saber más de ella, desea conocer lo que quiso expresar el artista, los procedimientos que empleó para crearla. Pero, independientemente de esa necesidad de conocer en profundidad la obra, sabe fehacientemente que es capaz de disfrutarla sin un manual de instrucciones, sin que le digan lo que tiene que pensar sobre ella.

Algo más o menos parecido es lo que ocurre con los mejores films de Jim Jarmusch. No estamos ante obras no figurativas, pero sí con un considerable nivel de hermetismo, que deja ver en su entramado la necesidad de saber más de lo que se cuenta, pero a su vez, con una capacidad de seducción visual, que nos cautiva pese a no poder conocer todo lo que, suponemos, deberíamos saber de la historia y de sus personajes. La línea argumental se sustrae a un presunto asesino a sueldo a quien le es encomendado un trabajo por el cual debe recorrer varias ciudades de España, yendo al encuentro de diversos personajes que lo acercarán a su presa (al menos eso es lo que podemos deducir). En la primera escena le encomiendan el trabajo, pero Jarmusch escamotea al máximo la información que se aporta en esta conversación, y lo mismo sucede con todas los encuentros que se suceden en la película. La mecánica de los encuentros suele ser la siguiente: El killer en cuestión va a un café, pide dos expressos en tazas separadas, se produce el encuentro con algún supuesto informante, este hace alguna reflexión de índole científico, filosófico o metafísico (siempre sobre temas aparentemente absurdos o irrelevantes), intercambian pequeñas cajas de fósforos en los platos de las tazas, y luego del encuentro el killer abre la nueva caja, extrae un papel con la información y, acto seguido, se lo come. El killer no sólo se mastica el papel con la información para limpiar pruebas, lo hace fundamentalmente para impedir que el espectador sepa algún detalle sobre la misión del personaje, y de esa manera no puede trazar la hilación necesaria para que el thriller avance como tal.

Jarmusch parece decirnos que la acción no conduce a nada, o mejor dicho, que la acción es solo una excusa para exponer otros elementos. De hecho, en el encuentro final con quien será la presa del protagonista, poco importa el desenlace. Lo que importa, a los ojos del relato, es que esta presa es un americano que inspira temor aunque no sepamos nada de él (lo maravilloso de Bill Murray está en eso, en una sola escena y con un ajustadísimo parlamento, consigue mostrarse temerario, a la vez que refleja el pánico de saberse atrapado por su asesino). El elemento crucial de esta película es el concepto planteado en el título de la misma, la idea de lo que se puede o no controlar, representada por un personaje que parece estar preso de un control absoluto, desde su pulcra y particular vestimenta, con un look de asesino algo glamoroso (la repetida acción de abotonarse y desabotonarse el traje refleja gran parte de esa necesidad de control), y su imposibilidad autoimpuesta de vincularse emocionalmente con otras personas durante su misión, son algunos elementos que exponen este concepto. La pregunta que inicia cada uno de los diálogos, el “usted no habla español, ¿verdad?” expresado por todos los personajes que conoce el protagonista, es también un reflejo claro del idioma como elemento de control, así como la rígida puesta en escena, que se acopla al permanente control del personaje, hasta desestructurarse en dos momentos puntuales, en el clímax y en el acto de liberación final que cierra la película. Y el tema del control se desprende también de muchos de los monólogos, como el de las drogas alucinógenas, la mayoría de los cuales encuentran su reverso en el discurso de “El americano”.

Jarmusch despliega en Los límites del control un poderoso entramado intelectual, con reflexiones y alusiones de distinto tipo. En determinados momentos, su protagonista va a un museo y se detiene a contemplar una obra. Nosotros, como espectadores, podemos esforzarnos buscando la cohesión de todos los elementos que se dan cita aquí (algunos aspectos se fusionan claramente, como la repetida frase “La vida no vale nada”, y los versos de la petenera, la faceta trágica del flamenco, que se oye en la película, pero otros elementos se resisten a establecer un patrón común), o bien podemos hacer como el solitario asesino, detenernos a contemplar en silencio la obra e intentar sacar conclusiones personales al respecto. La belleza visual y sonora de este último opus de Jarmusch, desde los extravagantes encuentros café de por medio hasta la climática escena con sabor a western en la fortaleza ubicada en Almería, previa al momento en el que el killer “usa su imaginación” y accede, sin que sepamos cómo, a la oficina de su oponente, nos habilitan a colocarnos en la piel de un espectador que contempla fascinado una obra conceptual. Podemos llegar a entender algunos aspectos de la búsqueda que motorizó esta obra, se nos escaparán otros, pero aún así no podemos dejar de apreciar su belleza, la enigmática seducción de las imágenes que conforman esta propuesta.

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martes 24 de noviembre de 2009

Crítica FUNNY PEOPLE

Título en España y Latinoamérica: HAZME REÍR
Dirección y guión: Judd Apatow.
País: USA.
Año: 2009.
Duración: 140 min.
Género: Comedia dramática.
Elenco: Adam Sandler (George), Seth Rogen (Ira), Leslie Mann (Laura), Eric Bana (Clarke), Jonah Hill (Leo), Jason Schwartzman (Mark), RZA (Chuck), Aubrey Plaza (Daisy).
Producción: Judd Apatow, Clayton Townsend y Barry Mendel.
Música: Jason Schwartzman.
Fotografía: Janusz Kaminski.
Montaje: Craig Alpert y Brent White.
Diseño de producción: Jefferson Sage.
Vestuario: Betsy Heimann y Nancy Steiner.
Estreno en USA: 31 Julio 2009.
Estreno en España: 4 Septiembre 2009
Estreno en Argentina: 4 Noviembre 2009 (Directo a DVD)



Sinopsis

“Hazme reír” relata la historia de un famoso cómico, interpretado por Adam Sandler, que descubre que tiene una enfermedad terminal, y que decide apoyar a un colega de profesión (Seth Rogen) que está empezando en este mundillo.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Judd Apatow, el director de The 40 year old virgin y Knocked up, y el productor que se ha convertido, a fuerza de encarar algunas de las mejores comedias de los últimos años, en el nombre más destacado de de la comedia americana actual, decide propiciar la jugada más riesgosa en su carrera, inclinándose hacia el drama con todas las letras. Curiosamente, este cambio de tono lo hace nada más y nada menos que en una película sobre comediantes, explorando al máximo la humanidad y el oficio del creador de comedia.

Sus películas nunca fueron lisas y llanas. The 40 year old virgin estaba plagada de gags, pero en lo profundo se detenía en uno de los personajes más patéticos y más humanos de la comedia americana, el virgen de cuarenta años del título, con un Steve Carrel inolvidable, disparando dosis equivalentes de humor y emoción. En Knocked up tomaba la comedia romántica para torcerla, explorando la idea de construcción de una familia fuera de los cánones presupuestos. En esta, su tercera película como director (recordemos que su cualidad autoral puede evidenciarse en una larga lista de comedias, más allá de aquellas que dirige), profundiza en un tópico medianamente explorado en las anteriores: la amistad.

Hazme reír es el encuentro entre dos comediantes. Un cuarentón consagrado, estrella de Hollywood (Adam Sandler en un papel furiosamente autoparódico, donde se permite mostrar el aspecto más ridículo de algunas de las comedias bobas que ha protagonizado), y un treintañero con ganas de triunfar. Apatow se muestra más “autor” que nunca. Le da a Sandler el papel del “otro”, el que pertenece a un universo cómico ajeno a su forma de entender el género, y vuelve a contar con Seth Rogen, la figura más repetida de su cine (un rol secundario y dos protagónicos en las tres películas dirigidas por Apatow), en el papel también más repetido de su cine, el del treintañero patético que no puede concretar una relación amorosa y no podría existir sin sus amigos, mucho más patéticos que él. Los amigos, en este caso también comediantes, son Jason Schwartzman y Jonah Hill (otro que tiene un lugar preferencial en las películas de Apatow). La amistad que se va formando a partir del encuentro entre George (Sandler) y Ira (Rogen) parece ajustarse a la personalidad del primero, un hombre que ha dejado toda su vida por su carrera, al punto de convertirse en un ser cínico y desagradable, que no valora ningún vínculo genuino. Esta personalidad se potencia cuando descubre que padece de una enfermedad terminal. La cercanía con la muerte refuerza su amargura y su desazón. De esta manera, si bien Ira cree que ha encontrado un nuevo amigo en su admirado George, este no tarda en demostrarle que su lugar es el de asistente, obligándolo a ser su único confidente y el autor de su nuevo material cómico (ejemplo de esto es cuando Ira se siente honrado por escribirle nuevo material a George, pero se frustra al pedirle inútilmente a George que este escriba algún material para él).

La película entera gira en torno a la amistad como uno de los sentimientos más importantes que puede experimentar un hombre. La amistad masculina, que siempre tuvo un lugar esencial en las películas de Apatow (ver, por ejemplo, los amigos que son capaces de hacer de todo para que Andy pierda su virginidad, en la mencionada The 40 year old virgin), toma en esta el lugar del drama. Aquí la amistad no siempre es tan pura como en las otras. La armadura que George se coloca para evitar generar un vínculo comprometido, ya sea romántico o amistoso, es la que define el conflicto principal entre George y Ira. El personaje interpretado por Rogen tampoco es un ángel. Al comienzo de la película, tras la convocatoria laboral de George, es capaz de marginar intencionalmente a su amigo Leo (Hill), lo que obviamente llevará a una posterior disputa entre ambos. Pero sabemos, los valores que sostienen la amistad de Ira, Leo y Mark (Schwartzman) los tres amigos que conviven juntos, no son los mismos que comparte George, y en el vínculo que forman ellos tres, que incluyen el mencionado conflicto y una mujer disputada por Ira y Mark, no hay lugar para peleas prolongadas.

En este drama sobre comediantes, la línea argumental que se destaca es la de la enfermedad terminal de George, y cómo este pasa, con ayuda de Ira, del distanciamiento de todas las personas que alguna vez significaron algo para él, a conectarse con cada uno de ellos antes de lo que puede ser su muerte, y de esa manera, recuperar la vida que durante años se dedicó a enterrar. Pero detrás de esa enfermedad, y de la posibilidad de redención de George, se oculta el verdadero motor de la película, la fuerza del vínculo que establecen George y Ira. Apatow, que reflexiona sobre la amistad con una frescura y una lucidez maravillosas, es consciente de la fuerza dramática de esta historia, potenciada por la tímida aparición de muchos de los chistes de la película. También es consciente de que no ha experimentado el drama tanto como la comedia. Por eso asume el riesgo y carga las tintas. Va en busca del drama y por momentos lo alcanza con todo su esplendor, aunque en otros momentos se le escape de las manos. Cierto es que la parte que corresponde a la errática historia de amor de George y Laura (Leslie Mann) se extiende excesivamente, que algunos personajes, como Eric Bana, aparecen por la ventana como en una mala película que no termina de encontrar su rumbo. Pero aún en los momentos más débiles se nota la auténtica indagación de Apatow de los distintos caminos por los que puede transitar el drama, y por lo menos es fiel a determinadas constantes de su cine, es capaz de hablar de una enfermedad terminal sin forzar lo dramático ni caer en el golpe bajo, y en ningún momento traiciona su mirada optimista de los personajes, sabiendo que cada uno de ellos debe mantenerse fiel a sus valores, y que aquellos que se encuentran sumidos en el error, no deben corregirse mediante vueltas de tuerca imbéciles sino que serán los vínculos sólidos los que los llevarán a encontrarse con su necesidad de redención.

Apatow construye un film irregular, desparejo, pero que pinta a la perfección a cada uno de los personajes, que refleja el mundo de los comediantes con enorme lucidez, integrando el material del oficio al humor de la película, y que reivindica a la amistad como la conexión entre dos seres humanos que es capaz de mover montañas. Quien consigue hacer ese cambio es George, magistralmente interpretado por Sandler, un hombre que se encuentra ante la contradicción de no haber buscado nunca el dinero y no poder desprenderse de él, condenado a roles en comedias bobas, venerado por muchos que apenas lo conocen y despreciado por aquellos que alguna vez lo amaron de verdad. Sandler, que es plenamente consciente de que por momentos parece estar interpretando a una versión terrible de su propia condición de estrella, ha sabido demostrar en muchas ocasiones que es un actor mucho más inteligente que lo que dejó ver en algunas de sus comedias más idiotas y exitosas. Este es otro ejemplo de sus roles más atendibles, un reverso fantástico del personaje redimido que interpretó en la vacua y “golpebajista” comedia dramática familiar Click.

Otro aspecto importante es la evidente diferencia generacional entre George y Ira. Esta diferencia no solo se da entre los personajes, sino que es la que se observa en la comedia americana de quince años atrás y la actual. Apatow toma dos ejemplos notorios, en algunos aspectos, coincidentes y en otros, opuestos, de la comedia americana de mediados de los noventa, y la que el propio Apatow ha sabido constituir. Y en esta línea podemos observar que la comedia americana de los últimos quince años, como ningún otro género, es un arco iris en el que conviven muchos tópicos similares y aspectos muy diversos. Que el propio Apatow, artífice de las mejores comedias recientes, sea quien se encargue de hacer confluir dos generaciones no del todo opuestas pero sí bastante diferentes, y no solo eso, sino que se permita hacerlo en el marco de un drama, es razón suficiente para no equivocarse despreciando desde el llano una película que en su tratamiento del drama por momentos se deja llevar por caminos inadecuados, pero todos ellos, fruto de una búsqueda consciente y loable de Apatow, una de las mentes más lúcidas y sensibles del Hollywood actual.

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lunes 23 de noviembre de 2009

Crítica BEYOND A REASONABLE DOUBT

Título en España: MÁS ALLÁ DE LA DUDA
Dirección: Peter Hyams.
País:
USA.
Año: 2009.
Duración: 105 min.
Género: Thriller.
Elenco: Michael Douglas (Martin Hunter), Jesse Metcalfe (C.J. Nichols), Ambert Tamblyn (Ella Farrell), Joel David Moore (Corey Finley), Orlando Jones (Bill Nickerson).
Guión: Peter Hyams; basado en el guión de Douglas Morrow para la película “Beyond a reasonable doubt” (1956) dirigida por Fritz Lang.
Producción: Moshe Diamant, Mark Damon, Ted Hartley y Michael P. Flanagan.
Música: David Shire.
Fotografía:
Peter Hyams.
Montaje: Jeff Gullo.
Diseño de producción: James A. Gelarden.
Vestuario: Susanna Puisto.
Estreno en USA:
11 Septiembre 2009.
Estreno en España: 10 Julio 2009.
Estreno en Argentina: Pendiente



Sinopsis

“BEYOND A REASONABLE DOUBT” es un remake del clásico de Fritz Lang y de la RKO de 1956. C.J. Nichols (Jesse Metcalfe) es un joven periodista que lo arriesgará todo por demostrar la falta de solidez de las pruebas circunstanciales utilizadas por un fiscal de distrito corrupto (Michael Douglas) con un increíble historial. C.J. se toma la justicia por su cuenta y se inculpa como sospechoso de asesinato. Su compañero (Joel David Moore) es el único que sabe la verdad y sólo él tiene la llave que demostrará su inocencia. La joven ayudante del fiscal, Ella (Amber Tamblyn), se ve dividida entre el plan de C.J. y la ambición del fiscal Martin Hunter (Michael Douglas). Al surgir un romance entre el periodista y la ayudante, las cosas se vuelven todavía más difíciles, sobre todo cuando el plan de C.J. sale a la luz y Ella se encuentra en medio de todo el embrollo. Ella, ajena al plan de C.J., desafía a su jefe y se esfuerza por descubrir pruebas que demuestren su inocencia.


Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Esta película empieza con una apelación a la nostalgia, el logo de la RKO Pictures (remozado, pero el mismo), la imagen de una compañía que nos regaló grandes momentos en la Historia del cine (basta decir que este logo es la primera imagen de, por ejemplo, Citizen Kane). La RKO ha reaparecido en determinado momento, fundamentalmente para producir remakes de algunas de sus películas más recordadas. Lamentablemente, esta forma subsidiaria de encarar la producción, si bien coincide con lo que hacen las grandes majors, carece de la fuerza que tienen estas para lograr una reposición concreta de determinadas películas. Vale decir que, en empresas como Warner, Fox, Universal, Paramount, etc., las remakes constituyen una gran parte de su producción anual, pero aún producen nuevas películas, y su permanente actividad en la industria hace que cada remake, tanto la mejor como la peor, pueda tener una presencia propia en el cine actual, y no se vea cómo una pieza de museo remozada para la ocasión.

Este no es el caso de la RKO, que parece reaparecer tímidamente, con un estilo absolutamente desangelado a la hora de abordar viejos films, quitándole todo mérito a aquellas películas. Lo que vemos en Beyond a reasonable doubt es un ejemplo de esto. Remake de un film homónimo de Fritz Lang, el último de su faceta americana, y con la actuación de Michael Douglas, este film prometía, pero solo eso. Si ya de por sí es una falta de respeto tomar un film de un maestro como Fritz Lang para intentar reversionarlo si no hay ideas puntuales ni amor por el cine, peor aún es producir a partir de esa obra original algo que se supone que es un thriller, pero que adolece de todo. Cuando hablamos de todo, nos referimos, en primer lugar, a que carece de energía cinematográfica, y en segundo lugar, de buenas actuaciones. El cine es básicamente movimiento. Pegar dos planos de un modo más o menos correcto no siempre es generar movimiento. Peor cuando se trata de un thriller, y la película parece moverse de acuerdo a los hilos del suspenso del relato, pero a cada momento revela sus costuras, destacándose su notoria frialdad y falta de fibra.

Varias de las remakes q produjo la RKO en el último tiempo han sido telefilmes, y esta película no parece salir de ese esquema. Desde ya que, si estamos ante una película con sabor a telefilm, no valdría la pena compararla con la original de Lang. Sin embargo, la realidad es que es un tanto vergonzoso que con un material tan rico se conciba algo que ni siquiera es una mala película, porque su cuadrada puesta en escena, su chatura narrativa y su evidente falta de recursos la asemejan mucho más a una película para televisión que a una producción de cine. La presencia de Michael Douglas no cambia las cosas. Si uno podría pensar que, con Douglas en el elenco, esta remake se asegura la pantalla grande, la interpretación rutinaria de este no consigue darle un mínimo de potencia cinematográfica. Como si fuera poco, Jesse Metcalfe, protagonista y contrafigura de Douglas, se hunde en la frialdad y la carencia expresiva de su actuación. Quienes salen airosos son Amber Tamblyn y Joel David Moore, que realmente se preocupan por darle algo de brío a la película, y que tienen la suerte de encabezar ambos escenas de persecución cuyo ritmo es diametralmente opuesto al resto de las escenas del film.

Y por último, la vuelta de tuerca final, si bien se asemeja a muchos thrillers actuales (en lo peor de ellos), ni siquiera sorprende, porque para eso hace falta mostrarle al espectador algo de tensión en su desarrollo, y toda la tensión se refleja en la superficie de la película, nunca se encarna en la forma de ella. Así, con una vuelta de tuerca supuestamente inteligente, pero bastante tramposa e inútil, concluye algo que podríamos llamar thriller, pero que de thriller solo tiene un relato que pretende viajar por ese camino, sin considerar en ningún momento que cualquier género merece una puesta que lo soporte, y que no aplaste sus perspectivas.

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jueves 19 de noviembre de 2009

Crítica THIS IS IT

Dirección: Kenny Ortega.
País: USA.
Año: 2009.
Género: Documental, musical.
Producción: Paul Gongaware, Randy Phillips y Kenny Ortega.
Fotografía: Kevin Mazur.
Montaje: Don Brochu, Brandon Key, Tim Patterson y Kevin Stitt.
Estreno en USA, España, Argentina: 28 Octubre 2009



Sinopsis

La película se ha realizado con el material grabado durante los últimos ensayos de Michael Jackson, que preparaba su regreso a los escenarios en Londres. La mayor parte del material fue rodado en junio de 2009 en el Staples Center de Los Ángeles y The Forum en Inglewood, en California, cuando Michael Jackson preparaba su “This is it”, la serie de conciertos que iba a ofrecer en el O2 Arena de Londres.



Crítica
por Leo Aquiba Senderovsky

Este producto puede leerse como uno de los actos más macabros del cine americano en los últimos tiempos (la idea de armar una película/tanque con los últimos ensayos de la malograda gira de Michael Jackson, para asegurarse un éxito de taquilla que pueda cubrir lo invertido en los shows, explotando al máximo la imagen de una estrella muerta pocos meses atrás), o como el testamento fílmico de un gran artista. Como somos benévolos, y estamos acostumbrados al nivel de perversión de las majors americanas, optemos por la segunda opción, y podremos ver que no sólo estamos ante lo que quedó de un gran show que no pudo ser, sino ante una película auténtica, con energía propia.

Por ende, no vale la pena pensar en los millones que habrán ganado los productores abusando del pobre MJ, y menos importa acordarse de los fans que armaron campañas como la llamada “This is not it”, alertando sobre las “mentiras” que exponían los productores del show en este documental, y denunciando que, semanas antes del inicio de su gira interminable, la vida de Jackson pendía de un hilo. Que lo presionaron hasta matarlo, que no se sentía capaz de soportar cincuenta shows… Nadie niega que todo ello pueda ser real, pero este documental no busca tapar las presiones, su adicción a los fármacos, ni cualquier aspecto relativo a su vida. Por una sencilla razón: This is it es un documento de su frustrado último show, no un retrato de su persona. Honrando a Michael Jackson, un artista mágico, con una vida llena de rumores más o menos ciertos, pero irrelevantes frente al valor de su obra (el propio Jackson se encargó de hacer de su vida un mito insondable), la película no busca hablar de su vida sino de su arte, no es una mentira, sino un reflejo de lo más valioso de la última gran leyenda de la industria musical.

This is it presenta un doble juego, es lo que quedó de un show majestuoso, pero antes que eso, es un detrás de escena de ese show. Por ende, no es directamente la exposición cinematográfica de ese show, sino el show y su cocina, con MJ como el admirado director de orquesta, capaz de dominar cada plano, preciso y exigente con todos sus músicos (reclamando, ordenando o corrigiendo, siempre con la mejor cara y un irritante “con amor” o “Dios te bendiga”). Lo mejor de este documental es que no es únicamente el show, no es tan limpio y majestuoso como aquel, es sucio, desordenado y ecléctico como todo backstage, y es esta suciedad, este ir y venir entre la escenificación de cada canción y el armado de esa puesta híper ambiciosa, lo que permite que uno, como espectador, pueda encontrarse con el verdadero artista. Porque la luz de Jackson no se prende cada vez que sale a escena, arranca mucho antes, con el compositor, el coreógrafo, el ambientador, el showman, el hombre que es capaz de detenerse el tiempo que sea frente a una melodía hasta que esta se oiga como él desea, el hombre que se exige a sí mismo con el canto y el baile más que a nadie. El hombre que ejerce una presión desmedida e inconsciente en todo su entorno, porque es capaz de someterse a un rigor tal sobre el escenario que lo convierte en un ser inigualable, y al resto de los músicos, bailarines y técnicos que lo rodean no les queda más que rendir pleitesía a un artista obsesivo, que entrega su vida en cada performance.

El show en sí no se queda atrás, y la película va de a poco abandonando el aspecto del “detrás de escena”, para dedicarle el tiempo necesario a cada canción, y que el espectador pueda apreciar lo mejor posible la magnitud del espectáculo que el mundo no tuvo la fortuna de conocer. Ahí están el homenaje al cine americano clásico, con MJ interactuando con estrellas del film noir, como introducción a “Smooth Criminal” (a mi gusto, la mejor secuencia de lo que hubiera sido el show), las escenas de horror filmadas para “Thriller”, la puesta en escena de un mundo totalitario, alla The Wall, con coreografía militar, en “They don’t really care about us”, el recuerdo especial de Jackson 5, el rock puro en “Billie Jean” y “Black or White”, el clima romántico en “I just can’t stop loving you”, o los momentos más naïf y emotivos, con “Earth Song” y “Man in the mirror”. Todos ellos revelan las distintas facetas de un show descomunal, que realmente podría haber traspasado límites en cuanto a despliegue escénico y de producción.

Pero ver This is it como aquel show trunco es un grave error, porque de semejante despliegue solo quedan las muchas tomas rescatadas de los ensayos para la ocasión. Si pretendiera “ser” el show que no pudo ser, caería en la realidad de que, por más que pueda haber reproducido con las filmaciones del ensayo la magnitud de cada puesta para cada una de las canciones, la película, en su exposición del show, se enfrenta irremediablemente al hecho de tener que bajar el telón antes de poder levantarlo. Afortunadamente, This is it no es un macabro santuario de lo que no pudo llegar a ser, sino el mejor retrato de un artista a quien nunca lo vimos como aquí, en la tarea que mejor le salía, la de crear, prestándole atención a cada nota, cada paso de baile, cada elemento del escenario (ver sino cuándo Kenny Ortega, director del monstruoso espectáculo y de su testamento fílmico, le pregunta cómo sabrá cuándo es el momento en que la pantalla gigante marque el comienzo de la canción, a lo que MJ sólo contesta que lo puede sentir). Y más allá de la omnipresencia de Ortega, a quien vemos detrás de cada elemento del show es a un raquítico pero impecable Michael Jackson, iluminando la pantalla con su baile, regalándole momentos de destaque a cada uno de los jóvenes artistas que hubiesen compartido el show con él (la escena en la que hace brillar a la guitarrista es un genial reflejo de esto), sabiendo que el secreto para un gran espectáculo es que cada uno del equipo pueda dar lo mejor de sí, mientras él los protege mostrándoles que detrás de un gran artista hay una gran consciencia sobre cada uno de los aspectos artísticos del show y una enorme autodisciplina. La mejor manera de honrar a alguien como Michael Jackson, que marcó un antes y un después en la industria musical, no es hablar de su vida sino de su arte, y en la desprolijidad del backstage del show reluce su arte, no como un hecho mágico y etéreo, sino como el resultado de un trabajo obsesivo y sacrificado, que en este caso no pudo rendir sus frutos, pero que afortunadamente arrastra los frutos del pasado, enormes y eternos.

This is it no es el show que no existió, tampoco el reflejo de la persona o la estampa de Michael Jackson. Es, antes que nada, el documento de un proceso creativo, y en manos de MJ, uno de los pocos que supo combinar en el escenario gran espectáculo visual y una forma única de música y de baile, esto es muchísimo, más de lo que This is it (el show, no la película) podría haber sido jamás.

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